Sembrado en mayo, el cilantro florece antes de que hayas cortado la tercera hoja. Sembrado en septiembre, el mismo sobre de semillas da hoja durante cuatro meses. Esa diferencia no la explica el riego, ni el abono, ni la maceta: la explica el calendario, y entenderla resuelve el 80 % de los fracasos con esta planta.
El cilantro, Coriandrum sativum, es una umbelífera anual de la familia de las Apiáceas, pariente cercano del perejil, el hinojo y la zanahoria. Su ciclo natural es corto y está programado para florecer y semillar en un solo año. Cultivarlo bien no consiste en impedir esa floración —eso no se puede—, sino en retrasarla todo lo posible y en aprovecharla cuando llega.
Por qué se sube a flor y qué lo dispara de verdad
La versión que se repite en todas partes es que el cilantro espiga «porque hace calor». Es media verdad, y la mitad que falta es la importante: el cilantro es una planta de día largo. Lo que dispara la floración es sobre todo el fotoperiodo, la cantidad de horas de luz diaria. Cuando el día pasa de unas 13-14 horas, la planta recibe la señal de reproducirse, y el calor solo acelera un proceso ya iniciado.
De ahí sale la consecuencia práctica más útil de todo el artículo: en España, entre abril y julio el cilantro se subirá a flor sí o sí, riegues lo que riegues. En cambio, sembrado a partir de finales de agosto, con los días acortándose, la misma planta se mantiene en roseta vegetativa durante meses.
El estrés hídrico, el trasplante y el calor extremo suman: cada vez que la planta pasa un mal rato, adelanta la floración como seguro de supervivencia. Pero por sí solos no la provocan si el día es corto.
Cuándo sembrarlo en España
Dos ventanas buenas y una mala.
Final de verano y otoño (agosto a octubre). Es la mejor época, sin discusión, y la menos utilizada. En el litoral mediterráneo, en Andalucía, en Canarias y en Levante, una siembra de septiembre produce hoja hasta marzo. Días cortos, temperaturas de 12-22 ºC y humedad ambiental: las condiciones exactas que pide.
Final de invierno y primavera temprana (febrero a marzo). Segunda opción. Da una cosecha corta pero decente antes de que el día se alargue. En el interior conviene esperar a que hayan pasado las heladas fuertes, aunque el cilantro adulto tolera bien mínimas de -4 o -5 ºC y las plántulas nacidas en otoño invernan sin problema en zonas de clima suave.
Mayo, junio y julio. Solo si lo que se busca es semilla de coriandro para la cocina. Para hoja no merece la pena: la planta espiga en tres o cuatro semanas.
Y una técnica que cambia por completo el resultado: siembra escalonada. Un puñado de semillas cada dos o tres semanas en lugar de todo el sobre de golpe. El cilantro no es una planta que se coseche indefinidamente; es una planta que se resiembra.
La semilla que en realidad son dos
Lo que se compra como semilla de cilantro es un fruto seco, un esquizocarpo, una bolita beige y estriada que contiene dos semillas dentro. Por eso muchas veces salen dos plántulas pegadas del mismo punto de siembra, y por eso hay que ralear después.
Frotar suavemente las bolitas entre dos tablas o presionarlas para partirlas en dos mitades acelera y uniformiza la germinación notablemente. Después, un remojo de 24 horas en agua templada ablanda el pericarpo, que es duro y repele el agua.
Sin ese tratamiento, la germinación tarda entre 10 y 20 días y sale irregular. Con él, entre 7 y 10 días a 15-20 ºC. Por encima de 28 ºC la germinación cae en picado, otra razón para no sembrar en pleno verano.
Conviene también mirar la fecha del sobre: la semilla de cilantro pierde viabilidad rápido y a los tres años germina mal. Y no sirve la del bote de especias de la cocina si está tratada o muy vieja, aunque a menudo, si es reciente y entera, germina perfectamente y sale mucho más barata.
Siembra directa: no se trasplanta
El cilantro desarrolla una raíz pivotante, un eje central que baja recto y no tolera que lo rompan. Sembrar en semillero y trasplantar es una manera fiable de tener plantas raquíticas que espigan a los quince días: el trasplante es exactamente el tipo de estrés que dispara la floración.
Se siembra directamente en su sitio definitivo, a 1-1,5 cm de profundidad. Más profundo y no emerge; en superficie se seca. Marco: unos 5 cm entre plantas si se busca hoja abundante en mata densa, y 20-25 cm si se quiere que engorden y produzcan semilla.
En maceta, lo que manda es la profundidad, no el diámetro: mínimo 20-25 cm de hondo para que quepa la raíz. Una jardinera de balcón de 15 cm da plantas que amarillean y se agotan. Un tiesto hondo y estrecho funciona mejor que uno ancho y plano.
Suelo, luz y riego
Suelo. Suelto, mullido y con buen drenaje, pH entre 6,2 y 7,5. Un compost maduro incorporado antes de sembrar es suficiente alimento para todo el ciclo. Los suelos compactos y arcillosos le van mal porque impiden que la raíz baje.
Luz. Sol directo en otoño, invierno y principios de primavera. En mayo y junio, y en el sur en general, agradece sombra en las horas centrales: bajo la copa de un árbol de hoja caduca, al este de una pared o con una malla de sombreo del 35-50 %. Bajar la temperatura de la hoja retrasa algo la floración y mejora mucho el sabor. En interior, junto a una ventana orientada al sur; con menos de cinco horas de luz directa se ahíla y produce hojas pálidas y sin aroma.
