Si has comido queso Mimolette, un cheddar naranja o unas cochinita pibil, has consumido achiote sin saberlo. Detrás del código E160b de las etiquetas se esconde una de las plantas tintóreas más antiguas de América, cultivada por los pueblos precolombinos mucho antes de que llegara ningún europeo. Y es, además, un arbusto ornamental notable, con flores rosadas y frutos de un rojo encendido.

Planta de achiote, Bixa orellana

Qué es el achiote

Su nombre botánico es Bixa orellana y es la especie más conocida de la pequeña familia de las bixáceas. El epíteto orellana homenajea a Francisco de Orellana, el explorador extremeño que descendió el Amazonas en 1542 y describió el uso que los indígenas hacían de esta planta para pintarse el cuerpo.

Recibe muchísimos nombres según el país: achiote en México y Centroamérica, onoto en Venezuela y Colombia, urucú en Brasil, bija en el Caribe, annatto en el mundo anglosajón. Es originario de la franja tropical americana, probablemente de la cuenca amazónica, y hoy se cultiva también en India, Filipinas y África oriental.

Cómo es la planta

Es un arbusto o arbolito perennifolio que alcanza entre 3 y 6 metros de altura en cultivo, aunque en condiciones óptimas puede llegar a 8 o 9. Ramifica desde bastante abajo y forma una copa densa y redondeada.

Las hojas son alternas, acorazonadas en la base y acabadas en punta, de 8 a 20 cm de largo, con largos peciolos y nerviación palmada bien marcada. Verde brillante por el haz, algo más pálidas por el envés.

Las flores aparecen en panículas terminales y son bastante vistosas: de 4 o 5 cm de diámetro, con cinco pétalos de color rosa pálido a blanco y un penacho de estambres numerosos. Recuerdan a las de un rosal silvestre o a las del algodón, con el que no está emparentado pero al que se parece. En su zona de origen florece prácticamente todo el año; en cultivo mediterráneo protegido, sobre todo entre finales de verano y otoño.

Flores rosadas del achiote

Lo espectacular llega después. El fruto es una cápsula ovoide cubierta de espinas blandas, de 3 a 5 cm, que pasa del verde al rojo intenso o granate al madurar, y que se abre en dos valvas mostrando el interior. Van en racimos, y un arbusto cargado de cápsulas rojas es tan llamativo como cualquier planta de flor.

Dentro hay entre 30 y 50 semillas pequeñas, angulosas, envueltas en una pulpa cerosa de un naranja rojizo muy intenso. Esa capa es el producto. Si aplastas una semilla entre los dedos, te los tiñe al instante y el color tarda en irse.

Ubicación

Es una planta estrictamente tropical y ese es el condicionante que manda sobre todos los demás. Quiere sol pleno o sol con algo de sombra ligera, calor constante y humedad ambiental alta.

En España eso limita mucho las opciones. En Canarias, especialmente en la vertiente sur de las islas y en zonas bajas sin heladas, se cultiva al aire libre sin dificultades y llega a fructificar bien. En el litoral mediterráneo más cálido —Málaga, la costa granadina y almeriense, algunos puntos de Alicante— puede intentarse en jardines muy resguardados, pero es un cultivo de riesgo: cualquier invierno frío se lo lleva por delante.

En el resto del país es planta de invernadero cálido, galería acristalada o interior muy luminoso. En maceta se mantiene en torno a 1,5-2 metros con podas y puede llegar a florecer si recibe luz suficiente; que fructifique en esas condiciones es más difícil.

Sea donde sea, protégelo del viento: las hojas son grandes y se rasgan con facilidad.

Suelo y sustrato

Prefiere suelos profundos, fértiles y bien drenados, con abundante materia orgánica y pH entre 5,5 y 7, es decir de ligeramente ácido a neutro. En suelos muy calizos tiende a la clorosis férrica.

No tolera el encharcamiento prolongado, pese a venir de zonas lluviosas: en la selva llueve mucho pero el agua drena rápido. Si tu terreno es arcilloso, planta sobre caballón o corrige con arena gruesa y compost.

Para maceta funciona bien una mezcla de 50% de sustrato universal, 25% de fibra de coco y 25% de perlita, con un puñado de humus de lombriz. Maceta amplia y con buen drenaje, porque desarrolla un sistema radicular considerable.

Riego

Riego frecuente en la temporada cálida, manteniendo el sustrato húmedo pero nunca empapado. En maceta y en verano, cada 2 o 3 días; en suelo, dos riegos semanales generosos. En invierno, con temperaturas más bajas y crecimiento parado, se espacia mucho: cada 10 o 15 días, lo justo para que el cepellón no se seque del todo.

