Siembra en marzo, primeras flores a finales de mayo y recolección escalonada hasta septiembre. Ese es el calendario de la camomila en buena parte de la Península, y basta un metro cuadrado de tierra pobre y soleada, o un par de macetas en un balcón al sur, para tener manzanilla propia todo el invierno.

Antes de sembrar conviene resolver una cuestión que se pasa por alto y luego trae problemas: con el nombre de camomila o manzanilla se cultivan dos plantas distintas, una anual y otra perenne, con necesidades y sabores diferentes.

Qué camomila estás cultivando

Chamaemelum nobile, la camomila romana o manzanilla romana, es una perenne rastrera de 15 a 30 centímetros, con tallos que arraigan al tocar el suelo y forman una alfombra densa. Las hojas son muy divididas, casi plumosas, y aromáticas al pisarlas. Es la que se emplea para céspedes aromáticos y para bordes de sendero. Su infusión resulta bastante más amarga.

Matricaria chamomilla (antes Matricaria recutita), la manzanilla común o alemana, es anual y erguida, de 30 a 60 centímetros, se resiembra sola con generosidad y es la que abastece a la industria de las infusiones. Es la que crece asilvestrada en cunetas y barbechos de media España.

Distinguirlas es sencillo con un corte: parte por la mitad un capítulo floral, esa cabezuela de lígulas blancas y centro amarillo. Si el centro es un cono hueco por dentro, es Matricaria chamomilla. Si el receptáculo es macizo, con relleno, es Chamaemelum nobile. Es la prueba que se usa también para descartar la manzanilla bastarda (Anthemis arvensis), poco aromática y sin interés.

Ambas se cultivan igual en lo esencial. Donde difieren —siembra, división, duración— lo iré indicando.

Flores de camomila, Chamaemelum nobile, con lígulas blancas y centro amarillo

Clima y ubicación

Quiere sol directo. Con menos de cinco o seis horas diarias la mata se estira, se tumba y florece a desgana, y el aroma de las flores pierde intensidad, porque los aceites esenciales que le dan valor se acumulan con la insolación.

El frío no es un problema en España: Chamaemelum nobile resiste sin daño por debajo de −10 °C y Matricaria nace de semilla cada primavera. Lo que sí la castiga es el verano continental seco. En Castilla, Aragón o Extremadura, una camomila a pleno sol en julio con el suelo seco se agosta y deja de florecer. Allí compensa darle sombra durante las horas centrales a partir de junio, o plantarla en orientación este.

En la cornisa cantábrica y en Galicia, donde Chamaemelum nobile crece de forma espontánea en prados y suelos ácidos, se comporta como una planta local y apenas necesita atención. En la costa mediterránea agradece un riego más constante y suelo con drenaje impecable.

Suelo y sustrato

Prefiere suelos ligeros, arenosos, pobres y bien drenados, con pH neutro o ligeramente ácido. La camomila romana muestra cierta preferencia por los suelos silíceos y sufre en los muy calizos y compactos, donde se clorosa y languidece.

La tentación de plantarla en tierra rica y abonada hay que resistirla. El exceso de materia orgánica produce plantas grandes, blandas y con pocas flores, además de rebajar la concentración de principios activos en las cabezuelas. Si tu tierra de huerto es muy fértil, esta es la esquina donde no hace falta echar estiércol.

En maceta: sustrato universal mezclado a partes iguales con arena gruesa o perlita, en un tiesto de al menos 20-25 centímetros de diámetro y 20 de profundidad, con buen agujero de drenaje. La camomila romana, al ser rastrera, luce especialmente en jardineras anchas y bajas.

Siembra y multiplicación

La semilla de camomila es diminuta y tiene una particularidad decisiva: necesita luz para germinar. Si la entierras, no nace. Este es el fallo que está detrás de casi todas las siembras que no llegan a nacer.

Siembra en semillero, de febrero a abril:

  • Rellena una bandeja con sustrato fino y nivélalo.
  • Mezcla la semilla con arena seca para repartirla sin apelotonarla y espárcela por encima.
  • No la cubras: presiónala ligeramente contra el sustrato con la palma para asegurar el contacto.
  • Riega por abajo, sumergiendo la bandeja, o con pulverizador, para no arrastrar la semilla.
  • A 18-20 °C germina en 7 a 14 días.

