Una mata de agapanto que lleva siete u ocho años en el mismo sitio acaba floreciendo menos que cuando se plantó, se abre por el centro y deja un hueco pelado en medio. No le falta abono ni le sobra sombra: le falta sitio. Dividir es la respuesta a ese problema concreto, y de paso es la forma más rápida y más barata de multiplicar una planta sin pasar por semilla ni por esqueje.

La operación consiste en separar una planta en dos o más porciones, cada una con raíces propias y con yemas o brotes propios, y plantarlas por separado. Cada porción es genéticamente idéntica a la madre, así que un cultivar de hosta o una variedad concreta de lirio se conservan tal cual, cosa que la semilla no garantiza.

Mata de planta herbácea separada en varias divisiones con sus raíces

Qué plantas se pueden dividir y cuáles no

Aquí está el malentendido más común: se da por hecho que cualquier planta grande y frondosa se puede partir en dos. No es así. La condición es que la planta tenga varios puntos de crecimiento, es decir, que forme mata, rizoma, estolones o hijuelos. Una planta con una sola corona o un solo tallo no se divide: se parte y se muere.

Se dividen bien:

Vivaces de mata: hemerocallis, agapanto, hosta, aster, rudbeckia, achillea, heuchera, phlox paniculata, bergenia, primaveras, margarita de jardín, menta, orégano, cebollino, melisa, estragón.

Rizomatosas: lirio barbado (Iris germanica), cala (Zantedeschia), canna, bambúes de mata, cinta o lazo de amor (Chlorophytum comosum), aspidistra, calatheas, Sansevieria, esparraguera.

Gramíneas ornamentales: Miscanthus, Pennisetum, Festuca glauca, Carex, Stipa.

De interior: espatifilo, helecho de Boston (Nephrolepis), Zamioculcas, Maranta, palmera areca (Dypsis lutescens, que se vende en macetas con varios pies), aloe y agaves por sus hijuelos.

No se dividen, aunque parezcan candidatas: cualquier planta de tronco único (ficus, drácena de una sola cabeza, la mayoría de árboles y arbustos), las palmeras solitarias, y las orquídeas monopodiales como Phalaenopsis, que solo tienen un ápice de crecimiento —las simpodiales, tipo Cymbidium o Dendrobium, sí, separando pseudobulbos.

Y hay un tercer grupo, el de las que técnicamente se pueden dividir pero lo pasan francamente mal porque hacen raíz pivotante profunda: peonía, amapola oriental (Papaver orientale), Eryngium, Gypsophila, altramuz, adormidera, lavanda y romero. Con estas, mejor multiplicar por esqueje o por semilla. La peonía admite división, pero solo en otoño, con tres a cinco yemas por trozo, y tarda dos o tres años en volver a florecer.

Cuándo hacerlo

La norma general para el clima peninsular es dividir cuando la planta no está en flor y las temperaturas son suaves: primavera temprana (de finales de febrero a abril, según zona) u otoño (octubre y noviembre, con el suelo todavía templado).

El criterio fino es el de la floración: las plantas que florecen en primavera se dividen en otoño, y las que florecen en verano y otoño se dividen a la salida del invierno. Así ninguna pierde la temporada.

Excepciones que conviene conocer: el lirio barbado se divide en julio-agosto, unas semanas después de florecer, que es cuando el rizoma está en reposo; las gramíneas ornamentales de estación cálida solo en primavera, nunca en otoño, porque no enraízan con frío; y las plantas de interior, en primavera, aprovechando el trasplante anual.

Lo que hay que evitar es julio y agosto en exterior —una planta con la raíz recién cortada no puede reponer el agua que pierde a 35 °C— y las semanas de heladas fuertes, porque las divisiones sin enraizar se descalzan con los ciclos de hielo y deshielo. En el norte húmedo la ventana de otoño es más generosa; en el interior con inviernos duros, mejor esperar a la primavera.

Cómo saber que a una planta le toca

En jardín, las señales son claras: el centro de la mata se queda hueco o leñoso y solo crece el anillo exterior, la floración baja en número y tamaño, los tallos se abren y se tumban hacia fuera, y las hojas nuevas salen más pequeñas cada año.

En maceta: raíces asomando por los agujeros de drenaje o formando una espiral compacta, sustrato que se seca en un día, agua que se cuela por los lados sin empapar el cepellón, brotes apretados que se estorban.

Como calendario orientativo, buena parte de las vivaces agradecen una división cada tres a cinco años. Las muy vigorosas, como la menta o algunas hemerocallis, cada dos o tres. Otras, como las peonías o los helechos de sombra, prefieren que no las toquen durante décadas.

Raíces demasiado juntas y apelmazadas dentro de una maceta

El procedimiento, paso a paso

1. Riega a fondo el día anterior. Una planta hidratada resiste mucho mejor el trance, y la tierra húmeda se desprende de las raíces sin arrancarlas. Con el suelo seco y duro, la mitad del sistema radicular se queda en el agujero.

