Ponte guantes antes de coger las tijeras. La dieffenbachia (Dieffenbachia seguine y sus híbridos, familia Araceae) suelta al cortarla una savia lechosa cargada de rafidios de oxalato cálcico, unas agujas microscópicas que se clavan en las mucosas, más enzimas proteolíticas que agravan la irritación. De ahí su apodo inglés, dumb cane, y el castellano de "caña muda": el contacto con la boca provoca ardor e hinchazón de lengua y garganta que puede durar días. En la piel produce escozor y enrojecimiento, y en los ojos es directamente serio. Nada de esto impide multiplicarla, pero sí obliga a trabajar con guantes, a no llevarse las manos a la cara y a lavar herramientas y superficies al terminar.

Dicho lo cual, es de las plantas de interior que más fácilmente se reproducen en casa. Y hay un momento en que además resulta obligado hacerlo: cuando el ejemplar lleva años en la maceta, ha ido perdiendo las hojas de abajo y se ha quedado convertido en un tallo desnudo con un penacho de hojas arriba. Ese tallo pelado no vuelve a vestirse por sí solo. La forma de recuperar la planta es cortarla y volver a empezar, sacando de paso varias plantas nuevas.

Cuándo hacerlo

De abril a julio. Lo que manda no es el calendario sino la temperatura: los esquejes de dieffenbachia enraízan con el sustrato entre 22 y 27 °C, y por debajo de 20 °C el proceso se ralentiza tanto que el esqueje se pudre antes de emitir raíces. En la mayor parte de España esas condiciones se dan de forma natural dentro de casa desde mediados de primavera hasta bien entrado el verano.

Cortar en otoño o invierno es tirar el material. Si por lo que sea tienes que hacerlo fuera de temporada, necesitarás un cable o manta calefactora bajo el semillero; sin calor de fondo, la tasa de éxito se desploma.

Un detalle a favor de la primavera: la planta madre, que también queda herida, rebrota mucho mejor cuando está en plena actividad vegetativa.

Hojas jaspeadas de dieffenbachia

Prepara el material antes de cortar

Necesitas guantes, un cuchillo o unas tijeras de podar bien afiladas y desinfectadas con alcohol, macetas pequeñas de 8 a 10 cm, sustrato de enraizamiento y una bolsa transparente o un miniinvernadero.

El sustrato tiene que ser ligero, aireado y pobre: una mezcla al 50 % de fibra de coco (o turba rubia) y perlita funciona muy bien. También sirve vermiculita sola. Lo que no debes usar es tierra de jardín ni sustrato universal recién abonado: retienen demasiada agua, traen hongos y las sales del abono queman los tejidos que aún no tienen raíz. La hormona de enraizamiento en polvo (ácido indolbutírico) no es imprescindible en esta planta, pero acelera el proceso y uniformiza los resultados.

Esqueje apical: la parte de arriba

Es el más agradecido, porque conserva las hojas y en pocas semanas ya parece una planta hecha.

Corta los 10 a 15 cm superiores del tallo, justo por debajo de un nudo, dejando tres o cuatro hojas. Elimina las hojas más bajas para que el tramo que se entierra quede limpio. Si las hojas restantes son muy grandes, recórtalas por la mitad transversalmente: reduces la transpiración sin quitarle a la planta toda su capacidad de fotosintetizar, que es lo que la mantiene mientras no tiene raíces.

Aquí viene el paso que más gente se salta y que marca la diferencia: deja secar el corte al aire entre una y tres horas, sobre papel de cocina y a la sombra, hasta que la herida deje de exudar y se cierre. Un esqueje de arácea plantado con el corte fresco y rezumando es un candidato casi seguro a la pudrición basal.

Después, entierra el extremo unos 4 cm en el sustrato ligeramente húmedo, aprieta alrededor y cubre con una bolsa transparente sujeta con una goma, sin que el plástico toque las hojas. Colócalo en luz clara pero indirecta, jamás al sol directo, que dentro de la bolsa convierte el conjunto en un horno. Ventila unos minutos cada dos días para que no se condense en exceso. Las raíces aparecen en tres a cinco semanas a 24 °C; sabrás que van bien porque el esqueje ofrece resistencia si tiras suavemente de él.

Esquejes de tallo: aprovechar la caña desnuda

El tramo pelado que queda entre el penacho y la base es material excelente, y es lo que suele acabar en la basura por desconocimiento. Ese tallo lleva una yema latente en cada nudo, oculta bajo la cicatriz anular que dejó la hoja al caer.

Trocéalo en secciones de 5 a 8 cm, asegurándote de que cada una lleve al menos un nudo: un trozo de entrenudo sin yema no brotará nunca, por mucho que enraíce. Deja secar los cortes unas horas, igual que antes.

Tienes dos formas de plantarlos, y las dos funcionan:

En horizontal. Se acuestan sobre el sustrato y se entierran hasta la mitad, dejando la yema mirando hacia arriba. Es el método más seguro y el que usan los viveros, porque la yema encuentra la salida sin dudar y desde fuera controlas si brota.