Trasplanta a su sitio cuando las plántulas tengan 5-8 centímetros, dejando 25-30 centímetros entre plantas. Parece mucha distancia al principio; en junio te parecerá poca.

Siembra directa: Matricaria chamomilla admite sembrarse a voleo directamente en el terreno definitivo, en marzo, o en septiembre-octubre en zonas de invierno suave, lo que adelanta la floración a abril. También se resiembra sola año tras año si dejas madurar algunas cabezuelas.

División de mata: es la vía rápida para Chamaemelum nobile. En marzo o en septiembre, levanta una mata establecida, sepárala en trozos con raíz y replántalos. Cada fragmento arraiga en dos o tres semanas. El cultivar 'Treneague', el que se emplea para céspedes de camomila porque casi no florece, solo se puede multiplicar así: no produce semilla viable.

Riego

Riego moderado y regular durante el establecimiento, escaso después. Las plántulas y los trasplantes recientes no deben secarse; una vez la mata ha cerrado, la camomila tolera bastante sequía, aunque con el suelo seco frena la floración y las flores salen más pequeñas.

En pleno suelo y clima peninsular medio, un riego semanal generoso en verano es suficiente. En maceta, cada dos o tres días en julio y agosto, comprobando siempre que la capa superficial se ha secado.

Riega al pie, nunca por encima. Mojar el follaje y las cabezuelas al atardecer es la mejor manera de invitar al oídio y a la botritis, y además arruina las flores que estén listas para cosechar. El encharcamiento prolongado le provoca podredumbre de cuello con rapidez: en tierras arcillosas, plántala en caballón o en un bancal elevado.

Abonado

Poco y orgánico. Un puñado de compost maduro en superficie al arrancar la primavera cubre las necesidades de toda la temporada en pleno suelo. Si la tienes en maceta, donde el sustrato se agota, añade un abono líquido para plantas aromáticas cada tres o cuatro semanas de abril a julio, a media dosis.

Evita los fertilizantes ricos en nitrógeno y los abonos de crecimiento genéricos: te darán una mata frondosa y verdísima con la mitad de flores. Y si vas a consumir la infusión, mantente en el terreno de los abonos orgánicos y renuncia a los tratamientos fitosanitarios de síntesis.

Poda y mantenimiento

La poda de la camomila es en realidad una siega. Dos operaciones bastan:

  • Durante la floración, la propia recolección de cabezuelas hace de despunte y estimula la aparición de flores nuevas. Cuanto más recolectes, más florece.
  • Al terminar la floración, a finales de agosto o en septiembre, recorta la mata de Chamaemelum nobile a un tercio de su altura con tijera de setos. Rebrota compacta y entra en el invierno con buen aspecto en lugar de convertirse en un revoltijo leñoso.

La camomila romana pierde vigor y se abre por el centro pasados tres o cuatro años. Se renueva dividiendo la mata, como cualquier vivaz tapizante.

Un apunte para el césped de camomila, que se pone de moda cada pocos años: funciona en zonas de verano fresco y suelo suelto, admite pisadas ocasionales pero no un tránsito diario, y exige desherbar a mano los primeros dos años, porque no compite bien con las gramíneas. En el interior peninsular seco no es una alternativa realista al césped.

Plagas y enfermedades

Es una planta sana. Los problemas que aparecen son casi siempre de manejo:

  • Pulgón: coloniza los tallos florales tiernos en mayo. Se controla con un chorro de agua a presión o con jabón potásico al atardecer, aclarando después. No trates plantas cuyas flores vayas a recolectar en los días siguientes.
  • Trips: deforman las cabezuelas y las dejan con aspecto plateado. Trampas azules y riego adecuado.
  • Oídio: polvillo blanco en las hojas al final del verano, típico de plantas apretadas, sin ventilación y regadas por encima. Aclara la mata y corrige el riego.
  • Podredumbre de cuello y raíz: causada por hongos de suelo en terrenos encharcados. No tiene tratamiento práctico; se previene con drenaje.
  • Caracoles y babosas: atacan las plántulas recién trasplantadas en primavera húmeda.

