Cada poda de febrero deja en el suelo, en forma de ramas cortadas camino del contenedor, una docena larga de plantas nuevas. Higueras, granados, membrilleros, groselleros, sauces, rosales: material que enraíza clavado en tierra y sin más ayuda, y que se tira sin reparar en que esas estaquillas valen exactamente lo mismo que las que se venden en el vivero en marzo.

Multiplicar plantas es la parte de la jardinería con mejor relación entre esfuerzo y resultado, y también la que más rápido cambia la escala de lo que uno puede plantar. Un seto de treinta metros de romero o lavanda cuesta un dineral comprado y cuesta un fin de semana de trabajo hecho por esquejes. A continuación, los métodos que de verdad funcionan, cuándo aplicarlos y dónde suele fallar cada uno.

Esquejes: el método que más planta da

Un esqueje es un trozo de tallo que forma raíces propias y da una planta genéticamente idéntica a la madre. Eso último importa: si te gusta un rosal concreto, una camelia concreta o una higuera que da buena breva, el esqueje lo reproduce tal cual y la semilla no.

Hay tres momentos y tres tipos, y confundirlos es la causa habitual del fracaso:

Esqueje herbáceo o tierno (primavera y comienzo de verano). Brotes jóvenes, todavía blandos. Geranios, coleos, albahaca, menta, plectranthus, crisantemos. Enraízan en dos o tres semanas, pero se deshidratan enseguida: necesitan ambiente cerrado y húmedo.

Esqueje semileñoso (de junio a septiembre, el más versátil). El tallo del año que ya empieza a endurecer por la base pero sigue flexible en la punta. Aquí entran lavanda, romero, salvia, santolina, hortensia, laurel, adelfa, buganvilla, cotoneaster, fotinia, celindo. Trozos de 10 a 15 cm, corte limpio justo debajo de un nudo —es donde se acumulan las auxinas y donde salen las raíces—, se retiran las hojas de la mitad inferior y se deja solo un par de hojas arriba, recortadas a la mitad si son grandes para reducir la transpiración.

Esqueje leñoso o estaquilla (de noviembre a febrero, con la planta parada). El más fácil de todos y el que menos se aprovecha. Ramas del año, del grosor de un lápiz, cortadas en trozos de 20 a 25 cm. Se entierran dos tercios de su longitud en un rincón resguardado del jardín o en una maceta grande a la intemperie, y en primavera brotan. Higuera, morera, vid, granado, membrillero, sauce, chopo, grosellero, rosales de pie franco, forsitia. Truco de campo: corte recto en el extremo de abajo y en bisel en el de arriba, para no plantarlas del revés cuando ya no se distingue.

Esqueje preparado para enraizar

El sustrato de enraizamiento no debe llevar abono: mezcla de perlita y fibra de coco a partes iguales, o vermiculita, o arena silícea lavada. Un sustrato rico invita a los hongos y da a la estaca una excusa para no fabricar raíces. Encima, una bolsa transparente o un propagador; debajo, calor si es posible, porque el enraizamiento va mucho mejor con el sustrato a 20-22 °C. Y luz abundante pero indirecta, nunca sol directo dentro de la bolsa.

La hormona de enraizamiento (ácido indolbutírico, en polvo o gel) no es imprescindible en las especies fáciles, pero en las leñosas difíciles marca la diferencia entre un 20 % y un 80 % de éxito. La canela y la miel, que circulan como sustitutos naturales, tienen cierto efecto fungicida y ninguno hormonal: no hacen enraizar nada que no fuera a enraizar solo.

El vaso de agua: por qué falla más de lo que parece

Poner el esqueje en un vaso de agua es lo primero que hace todo el mundo, y funciona con potos, tradescantias, cintas o hiedras. Con casi todo lo demás, no.

El motivo es que las raíces formadas en agua no son iguales que las formadas en sustrato: son más largas, más frágiles, con tejidos aireados adaptados a vivir sumergidas y con muy pocos pelos absorbentes. Cuando la planta pasa a la maceta, buena parte de esas raíces muere y hay que esperar a que emita otras nuevas; muchos esquejes no superan ese trance y se marchitan justo después de un trasplante que parecía asegurado.

