Corta una rama de romero a mediados de septiembre, quítale las hojas de la mitad inferior y clávala en arena húmeda: en cinco o seis semanas tendrás raíces. El procedimiento es así de corto, y sin embargo es habitual fallarlo, casi siempre por dos motivos que vamos a ver en detalle: el tipo de rama que se elige y el exceso de agua.
El romero, Rosmarinus officinalis —hoy reclasificado botánicamente como Salvia rosmarinus, aunque el nombre antiguo sigue siendo el que verás en viveros y etiquetas—, es un arbusto mediterráneo leñoso que rebrota con facilidad desde tallos jóvenes. Multiplicarlo por semilla es posible, pero germina de forma irregular, tarda meses en hacer una planta de tamaño aprovechable y, sobre todo, no reproduce fielmente la variedad. Si tienes un romero rastrero de flor azul intensa o un ejemplar concreto que huele especialmente bien, el esqueje es la única forma de conservar exactamente esa planta.
Cuándo hacerlo
Hay dos ventanas buenas en el calendario peninsular y una tercera aceptable.
Final de primavera, de mediados de mayo a junio. Los brotes del año ya han empezado a endurecerse por la base pero siguen flexibles en la punta. Es lo que en vivero se llama esqueje semileñoso, y es el estado ideal del romero. Con temperaturas de 20-25 °C, el enraizamiento va rápido: tres o cuatro semanas.
Final de verano y comienzo de otoño, de septiembre a primeros de octubre. La madera del año está ya bien formada, el calor extremo ha pasado y el suelo conserva temperatura. Tarda algo más, unas seis u ocho semanas, pero es la época con menos pérdidas por deshidratación, porque el esqueje no tiene que sostener hojas tiernas bajo un sol de julio.
Invierno, con madera ya dura. Funciona en el sur y en el litoral mediterráneo, donde no hiela, aunque el proceso se alarga hasta tres meses. En el interior de la meseta o en el norte húmedo no compensa: el esqueje se queda parado y acaba pudriéndose antes de emitir raíz.
El peor momento es pleno julio y agosto. La planta está en estrés hídrico, los brotes están agotados y el esqueje pierde agua por transpiración más rápido de lo que puede reponerla sin raíces.
Qué rama cortar
Aquí se decide buena parte del resultado. Busca brotes del año en curso, sin flor y sin botón floral, de unos 10 a 15 cm, que al doblarse ofrezcan resistencia pero no se partan en seco. Si la rama se dobla como un cable de goma, es demasiado tierna y se pudrirá; si cruje al doblarla, es madera vieja y tardará meses o no enraizará.
Un truco de campo: pasa la uña por la base del brote. Si aparece verde bajo una corteza que empieza a agrisarse, ese es el punto exacto de madurez que buscas.
Descarta las ramas que están floreciendo. La planta está destinando recursos a la floración y ese material enraíza mucho peor. Si el ejemplar madre está en plena flor —en el romero, de febrero a mayo según la zona—, busca los brotes vegetativos del interior de la mata o espera a que termine.
Toma más esquejes de los que necesites. Con una tasa razonable de éxito, del 60 al 80 % en manos poco expertas, plantar diez para conseguir seis plantas es lo sensato.
Preparar el esqueje
Corta con tijera de podar limpia o cuchilla, nunca arrancando a mano: un desgarro abre una herida irregular que se infecta. Desinfecta la hoja con alcohol si vas a cortar de varias plantas distintas.
Recorta el esqueje a 10-12 cm y deshoja los dos tercios inferiores. Esto no es cosmético: cualquier hoja que quede enterrada se descompone bajo tierra y siembra la podredumbre en el punto donde deben salir las raíces. Retira las hojas tirando hacia abajo con los dedos; salen limpias.
Deja solo cinco o seis pares de hojas en la punta. Necesitas algo de superficie foliar para que el esqueje siga fotosintetizando, pero no tanta que se deshidrate.
