El invierno mata más plantas carnívoras que cualquier plaga, y casi siempre por el mismo motivo: alguien vio que la planta se ponía fea, dedujo que tenía frío y la metió en casa junto al radiador. Al cabo de unos meses la planta estaba muerta.

La mayoría de las carnívoras que se venden en España necesitan pasar frío. No lo toleran: lo necesitan. Y las que no lo necesitan requieren justo lo contrario. Distinguir unas de otras es el 90 % del trabajo.

Primero: identifica qué tipo de carnívora tienes

No existe un cuidado invernal común para todas. Hay que clasificarlas en tres grupos y actuar en consecuencia.

Grupo 1. Carnívoras de clima templado, con reposo invernal obligatorio. Son las de origen norteamericano y europeo: la venus atrapamoscas (Dionaea muscipula), todas las Sarracenia, la Darlingtonia californica, las droseras templadas como Drosera rotundifolia, D. intermedia, D. anglica, D. filiformis o D. binata, las grasillas europeas (Pinguicula vulgaris, P. grandiflora) y varias Utricularia de zonas frías. Estas plantas entran en dormancia y sin ella se agotan y mueren en dos o tres años.

Grupo 2. Carnívoras tropicales, sin reposo, que hay que proteger del frío. Todas las Nepenthes, las Heliamphora, la Cephalotus follicularis (que hace un reposo muy suave), las droseras subtropicales como D. capensis, D. aliciae o D. spatulata, las Byblis y las Utricularia tropicales.

Grupo 3. Carnívoras de invierno mediterráneo, que crecen precisamente en la estación fría. Aquí entran las grasillas mexicanas (Pinguicula moranensis, P. gypsicola, P. esseriana y afines), que en invierno cambian a una roseta suculenta y no carnívora, y el Drosophyllum lusitanicum, planta nativa del suroeste de la península ibérica y del norte de Marruecos.

Sarracenia purpurea, carnívora de clima templado que requiere reposo invernal

Qué es la dormancia y por qué no se puede saltar

Las carnívoras templadas viven en turberas y suelos encharcados de zonas con inviernos marcados. Su ciclo anual incluye un periodo de tres o cuatro meses de reposo disparado por dos señales combinadas: el acortamiento del fotoperiodo y el descenso de la temperatura.

Durante ese reposo la planta detiene el crecimiento, reabsorbe nutrientes de las hojas viejas y los almacena en el rizoma o el bulbo. Es cuando reconstituye las reservas que gastará en la explosión de primavera. Si se la mantiene caliente y con luz artificial todo el año, sigue creciendo débilmente, no repone nada, produce trampas cada vez más pequeñas y acaba consumiéndose. La planta no muere de frío, muere de agotamiento por no haberlo pasado.

En España el reposo va aproximadamente de mediados de noviembre a finales de febrero o principios de marzo, con variaciones según la zona. En el norte y en el interior peninsular arranca antes; en el litoral mediterráneo y en el sur, más tarde y más flojo.

Cómo cuidar las carnívoras templadas durante el invierno

Ubicación: fuera. Balcón, terraza, patio, alféizar exterior o invernadero frío. Nunca dentro de la vivienda. El rango ideal durante el reposo está entre 0 y 10 °C, aunque toleran bastante más frío del que la gente cree.

Heladas. Una Dionaea o una Sarracenia soportan heladas moderadas sin problema, del orden de -5 °C, siempre que el cepellón no se congele en bloque durante días. Lo que hace daño no es el aire frío, es el hielo prolongado en la maceta. En zonas de heladas fuertes y persistentes (Castilla y León, Aragón, zonas de montaña) conviene proteger la maceta, no la planta: agrupar las macetas juntas, hundirlas en un arriate o en una caja con turba, o rodearlas con manta térmica dejando la parte aérea al aire libre. Un invernadero frío sin calefacción es la solución más cómoda.

Luz. Aunque estén paradas, siguen necesitando luz. Un rincón oscuro favorece los hongos. Mantenlas donde reciban claridad natural, aunque sea difusa.

