Coge una hoja de hipérico y ponla a contraluz: verás cientos de puntos translúcidos repartidos por el limbo, como si alguien la hubiera acribillado con un alfiler muy fino. No son agujeros, sino glándulas llenas de aceites esenciales, y son las que le dan el nombre a la especie medicinal, Hypericum perforatum. Ese detalle, que se comprueba en cinco segundos, es lo que separa a la planta con uso terapéutico documentado de la docena de Hypericum ornamentales que se venden en vivero y que no sirven para lo mismo.

Conviene tenerlo claro desde el principio porque el género es amplio —más de 400 especies— y en los centros de jardinería españoles lo habitual es encontrar arbustos de flor amarilla vendidos simplemente como "hipérico", sin más apellido. Son plantas estupendas para el jardín, pero si lo que buscas es la hierba de San Juan de las infusiones y del aceite rojo, tienes que buscar la especie concreta.

Qué es exactamente el hipérico

El hipérico o hierba de San Juan (Hypericum perforatum) es una herbácea vivaz de la familia de las hipericáceas, de entre 40 y 80 cm de altura, con tallos erguidos, leñosos en la base y con dos costillas longitudinales que se notan al pasar los dedos. Las hojas son pequeñas, opuestas, sésiles y con las glándulas translúcidas ya mencionadas. Las flores, de unos 2 cm, tienen cinco pétalos de un amarillo intenso y un penacho muy visible de estambres; si estrujas un capullo entre los dedos, sueltan un jugo rojo violáceo. Ese pigmento es la hipericina, y es la firma inconfundible de la especie.

Crece de forma espontánea en casi toda la Península, en bordes de camino, ribazos, claros de encinar y pastos secos, desde el nivel del mar hasta bien pasados los 1.500 metros. Florece entre mayo y agosto según la altitud, con el pico en torno al solsticio de verano; de ahí lo de hierba de San Juan, porque la tradición marcaba la recolección la víspera del 24 de junio.

Flores amarillas de Hypericum perforatum, la hierba de San Juan

Los hipéricos de jardín, que son otra cosa

En jardinería se usan sobre todo especies arbustivas o tapizantes que comparten la flor amarilla pero no el uso medicinal:

Hypericum calycinum. El clásico tapizante de taludes y de zonas de sombra bajo arbolado. Apenas levanta 30 cm, se extiende por estolones y da flores enormes, de hasta 8 cm, con estambres larguísimos. Es la mejor opción para cubrir suelo donde el césped no prospera, pero hay que saber que coloniza con ganas: en un arriate pequeño acabará invadiendo a los vecinos. Se controla bien segándolo a ras de suelo cada dos o tres inviernos.

Hypericum androsaemum. El todabuena, arbusto de medio metro a un metro, propio de bosques húmedos del norte peninsular. Su gracia no está tanto en la flor como en los frutos carnosos, que pasan del verde al rojo y luego a un negro brillante. Muy usado además como verde de corte en floristería.

Hypericum olympicum. Mata baja, de 20 o 30 cm, de porte compacto y hojas glaucas. Es el indicado para jardín de rocalla, macetas y muros de piedra, porque aguanta la sequía y el suelo pobre mejor que ninguno.

Hypericum canariense. Endemismo macaronésico, arbustivo y de porte alto, que en el litoral mediterráneo se comporta muy bien pero que en otros países se ha convertido en invasora seria. Merece la pena no sacarlo del jardín.

Hypericum calycinum en flor, usado como tapizante de jardín

Cómo se cultiva

Exposición. Sol directo para H. perforatum: la concentración de principios activos baja de forma apreciable en sombra, y la planta se ahíla y florece poco. Los ornamentales son más flexibles; H. calycinum y H. androsaemum aceptan media sombra e incluso la agradecen en climas del interior, donde el sol de julio les quema las hojas.

Suelo. Poco exigente, y ese es medio secreto del cultivo. Prefiere suelos ligeros, calizos o neutros, con buen drenaje, y tolera terrenos pobres y pedregosos. En suelos ricos en materia orgánica crece más frondoso pero se tumba con las lluvias y aguanta peor el invierno. Lo que no perdona es el encharcamiento: en arcillas compactas hay que plantar en caballón o corregir con arena gruesa y grava.

Plantación. Otoño en la mitad sur y en el litoral, para que enraíce con las lluvias antes del calor; primavera, a partir de marzo, en zonas de invierno duro. Marco de 30 a 40 cm entre plantas para la hierba de San Juan, y de 40 a 50 cm para el tapizante si quieres que cierre en dos temporadas.

Riego. Escaso. Una vez asentada, la mata silvestre vive con la lluvia en casi toda la Península. El primer verano conviene regar cada 10 o 15 días, y a partir del segundo año solo en olas de calor prolongadas. En maceta cambia la cosa: allí hay que regar cuando los tres primeros centímetros de sustrato estén secos, sin dejar agua en el plato.

Abonado. Prácticamente innecesario. Un aporte ligero de compost en superficie al final del invierno basta. El exceso de nitrógeno produce plantas grandes y flojas, más sensibles al oídio y con menor contenido en aceites esenciales.

Poda. A finales de invierno se corta la mata a unos 10 cm del suelo; rebrota con fuerza desde la cepa. Los arbustivos como H. androsaemum se aclaran quitando las ramas viejas de la base cada dos o tres años, y H. calycinum se rejuvenece con una siega a ras. Es una de las pocas plantas donde una poda brutal casi siempre sale bien.