Si quieres ver raíces sin abrir nada, usa un tarro de cristal con perlita húmeda en lugar de agua. Se ven igual y salen raíces normales.

División de mata

Es el método más rápido, porque el resultado no es un esqueje sino una planta hecha. Sirve para todo lo que crece formando macolla: hemerocallis, agapantos, hostas, gramíneas ornamentales, aspidistra, helechos, cintas, cebollino, menta, melisa, festucas e iris de rizoma.

Se saca el cepellón entero y se separa con las manos, con dos horcas encaradas o, en matas muy compactas, con un cuchillo grande. Cada porción debe llevar raíces y yemas o brotes: un trozo con raíces pero sin yemas no rebrota.

La época correcta es otoño (octubre-noviembre) o final de invierno (febrero-marzo), fuera de la floración y del calor. Dividir un agapanto en pleno julio peninsular es condenarlo. Regla práctica: las plantas que florecen en primavera se dividen en otoño y las que florecen en verano y otoño, a la salida del invierno.

Además, la división rejuvenece: una mata vieja que se ahueca por el centro y florece menos recupera vigor al dividirla cada tres o cuatro años. Es mantenimiento y multiplicación a la vez.

Hijuelos, estolones y bulbillos

Hay plantas que se multiplican solas y solo hay que separarlas.

Hijuelos: aloe, agave, sansevieria, bromelias, plataneras, palmito (Chamaerops humilis). Se separan cuando el hijo tiene ya un tercio del tamaño de la madre y raíces propias, mejor en primavera. En las crasas conviene dejar secar el corte uno o dos días antes de plantar, para que cicatrice y no se pudra.

Estolones: las fresas emiten en verano tallos rastreros con plantitas en los nudos; se sujeta cada una contra una maceta con tierra, enraíza en tres semanas y luego se corta el cordón. Lo mismo hacen la cinta (Chlorophytum comosum) y la Saxifraga stolonifera.

Bulbillos: narcisos, jacintos, ajos ornamentales y muscaris fabrican bulbos hijos cada temporada. Se desentierran y separan cuando la hoja ya se ha secado, hacia junio. Y aquí una advertencia que va contra la costumbre: no cortes las hojas verdes de los bulbos después de la floración, por feas que estén. Esas seis semanas de hoja mustia son justamente cuando el bulbo recarga sus reservas y forma los hijos del año siguiente.

Acodo, para lo que no enraíza de esqueje

El acodo consiste en hacer que la rama forme raíces sin separarla de la planta madre, que la sigue alimentando mientras tanto. Por eso funciona con especies rebeldes al esqueje.

Acodo simple: se dobla una rama baja hasta el suelo, se entierra un tramo intermedio dejando la punta fuera, se sujeta con una piedra o un alambre y se espera. Glicinia, jazmín, madreselva, hiedra, buganvilla, avellano, viburno. Se hace en primavera y se separa al otoño siguiente.

Acodo aéreo: para ramas altas. Se retira un anillo de corteza de dos o tres centímetros, se envuelve con musgo esfagno húmedo bien apretado y se cubre con plástico atado por los dos extremos. En dos o tres meses se ven raíces a través del plástico y entonces se corta por debajo. Es la forma clásica de reproducir ficus, croton, magnolio, camelia y de recuperar un ficus de interior que ha quedado desnudo por abajo. Mejor de mayo a julio.

Semillas propias

Recoger semilla del propio jardín es gratis del todo, pero tiene una condición que se ignora a menudo: la descendencia no siempre se parece a la madre. Si la planta es un híbrido F1 —muchas variedades de tomate, pimiento, petunias o pensamientos de vivero—, la generación siguiente sale desigual y casi siempre peor. Y las cucurbitáceas se cruzan entre sí con entusiasmo, así que la semilla de un calabacín que ha convivido con calabazas da híbridos inesperados.

Con variedades tradicionales y de polinización abierta, en cambio, funciona perfectamente y de hecho es como se han conservado durante siglos.

