Cien miligramos al día. Ese es el techo de glicirricina que los comités europeos de seguridad alimentaria consideran razonable para un adulto sano, y equivale a poco más de un puñado de caramelos de regaliz auténtico. Conviene empezar por ahí, porque el regaliz es de las pocas plantas medicinales de uso corriente en las que la dosis y el tiempo de consumo importan tanto como la propia planta.

Qué planta es exactamente el regaliz

El regaliz es Glycyrrhiza glabra, una herbácea vivaz de la familia de las leguminosas (Fabaceae), la misma de los guisantes, las habas y la alfalfa. El nombre del género viene del griego glykys (dulce) y rhiza (raíz), que resume bastante bien de qué va el asunto.

La parte aérea muere en invierno y rebrota en primavera, alcanzando entre 1 y 1,5 metros. Las hojas son compuestas imparipinnadas, con nueve a diecisiete foliolos ovalados de tacto ligeramente pegajoso al tocarlos en verano. Las flores aparecen en racimos axilares durante los meses cálidos, pequeñas, de forma amariposada típica de las leguminosas y de color entre lila pálido y azulado. El fruto es una legumbre corta y aplanada.

Pero lo que se recolecta está bajo tierra: una raíz principal profunda y, sobre todo, una red de rizomas horizontales que se extiende metros a la redonda. Ahí se acumula la glicirricina, un saponósido entre treinta y cincuenta veces más dulce que el azúcar de mesa, junto con flavonoides como la liquiritina y la isoliquiritigenina, y una fracción de polisacáridos mucilaginosos.

Mata de regaliz con sus hojas compuestas

Es una planta mediterránea y de Asia occidental que en España crece espontánea, sin que nadie la haya plantado, en las riberas y sotos de buena parte de la mitad este peninsular: el valle del Ebro, la Ribera navarra, tramos del Guadalquivir, el litoral levantino. En muchas zonas se la conoce como palodú, paloduz o palo dulce, y durante generaciones los niños arrancaban un trozo de rizoma para chuparlo. Ese es literalmente el regaliz.

Hay que distinguirla de Glycyrrhiza uralensis, la especie china que domina el mercado asiático de suplementos, y de Glycyrrhiza echinata, del este de Europa. Las tres comparten principios activos y las tres se venden como "regaliz", pero la composición no es idéntica y las concentraciones de glicirricina varían.

Cómo se cultiva

Cultivar regaliz en España no tiene ninguna dificultad climática: es una planta de aquí. Lo que exige es paciencia y un poco de previsión sobre dónde se planta.

Suelo. Es el factor que decide la cosecha. Necesita tierra profunda, suelta y con buen drenaje, del tipo franco-arenoso, porque la raíz tiene que bajar sin encontrar suela de labor ni arcilla compactada. En suelo pesado la raíz se retuerce, se ramifica y sale un producto corto y difícil de arrancar. Tolera bien los suelos calizos y algo salinos, cosa poco frecuente entre las medicinales.

Exposición y riego. Sol directo todo el día. Aguanta sequía una vez asentada gracias a su raíz profunda, pero si se quiere biomasa radicular hay que regar de forma regular en verano sin encharcar nunca. En el interior peninsular, un riego semanal generoso de junio a septiembre basta.

Plantación. Se propaga casi siempre por trozos de rizoma de unos 20 centímetros con dos o tres yemas visibles, enterrados de forma horizontal a unos 10 cm de profundidad. La época buena es el final del invierno, de febrero a marzo, o el otoño en zonas suaves. Por semilla también funciona, pero germina mal sin escarificar la cubierta y tarda un año más en dar algo aprovechable. Deja al menos un metro entre plantas.

Abonado. Aquí está el error frecuente. Al ser leguminosa fija nitrógeno atmosférico gracias a las bacterias de sus nódulos radiculares, así que abonar con nitrógeno es contraproducente: se dispara la parte aérea a costa de la raíz, que es lo único que interesa. Materia orgánica bien descompuesta en el momento de la plantación y poco más.

Rusticidad. Resiste sin problema los inviernos continentales españoles; la parte aérea se seca con las primeras heladas y el rizoma aguanta bajo tierra bien por debajo de los -15 °C.

La advertencia importante: los rizomas son invasores. En un bancal de huerto sin barrera, el regaliz colonizará todo lo que le rodea en tres o cuatro campañas y desenterrarlo del todo es prácticamente imposible, porque cada fragmento que quede rebrota. Plántalo en un espacio delimitado con barrera antirrizoma enterrada 50 cm, o directamente en un contenedor grande y profundo.

Recolección. No antes del tercer año, y mejor al cuarto. Antes de eso la raíz es delgada y pobre en principios activos. Se arranca en otoño, cuando la parte aérea ya se ha secado y la planta ha traslocado las reservas hacia abajo. Se lava, se pela o no según el uso, se corta en trozos y se seca a la sombra en lugar ventilado hasta que quiebre al doblarlo.

