Bajo el nombre de planta del dinero se venden en España al menos cuatro especies que no tienen nada que ver entre sí, y confundirlas es la primera causa de que la maceta acabe en la basura a los dos meses. La que se conoce así en los viveros peninsulares, la de tallos colgantes y hojas redondeadas y carnosas que huelen cuando se frotan, es Plectranthus verticillatus, una labiada sudafricana. La verás etiquetada casi siempre como Plectranthus australis: ese nombre lleva décadas mal aplicado en el comercio y no corresponde a esta planta, pero se ha quedado pegado a las etiquetas.
Conviene saber cuál tienes delante porque las otras candidatas al mismo apodo piden cosas distintas. El árbol de jade (Crassula ovata) es una suculenta de verdad y aguanta semanas sin agua. El potos (Epipremnum aureum) es una trepadora tropical que tolera la penumbra. La planta china del dinero (Pilea peperomioides) tiene hojas redondas sobre peciolos largos y necesita más luz de la que suele recibir. Lo que sigue está pensado para el Plectranthus, aunque señalaré las diferencias cuando importen.
Cómo es y de dónde viene
Plectranthus verticillatus pertenece a la familia de las lamiáceas, la misma del romero, la menta y la salvia. Procede del sur de África, de zonas de bosque abierto donde crece a media sombra, tapizando el suelo y colgando de taludes. Ese origen explica casi todo su comportamiento en casa: quiere luz abundante pero filtrada, no soporta el sol directo del mediodía y tampoco el frío.
Los tallos son cuadrados en sección —rasgo típico de la familia— y con frecuencia rojizos. Las hojas, opuestas, son redondeadas, de borde festoneado, brillantes por el haz y a menudo purpúreas por el envés. Son semicarnosas: acumulan algo de agua, lo justo para perdonar un olvido, pero no lo suficiente para tratarlas como un cactus. A finales de verano y en otoño produce espigas de florecillas blancas con motas violetas, discretas pero abundantes si la planta está bien alimentada y ha recibido luz suficiente.
Crece rápido. Un esqueje enraizado en primavera puede tener tallos de medio metro en el otoño siguiente. Esa velocidad es su gran virtud como planta de interior y también el motivo de que se afee tan pronto si no se poda.
Luz: el factor que más se descuida
Necesita mucha claridad, pero sin sol directo prolongado. El sitio ideal es a un metro de una ventana orientada al este, o junto a una ventana al norte, o detrás de un visillo en una ventana al sur. Si le da el sol de mediodía de junio a través del cristal, las hojas se decoloran, aparecen manchas pardas secas y los bordes se acartonan.
El error contrario es más frecuente todavía. En un rincón oscuro la planta no muere: se estira. Los entrenudos se alargan, las hojas se separan, el tallo se queda desnudo por abajo y el conjunto adquiere ese aspecto lacio y desgarbado que suele achacarse a falta de abono. Es falta de luz, y no se arregla fertilizando. Se arregla moviendo la maceta y recortando los tallos alargados para que rebrote compacta.
Si vives en la costa mediterránea, en el sur o en Canarias, puedes tenerla todo el año fuera en un balcón cubierto o bajo la sombra de un árbol. En el interior peninsular y en el norte solo sale al exterior de mayo a septiembre, y siempre a la sombra.
Riego: por exceso se pierden más que por sequía
La regla práctica: riega cuando los tres primeros centímetros del sustrato estén secos al tacto. Mete el dedo, no te fíes del aspecto de la superficie, que se seca antes que el interior del cepellón.
En la práctica, en un piso español eso significa aproximadamente:
- Verano: cada tres o cuatro días, a veces dos veces por semana si hace mucho calor y la maceta es pequeña.
- Primavera y otoño: una vez por semana.
- Invierno: cada diez o quince días, y menos si la habitación está fresca.
Riega hasta que salga agua por los agujeros de drenaje y vacía el plato a los diez minutos. Este gesto, que parece menor, es el que separa una planta sana de una con las raíces podridas. Las hojas semicarnosas del Plectranthus aguantan mal el encharcamiento: las raíces asfixiadas dejan de absorber, la planta se marchita y el dueño interpreta que tiene sed y riega más, con lo que acelera el desenlace.
Un detalle que confunde a mucha gente: una hoja amarilla y blanda que se desprende sola casi siempre indica exceso de agua, no falta. La hoja que sufre sed se pone lacia, fina y con los bordes secos y crujientes, y se recupera en unas horas tras el riego. Si dudas, saca la planta de la maceta y huele el cepellón; el olor agrio a cerrado es señal inequívoca de pudrición.
El agua del grifo dura del interior peninsular no le hace daño apreciable, pero deja cercos blancos de cal en las hojas al pulverizar. Si te molesta, usa agua embotellada barata o deja reposar la del grifo. No necesita pulverizados: la humedad ambiente media de una casa le basta, y mojar las hojas con frecuencia favorece manchas fúngicas.
Sustrato y trasplante
Sirve un sustrato universal de calidad, siempre que lo alijeres. La mezcla que mejor funciona es dos partes de sustrato universal por una de perlita, o de arena de río gruesa lavada. Lo que se busca es que el agua atraviese el cepellón en segundos y no se quede parada.
