La alcaravea no da semilla el primer año. Conviene saberlo antes de sembrarla, porque quien espera cosechar en septiembre lo que sembró en marzo acaba arrancando unas matas que estaban perfectamente sanas y que solo necesitaban un invierno más. Carum carvi es una umbelífera bienal: el primer ciclo lo dedica a formar una roseta de hojas y una raíz pivotante gruesa, y solo en el segundo levanta el tallo floral, abre las umbelas blancas y produce esos frutos alargados y curvados que llamamos semillas y que se usan en panadería, en licorería y como carminativo.
El resto del cultivo es sencillo, pero tiene tres o cuatro detalles que deciden si el semillero sale o no sale. Vamos por partes.
Semilla fresca o nada
Las semillas de las umbelíferas pierden facultad germinativa muy deprisa, y la alcaravea es de las peores en este aspecto. Con un año de almacenamiento en condiciones normales de casa ya se nota la caída; con dos o tres, es habitual que no nazca casi nada. Si va a sembrar, use semilla de la última campaña y mire la fecha de envasado del sobre, no solo la de consumo preferente.
Hay además un malentendido muy repetido: la alcaravea del bote de especias sirve para sembrar. A veces sí, pero muchas partidas culinarias han pasado por secado forzado o por tratamientos que anulan el embrión, y encima suelen ser antiguas. Si es lo único que tiene, haga una prueba previa: veinte semillas sobre papel de cocina húmedo dentro de un táper, a temperatura ambiente, y cuente cuántas apuntan la radícula en dos semanas. Con menos de la mitad, no merece la pena preparar un bancal.
Cuándo sembrar según dónde viva
Hay dos ventanas buenas y la elección depende del clima de su zona más que del calendario.
Otoño, de septiembre a mediados de octubre. Es la mejor opción en el sur, en el levante y en general en cualquier sitio de inviernos suaves. El suelo conserva calor, la semilla nace en dos o tres semanas y la plantita afronta el invierno como roseta, que es como mejor lo pasa. Al llegar la primavera ya tiene raíz hecha y aguanta bastante mejor el primer golpe de calor. En estas zonas la siembra de primavera suele acabar mal: las plántulas todavía son pequeñas cuando llega el bochorno de junio y se quedan detenidas o se secan.
Primavera, de marzo a abril. Es lo indicado en la meseta norte, en zonas de montaña y en cualquier sitio donde el invierno traiga heladas fuertes y prolongadas. Se siembra cuando el suelo ha dejado de estar helado y ronda los 10 °C. La planta adulta soporta bien el frío, pero una plántula recién nacida en noviembre a 1.000 metros de altitud es otra historia.
La germinación tarda entre 10 y 20 días, más de lo que la gente espera, y se produce mejor con temperaturas moderadas, en torno a 15-20 °C. Por encima de 25 °C la nascencia se vuelve irregular. Ese es otro motivo para no sembrar en pleno verano.
Siembra directa en el suelo
La alcaravea forma una raíz pivotante parecida a la de la zanahoria, con la que está emparentada. Eso condiciona todo: siembre directamente en su sitio definitivo y olvídese del semillero en alveolos. Trasplantada, la raíz se dobla o se rompe, la planta se queda achaparrada y muchas veces se sube a flor de forma prematura y raquítica.
El sitio quiere sol directo —seis horas como mínimo— y un suelo suelto, profundo y bien drenado, con pH entre 6,5 y 7,5. Los suelos pesados y encharcadizos le pudren la raíz durante el invierno, que es justo cuando tiene que sobrevivir para dar semilla al año siguiente. Si el suyo es arcilloso, cave a dos palas de profundidad y mejórelo con arena gruesa y compost bien hecho. Evite el estiércol fresco: le da follaje blando y raíces bifurcadas.
Procedimiento:
1. Prepare el terreno con antelación, mullido y sin terrones, y déjelo asentar unos días.
2. Marque surcos poco profundos separados 30-40 cm entre sí.
3. Deposite la semilla a chorrillo, sin apurar, y cúbrala con apenas 1 cm de tierra fina. Enterrarla más es el error más común de todos: la semilla es pequeña y no tiene reservas para emerger desde tres centímetros.
4. Riegue con manguera de lluvia fina o regadera de roseta, nunca a chorro, y mantenga la superficie húmeda —no encharcada— hasta que nazca.