Multiplicación. Por división de mata en otoño o a la salida del invierno, que es lo más rápido y seguro. Por esquejes semileñosos en verano, con hormonas de enraizamiento y a la sombra. Y por semilla, que germina en dos o tres semanas a unos 15-20 °C, pero necesita luz para germinar: se siembra en superficie y solo se cubre con una capa muy fina de vermiculita, sin enterrar. Muchos fracasos de siembra se deben exactamente a eso, a tapar demasiado la semilla.

Problemas. El más frecuente en el jardín español es la roya del hipérico (Melampsora hypericorum), que llena el envés de pústulas anaranjadas y defolia sobre todo a H. androsaemum y H. calycinum en veranos húmedos; se combate aclarando la mata, retirando las hojas caídas y evitando mojar el follaje al regar. En cultivo denso también aparecen oídio y, en primavera, el escarabajo Chrysolina, que devora las hojas pero rara vez compromete la planta.

Recolección y secado

Se recogen las sumidades floridas, es decir, los 15 o 20 cm superiores del tallo con flores abiertas y algún capullo, en plena floración y a media mañana, cuando ya se ha evaporado el rocío pero el sol no aprieta. La concentración de hipericina e hiperforina es máxima en la flor abierta, no en la hoja ni en el tallo leñoso.

El secado se hace en manojos colgados boca abajo, en un local ventilado y a oscuras, porque la luz degrada la hipericina. En una semana o diez días está listo; después se desmenuza y se guarda en tarro de cristal opaco. Si el material seco ha perdido el color y huele a heno, ya no vale gran cosa: la droga bien conservada mantiene un tono verde oscuro con las flores todavía amarillentas y aguanta alrededor de un año.

Para qué se usa

Uso interno. El extracto normalizado de H. perforatum es uno de los pocos preparados de fitoterapia con ensayos clínicos serios detrás: está reconocido para el tratamiento de episodios depresivos leves y moderados, con eficacia comparable a algunos antidepresivos convencionales en ese rango de gravedad. También se le atribuyen efectos ansiolíticos suaves y utilidad en trastornos del sueño de origen nervioso. La forma tradicional es la infusión de una cucharadita de planta seca por taza, dos veces al día, aunque los estudios se han hecho con extractos estandarizados en hipericina e hiperforina, que no equivalen a una tisana casera.

Uso externo. El aceite de hipérico es el preparado más agradecido de hacer en casa: se llena un tarro con flores recién abiertas, se cubre de aceite de oliva, se cierra y se deja al sol unas cuatro o seis semanas agitándolo a diario. El aceite se tiñe de un rojo profundo. Se filtra y se guarda al abrigo de la luz. Se usa en quemaduras leves, eritema solar, rozaduras, cicatrices recientes y pieles muy secas, y también como aceite de masaje en contracturas. Hay que aplicarlo por la noche, nunca antes de exponerse al sol.

Precauciones que no son un formalismo

Aquí es donde la etiqueta de "es natural, no hace daño" falla estrepitosamente. El hipérico es la planta medicinal con más interacciones farmacológicas descritas, y no son teóricas.

La hiperforina induce el citocromo P450 (especialmente el CYP3A4) y la glicoproteína P, lo que significa que acelera la eliminación de muchísimos medicamentos y les resta eficacia. Afecta, entre otros, a los anticonceptivos orales —hay embarazos documentados por esta causa—, anticoagulantes tipo acenocumarol o warfarina, ciclosporina y otros inmunosupresores en trasplantados, antirretrovirales, digoxina, algunos antiepilépticos y determinados antitumorales. Tomado junto a antidepresivos ISRS o triptanes puede provocar un síndrome serotoninérgico.

Además es fotosensibilizante: a dosis altas y en pieles claras puede producir reacciones cutáneas con la exposición solar. El fenómeno se conoce bien en veterinaria, donde el hipericismo del ganado que pasta en zonas con mucha planta es un problema clásico.

Por todo ello, no debe tomarse por vía interna durante el embarazo y la lactancia, ni combinarse con ninguna medicación crónica sin decírselo antes al médico o al farmacéutico. Y hay que avisar de que se está tomando antes de una cirugía. El uso externo del aceite no plantea estos problemas.

Dónde conseguirlo

Planta viva de H. perforatum se encuentra en viveros especializados en aromáticas y medicinales y en ferias de planta, normalmente en maceta de 10 o 12 cm y a precio bajo. Semilla, en casas de semillas hortícolas; germina bien y es la vía más barata si quieres un bancal entero. Los ornamentales (calycinum, androsaemum, olympicum) están en cualquier centro de jardinería, en contenedor de 2 o 3 litros.

Para consumo, la planta seca a granel se vende en herbolarios, y los extractos estandarizados en cápsulas o comprimidos, en farmacia. Si el objetivo es medicinal, el producto de farmacia con contenido declarado en hipericina da una garantía de dosis que el manojo a granel no puede dar. Y una advertencia sobre la recolección silvestre: recoger en cunetas, lindes de cultivos tratados o bordes de carretera es mala idea por herbicidas y contaminación, y en espacios protegidos hace falta permiso.

En resumen

El hipérico medicinal es Hypericum perforatum, reconocible por las glándulas translúcidas de la hoja y por el jugo rojo de sus capullos; el resto de hipéricos del vivero son plantas de jardín excelentes pero con otro papel. Se cultiva a pleno sol, en suelo drenado y pobre, con riego mínimo y sin apenas abono, y se rejuvenece cortándolo a ras cada invierno. Se recolectan las sumidades floridas en pleno verano y se secan a la sombra. Su eficacia en depresión leve y moderada está respaldada, y el aceite macerado es un buen remedio casero para quemaduras y cicatrices, pero interacciona con un número grande de medicamentos y esa es la razón por la que nunca debería tomarse por libre si hay tratamiento de por medio.


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