2. Recorta el follaje. En vivaces de exterior, corta la parte aérea a un tercio o a un palmo del suelo. No es estética: reduces la transpiración mientras la raíz está mermada y además ves lo que estás haciendo. En plantas de interior basta con quitar hojas dañadas.

3. Extrae la mata entera. Clava la horca o la pala en círculo, a la altura del borde exterior del follaje, y ve haciendo palanca por varios puntos antes de levantar. En maceta, pasa un cuchillo por el interior de la pared, tumba el tiesto y tira del cepellón, nunca del tallo.

4. Descubre la corona. Sacude la tierra y, si hace falta, deshaz el cepellón con los dedos o con un chorro suave de manguera. Necesitas ver dónde están las yemas, los brotes y los cuellos: dividir a ciegas es como se cortan las plantas por donde no se debe.

5. Separa. El método depende de la raíz. Las matas de raíz fibrosa y poco apelmazada se abren tirando con las manos o clavando dos horcas espalda contra espalda y haciendo palanca hacia fuera. Las coronas leñosas y duras —gramíneas grandes, hostas viejas, agapantos— piden un cuchillo de sierra, un machete de jardín o incluso un serrucho viejo; un corte limpio de un tajo hace menos daño que veinte tirones. Los rizomas se cortan con navaja afilada, dejando en cada trozo un abanico de hojas y raíces vivas. Los hijuelos y estolones (aloe, agave, cinta, aspidistra) simplemente se desprenden buscando el punto de unión.

6. Descarta el centro agotado. En matas viejas, la parte del medio está leñosa, sin raíz activa y ya no produce. Lo que vale es la corona exterior. Cuesta tirarlo, pero replantar el corazón de una mata de veinte años es plantar un problema.

7. Dimensiona bien las divisiones. Cada porción debe llevar raíces sanas y al menos tres o cuatro yemas o brotes. Trozos más pequeños son posibles, pero tardan dos o tres años en dar una planta presentable, y muchos ni arrancan. Como regla, un puño para vivaces medianas.

8. Sanea. Corta con tijera las raíces rotas, negras o blandas. En rizomas y suculentas carnosas (lirio, agave), deja secar las heridas unas horas a la sombra antes de plantar: la cicatriz evita pudriciones. Las raíces fibrosas, en cambio, no deben secarse nunca; si vas a tardar, tápalas con un saco húmedo.

9. Replanta enseguida y a la profundidad correcta. Este es el paso donde se pierden más divisiones. La regla es dejar la planta a la misma profundidad que estaba, con la corona a ras de suelo. Enterrar el cuello para que la planta "se sujete" provoca podredumbre. El lirio barbado va todavía más arriba: su rizoma debe quedar medio asomando, tomando el sol, con las raíces sí enterradas. Riega el hoyo, deja que drene, coloca y rellena apretando para que no queden bolsas de aire.

10. Riega y espera. Un riego generoso de asentamiento y luego humedad constante pero moderada durante tres o cuatro semanas. Sombra ligera si el sol aprieta. Nada de abono hasta que se vea brote nuevo: el nitrógeno sobre raíces heridas quema y empuja a la planta a sacar hojas que aún no puede sostener. Un acolchado de unos centímetros ayuda con la humedad y con las heladas del primer invierno.

Errores frecuentes

Dividir en flor. La planta está volcada en la floración y no tiene reservas para reconstruir raíz. Corta las flores o espera.

Herramientas romas o sucias. Un corte machacado tarda semanas en cerrar y es puerta de entrada de hongos. Y las tijeras sin desinfectar trasladan virus de una planta a otra: alcohol de 70° o lejía diluida entre planta y planta, sobre todo si has estado tocando ejemplares con hojas moteadas o deformadas.

Hacer demasiados trozos. La tentación de sacar quince plantas de una es fuerte; el resultado son quince plantas mediocres. Mejor cuatro o cinco buenas.

Dejar las raíces al aire. Media hora al sol y al viento en un día seco basta para matar la raíz fina, que es la que absorbe. Trabaja a la sombra y con las divisiones tapadas.

Devolverlas al mismo agujero sin tocar nada. Si la mata se agotó ahí, aprovecha para incorporar compost y airear el suelo antes de replantar.

Olvidarse del riego a las dos semanas. El sistema radicular tarda un par de meses en rehacerse; hasta entonces la planta depende de que la capa superficial no se seque del todo.

En resumen

Dividir sirve para dos cosas a la vez: rejuvenecer matas que han perdido vigor y obtener plantas nuevas idénticas a la madre, gratis. Solo funciona con especies que forman mata, rizoma, estolones o hijuelos; las de tallo único o raíz pivotante no admiten el tratamiento y se multiplican de otra manera.

El resto es método: primavera temprana u otoño, riego previo, recorte del follaje, extracción completa de la mata, corte limpio con herramienta afilada y desinfectada, descarte del centro agotado, divisiones con raíz y varias yemas, replantado inmediato a la misma profundidad y riego sostenido sin abono durante el primer mes. Hecho así, en una sola temporada la planta vuelve a estar como el primer año, y tú tienes tres o cuatro más para el resto del jardín.


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