Riego: reducir, pero no dejar secar. Aquí está el segundo gran error. Muchos manuales dicen «regar menos» y la gente deja de regar. El sustrato debe seguir húmedo, nunca encharcado y nunca seco del todo. Lo práctico es retirar el plato de agua o dejar solo un dedo de agua muy de vez en cuando, y regar por arriba cuando la superficie empiece a aclararse. Con temperaturas de helada, mejor el plato vacío: el agua estancada se congela y el hielo daña las raíces.

Agua: siempre baja en sales. Esto no cambia en invierno. Agua de lluvia, destilada o de ósmosis inversa, con una conductividad por debajo de 50 µS/cm. El agua del grifo de la mayor parte de España tiene entre 300 y 1000 µS/cm y quema las raíces por acumulación de sales. Es la causa silenciosa de muerte más frecuente en carnívoras, y en invierno, con menos evaporación, las sales se acumulan igual.

Nada de abono ni de alimentación. Ni fertilizante, ni insectos, ni trocitos de nada. La planta está parada y no digiere. Alimentar una trampa en invierno solo consigue que se pudra.

Hojas secas: cortarlas. A medida que las trampas se ennegrecen, hay que retirarlas con tijeras limpias, cortando cerca de la base sin dañar el rizoma. El tejido muerto húmedo es el caldo de cultivo de Botrytis cinerea, la podredumbre gris, que en un invierno lluvioso puede llevarse una colección entera. Una buena ventilación es igual de importante que el propio corte.

Trasplante: al final del reposo. El mejor momento para cambiar de maceta o dividir es febrero o principios de marzo, justo antes de que arranque el crecimiento. El sustrato estándar es turba rubia de sphagnum sin abonar mezclada con perlita o arena silícea lavada, en proporción aproximada de 2:1 o 3:1. Nunca sustrato universal, nunca turba con fertilizante añadido.

El problema de los inviernos suaves

En buena parte del litoral mediterráneo, en Canarias y en zonas de Andalucía, el invierno no baja lo suficiente ni el tiempo suficiente para que una Dionaea haga un reposo completo. La planta se queda a medias: ni crece bien ni descansa bien.

La alternativa que usan los cultivadores en esas zonas es el reposo en frigorífico. Se desmaceta la planta a finales de noviembre, se lava el sustrato de las raíces, se trata con un fungicida, se envuelve el rizoma en sphagnum húmedo dentro de una bolsa hermética y se guarda en la parte menos fría de la nevera, en torno a 4 °C, durante unos tres meses. Hay que revisarla cada dos o tres semanas por si aparece moho. En marzo se replanta y se aclimata gradualmente a la luz. Es un método eficaz pero exigente; si tu terraza baja de 10 °C durante buena parte del invierno, no hace falta complicarse.

Las tropicales: Nepenthes y compañía

Con estas el planteamiento se invierte por completo. Aquí sí hay que meterlas dentro, y el invierno es la estación crítica.

Nepenthes khasiana, carnívora tropical que debe protegerse del frío

Temperatura. Las Nepenthes de tierras bajas (lowland) quieren mínimas por encima de 18 °C y sufren por debajo de 15 °C. Las de tierras altas (highland), que son las más habituales en el comercio como N. ventricosa, N. alata o los híbridos tipo N. × ventrata, aguantan mínimas nocturnas de 10-12 °C y agradecen la oscilación térmica entre día y noche. Por debajo de 8 °C empiezan a ennegrecerse las hojas.

Humedad. Es el punto que arruina más Nepenthes en invierno. La calefacción baja la humedad relativa de una vivienda por debajo del 30 %, y a ese nivel la planta deja de formar jarras y las existentes se secan. Hay que subirla: bandejas con arcilla expandida húmeda bajo las macetas (sin que la maceta toque el agua), agrupar plantas, un humidificador o, en el caso de ejemplares pequeños, una vitrina o terrario. Lo que no funciona es pulverizar la planta una vez al día: sube la humedad tres minutos y favorece las manchas foliares.