En vertical. Se clavan un tercio de su longitud en el sustrato, pero respetando la polaridad: el extremo que estaba más cerca de la raíz va abajo. Puesto del revés no brota, y esto es un fallo mucho más frecuente de lo que parece, porque una vez troceado el tallo todos los trozos son iguales. La solución es de taller: al cortar, haz el tajo superior en diagonal y el inferior recto, y así no hay confusión posible.

En ambos casos, semillero cubierto, sustrato apenas húmedo y calor. Los esquejes de tallo tardan más que los apicales: cuenta con seis a diez semanas hasta ver el brote, y no te deshagas de ellos antes por darlos por muertos. Mientras el trozo siga firme al tacto, sigue vivo.

Dieffenbachia bausei, uno de los cultivares más extendidos

¿Y enraizar en agua?

La dieffenbachia echa raíces en un vaso de agua con facilidad, y verlas crecer es cómodo. Tiene un inconveniente real que rara vez se menciona: las raíces acuáticas son estructuralmente distintas de las que forma la planta en tierra, más frágiles y con menos pelos absorbentes, y al trasplantar muchas se rompen o se pudren. El esqueje se para entonces durante semanas.

Si eliges el agua, pásalo a sustrato en cuanto las raíces midan 2 o 3 cm, no cuando sean una maraña. Cambia el agua cada dos o tres días y no dejes sumergida ninguna hoja. Para enraizar en cantidad, el sustrato sigue siendo más fiable.

El acodo aéreo, la alternativa sin riesgo

Si el ejemplar es grande y te da reparo cortarlo sin garantías, el acodo aéreo resuelve el problema: la parte alta enraíza sin separarse de la madre y no se juega nada.

Haz una incisión superficial en el tallo unos 20 cm por debajo de las hojas, espolvorea hormona, envuelve la zona con un puñado de musgo sphagnum húmedo y cierra con plástico transparente atado por arriba y por abajo. En cuatro a ocho semanas verás raíces a través del plástico; entonces cortas por debajo del acodo y plantas. El tramo de tallo que queda en la maceta se trata luego como esquejes de tallo, exactamente igual que se ha descrito.

Qué hacer con la planta madre

No la tires. El tocón que queda en la maceta, con sus raíces intactas, rebrota desde los nudos que quedan por debajo del corte, y normalmente lo hace por dos o tres puntos a la vez, con lo que la planta vuelve mucho más compacta de lo que era.

Mientras rebrota, riega bastante menos de lo habitual: sin hojas no transpira y el sustrato encharcado le pudriría las raíces. Mantenla en calor y con buena luz indirecta, sin abonar, y en tres o cuatro semanas verás asomar los brotes. Un truco: sella el corte del tocón con un poco de canela en polvo o con pasta cicatrizante para evitar que el agua de riego entre por la herida.

Los fallos que arruinan la operación

Regar de más. Es la causa principal de fracaso. Hasta que hay raíces, la planta no bebe; el sustrato debe estar húmedo como una esponja escurrida, no mojado. Si además el semillero está cubierto, la evaporación es mínima y basta con pulverizar de vez en cuando.

Trabajar con frío. Un esqueje a 16 °C no enraíza, se pudre lentamente. Si no puedes garantizar 22 °C, espera.

Plantar el corte fresco. Ya mencionado, pero se repite tanto que vale la pena insistir: unas horas de cicatrizado al aire cambian el resultado.

Usar macetas grandes. Un esqueje en una maceta de 20 cm queda rodeado de sustrato permanentemente húmedo. Empieza en tiestos pequeños y trasplanta cuando las raíces ocupen el cepellón.

Abonar antes de tiempo. No des fertilizante hasta que el esqueje haya sacado su primera hoja nueva; hacerlo antes solo aporta sales que dañan los tejidos jóvenes.

Tirar del esqueje para comprobar. Cada tirón rompe las raicillas que se están formando. Ten paciencia y compruébalo una vez cada dos semanas, no cada día.

Los primeros cuidados de las plantas nuevas

Cuando el esqueje enraizado empiece a mover hoja, retira la bolsa de forma gradual —primero unas horas al día durante una semana— para que se aclimate al aire seco de la casa. Pásalo entonces a un sustrato normal para plantas de interior con un tercio de perlita, en maceta de 12 cm.

A partir de ahí, los cuidados son los de cualquier dieffenbachia: luz abundante pero filtrada (al sol directo se decoloran los jaspeados), temperatura por encima de 15 °C todo el año, riego cuando los dos primeros centímetros de sustrato estén secos y humedad ambiental alta. Y ubicación fuera del alcance de niños y mascotas, por lo que se explicaba al principio.

En resumen

Multiplicar la dieffenbachia por esquejes se hace en primavera y verano, con guantes y herramienta desinfectada, y admite dos vías complementarias: el esqueje apical de 10-15 cm con tres hojas, que enraíza en tres a cinco semanas, y las secciones de tallo de 5-8 cm con un nudo cada una, plantadas horizontales o verticales respetando la polaridad, que tardan de seis a diez semanas. Dejar cicatrizar el corte unas horas, un sustrato aireado apenas húmedo, cobertura para mantener la humedad y calor de 22 a 27 °C son las cuatro condiciones que deciden el resultado. La planta madre rebrota desde los nudos inferiores, así que de un ejemplar desgarbado salen varias plantas y una madre renovada.


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