Para qué sirve: usos medicinales

El regaliz tiene un historial de uso terapéutico documentado de más de dos mil años, y varias de sus indicaciones tradicionales han resistido bien el escrutinio moderno. La Agencia Europea del Medicamento reconoce su uso tradicional en dos frentes.

Digestivo. Es su aplicación mejor asentada. Los mucílagos y flavonoides tienen efecto demulcente y antiinflamatorio sobre la mucosa gástrica, y se usa como alivio sintomático de la dispepsia, el ardor y las molestias gástricas leves. De aquí salió el carbenoxolona, un antiulceroso derivado del ácido glicirretínico que se usó en farmacia hasta que los inhibidores de la bomba de protones lo desplazaron.

Respiratorio. Como expectorante y calmante de la irritación de garganta en catarros y tos improductiva. La infusión de raíz recubre la mucosa faríngea y suaviza; es el motivo por el que aparece en tantas mezclas de herbolario para la garganta.

Trozos de raíz seca de regaliz

La preparación doméstica habitual es una decocción: unos 2 o 3 gramos de raíz troceada por taza, hervidos cinco minutos y reposados otros cinco. Una o dos tazas al día. También se encuentra en extracto seco, en tintura y en el clásico palo para masticar.

Lo que hay que saber antes de tomarlo

Que sea una planta no lo convierte en inocuo, y el regaliz es un ejemplo de manual. El ácido glicirretínico inhibe la enzima 11-beta-hidroxiesteroide deshidrogenasa tipo 2 en el riñón, lo que hace que el cortisol actúe sobre los receptores de aldosterona. El resultado es un cuadro llamado pseudohiperaldosteronismo: retención de sodio y agua, pérdida de potasio, edemas y subida de la tensión arterial. En casos de consumo alto y prolongado se han descrito hipopotasemias graves con debilidad muscular y arritmias.

De ahí las reglas prácticas:

No conviene pasar de unas cuatro semanas seguidas de consumo sin supervisión. Está desaconsejado en hipertensión, insuficiencia renal o hepática, arritmias, hipopotasemia y embarazo. Y hay interacciones que importan: con diuréticos que pierden potasio, con corticoides, con digoxina —la bajada de potasio aumenta su toxicidad— y con antihipertensivos, cuyo efecto contrarresta.

Para quien quiera los beneficios digestivos sin el problema cardiovascular existe el regaliz desglicirrizado (DGL), al que se le ha retirado la glicirricina y que conserva los flavonoides. Es la opción sensata si hay tensión alta de por medio.

Usos culinarios e industriales

Aquí hay una confusión que merece aclararse: buena parte de los caramelos y regalices de goma que se venden en España no llevan regaliz. El regaliz negro industrial se aromatiza con frecuencia con anetol, es decir, con anís, que tiene un perfil de sabor parecido y sale mucho más barato. Si la etiqueta no menciona extracto de Glycyrrhiza glabra, no lo lleva. Los productos con regaliz real están obligados desde 2005 a advertirlo en el envase cuando superan cierto contenido de glicirricina.

Donde sí se usa el extracto de verdad es en la confitería del norte de Europa, sobre todo en los países nórdicos y los Países Bajos, incluidas las versiones saladas con cloruro de amonio. En España, el uso tradicional ha sido el palodú masticado directamente y la infusión.

Fuera de la confitería, el extracto de regaliz aparece como corrector de sabor y agente espumante en cervezas negras y algunos licores anisados; como aromatizante en la industria del tabaco, que históricamente ha sido uno de sus mayores consumidores; en dentífricos y colutorios; y en cosmética, donde la isoliquiritigenina y el extracto de raíz se usan por su acción despigmentante y calmante en fórmulas para manchas y pieles reactivas. Su capacidad espumante llegó a aprovecharse en la carga de extintores de espuma.

En resumen

El regaliz es Glycyrrhiza glabra, una leguminosa vivaz mediterránea que crece silvestre en buena parte de España y de la que se aprovecha el rizoma. Cultivarlo pide suelo profundo y suelto, sol, riego de verano, nada de abono nitrogenado y esperar tres o cuatro años hasta el arranque otoñal; lo que no puede improvisarse es dónde plantarlo, porque los rizomas invaden todo lo que tienen alrededor.

Como medicinal tiene respaldo real en molestias digestivas y en la irritación de garganta, pero con un límite claro: la glicirricina sube la tensión y baja el potasio, así que no es para tomar de forma continuada ni para quien tenga hipertensión, problemas renales o esté embarazada. Y el caramelo negro del quiosco, salvo que la etiqueta diga lo contrario, es anís.


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