Semillas recogidas y clasificadas para sembrar

Se recolecta en día seco, cuando la cápsula o vaina empieza a abrir pero antes de que se vacíe. Se termina de secar a la sombra unos días, se limpia de restos vegetales y se guarda en sobres de papel —nunca en plástico hermético con la semilla aún húmeda— en sitio fresco, seco y oscuro. Etiquetadas con nombre y año, porque la memoria falla y una semilla sin nombre es una lotería.

La viabilidad varía mucho: cebolla, puerro y chirivía duran apenas un año; tomate, pimiento y berenjena aguantan cuatro o cinco; calabazas y pepinos, hasta seis.

Aparte están las plantas que se resiembran solas y no exigen ni recolectarlas: caléndula, borraja, amapola, aguileña, nigella, capuchina, cosmos, alhelí. Se plantan una vez y reaparecen cada año en sitios ligeramente distintos.

Del supermercado y de la cocina

La albahaca en maceta del súper no es una planta: son cuarenta plántulas apretadas en un cepellón mínimo, que compiten entre sí y mueren en dos semanas. Si la sacas, la separas en grupos de cuatro o cinco y los plantas en macetas independientes con sustrato normal, dura toda la temporada.

Los manojos de romero, menta, hierbabuena o albahaca de la sección de frescos son esquejes ya cortados. Elige tallos no muy tiernos, quítales las hojas de abajo y trátalos como esquejes normales.

El jengibre y la cúrcuma brotan a partir de un trozo de rizoma con alguna yema visible, enterrado horizontalmente a dos dedos de profundidad, con calor. Las patatas germinadas y los dientes de ajo son material de siembra directo.

Sobre el hueso de aguacate conviene ser honesto: germina bien y da una planta de interior atractiva, pero un aguacate de semilla tarda entre ocho y quince años en fructificar y el fruto, al no estar injertado, sale distinto y normalmente de peor calidad que el que compraste. Lo mismo pasa con los cítricos de pepita. Como planta ornamental, perfecto; como huerto, no.

Intercambios y regalos

Buena parte de las plantas de cualquier jardín veterano no se han comprado. Ferias e intercambios de semillas, redes locales de semilla tradicional, grupos de aficionados, huertos urbanos y jardines comunitarios mueven material constantemente. Los ayuntamientos reparten plantón en ferias y semanas del medio ambiente. Y los vecinos con jardín suelen dividir sus matas y no saber qué hacer con las sobras.

La regla básica es pedir permiso antes de cortar nada ajeno, aunque asome por encima de una tapia, y ofrecer algo a cambio: los intercambios funcionan porque son intercambios.

Lo que no conviene hacer

Arrancar plantas del campo. Extraer ejemplares de espacios naturales está regulado y en parques naturales y zonas protegidas está prohibido; con especies incluidas en el Catálogo Español de Especies Amenazadas, además, es infracción grave. Recoger unas semillas de una planta común y abundante es otra cosa, pero desenterrar matas silvestres no.

Multiplicar variedades protegidas para venderlas. Rosales modernos, muchos frutales y bastantes ornamentales están amparados por títulos de obtención vegetal. Reproducirlos para el propio jardín es una cosa; comercializarlos, otra bien distinta.

Traer material vegetal de viaje. Un esqueje en la maleta es una vía de entrada para plagas y enfermedades de cuarentena. Xylella fastidiosa, que ha arrasado olivares y almendros, viaja exactamente así.

Multiplicar plantas enfermas. Un esqueje hereda los virus, la cochinilla y los hongos de la madre. Toma material solo de plantas sanas y vigorosas, y desinfecta la tijera con alcohol entre planta y planta.

En resumen

Conseguir plantas sin gastar se reduce a cinco vías: esquejes —herbáceos en primavera, semileñosos en verano y estaquillas leñosas en invierno, estas últimas las más fáciles y las más desaprovechadas—, división de mata en otoño o a final de invierno, separación de hijuelos, estolones y bulbillos, acodo para lo que no enraíza de otra forma, y semilla propia siempre que no sea un híbrido F1. A eso se suman los rescates del supermercado y los intercambios entre aficionados. Lo único que hay que comprar es sustrato y algo de hormona de enraizamiento para las especies difíciles; el resto es saber en qué mes toca cada cosa y no tocar material silvestre protegido ni plantas enfermas.


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