Refresca el corte basal justo antes de plantar, en bisel. Un corte inclinado deja más superficie de cambium en contacto con el sustrato, que es de donde brotan las raíces adventicias.
La hormona de enraizamiento: útil, no imprescindible
El romero enraíza por sí solo. Dicho esto, un enraizante a base de ácido indolbutírico (AIB) al 0,2-0,4 % en polvo acelera el proceso y, sobre todo, uniformiza: enraízan más esquejes y lo hacen a la vez, lo que facilita el manejo del lote.
Se aplica mojando ligeramente la base, hundiéndola un centímetro en el polvo y sacudiendo el exceso. Un rebozado grueso es contraproducente: concentraciones excesivas de auxina inhiben la formación de raíces en lugar de estimularla. Menos es más.
Los enraizantes caseros —canela, miel, agua de sauce, lentejas germinadas— no aportan auxinas en cantidad relevante. La canela sí tiene cierto efecto fungistático que puede reducir la podredumbre, y en ese sentido no hace daño, pero no esperes de ella lo que hace el AIB.
Sustrato y recipiente
El romero es una planta de suelos pobres, pedregosos y con drenaje rápido, y su esqueje se comporta igual. Lo que necesita es un medio aireado y estéril, no fértil. No hay raíces todavía: los nutrientes no le sirven de nada y solo alimentan hongos.
Mezclas que funcionan bien:
- Perlita y turba rubia a partes iguales.
- Arena de río lavada, de grano grueso, sola.
- Fibra de coco con un 40 % de perlita.
- Vermiculita y perlita al 50 %.
Evita el sustrato universal de saco y, con más motivo, la tierra del jardín: retienen demasiada agua, vienen con carga fúngica y compactan alrededor del tallo.
Usa macetas o alveolos pequeños, de 7 a 9 cm, con agujero de drenaje generoso. Un recipiente grande retiene un volumen de agua que el esqueje no puede consumir. Puedes poner tres o cuatro esquejes por maceta de 12 cm, separados para que no se toquen las hojas.
Haz el agujero previamente con un lápiz o un palillo antes de introducir el esqueje. Si lo clavas a presión, arrastras la hormona hacia arriba y machacas el tejido de la base.
Por qué el vaso de agua es mala idea
Es la recomendación más repetida y la que más esquejes de romero mata. En agua acaban saliendo raíces en algunos casos, sí, pero son raíces acuáticas: blancas, quebradizas, sin pelos radicales funcionales para el suelo. Cuando trasplantas a maceta, gran parte de esas raíces muere y la planta tiene que rehacerlas desde cero, momento en el que a menudo colapsa.
Añádele que el romero es especialmente sensible a la asfixia radicular y a la podredumbre basal, y el resultado habitual es un tallo que se ennegrece a la altura de la línea de agua a los diez o quince días. Si vas a multiplicar romero, hazlo directamente en sustrato sólido.
Los cuidados de las seis semanas siguientes
Luz. Luz abundante pero indirecta. Un lugar claro, a la sombra de una malla o bajo un árbol de copa ligera. El sol directo sobre un esqueje sin raíces lo deshidrata en horas.
Temperatura. Entre 18 y 24 °C en el ambiente. Si dispones de un cable o manta calefactora, mantener el sustrato a 20-22 °C con la parte aérea más fresca es la combinación que mejor funciona: estimula la raíz y frena la brotación prematura de la yema apical.
Humedad. Aquí está la segunda trampa. Los esquejes en general agradecen un ambiente saturado, y por eso se recomienda tanto la bolsa de plástico o la botella cortada. Con el romero conviene moderarse: es una labiada de hoja acicular, resinosa, adaptada a aire seco, y encerrado en una cámara húmeda sin ventilación desarrolla Botrytis cinerea con enorme facilidad. Si usas cubierta, ventílala a diario y retírala en cuanto veas condensación permanente en las paredes. En otoño, al aire libre y en zona costera, el romero suele enraizar perfectamente sin ninguna cubierta.