Agradece humedad ambiental alta. En invernadero o galería, pulverizar el follaje en los días secos ayuda, siempre por la mañana y sin que le dé el sol después. Si el aire es muy seco, aparecen bordes secos en las hojas y la planta se vuelve mucho más propensa a la araña roja.

Abonado

Es una planta de crecimiento rápido y bastante exigente en nutrientes. De marzo a octubre, cuando está activa, conviene abonar cada dos o tres semanas con un fertilizante equilibrado, o alternar entre abono orgánico líquido —guano, humus de lombriz— y mineral completo.

Compost y materia orgánica para abonar

En plantación en suelo, una buena aportación anual de estiércol o compost maduro al inicio de la primavera, esparcida bajo la copa y ligeramente incorporada, resuelve buena parte de las necesidades. De noviembre a febrero, suspende el abonado.

Si buscas fruto y no solo follaje, en la segunda mitad de la temporada conviene reducir el nitrógeno y reforzar fósforo y potasio.

Plantación, trasplante y poda

La época de plantar en suelo es la primavera avanzada, de abril a junio, cuando el suelo ya está caliente y no hay ningún riesgo de frío. Nunca en otoño: la planta no tendría tiempo de establecerse antes del invierno.

En maceta, el trasplante se hace también en primavera, subiendo un tamaño cada año en ejemplares jóvenes y cada dos o tres en adultos. Como crece deprisa, se queda pequeño de maceta antes de lo que uno espera.

La poda se hace después de la fructificación o a finales de invierno, y sirve para tres cosas: limitar la altura si lo tienes en maceta, aclarar el interior de la copa para que entre luz y aire, y retirar ramas secas o mal orientadas. Rebrota bien, así que admite podas de formación sin dramatismos. Ten en cuenta que la savia y las cápsulas manchan: usa guantes y ropa vieja.

Multiplicación

Por semilla es el método habitual y el más agradecido. Las semillas frescas, extraídas de una cápsula madura, germinan bien. Conviene lavarlas para retirar la pulpa colorante —que contiene inhibidores de la germinación— y ponerlas en remojo en agua templada durante 24 horas antes de sembrar.

Se siembran a 1 cm de profundidad en un sustrato ligero y húmedo, y necesitan calor constante, entre 25 y 30 °C, para germinar. En esas condiciones tardan de 15 a 30 días. Sin calor de fondo, la germinación es muy irregular. Un semillero con manta térmica o simplemente sembrar en pleno verano en zona cálida resuelve el problema.

Semillas rojas de achiote dentro de su cápsula

Un ejemplar de semilla suele empezar a florecer y fructificar a partir del tercer o cuarto año.

También se multiplica por esqueje semileñoso en verano, de unos 15 cm, con hormonas de enraizamiento, sustrato de turba y perlita, y ambiente muy húmedo y cálido. El porcentaje de éxito es menor que con semilla, pero mantiene las características de la planta madre, cosa que interesa cuando se busca una variedad de alto contenido en pigmento.

Resistencia al frío

Aquí no hay medias tintas: el achiote no resiste las heladas. Su límite práctico está en torno a los 10-12 °C, por debajo de los cuales detiene el crecimiento y empieza a sufrir. Con temperaturas cercanas a 5 °C aparecen daños serios en el follaje, y una helada, por leve que sea, mata la parte aérea y normalmente la planta entera.

Su temperatura ideal está entre 22 y 32 °C, con humedad relativa alta. Eso lo sitúa, en la clasificación de rusticidad, en zonas 10 a 12: exclusivamente Canarias y microclimas costeros muy protegidos dentro de la península.

Si lo cultivas en maceta en el interior peninsular, la rutina es sacarlo a la terraza de junio a septiembre y meterlo bajo cubierta con más de 15 °C el resto del año.

Para qué se usa

El valor del achiote está en la capa que recubre la semilla, rica en carotenoides. Los dos principales son la bixina, liposoluble, que representa alrededor del 80% del pigmento, y la norbixina, hidrosoluble, que se obtiene por hidrólisis de la anterior. Esa dualidad es lo que hace tan versátil al colorante: sirve tanto en grasas como en medios acuosos.

Como colorante alimentario es el E160b, uno de los pocos colorantes naturales de uso industrial masivo. Tiñe de amarillo a naranja intenso quesos —cheddar, Mimolette, Leicester—, mantequillas, margarinas, embutidos, snacks y arroces preparados. Fue el sustituto natural preferido cuando la industria empezó a retirar colorantes sintéticos.

