Los Carex se venden en los viveros junto a las gramíneas ornamentales, se plantan como gramíneas y se podan como gramíneas. Y ese último punto es donde empiezan los problemas, porque no son gramíneas.

Aclarado eso —y en un momento explico por qué importa—, son de las plantas más útiles que existen para un jardín español: cubren el suelo en sombra, aportan textura y color todo el año, no piden abonado, resisten el frío y hay especies para prácticamente cualquier situación, desde una rocalla seca hasta el borde de un estanque.

Mata de Carex oshimensis Evergold con follaje rayado en crema y verde

No son gramíneas: son cárices

Carex pertenece a la familia Cyperaceae, la de las juncias, el papiro y la chufa, no a Poaceae, la de los céspedes, los cereales y los Miscanthus. Ambas familias son monocotiledóneas y se parecen a primera vista, pero son linajes distintos.

La forma más rápida de distinguirlos en campo es el tallo. En inglés hay una regla mnemotécnica que funciona: sedges have edges. El tallo florífero de un Carex es de sección triangular y macizo; se nota al rodarlo entre los dedos. El de una gramínea es cilíndrico y hueco, con nudos abultados a lo largo. Además, las hojas de las gramíneas salen alternas en dos filas y las de los cárices en tres, y las vainas foliares de Carex son cerradas, en tubo, mientras que en las gramíneas están abiertas por un lado.

La otra diferencia distintiva es el utrículo: en Carex, cada flor femenina está encerrada en una bolsita membranosa característica que envuelve al fruto. Ninguna gramínea tiene eso.

¿Por qué importa esto en la práctica? Porque el manejo que se aplica a las gramíneas ornamentales caducas —cortar a ras en febrero— mata o arruina a buena parte de los Carex, que son perennifolios y no rebrotan igual. Volveré sobre ello en el apartado de mantenimiento.

Cómo son

Carex es uno de los géneros más numerosos del reino vegetal: se le atribuyen alrededor de 2.000 especies, repartidas por todos los continentes, con especial abundancia en zonas templadas y frías del hemisferio norte. Solo en la Península Ibérica crecen más de un centenar.

Son herbáceas perennes, la mayoría de entre 15 y 80 cm, aunque algunas superan el metro y medio. Según la especie, forman matas densas (cespitosas) que crecen despacio y en redondo, o se extienden mediante rizomas, colonizando el terreno. Esta distinción es la que hay que mirar antes de comprar, porque determina si tendrás una mata educada o una alfombra.

Las hojas son estrechas, largas, acanaladas, y en muchas especies tienen los bordes finamente aserrados: pasar la mano a contrapelo por una mata de Carex pendula produce cortes limpios y desagradables. Se trabajan con guantes.

La floración va de abril a junio en la mayoría de las especies. Las espigas son pardas o verdosas, y en algunas —Carex pendula, Carex paniculata— resultan muy decorativas: espigas cilíndricas colgantes que se mecen sobre el follaje. En otras son insignificantes y se plantan exclusivamente por la hoja.

Las especies que interesan en jardinería

Se pueden agrupar en tres bloques, y cada bloque quiere cosas distintas.

Los cárices variegados asiáticos: para la sombra

Carex oshimensis 'Evergold' es, con diferencia, el más vendido. A menudo aparece etiquetado como Carex hachijoensis 'Evergold' o Carex morrowii 'Evergold', pero es el mismo. Forma una mata de 30-40 cm, arqueada, de hojas verde oscuro con una ancha banda central crema o amarillo pálido. Es cespitoso y muy educado, no se va a ningún lado. Perennifolio, rústico hasta unos -15 °C. Va perfecto en media sombra y sombra, y es probablemente el mejor Carex para maceta.

Carex morrowii 'Ice Dance' tiene la variegación al revés: hoja verde con el margen blanco. A diferencia de 'Evergold', es rizomatoso y se extiende con decisión, lo que lo convierte en un excelente tapizante para cubrir superficies en sombra, y en un problema si se planta en un macizo con vivaces delicadas. Muy resistente al frío.

Carex siderosticha 'Variegata', de hoja mucho más ancha y aspecto casi de Hosta estrecha, es caducifolia y quiere sombra fresca. Preciosa en el norte peninsular, sufre en clima seco.

Los cárices de Nueva Zelanda: bronce, cobre y sol

Este grupo tiene el follaje naturalmente pardo, bronce, cobrizo o anaranjado, no verde. Y aquí está la creencia equivocada más extendida sobre el género: no están secos. Se venden miles de ellos cada año y una parte considerable acaba en la basura porque el comprador cree que le han dado una planta muerta. Si al tirar suavemente de una hoja esta se resiste y la base de la mata está firme, la planta está perfectamente viva.

Carex testacea: mata arqueada de 40-50 cm, verde oliva en la base que vira a naranja cobrizo en las puntas, sobre todo a pleno sol y con el frío. Es el más luminoso del grupo.