Circula desde antiguo la idea de que la camomila es la «médico de las plantas» y que cura a las vecinas de bancal. Es folclore de jardinería sin respaldo, pero plantarla cerca del huerto tiene un beneficio real y comprobable: sus flores atraen sírfidos, avispillas parásitas y otros auxiliares que sí controlan al pulgón.

Mata de camomila en flor lista para la recolección

Recolección y secado

Aquí se decide la calidad de la manzanilla que vas a beber en enero.

Cuándo: se recogen únicamente los capítulos florales, cuando las lígulas blancas están completamente abiertas y horizontales. En cuanto empiezan a doblarse hacia atrás y a colgar, la flor ha pasado su punto y pierde aroma. Cosecha a media mañana, con el rocío ya evaporado y antes del calor fuerte.

Cómo: pellizca la cabezuela con las uñas justo bajo el receptáculo, o usa un peine recolector si tienes superficie. Deja el tallo. En plena temporada tendrás cosecha cada tres o cuatro días.

Secado: extiende las flores en una sola capa sobre rejilla o papel, a la sombra, en un local ventilado y seco, nunca al sol, que degrada los aceites esenciales y decolora las lígulas. Tardan de cinco a diez días. Si usas deshidratador, no pases de 35-40 °C. La flor está seca cuando cruje y se deshace entre los dedos.

Conservación: en tarro de cristal hermético, en oscuridad y lejos de la cocina caliente. Aguanta bien un año; a partir de ahí conserva el color pero ya no huele, y lo que no huele no infusiona. Un kilo de flor fresca deja unos 200 gramos secos.

Usos de la camomila

La infusión clásica se prepara con una cucharadita rasa de flores secas (1-2 gramos) por taza de agua a punto de hervir, en reposo de 5 a 10 minutos. Detalle que marca la diferencia: tapa la taza mientras infusiona. Los compuestos aromáticos son volátiles y, si el vapor se escapa, buena parte de lo que buscas se va con él.

Su uso tradicional es digestivo y carminativo —tras comidas pesadas, para gases y espasmos leves— y como infusión relajante antes de dormir. Matricaria chamomilla resulta más suave y agradable al paladar; la romana es más amarga y a menudo se prefiere justamente por su carácter tónico amargo. También se usa en cocina, en el sur de Andalucía, para aromatizar el vino de manzanilla y algunos guisos, y en repostería.

Dos precauciones que rara vez se mencionan:

  • Quien sea alérgico a las asteráceas (margaritas, crisantemos, artemisas, ambrosía) puede reaccionar a la camomila. Las reacciones cruzadas están documentadas.
  • No laves los ojos con infusión de manzanilla, por muy extendida que esté la costumbre. La infusión casera no es estéril ni isotónica, y aplicarla sobre la conjuntiva puede provocar irritación o conjuntivitis por contaminación. Para eso existe el suero fisiológico.

Camomila para el pelo: qué hace y qué no

La camomila contiene apigenina, un flavonoide que deposita un pigmento amarillo sobre la fibra capilar. De ahí su fama de aclarante. Conviene ajustar expectativas: no decolora. No hay peróxido ni reacción química que destruya la melanina.

Lo que hace es aportar reflejos dorados sobre cabellos ya claros —rubios, castaño claro, canas— de forma gradual y acumulativa, aplicación tras aplicación. Sobre pelo castaño oscuro o negro el efecto es prácticamente nulo, y ninguna cantidad de manzanilla lo va a cambiar.

La preparación habitual: 50 gramos de flores secas por litro de agua, hervir cinco minutos, dejar reposar hasta que temple, colar y usar como último aclarado después del champú, sin enjuagar. Peinar y dejar secar al aire, mejor con algo de luz natural, que refuerza el efecto. Repetir una o dos veces por semana. También sirve como loción calmante para cueros cabelludos irritados.

En resumen

Elige primero la especie: Matricaria chamomilla si quieres una anual erguida y abundante para infusión, Chamaemelum nobile si buscas una perenne tapizante que se divida y dure años. Siembra de febrero a abril sin enterrar la semilla, ponla a pleno sol en suelo pobre y drenado, no la abones apenas, riega al pie y sin excesos, y recolecta las cabezuelas con las lígulas horizontales, secándolas a la sombra en capa fina. Con eso tendrás manzanilla propia para todo el año y flores que además trabajan a favor del resto del huerto.


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