Riego. El sustrato debe estar húmedo, nunca encharcado ni tampoco seco del todo. Riega por abajo, poniendo la maceta en un plato con dos dedos de agua diez minutos, y deja escurrir. Así no mojas el tallo ni las hojas, que es por donde entra el hongo.
No toques el esqueje ni tires de él para comprobar si ha enraizado. Cada tirón rompe las raicillas nuevas. La señal fiable es otra: cuando aparece brotación nueva y verde en la punta y esta se mantiene creciendo, hay raíces abajo.
Trasplantar sin perder lo ganado
Cuando el cepellón se sostenga al volcar la maceta y asomen raíces por el drenaje, pasa el esqueje a una maceta de 12-14 cm. Ahora sí puede llevar un sustrato con algo más de cuerpo: dos partes de sustrato de cactáceas o mezcla mineral, una de compost maduro y un puñado de arena gruesa.
Riega tras el trasplante y luego espacia. El romero joven ya establecido prefiere secarse entre riegos.
Deja pasar un mes antes del primer abonado, y hazlo flojo. Un romero sobrealimentado crece rápido, produce tallos blandos, aguanta peor el frío y pierde concentración de aceites esenciales, es decir, huele y sabe menos.
Al llevarlo al suelo definitivo —mejor en otoño, para que tenga todo el invierno y la primavera de enraizamiento antes del primer verano— elige el sitio más soleado y drenado que tengas. Si tu terreno es arcilloso, plántalo en caballón elevado o añade grava a la zona de plantación. Encharcamiento invernal y romero son incompatibles.
El acodo, la alternativa a prueba de fallos
Si solo quieres una o dos plantas nuevas y tienes una mata grande, el acodo bajo es más lento pero prácticamente infalible, porque la rama sigue alimentada por la planta madre mientras enraíza.
Elige una rama baja y flexible, ráspale ligeramente la corteza en el punto que va a quedar enterrado, sujétala al suelo con una horquilla de alambre y cúbrela con cuatro o cinco centímetros de tierra, dejando la punta fuera. Mantén húmeda esa zona. Al cabo de dos o tres meses, comprueba tirando suavemente; si ofrece resistencia, corta la conexión con la madre y espera unas semanas más antes de desenterrarla y trasplantarla.
Los romeros rastreros como el Rosmarinus officinalis 'Prostratus' acodan solos allí donde las ramas tocan el suelo. A veces basta con buscar en la base de la mata.
Errores que se repiten
Usar brotes con flor. Enraízan mal y consumen su energía en la floración.
Dejar hojas enterradas. Se pudren y arrastran al tallo con ellas.
Tapar herméticamente. Es la vía directa a la Botrytis en una planta que odia el aire estancado.
Regar en exceso. Más esquejes de romero mueren ahogados que secos.
Impacientarse y desenterrar. Cada revisión reinicia el reloj.
Sacar el esqueje al sol pleno demasiado pronto. Aunque ya haya enraizado, necesita dos o tres semanas de aclimatación progresiva antes de recibir sol directo todo el día.
En resumen
Reproducir romero por esquejes es de lo más agradecido que se puede hacer en jardinería, siempre que se respeten cuatro cosas: cortar brotes semileñosos sin flor de 10-15 cm en mayo-junio o en septiembre, deshojar los dos tercios inferiores, plantar en un sustrato aireado y estéril —perlita con turba, o arena gruesa— y regar con moderación en un sitio luminoso pero sin sol directo. El AIB al 0,2 % ayuda, aunque no es obligatorio. El vaso de agua, en cambio, es un atajo que sale caro. En un mes y medio tendrás plantas nuevas idénticas a la madre, y de una sola mata bien poblada salen sin esfuerzo una decena de romeros para el jardín, para macetas o para regalar.