Carex buchananii: porte rígidamente erecto, 50-70 cm, de un bronce rojizo uniforme y con las puntas rizadas en tirabuzón. Muy arquitectónico.

Carex comans 'Bronze Form': mata baja y desmelenada, 30 cm, de aspecto casi peludo, en tonos chocolate.

Los tres quieren sol, buen drenaje y suelo no encharcado en invierno. Toleran la sequía estival mucho mejor que los asiáticos, pero son algo menos rústicos: por debajo de -10 °C sufren, y en zonas de invierno duro conviene protegerlos o tratarlos como plantas de temporada larga. En cambio, en el litoral mediterráneo y en el sur van de maravilla. Se resiembran con facilidad, lo que a veces es un regalo y a veces una molestia.

Las especies ibéricas y las de suelo húmedo

Aquí hay material excelente e infrautilizado, con la ventaja añadida de estar adaptado a nuestro clima.

Carex flacca (= Carex glauca): hoja estrecha de un azul glauco notable, 20-30 cm, rizomatosa, tolerante a la cal, a la sequía y al pisoteo moderado. Es una de las mejores alternativas al césped en zonas de bajo tránsito y clima mediterráneo, y forma manchas espectaculares junto a piedra clara.

Carex pendula: la más imponente. Mata de más de un metro con espigas colgantes de hasta 15 cm que penden como colas. Autóctona de bosques de ribera y vaguadas umbrías de casi toda la Península. Quiere sombra y suelo fresco. Aviso: se resiembra con enorme facilidad y en un jardín húmedo puede convertirse en una lata; conviene cortar las espigas antes de que suelten semilla si no se quiere que se naturalice.

Carex divulsa: cespitosa, verde, discreta y extraordinariamente adaptable. Aguanta sol y sombra, sequía y humedad, y se ha popularizado internacionalmente como sustituto de césped de bajo mantenimiento.

Carex hallerana: pequeña, de encinares y matorrales calizos secos. Para jardín mediterráneo seco de verdad, es de las pocas que aguantan sin riego.

Carex paniculata: forma con los años grandes cepellones elevados, casi troncos de raíces, muy característicos de trampales y bordes de arroyo. Espectacular en un jardín de agua amplio.

Carex elata 'Aurea' (el "Bowles' Golden"): follaje amarillo oro intenso en primavera, planta de márgenes de estanque que quiere los pies en agua y bastante luz. De las plantas más luminosas que existen para un borde de agua.

Carex nigra y Carex divisa: especies de prados húmedos y suelos encharcados, útiles en jardines de lluvia y zonas de infiltración.

Cuidados

Ubicación. Depende del grupo, y equivocarse aquí es el fallo más común. Los variegados asiáticos quieren media sombra o sombra: a pleno sol de julio en Madrid o Sevilla, las partes claras de la hoja —que no tienen clorofila y no se protegen— se queman y se vuelven marrones. Los neozelandeses quieren sol pleno, y a la sombra pierden el color bronce y se vuelven verdosos y flácidos. Los de suelo húmedo aceptan sol si tienen agua suficiente, y sombra siempre.

Suelo. Como norma general, suelo fresco, con materia orgánica y que no se agoste. No son exigentes con el pH y toleran bien la caliza, que es lo habitual en gran parte de España. La única exigencia real es el drenaje invernal en el grupo neozelandés: encharcamiento en frío y ellos no se llevan bien. Si tu suelo es arcilloso y compacto, plántalos en caballón o mejora con grava y compost.

Riego. Regulares durante el primer año, hasta que la mata se establezca, que es cuando de verdad ganan resistencia. Ya asentados, en el norte peninsular la mayoría se apañan con la lluvia; en el centro y el sur necesitan riego de apoyo semanal en verano salvo las especies secas (hallerana, flacca, divulsa). Los de borde de estanque, humedad permanente.

Abonado. Muy poco. Son plantas de suelos pobres y el exceso de nitrógeno solo consigue follaje blando, propenso a tumbarse y a coger hongos, y variegaciones más apagadas. Basta con una capa de compost o mantillo de 2-3 cm en superficie a finales de invierno. En maceta, un abono granulado de liberación lenta una vez en primavera es más que suficiente.

Rusticidad. Muy buena en general. Los asiáticos variegados y las especies ibéricas soportan de -15 a -20 °C sin daño. Los neozelandeses se quedan en torno a -10 °C. Todos aguantan mejor el frío seco que el frío con suelo encharcado.

Plantación y trasplante

La mejor época en España es el otoño, de octubre a noviembre, en el litoral, el sur y las zonas de invierno suave: la planta enraíza durante todo el invierno y llega al verano establecida. En el interior con heladas fuertes y en la montaña, mejor la primavera, de marzo a abril, para no exponer una planta recién plantada a un invierno duro.