Riego. Constante y moderado, manteniendo el sustrato fresco sin llegar a encharcar. La sequedad puntual es una de las señales que la planta interpreta como «hay que florecer ya». Al mismo tiempo, el exceso de agua sobre suelo pesado pudre el cuello. Regar al pie, no por aspersión: mojar la hoja de forma repetida favorece la mancha bacteriana (Pseudomonas syringae pv. coriandricola), que aparece como manchas angulares translúcidas y es difícil de frenar una vez instalada.
Abono. Poco, y con poco nitrógeno. Es un error frecuente tratarlo como una hortaliza de hoja y cargarlo de nitrógeno: crecen hojas grandes, tiernas, aguadas y con la mitad del aroma, además de mucho más apetecibles para el pulgón. Con el compost de fondo y quizá un aporte líquido suave a mitad de ciclo va sobrado.
Cómo cosechar sin cargarse la planta
Se empieza cuando la mata tiene unos 15 cm de altura, normalmente entre 30 y 45 días desde la siembra.
Se cortan las hojas exteriores, las de abajo, con tijera y dejando el centro intacto: ahí está el punto de crecimiento. Nunca más de un tercio de la planta de una vez.
La alternativa, si se tiene una mata densa, es la siega: cortar todo a 4-5 cm del suelo. Rebrota una o dos veces, cada vez con menos vigor. Es el método lógico cuando se hace siembra escalonada y esa tanda ya ha cumplido.
Las hojas viejas de la base, más redondeadas y lobuladas, son las de sabor pleno. Las que salen cuando la planta empieza a espigar son finas y plumosas, parecidas al eneldo, y tienen un sabor distinto, más áspero. Esa es la señal visual de que quedan pocos días de cosecha útil.
Se corta a primera hora de la mañana, con el rocío todavía, cuando la concentración de aceites esenciales es más alta. Y se usa en fresco: el cilantro pierde prácticamente todo su aroma al secarse, así que no tiene sentido colgarlo en manojos como el orégano. Para conservarlo, picado y congelado en cubiteras con un poco de agua o aceite.
Cuando florece: aprovecharlo en vez de arrancarlo
La subida a flor no es el final, es un cambio de cultivo.
Las umbelas blancas o ligeramente rosadas atraen a sírfidos, avispas parasitoides y otros auxiliares que controlan el pulgón en todo el huerto. Dejar dos o tres plantas floreciendo entre las hortalizas es una de las mejores decisiones de manejo que se pueden tomar en primavera.
Después vienen los frutos. Se recolectan cuando la mayor parte de las bolitas ha virado de verde a beige claro, cortando la umbela entera y terminando el secado boca abajo dentro de una bolsa de papel. Ese es el coriandro de la cocina, la especia, cuyo aroma cítrico y anisado no se parece nada al de la hoja fresca. Y parte de esa cosecha vale como semilla para la siguiente siembra: el cilantro se resiembra solo si se le deja, y de un año a otro aparecen plántulas espontáneas en el mismo bancal.
Plagas, problemas y confusiones
Pulgón. El habitual, sobre todo en brotes tiernos de plantas sobreabonadas. Se resuelve con un chorro de agua a presión, jabón potásico o simplemente esperando a los sírfidos si hay flores cerca.
Oídio y mildiu. En plantaciones densas y mal ventiladas. Ralear y regar al pie es la prevención real.
Caracoles y babosas. Arrasan las plántulas recién nacidas en otoño en una sola noche. Es la fase crítica; una vez la planta tiene 10 cm, deja de importar.
Amarilleo generalizado. Casi siempre exceso de agua o maceta demasiado somera, no falta de abono. Antes de fertilizar, comprobar el drenaje.
Y dos confusiones frecuentes. La primera, con el perejil: se distinguen por el olor, no por la hoja, porque de jóvenes son muy parecidos. La segunda, el llamado cilantro de hoja ancha o culantro, que es Eryngium foetidum, otra planta distinta, perenne, tropical y de cultivo diferente.
Añado una advertencia sobre las macetas de cilantro del supermercado: vienen con decenas de plántulas apiñadas en un cepellón mínimo, forzadas en invernadero y sin raíz funcional. No están pensadas para seguir viviendo. Lo razonable es cosecharlas enteras a los pocos días y sembrar en condiciones.
En resumen
El cilantro se cultiva por siembra directa, nunca por trasplante, a 1-1,5 cm de profundidad y en un recipiente de al menos 20-25 cm de fondo por su raíz pivotante. Partir las semillas y remojarlas 24 horas mejora mucho la nascencia.
La clave está en la fecha: siembra de finales de agosto a octubre para cosechar hoja durante meses, y de febrero a marzo como segunda opción. En primavera avanzada y verano el día largo lo hace florecer en semanas, y ninguna técnica lo evita.
Riego constante sin encharcar, poco nitrógeno, sol salvo en las horas fuertes del verano y siembra escalonada cada dos o tres semanas. Se cosechan las hojas exteriores sin tocar el centro. Y cuando se sube a flor, se deja: atrae fauna auxiliar y produce el coriandro y la semilla para la temporada siguiente.