En la cocina latinoamericana es un ingrediente estructural, no un adorno. La pasta de achiote o recado rojo yucateco, que mezcla las semillas molidas con orégano, comino, ajo y vinagre, es la base de la cochinita pibil. En Venezuela y Colombia el onoto tiñe arroces y guisos. En Perú y Ecuador se usa el aceite de achiote para dar color a sopas y estofados. Aporta un sabor suave, ligeramente terroso y con un punto pimentado, mucho menos marcado que el color que produce.

Como tinte y cosmético tiene un uso milenario. Numerosos pueblos amazónicos lo emplean para pintarse el cuerpo y el pelo, tanto ritualmente como para protegerse del sol y de los insectos. Hoy se utiliza en cosmética como colorante de labiales, autobronceadores y productos capilares.

El aceite de achiote y las propiedades atribuidas

El aceite de achiote se prepara calentando suavemente las semillas en un aceite vegetal —tradicionalmente manteca o aceite de maíz, hoy también oliva— a fuego bajo durante unos minutos, hasta que el aceite adquiere un color naranja intenso, y colando después. No debe hervir ni humear, porque el pigmento se degrada y aparece un sabor amargo. Se conserva en frasco oscuro varias semanas.

Su función principal es culinaria: dar color y un punto de sabor a arroces, sofritos, guisos y adobos. También se emplea tópicamente en la medicina tradicional americana.

Sobre las propiedades medicinales conviene ser honesto y preciso, porque circula mucha exageración. Lo que sí está documentado a nivel de composición es que las semillas contienen carotenoides con capacidad antioxidante demostrada en laboratorio, y cantidades apreciables de tocotrienoles, una forma de vitamina E. Las hojas contienen taninos y flavonoides.

La medicina tradicional de Mesoamérica y la Amazonía ha empleado el achiote para quemaduras y afecciones cutáneas, como digestivo en infusión de hojas, y como cicatrizante. Son usos etnobotánicos reales y bien registrados.

Ahora bien: esos usos tradicionales no equivalen a eficacia clínica demostrada. No hay ensayos clínicos sólidos que respalden el achiote como tratamiento de ninguna enfermedad concreta, y las afirmaciones que se leen a veces sobre control de la diabetes, adelgazamiento o efectos anticancerígenos no están sustentadas en evidencia en humanos. Tomarlo como alimento y como condimento es perfectamente razonable; sustituir con él un tratamiento médico, no.

Un apunte práctico de seguridad: el annatto es, junto al carmín, uno de los pocos colorantes naturales que puede provocar reacciones alérgicas en personas sensibles, con urticaria o síntomas digestivos. Es infrecuente, pero existe, y conviene saberlo si alguien reacciona sin explicación aparente a quesos naranjas o snacks coloreados.

Plagas y problemas

En cultivo protegido, los problemas habituales son los del invernadero: araña roja cuando el aire está seco, mosca blanca y cochinilla en ambientes cerrados y poco ventilados. Todos se manejan bien con jabón potásico y aceite de neem, insistiendo en el envés de las hojas.

En suelo, el riesgo principal son las podredumbres radiculares por drenaje insuficiente. Hojas amarillentas generalizadas con el sustrato húmedo es la señal de alarma.

Si las hojas nuevas salen amarillas con los nervios verdes, es clorosis férrica por exceso de cal en el suelo o en el agua; se corrige con quelato de hierro y, a medio plazo, con agua de riego más blanda.

En resumen

El achiote (Bixa orellana) es un arbusto tropical americano de 3 a 6 metros, con hojas acorazonadas, flores rosadas y cápsulas espinosas rojas cuyas semillas están recubiertas de un pigmento intensísimo: la bixina y la norbixina, el colorante E160b que tiñe quesos, mantequillas y embutidos en todo el mundo.

Necesita sol, calor constante por encima de 15 °C, humedad ambiental alta, suelo fértil y bien drenado y riegos frecuentes en la temporada cálida. No aguanta ninguna helada, de modo que en España solo prospera al aire libre en Canarias y en enclaves costeros muy resguardados; en el resto del país es planta de invernadero o galería. Se multiplica sobre todo por semilla, que necesita entre 25 y 30 °C para germinar.

Sus usos sólidos son el colorante y el condimento, más el tinte corporal tradicional. Sus propiedades medicinales pertenecen al terreno del uso etnobotánico y del interés por sus carotenoides y tocotrienoles, no al de la terapia demostrada: es un ingrediente excelente, no un medicamento.


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