Se plantan a la misma profundidad que traían en el contenedor, sin enterrar el cuello. El marco de plantación depende del efecto buscado: para masas continuas, 4-6 plantas por metro cuadrado en las especies grandes y 8-10 en las pequeñas; para ejemplares aislados, lo que pida el diseño.

Un consejo que se agradece: al comprarlos, revisa el fondo del cepellón. Muchos Carex de vivero llevan tiempo en el mismo contenedor y salen con las raíces enrolladas en espiral; conviene abrirlas con los dedos o hacer tres cortes verticales antes de plantar.

Mantenimiento: el error de cortarlos a ras

Aquí volvemos al principio del artículo. A las gramíneas ornamentales caducas —Miscanthus, Panicum, Calamagrostis, Pennisetum— se les corta toda la parte aérea a un palmo del suelo a finales de invierno, y rebrotan con fuerza. Con los Carex no se hace eso.

La mayoría son perennifolios: sus hojas viven varios años y la mata no tiene un mecanismo de rebrote masivo desde la base. Cortar a ras un Carex testacea o un Carex oshimensis 'Evergold' deja un muñón feo que tarda muchos meses en recomponerse, y en el caso de los neozelandeses puede llegar a matarlos.

Lo que hay que hacer es peinarlos: a finales de invierno, con guantes gruesos, se pasan los dedos abiertos por la mata de abajo arriba, como un rastrillo, arrastrando las hojas muertas, que salen solas. En diez segundos por planta la mata queda limpia y sin heridas. Si además hay puntas secas antiestéticas, se recortan con tijera siguiendo la silueta natural.

Solo en especies claramente caducifolias o cuando la mata está muy deteriorada tiene sentido un recorte fuerte, y aun así nunca por debajo de un tercio de su altura, y siempre a finales de invierno, antes del arranque vegetativo.

Cada tres o cuatro años conviene dividir las matas que se hayan quedado huecas por el centro, lo que suele pasar en las cespitosas viejas.

Multiplicación

La división de mata es el método estándar y el único que garantiza los cultivares variegados, que no vienen fieles de semilla. Se hace a principios de primavera, en marzo, coincidiendo con el arranque del crecimiento: se desentierra la planta, se separa con las manos o se corta con un cuchillo en porciones que lleven raíces y varios brotes, se descartan las partes centrales agotadas y se replanta inmediatamente, regando bien. También se puede dividir en otoño en zonas de invierno suave, pero el porcentaje de fallos es mayor.

La siembra funciona en las especies puras. La semilla se recoge cuando el utrículo pardea, se siembra en otoño en bandeja al exterior —muchas especies necesitan pasar frío para germinar— y nace en primavera. Los cárices neozelandeses se resiembran solos en el jardín sin ayuda de nadie.

Para qué sirven en el jardín

Cubrir sombra seca. Es su mejor papel y donde casi nada más funciona: bajo árboles establecidos, junto a muros orientados al norte, en pasillos laterales. Carex divulsa, Carex flacca y Carex morrowii resuelven ahí problemas difíciles.

Sustituto de césped. En zonas de paso ocasional, un tapiz de Carex divulsa o Carex flacca plantado denso da un efecto de pradera con una fracción del agua y sin siega semanal. No aguanta partidos de fútbol, pero sí una zona de estar.

Bordes de estanque y jardines de lluvia. Carex elata 'Aurea', Carex pendula, Carex nigra o Carex paniculata hacen la transición entre el agua y el terreno seco, sujetan taludes y filtran escorrentías.

Contraste de textura en macizos. El follaje fino y arqueado de un Carex junto a hojas anchas y lisas —Hosta, Heuchera, Bergenia, helechos— es uno de los recursos más agradecidos de la jardinería de vivaces.

Maceta y jardinera. Se comportan bien en contenedor, dan estructura todo el año y aguantan el invierno en el exterior. Un 'Evergold' en una maceta de barro en un patio en sombra es una de las mejores relaciones efecto-trabajo que existen.

Jardines de grava y estilo mediterráneo. Los neozelandeses y Carex hallerana encajan perfectamente entre gravas, lavandas, salvias y santolinas, aportando la nota vertical y desestructurada.

En resumen

Los Carex no son gramíneas sino ciperáceas, con tallo triangular macizo, y esa diferencia se traduce en un manejo distinto: se peinan a mano en invierno, no se cortan a ras. Elige la especie según la ubicación: variegados japoneses ('Evergold', 'Ice Dance') para sombra, neozelandeses (testacea, buchananii, comans) para sol y buen drenaje —y recuerda que su color bronce es natural, no es que estén secos—, y especies ibéricas (flacca, divulsa, pendula, elata 'Aurea') para clima mediterráneo, tapizado y bordes de agua. Suelo fresco, riego de apoyo en verano, casi nada de abono, plantación en otoño en el sur y en primavera en el interior frío, y división cada tres o cuatro años. Con eso tienes color y textura durante los doce meses del año.


Contenidos relacionados