Luz. Junto a una ventana muy luminosa, sin sol directo abrasador a través del cristal. Con los días cortos de diciembre, muchas Nepenthes reducen el crecimiento; es normal.

Riego. A diferencia de las templadas, las Nepenthes no quieren plato con agua nunca. Sustrato aireado a base de fibra de coco, corteza de pino, perlita y sphagnum, que se mantenga húmedo pero con aire en las raíces. En invierno se riega menos, esperando a que la superficie empiece a secarse. Y siempre con agua de baja conductividad.

Las droseras subtropicales (D. capensis, D. aliciae, D. spatulata) son mucho más tolerantes: pasan el invierno bien en un alféizar interior luminoso, o incluso fuera en zonas de invierno suave, donde pueden perder la parte aérea con una helada y rebrotar de raíz en primavera.

Las grasillas mexicanas y el Drosophyllum

Las grasillas mexicanas merecen mención aparte porque su comportamiento invernal desconcierta a casi todo el mundo. En otoño abandonan las hojas pegajosas y forman una roseta compacta de hojas pequeñas, carnosas y sin mucílago, que parece una suculenta diminuta. Mucha gente cree que la planta se está muriendo y la riega más. Es exactamente lo que no hay que hacer: durante esa fase se retira el plato de agua y se riega muy poco, apenas humedeciendo el sustrato cada dos o tres semanas. En primavera vuelven a sacar hojas carnívoras por sí solas. Un sustrato con buena proporción mineral (arena, perlita, vermiculita, algo de turba) es imprescindible para que ese periodo seco funcione.

El Drosophyllum lusitanicum es la carnívora ibérica por excelencia, propia de jarales y brezales de suelo pobre y ácido en Cádiz, Huelva y el sur de Portugal. Su ciclo es mediterráneo: crece durante el otoño y el invierno y se ralentiza en verano. En invierno hay que darle todo el sol posible, riego moderado por el plato y solo cuando el sustrato esté casi seco, y protección de las heladas fuertes, aunque tolera algún grado bajo cero. Dos advertencias: no soporta el trasplante porque su raíz pivotante es muy sensible, así que se siembra directamente en su maceta definitiva; y odia el exceso de humedad ambiental estancada.

Los errores que más plantas cuestan

Meter una venus atrapamoscas en el salón en noviembre. El clásico. Es la vía más rápida para perderla en un plazo de dos años.

Tirar una planta que se ha puesto negra. En invierno, una Dionaea o una Sarracenia con todas las hojas marrones puede estar perfectamente viva. El rizoma es lo que importa: si al presionar está firme y blanco por dentro, la planta va bien. Ten paciencia hasta marzo.

Regar con agua del grifo «solo en invierno, que se riega poco». Las sales se acumulan igual, y en un sustrato que se seca despacio incluso más.

Dejar el plato lleno durante una ola de frío. Hielo permanente en las raíces sí hace daño.

Cerrar las trampas para «ver si funcionan». Cada cierre consume energía que la planta no tiene en reposo. Fuera de temporada, ni tocarlas.

En resumen

El invierno de las carnívoras se resuelve identificando primero qué tienes. Las templadas —Dionaea, Sarracenia, Darlingtonia, droseras y grasillas europeas— se quedan fuera, con luz, entre 0 y 10 °C, sustrato húmedo pero sin plato de agua permanente, sin abono, sin alimentar y retirando las hojas muertas para evitar la podredumbre gris; su reposo de tres o cuatro meses no es opcional. Las tropicales —Nepenthes, Heliamphora, droseras subtropicales— entran en casa, con humedad ambiental alta, buena luz, mínimas por encima de 10-15 °C según la especie y riegos más espaciados. Las grasillas mexicanas pasan a roseta suculenta y quieren sequía; el Drosophyllum ibérico, en cambio, está en plena actividad. Y en todos los casos, sin excepción, agua de lluvia o de ósmosis.


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