5. Cuando las plantitas tengan tres o cuatro hojas verdaderas, aclare dejando una cada 15-20 cm. Cortar las sobrantes a ras de suelo con tijera es mejor que arrancarlas, porque no mueve la raíz de las que se quedan.
Un detalle que ayuda mucho en secano: cubrir el surco con un velo de sombreo o una capa finísima de paja hasta la nascencia. Impide que la costra superficial se seque entre riegos, que es lo que arruina tantas siembras de umbelíferas.
En maceta o jardinera
Se puede, pero con una condición innegociable: profundidad. La raíz pide como mínimo 30 cm, y mejor 40. Una jardinera de balcón de 18 cm de fondo dará una planta escuálida que quizá le sirva para cortar hojas, pero que no llegará a producir semilla decente.
Use maceta individual de 25-30 cm de diámetro por planta, con agujeros de drenaje amplios, y un sustrato de calidad aligerado con un 25-30 % de arena gruesa o perlita. Siembre tres o cuatro semillas por maceta y quédese luego con la más vigorosa. Riegue cuando los primeros centímetros de sustrato estén secos: en contenedor el exceso de agua mata más alcaraveas que la sequía.
El punto delicado es el invierno. En maceta la raíz está mucho más expuesta al frío que en el suelo, así que en zonas de heladas conviene arrimar el tiesto a una pared orientada al sur o forrarlo con un plástico de burbujas durante los episodios más duros. No la meta en casa: necesita el frío del invierno para inducir la floración.
Qué esperar después
Durante el primer año verá una mata baja de hojas muy divididas, parecidas a las de la zanahoria pero más finas. Esas hojas son comestibles y se pueden picar en ensaladas y sopas; también la raíz, que recuerda a una chirivía pequeña. Mantenga el bancal limpio de hierbas, porque la alcaravea joven compite mal.
En el segundo año, entre mayo y junio, sube un tallo hueco y ramificado de 50-80 cm rematado en umbelas de florecillas blancas o rosadas. Los frutos maduran de forma escalonada y se desprenden solos en cuanto están secos, así que no espere a que la umbela entera esté marrón. Corte las umbelas cuando la mayoría de los frutos hayan virado a marrón claro, con parte del tallo, y póngalas boca abajo dentro de una bolsa de papel o de tela en sitio seco y ventilado. En una o dos semanas la semilla habrá caído sola al fondo. Después se limpia soplando o con un colador para separar restos y se guarda en tarro hermético.
Si deja unas cuantas umbelas sin cortar, la alcaravea se resiembra sola y el bancal se autoperpetúa: cada año tendrá plantas de primer año y plantas de segundo conviviendo. Existen además cultivares anuales, tipo 'Sprinter', que florecen y dan semilla en la misma campaña; son útiles si no quiere ocupar el bancal dos años, aunque el rendimiento por planta es menor.
Errores frecuentes
Confundirla con el comino. Son plantas distintas: la alcaravea es Carum carvi y el comino es Cuminum cyminum. Se parecen en el fruto, pero el comino es anual, de ciclo corto y muy termófilo, y su cultivo no tiene nada que ver con lo descrito aquí.
Sembrar en semillero y trasplantar. Ya se ha dicho, pero es el fallo que más cosechas arruina.
Abonar en exceso con nitrógeno. Da hojarasca abundante, tallos débiles que se tumban con el viento y menos aroma en la semilla, porque el aceite esencial se diluye. Con un aporte moderado de compost en la preparación del terreno hay suficiente.
Regar por encima con calor. El follaje mojado y el aire cargado favorecen el oídio. Riegue al pie y a primera hora.
No vigilar el pulgón ni la oruga de la Papilio machaon. La segunda es una mariposa preciosa que se come las umbelíferas; si son pocas orugas, cámbielas de sitio a mano en lugar de tratar.
En resumen
La alcaravea se siembra directamente en el sitio definitivo, a 1 cm de profundidad, en surcos separados 30-40 cm y aclarando después a una planta cada 15-20 cm. En clima suave, siembra de otoño; en zonas frías, de marzo a abril. Necesita sol, suelo profundo y bien drenado, semilla fresca de la última campaña y paciencia, porque es bienal y la cosecha de frutos llega el segundo verano. En maceta funciona si el contenedor tiene al menos 30 cm de fondo. Y cuando las umbelas empiecen a pardear, córtelas sin esperar más: la semilla se cae sola, y quien se descuida acaba recogiéndola del suelo.