El anturio es una de las plantas de interior más vendidas de España y también una de las que más se abandona a los pocos meses, casi siempre por la misma secuencia: se compra en flor, dura unas semanas espléndida, luego deja de florecer, empieza a sacar hojas más pequeñas y termina con las puntas marrones en una esquina del salón. Casi todo eso se explica por dos decisiones tomadas el primer día —el sustrato y la ubicación— y por una tercera que casi nadie corrige: el agua con la que se riega.

Características del Anthurium

Anthurium Schott es un género de la familia Araceae con alrededor de mil especies descritas, lo que lo convierte en el más numeroso de la familia. Es neotropical: se distribuye desde México hasta el norte de Argentina, con la mayor concentración de especies en Colombia y Ecuador. La mayoría son epífitas o hemiepífitas del sotobosque de selva húmeda, es decir, viven sobre troncos y ramas, con las raíces al aire y agarradas a materia orgánica en descomposición.

Ese dato no es anecdótico: es la razón por la que un anturio plantado en tierra normal se muere. Sus raíces son gruesas, carnosas y necesitan oxígeno; en un sustrato compacto se asfixian y pudren.

Vamos con lo que más confusión genera. Lo que llamamos «la flor» del anturio no es una flor. Esa lámina roja, brillante y acorazonada es una espata, una bráctea modificada, es decir, una hoja transformada cuya función es atraer polinizadores. Las flores verdaderas son las decenas de florecillas diminutas, sin pétalos vistosos, que recubren el espádice, esa espiga cilíndrica que sobresale del centro. Entenderlo cambia cómo se cuida la planta: la espata es tejido foliar, dura muchísimo —semanas o meses— y responde a la luz como una hoja.

Flor del anturio con espata roja y espádice central

Las hojas son grandes, pecioladas, generalmente cordadas o lanceoladas, de textura coriácea y a menudo muy brillantes. Muchas especies emiten raíces aéreas a lo largo del tallo, otra herencia de su vida epífita.

Toda la planta contiene oxalato cálcico: la savia irrita la piel y la ingestión causa ardor e inflamación en boca y garganta. Es tóxica para perros y gatos.

Variedades

Anthurium andraeanum

Es el anturio del comercio, la especie de la que derivan casi todas las plantas que se venden en floristerías y supermercados. Procede de Colombia y Ecuador. Su espata es plana, cordada, ancha, muy brillante y de aspecto acharolado, con el espádice recto, amarillento o crema, a veces con dos tonos.

Prácticamente todo lo que se comercializa son híbridos, seleccionados por tamaño de espata, duración y compacidad de la planta. La paleta va mucho más allá del rojo clásico: blancos, rosas, coral, salmón, verdes, chocolate, morados y bicolores. Florece de forma más o menos continua durante todo el año si las condiciones son buenas.

Anthurium scherzerianum

Originaria de Costa Rica. Se distingue del anterior a simple vista por dos rasgos: la espata es más pequeña, ovalada y algo cóncava, y sobre todo el espádice está enrollado en espiral, como un tirabuzón o una cola de cerdo. Sus hojas son más estrechas y lanceoladas.

Es una planta más compacta y, en la práctica, más tolerante al frío y a una humedad ambiental algo menor que A. andraeanum, lo que la hace mejor opción para viviendas con calefacción. Se la conoce popularmente como «flor flamenco».

Anthurium crystallinum

Aquí cambiamos de categoría: es un anturio de hoja, no de flor. Su espata es pequeña y verdosa, insignificante. Lo que se cultiva es su follaje: hojas grandes, acorazonadas, de textura aterciopelada, verde oscuro profundo, atravesadas por una nerviación blanco-plateada de contraste espectacular. Las hojas nuevas emergen de un cobrizo rosado antes de oscurecer.

Es notablemente más exigente: quiere humedad ambiental sostenida por encima del 70% y un sustrato muy aireado, casi de orquídea. En un piso seco pierde el terciopelo y le salen bordes secos.

Se confunde constantemente con Anthurium clarinervium, mexicano, cuya hoja es más rígida, coriácea y de nervios blancos más anchos y marcados, y que resulta bastante más tolerante en interior doméstico. Si te gusta el aspecto de crystallinum pero no puedes garantizar humedad alta, compra clarinervium.

