Entre las Alocasia que se venden como planta de interior, la wentii es la que más recomiendo a quien ya ha matado alguna. Tiene la hoja enorme y el porte escultórico del género, pero con una constitución mucho más robusta: lámina gruesa y coriácea, tolerancia razonable a la sequedad ambiental de un piso y un vigor que no tienen ni la Alocasia amazonica 'Polly' ni la Alocasia zebrina, que son las que suelen acabar en la basura tras dos meses.
Dicho esto, tiene una particularidad estacional que provoca muchos abandonos innecesarios y que conviene conocer desde el principio.
Origen y características
Alocasia wentii Engl. & K.Krause pertenece a la familia Araceae, la de los aros, los filodendros, los anturios y las monsteras. Es originaria de Nueva Guinea y zonas próximas del sudeste asiático, donde crece en el sotobosque de selvas húmedas, en suelos ricos en materia orgánica y con luz filtrada por el dosel.
Comercialmente circula como «oreja de elefante gigante», «hardy elephant ear» o «escudo de Nueva Guinea». Conviene saber que la nomenclatura del género en el comercio es bastante confusa y que parte del material vendido como A. wentii corresponde a híbridos o a plantas afines a Alocasia odora; las diferencias de cultivo entre ellas son mínimas.
Crece a partir de un rizoma erecto y carnoso del que salen directamente los pecíolos. Alcanza entre 1 y 1,5 metros de altura y otro tanto de anchura en cultivo doméstico. Las hojas son grandes, de 40 a 60 cm, sagitadas o subpeltadas, de nerviación muy marcada y textura gruesa y algo rígida.
Su rasgo distintivo está en el envés: mientras el haz es de un verde oscuro metálico algo brillante, el reverso de la lámina es de un bronce purpúreo intenso que se aprecia perfectamente en contraluz y que se pierde cuando la planta recibe poca luz. Los pecíolos son robustos, verdes y de sección acanalada.
Frente a otras alocasias de interior es más vigorosa, menos exigente en humedad ambiental y de hoja mucho más resistente al roce y a la sequedad. No es indestructible, pero perdona errores que a una 'Polly' le costarían la vida.
Un apunte imprescindible: como todas las aráceas, contiene cristales de oxalato cálcico en toda la planta. La savia irrita la piel y, si se ingiere, provoca ardor e inflamación de labios, boca y garganta. Es tóxica para perros y gatos y hay que mantenerla fuera del alcance de niños pequeños. Usa guantes al dividirla o al cortar hojas.
Luz
Necesita mucha luz, pero filtrada. En su hábitat vive bajo el dosel, así que el sol directo del mediodía de un verano español le quema la lámina dejando manchas pardas secas irreversibles.
La colocación ideal es junto a una ventana orientada al este u oeste, o a uno o dos metros de una ventana sur con visillo. En invierno se puede acercar más al cristal, ya que la radiación es mucho menor.
Con luz insuficiente los síntomas son inconfundibles: los pecíolos se alargan desmesuradamente buscando la ventana, las hojas nuevas salen cada vez más pequeñas, la planta se inclina hacia la luz y el envés pierde el tono púrpura y se vuelve verde apagado. Es la causa número uno de deterioro progresivo en interior.
Sustrato
El sustrato universal de bolsa, usado tal cual, es demasiado compacto y retiene agua alrededor del rizoma. La mezcla que funciona debe ser aireada y a la vez capaz de retener humedad, que es exactamente lo que ofrece el mantillo del suelo de selva:
- 40% de turba rubia o fibra de coco.
- 30% de corteza de pino de granulometría fina o media.
- 20% de perlita.
- 10% de humus de lombriz o compost maduro.
Se le puede añadir un puñado de carbón vegetal. La maceta debe tener drenaje y ser algo justa: la Alocasia prefiere estar un poco apretada, y en un tiesto grande el sustrato periférico permanece húmedo demasiado tiempo.
Riego
Durante la temporada de crecimiento —de abril a septiembre— hay que mantener el sustrato ligeramente húmedo pero nunca encharcado. La pauta práctica: regar cuando los 2-3 cm superiores del sustrato estén secos al tacto, empapando bien y dejando escurrir por completo.
Nunca dejes agua en el plato. El rizoma se pudre con facilidad si permanece en un sustrato saturado, y la podredumbre no da aviso hasta que las hojas empiezan a amarillear en masa desde la base.
El agua importa. Las Alocasia son sensibles a la cal y a las sales, y el agua dura provoca a medio plazo bordes secos, puntas quemadas y manchas necróticas en la lámina. Usa agua de lluvia, filtrada o, como mínimo, reposada. Y cada tres o cuatro meses conviene un lavado del cepellón: regar abundantemente varias veces seguidas para arrastrar sales acumuladas por el abonado.
En otoño e invierno hay que reducir mucho el riego, dejando secar más el sustrato entre aportes, porque la planta ralentiza o detiene su crecimiento y el agua sobrante se convierte directamente en pudrición.
Humedad ambiental y temperatura
Le va bien una humedad relativa por encima del 60%. El problema es que una vivienda española con calefacción en enero puede bajar del 30%, y ahí aparecen las puntas y bordes secos y, sobre todo, la araña roja.
Lo que funciona: colocar la maceta sobre una bandeja con guijarros y agua —el fondo de la maceta por encima del nivel del agua, no tocándola—, agrupar plantas juntas para crear un microclima, y en casos serios un humidificador. Lo que no funciona demasiado es pulverizar las hojas: sube la humedad durante minutos y, en cambio, favorece las manchas foliares bacterianas y deja depósitos de cal si el agua es dura.
Su rango cómodo de temperatura es de 18 a 28 °C. Por debajo de 15 °C se para; por debajo de 10 °C sufre daño en tejidos, y no tolera heladas. Evita ubicarla junto a un radiador, en el paso de una puerta exterior o expuesta a corrientes frías.
