Cortar una hoja de aloe vera parece trivial, y en el fondo lo es, pero hay tres cosas que casi todo el mundo hace mal: elige la hoja equivocada, corta en el sitio equivocado y usa el gel sin purgarlo. Las tres tienen arreglo y las tres importan, tanto para la salud de la planta como para lo que vas a aplicarte en la piel.
Antes de cortar: asegúrate de que es aloe vera
La especie medicinal es Aloe vera (sinónimo Aloe barbadensis), de hojas gruesas, verde grisáceo, con dientes claros en el margen y una roseta que emite hijuelos en la base. Se confunde con frecuencia con Aloe arborescens, de hojas más estrechas y curvadas, y sobre todo con Agave americana, que no es un aloe ni se le parece por dentro: el agave tiene savia irritante, fibrosa y no forma gel. Si al cortar no aparece una masa transparente y gelatinosa, no es aloe vera.
Qué hoja cortar y cuándo
Siempre las hojas exteriores e inferiores. El aloe crece desde el centro de la roseta hacia fuera, de modo que las de fuera son las más viejas, las más gruesas y las que más gel acumulan. Las del centro son el motor de crecimiento de la planta: si las cortas, la frenas.
La hoja debe estar madura: al menos 20 centímetros de largo, mejor 30, carnosa y firme al tacto. Una hoja fina o flexible tiene poco gel y mucha agua. Descarta las que tengan manchas oscuras, zonas blandas o base podrida.
En cuanto al momento, es preferible la mañana temprano. Como todas las plantas crasas, el aloe hace metabolismo CAM: abre los estomas de noche y cierra de día, y el contenido de la hoja está más hidratado al amanecer. Tampoco cortes justo después de regar; espera dos o tres días para que el gel esté más concentrado y menos aguado.
Una advertencia sobre la frecuencia: una planta adulta sana tolera una o dos hojas al mes como mucho, y siempre que le queden ocho o diez. Una planta de vivero recién comprada, con seis hojas, necesita al menos un año en tu casa antes de empezar a cosechar.
El corte
Usa un cuchillo bien afilado y desinfectado con alcohol de 70º. Una tijera de podar aplasta la base y deja una herida machacada que tarda mucho más en cerrar y es puerta de entrada para hongos y bacterias. El aloe es especialmente sensible a las pudriciones que entran por heridas mal hechas.
Corta lo más cerca posible del tallo central, en la base de la hoja, con un movimiento limpio y ligeramente inclinado hacia abajo. No cortes la hoja por la mitad pensando en dejar el resto para otro día: el muñón que queda no se regenera, se seca, se pudre y arrastra la infección hacia el tallo. Si necesitas menos gel del que da una hoja entera, corta la hoja completa igualmente y guarda el sobrante.
Tras el corte deja la planta sin regar tres o cuatro días. La cicatriz debe secarse y sellarse sola. No apliques nada sobre ella; el aloe cierra sus heridas con eficacia si el ambiente está seco.
La purga: el paso que casi todo el mundo se salta
Este es el punto importante. Entre la corteza verde y el gel transparente hay una capa de células que segrega un látex amarillo llamado acíbar, rico en aloína. Es amargo, tiñe de amarillo y es un irritante potente: en la piel puede provocar dermatitis en personas sensibles, y por vía oral es un laxante drástico que la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria ha señalado como problemático. No es un ingrediente activo deseable, es un contaminante que hay que eliminar.
Para purgar, coloca la hoja recién cortada en vertical, con el extremo del corte hacia abajo, apoyada en un vaso o una jarra, y déjala escurrir entre 15 minutos y una hora. Verás salir un líquido amarillento denso. Cuando deje de gotear, lava la hoja con agua fría y ya está lista.
Cómo extraer el gel
Apoya la hoja sobre una tabla. Recorta primero los bordes espinosos de ambos lados con el cuchillo. Después, coloca el cuchillo plano y separa la corteza superior deslizándolo entre la piel y el gel, como si fileteases un pescado. Da la vuelta y repite por el otro lado, o bien saca el filete de gel con una cuchara. El resultado debe ser una lámina translúcida limpia, sin restos verdes ni amarillos. Si ves vetas amarillas, enjuágalas bajo el grifo.
Para uso tópico inmediato basta con frotar el filete sobre la piel. Para conservarlo, tienes dos opciones: en un recipiente hermético en la nevera dura de 7 a 10 días, y congelado en cubiteras se mantiene varios meses; los cubitos, además, van muy bien para quemaduras solares. El gel casero no lleva conservantes, así que cualquier olor ácido, burbujeo o cambio de color significa que hay que tirarlo.
Un aviso sobre el consumo
El uso externo del gel purgado sobre quemaduras leves, rozaduras o irritaciones está razonablemente respaldado. El consumo oral es otra historia: la aloína tiene efectos laxantes fuertes y su ingesta no está recomendada durante el embarazo, la lactancia, ni en personas con trastornos digestivos o en tratamiento con diuréticos. Preparar batidos con hoja de aloe sin purgar es una mala idea. Si vas a ingerirlo, mejor productos comerciales descolorados y con control de aloína.
En resumen
Corta siempre hojas exteriores maduras de más de 20 centímetros, por la mañana y no más de una o dos al mes en plantas ya establecidas. Hazlo en la base, con cuchillo afilado y desinfectado, nunca por la mitad, y deja la planta sin regar unos días para que cierre. Purga la hoja en vertical hasta que deje de gotear látex amarillo, lávala y extrae el filete de gel limpio. En nevera aguanta poco más de una semana; congelado, meses. Y el acíbar amarillo no es un plus: es lo que hay que quitar.