Anthurium faustinomirandae

Una rareza de coleccionista. Es un gigante mexicano de Chiapas, con hojas coriáceas y rígidas que pueden superar el metro de longitud sobre pecíolos robustos, formando una planta de porte casi arbustivo. No es una planta de salón: necesita mucho espacio, calor constante y luz abundante, y en España solo tiene sentido en invernadero cálido o en jardín protegido de Canarias.

Otras que verás en colección

  • Anthurium veitchii, el «anturio rey»: hojas colgantes larguísimas, de más de un metro, con la superficie profundamente corrugada entre los nervios.
  • Anthurium warocqueanum, la «reina»: hoja aterciopelada, estrecha y muy larga, con nerviación clara. Es de las más difíciles.
  • Anthurium superbum: hojas erectas en forma de nido, verde azulado y envés rojizo.

Cuidados y cultivo

Luz

Luz indirecta pero brillante. El sol directo decolora la espata, la deja translúcida y quema la hoja dejando manchas pardas. Pero el error contrario es mucho más común y más dañino a largo plazo: colocarlo en un rincón alejado de la ventana «porque es planta de interior».

La falta de luz es la causa número uno de que un anturio deje de florecer. No es falta de abono, ni de agua, ni que «ya cumplió». Con luz insuficiente la planta sigue emitiendo hojas, cada vez más pequeñas y sobre pecíolos más largos, pero no vuelve a producir espatas. La ubicación correcta es a uno o dos metros de una ventana orientada al este o al norte luminoso, o junto a una ventana sur con visillo.

Sustrato

Este es el punto en el que se decide casi todo. No uses sustrato universal ni tierra de jardín. El anturio es epífito y necesita un medio grueso, aireado y que drene al instante. Una mezcla que funciona:

  • 40-50% de corteza de pino de granulometría media.
  • 20% de fibra de coco o turba rubia.
  • 20% de perlita.
  • 10% de carbón vegetal, que evita fermentaciones.

Se le puede añadir esfagno para mejorar la retención sin perder aireación. La maceta debe tener buen drenaje; muchos cultivadores usan macetas con perforaciones laterales.

Riego y agua

Riega empapando y dejando escurrir por completo, y no vuelvas a regar hasta que el primer tercio del sustrato esté seco. En un sustrato de corteza como el descrito, en verano suele tocar cada 5-7 días y en invierno cada 10-15. Nunca dejes agua en el plato ni en el cache-pot: esa es la vía directa a la pudrición de raíz.

Y ahora el detalle que casi nadie corrige: el agua debe ser lo menos calcárea posible. El anturio es muy sensible a la cal y a las sales, y el agua dura de gran parte de España produce, a lo largo de meses, puntas y bordes marrones, manchas necróticas y un declive general que se suele atribuir erróneamente a «falta de humedad». Usa agua de lluvia, filtrada por ósmosis o embotellada de mineralización débil. Y cada tres o cuatro meses, haz un lavado del cepellón regando abundantemente varias veces seguidas para arrastrar las sales acumuladas.

Humedad ambiental

Su rango ideal está entre el 60 y el 80%. Por debajo del 40-45% empiezan las puntas secas y aumenta muchísimo el riesgo de araña roja, precisamente lo que ocurre en un piso con calefacción en enero.

Funciona bien la bandeja con guijarros y agua bajo la maceta —sin que el fondo toque el agua—, agrupar varias plantas juntas y, si hace falta, un humidificador. Pulverizar las hojas ayuda poco y, con agua dura, deja marcas de cal en la lámina brillante.

Temperatura

Entre 18 y 28 °C. Por debajo de 15 °C detiene el crecimiento y por debajo de 12 °C aparecen daños en la hoja. Evita corrientes de aire frío, la proximidad de un radiador y los cambios bruscos, que provocan caída de espatas.

Abonado

Abono líquido para plantas de flor, con proporción alta de fósforo, cada dos o tres semanas de marzo a octubre y a media dosis. Es muy sensible al exceso de sales: un abonado a dosis completa quema las raíces finas y produce el mismo cuadro de bordes necrosados que el agua dura. En invierno, nada o una aplicación muy diluida al mes si la planta sigue creciendo activamente.