La dormancia invernal: no la tires
Este es el punto que hace que mucha gente se deshaga de una planta perfectamente viva.
En otoño e invierno, con menos horas de luz y temperaturas más bajas, la Alocasia wentii puede entrar en reposo vegetativo. Las hojas amarillean una tras otra y caen, y en casos extremos la planta se queda reducida al rizoma desnudo bajo el sustrato. Parece muerta y no lo está.
Qué hacer entonces:
- No trasplantar ni manipular el rizoma.
- Reducir el riego al mínimo: apenas humedecer el sustrato cada dos o tres semanas para que el rizoma no se deshidrate del todo.
- Mantenerla en un sitio luminoso y por encima de 12-15 °C.
- Suspender por completo el abonado.
- Esperar. En marzo o abril, al alargarse el día, brota de nuevo.
Puedes comprobar si el rizoma sigue vivo palpándolo con cuidado: si está firme, hay planta; si está blando y huele mal, entonces sí se ha podrido.
Abonado
Es una planta voraz durante la temporada de crecimiento: produce hojas enormes en pocos meses y eso consume nutrientes. Un abono líquido equilibrado para plantas verdes, aplicado cada 15-20 días de abril a septiembre a media dosis, cubre sus necesidades.
Media dosis, no dosis completa: es sensible a la acumulación de sales, y sobreabonar produce el mismo cuadro de bordes quemados que el agua dura. De octubre a marzo, nada de abono.
Trasplante
En primavera, cada uno o dos años, cuando las raíces asomen por los agujeros de drenaje o el crecimiento se estanque. Sube solo un tamaño de maceta: pasar de un tiesto de 18 cm a uno de 30 es un error clásico que termina en pudrición.
Aprovecha para revisar el rizoma y las raíces, retirar las partes blandas o negras con una herramienta limpia y renovar el sustrato. Tras trasplantar, riega moderadamente y espera unas semanas antes de reanudar el abonado.
Multiplicación
Se multiplica por separación de hijuelos, en primavera, coincidiendo con el trasplante. La planta madre emite rizomas laterales que dan lugar a plantitas independientes alrededor de la base. Se desmolda, se lava el cepellón para ver bien la estructura y se separa cada hijuelo con parte de rizoma y raíces propias, cortando con cuchillo limpio si es necesario. Se plantan en maceta pequeña con el mismo sustrato y se mantienen algo más cálidas y húmedas hasta que arranquen.
Conviene aclarar que no se reproduce por esqueje de hoja ni por trozo de pecíolo, por mucho que se vea en internet: una hoja de Alocasia puesta en agua echará como mucho unas raíces inútiles y acabará pudriéndose, porque no hay yema capaz de generar un brote. Todo tiene que salir del rizoma.
Plagas, enfermedades y señales normales
La plaga principal es la araña roja, favorecida por el aire seco de la calefacción. Produce un punteado amarillento fino en el haz, decoloración general y telarañas muy finas en el envés y las axilas. Se combate subiendo la humedad, limpiando el envés con un paño húmedo y aplicando jabón potásico o aceite de neem repetidamente.
También aparecen cochinilla algodonosa en las axilas y la base de los pecíolos, cochinilla de escudo adherida al nervio central del envés y trips, que dejan cicatrices plateadas y deformaciones en las hojas nuevas.
Entre las enfermedades, la más grave es la pudrición del rizoma por exceso de agua combinado con frío. Y en condiciones de hoja mojada y aire estancado pueden aparecer manchas foliares bacterianas: lesiones acuosas, oscuras, con halo amarillo, que se extienden rápido. Se retiran las hojas afectadas, se deja de mojar el follaje y se mejora la ventilación.
Por último, dos fenómenos que preocupan sin motivo. El primero es la gutación: gotas de agua que aparecen en el borde o en la punta de la hoja por la mañana. Es un proceso fisiológico normal por el que la planta expulsa el exceso de agua radicular; solo indica que has regado generosamente. Al secarse deja una marquita blanca de cal que se limpia con un paño. El segundo es que, en una planta sana y en crecimiento, la hoja más vieja amarillee y se caiga cuando sale una nueva: es renovación normal, no enfermedad. Preocúpate cuando amarilleen varias a la vez sin que salga ninguna nueva.
¿Se puede tener fuera en España?
En verano, sí, y de hecho lo agradece: sacarla a un patio, terraza o jardín a la sombra, protegida del sol directo y del viento, entre mayo y septiembre le da un empujón notable, con hojas mucho mayores que en interior. Hay que aclimatarla progresivamente y vigilar el riego, que aumentará bastante.
Como planta permanente de jardín solo funciona en Canarias y en puntos muy abrigados del litoral mediterráneo y el sur, donde no baje de 5 °C, en sombra y con riego constante. En el resto del país es planta de interior o de invernadero.
En resumen
La Alocasia wentii es la más robusta y agradecida de las orejas de elefante de interior: hoja gruesa de 40-60 cm, haz verde oscuro metálico y envés bronce purpúreo, sobre un rizoma erecto.
Para tenerla bien: luz abundante pero filtrada, sustrato aireado tipo aroide en maceta ajustada, riego cuando se sequen los 2-3 cm superiores y agua sin cal, humedad ambiental alta con bandeja de guijarros en lugar de pulverizaciones, entre 18 y 28 °C, y abono quincenal a media dosis solo de abril a septiembre.
Y lo más importante: si en invierno pierde todas las hojas, no la tires. Baja el riego, mantenla templada y luminosa y volverá a brotar en primavera. Recuerda además que toda la planta contiene oxalatos y es irritante: guantes al manipularla y lejos de niños y mascotas.