La maceta debe tener agujeros. No hay excepción a esto. Si te han regalado la planta en un cachepot decorativo sin drenaje, mantén dentro la maceta de plástico original y saca esta para regar.
Trasplanta en primavera, cada dos años o cuando veas raíces asomando por los agujeros. Sube solo dos o tres centímetros de diámetro: un tiesto desproporcionado retiene agua que las raíces no consumen y vuelve a llevarte al mismo problema. Aprovecha para retirar los tallos viejos y pelados.
Abonado
De marzo a septiembre, un abono líquido para plantas verdes cada quince días, a la mitad de la dosis que indique el envase. Es una planta agradecida y la sobredosis de nitrógeno se nota: hojas grandes, tallos blandos y ninguna flor. Si quieres verla florecer en otoño, cambia a un abono con más potasio a partir de agosto.
De octubre a febrero no abones. Con menos luz y temperatura la planta ralentiza el crecimiento y las sales fertilizantes se acumulan en el sustrato quemando las raicillas.
Poda y forma
Es la operación que más rendimiento da y la que menos se hace. Pinza las puntas de los tallos jóvenes con los dedos cada pocas semanas durante la primavera: cada corte provoca dos ramificaciones y la mata se vuelve densa en lugar de convertirse en cuatro cuerdas colgantes.
A finales de invierno o principios de primavera puedes hacer una poda fuerte, dejando los tallos a un palmo de la base. Parece brutal, pero rebrota con vigor en tres o cuatro semanas y recupera el aspecto de planta joven. Los trozos que cortes no se tiran: son esquejes.
Multiplicación: casi no hay forma de fallar
Se reproduce por esquejes de tallo con una facilidad que la ha convertido en regalo clásico entre vecinos. El procedimiento:
- Corta un trozo de tallo de 8 a 12 centímetros, por debajo de un nudo.
- Retira las hojas del tercio inferior.
- Ponlo en un vaso de agua o directamente en sustrato húmedo con perlita.
- En agua enraíza en una o dos semanas; en sustrato, en tres.
La mejor época va de abril a septiembre, con temperaturas por encima de 18 °C. Si enraízas en agua, trasplanta cuando las raíces midan dos o tres centímetros: si esperas más, esas raíces acuáticas sufren al pasar a tierra. Planta tres o cuatro esquejes juntos en la misma maceta para obtener una planta tupida desde el principio.
Temperatura e invierno
Se encuentra cómoda entre 18 y 26 °C. Por debajo de 12 °C detiene el crecimiento y por debajo de 5 °C sufre daños serios; una helada, aunque sea ligera, la mata. En Madrid, Burgos o Teruel eso significa entrar la maceta sin falta a mediados de octubre.
Dentro de casa, cuidado con dos sitios que parecen buenos y no lo son: encima de un radiador, donde el aire seco y caliente propicia la araña roja, y en el paso de una corriente de aire frío entre ventana y puerta, que provoca caída súbita de hojas.
Problemas frecuentes
Cochinilla algodonosa. Es la plaga número uno. Aparece como pequeñas motas blancas algodonosas en las axilas de las hojas y en el envés. Se quita con un bastoncillo mojado en alcohol de 70° si son pocas; si están extendidas, jabón potásico cada semana durante tres semanas, aplicado por la tarde y aclarando al día siguiente.
Araña roja. Delata su presencia con un punteado amarillento fino y telarañas muy tenues en las puntas. Sale con calor y aire seco. Aumentar la humedad ambiente y lavar la planta bajo el grifo con agua templada suele bastar en las primeras fases.
Mosca blanca y pulgón. Frecuentes si la planta ha estado en el balcón. Trampas cromáticas amarillas y jabón potásico.
Hojas con manchas pardas secas. Quemadura de sol. Cambia la ubicación; las hojas dañadas no se recuperan, se retiran.
Tallos desnudos por la base. Envejecimiento normal combinado con poca luz. Poda de renovación en primavera y más claridad.
Pérdida de hojas en noviembre. Muchas veces es simple respuesta al cambio de luz y de temperatura al entrarla en casa. Reduce el riego, no abones y espera a la primavera.
Dos advertencias prácticas
La primera: no es una planta comestible ni forma parte del repertorio de las lamiáceas de cocina, pese al parentesco con la menta. Colócala fuera del alcance de perros y gatos que tengan la costumbre de mordisquear el follaje, más por la reacción digestiva que por toxicidad grave.
La segunda: el nombre popular no es más que eso. La planta no atrae ingresos, pero sí perdona errores mejor que casi cualquier otra planta colgante de interior, lo que probablemente explique su reputación de traer buena suerte a quien no tiene mano con las macetas.
En resumen
La planta del dinero de tallos colgantes y hojas festoneadas es Plectranthus verticillatus, aunque la vendan como Plectranthus australis. Pide luz clara sin sol directo, riego cuando los tres primeros centímetros de sustrato están secos, plato siempre vacío, sustrato aligerado con perlita, abono quincenal a media dosis de marzo a septiembre y pinzado regular de las puntas para que no se desmelene. Entra en casa antes de las primeras heladas y vigila la cochinilla algodonosa en las axilas de las hojas. Con eso basta, y lo que sobre de la poda te dará plantas nuevas en dos semanas dentro de un vaso de agua.