Trasplante y raíces aéreas

Cada dos años, en primavera. Sube solo un tamaño de maceta y renueva el sustrato, que con el tiempo se descompone, se compacta y pierde aireación —de hecho, renovar el sustrato es más importante que aumentar el tiesto—.

Con los años, la planta tiende a levantarse: el tallo se alarga, la base queda desnuda y aparecen raíces aéreas al aire. No es un defecto, es su naturaleza epífita. Al trasplantar, hunde la planta algo más y cubre esa porción de tallo con sustrato o musgo esfagno húmedo; enraizará y la planta recuperará vigor. Si la base ha quedado muy larga, se puede cortar la parte superior con varias raíces aéreas y replantarla como esqueje, mientras el tocón rebrota.

Limpieza y flores marchitas

Las espatas viejas, cuando verdean y se marchitan, se retiran cortando el pedúnculo a ras de la base con tijera limpia, no arrancando. Así la planta no gasta energía en madurar las bayas del espádice.

Las hojas se limpian con un paño húmedo. No uses abrillantadores foliares: obstruyen los estomas y, en el caso de las especies aterciopeladas como A. crystallinum, arruinan la textura de forma irreversible.

Enfermedades y plagas

La enfermedad más temida es la bacteriosis del anturio, causada por Xanthomonas axonopodis pv. dieffenbachiae. Empieza con manchas acuosas y translúcidas en el borde de la hoja, que amarillean con un halo característico y se necrosan avanzando por los nervios hacia el interior; en fases avanzadas la infección llega al tallo y colapsa la planta. No tiene tratamiento eficaz en cultivo doméstico. Hay que retirar y destruir la planta afectada, desinfectar herramientas y no reutilizar el sustrato. Se previene evitando mojar el follaje, ventilando y no acumulando plantas pegadas.

La pudrición radicular por Pythium o Phytophthora aparece con sustrato compacto y riego excesivo: hojas amarillas generalizadas, planta que se tambalea al tirar de ella y raíces pardas y blandas. Se trata cambiando a sustrato aireado tras eliminar toda la raíz dañada. La antracnosis (Colletotrichum) ennegrece el espádice y estropea la floración.

Entre las plagas, la cochinilla algodonosa y la de escudo se instalan en el envés, en las axilas y sobre el nervio central; se tratan con alcohol isopropílico aplicado con bastoncillo y jabón potásico. Los trips son especialmente dañinos porque atacan los tejidos en formación y las espatas salen deformadas y con cicatrices plateadas. El pulgón aparece en pedúnculos jóvenes y la araña roja, en ambiente seco, produce punteado y decoloración.

¿Se puede tener en el jardín en España?

Conviene ser claro. El anturio se anuncia a veces como planta resistente para jardín, y en la España peninsular no lo es. Por debajo de 12 °C sufre y a 5 °C se pierde, así que no aguanta un invierno normal en casi ningún punto del país.

Anturios cultivados al aire libre en un jardín

Donde sí funciona al aire libre todo el año es en Canarias y, con suerte y mucho abrigo, en enclaves muy suaves del litoral, siempre a la sombra, con riego constante y protegido del viento. En el resto de España es planta de interior o de invernadero, y en verano se puede sacar a un patio sombreado entre junio y septiembre, lo que suele sentarle muy bien.

En resumen

El anturio es una arácea epífita neotropical cuya llamativa «flor» es en realidad una espata —una bráctea— que rodea al verdadero conjunto de flores, el espádice. En el comercio dominan los híbridos de Anthurium andraeanum, junto a A. scherzerianum, reconocible por su espádice en espiral, y a los anturios de hoja como A. crystallinum y A. clarinervium.

Para que viva años y siga floreciendo hacen falta cuatro cosas: luz indirecta abundante —sin ella no hay flores, por mucho abono que eches—, sustrato grueso y aireado a base de corteza de pino en lugar de tierra, riego con agua sin cal empapando y dejando secar el primer tercio, y humedad ambiental alta con temperaturas por encima de 15 °C.

Vigila los trips y la cochinilla, retira las espatas viejas cortando el pedúnculo a ras, entierra un poco más la base al trasplantar para aprovechar las raíces aéreas y recuerda que toda la planta contiene oxalatos: fuera del alcance de niños y mascotas.


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