Un tallo de papiro cortado, puesto boca abajo en un vaso de agua, echa raíces por el centro de la umbela en menos de un mes. Es uno de los trucos de multiplicación más vistosos que existen entre las plantas de jardín, y funciona sin hormonas, sin invernadero y sin sustrato. Junto con la división de mata, que es todavía más rápida, permite pasar de un ejemplar a media docena en una sola primavera.
Antes de empezar: qué papiro tienes
Aquí conviene deshacer una confusión muy repetida. El papiro que se vende en la mayoría de los centros de jardinería no suele ser el papiro egipcio. El auténtico, Cyperus papyrus, alcanza de 3 a 5 metros, tiene tallos gruesos de sección triangular y una cabezuela enorme, con cientos de radios finísimos que cuelgan como una peluca. Lo que se comercializa casi siempre como «papiro» de maceta es Cyperus involucratus (antes C. alternifolius), la planta paraguas, originaria de Madagascar, de 60 a 120 cm y con una umbela de brácteas anchas y rígidas dispuestas en radio.
La distinción importa porque los dos no se reproducen igual de bien por los mismos métodos. La umbela invertida en agua es infalible en Cyperus involucratus, cuyas brácteas son anchas y llevan yemas viables en la base. En el papiro egipcio verdadero, con radios finos como hilos, ese método falla a menudo y lo práctico es dividir la mata.
División de mata, el método principal
El papiro crece a partir de un rizoma grueso y ramificado del que van saliendo tallos nuevos. Ese rizoma se puede partir, y cada trozo con yemas es una planta independiente. Es el sistema más seguro, el que da ejemplares de tamaño adulto en una sola temporada y el único fiable en Cyperus papyrus.
Cuándo. De marzo a mayo, cuando la planta arranca y las temperaturas se estabilizan por encima de los 15 ºC. En el litoral mediterráneo se puede adelantar a finales de febrero; en el interior conviene esperar a que hayan pasado las últimas heladas. Dividir en otoño es un error clásico: la planta no tiene tiempo de enraizar antes del frío y las divisiones se pudren durante el invierno.
Cómo. Saca la mata entera del recipiente o cava alrededor si está plantada en el estanque. Lava el cepellón con la manguera hasta ver el rizoma; hacerlo a ciegas es la mejor forma de trocearlo mal. Con un cuchillo bien afilado, una sierra de podar o directamente con una pala si la mata es grande, separa porciones que tengan al menos tres o cuatro tallos y un buen trozo de rizoma con raíces. Las divisiones muy pequeñas, de un solo tallo, tardan un año en hacerse plantas presentables.
Corta los tallos por la mitad de su altura antes de replantar. Se pierde vistosidad durante unas semanas, pero se reduce la transpiración y la división no se deshidrata mientras el rizoma emite raíces nuevas. Replanta a la misma profundidad a la que estaba, en sustrato pesado y rico —una mezcla de tierra de jardín arcillosa con compost va mejor que un sustrato universal esponjoso, que flota y se disgrega en el agua—, aprieta bien y sumerge de inmediato.
Durante las primeras semanas, mantén el nivel del agua un par de centímetros por encima del sustrato y la planta a media sombra. Al mes ya se ven brotes nuevos. Y aprovecha para hacerlo cada dos o tres años aunque no quieras más plantas: la mata se ahueca por el centro, con los tallos jóvenes en el perímetro, y la división la rejuvenece.
Esqueje de umbela, el método del tallo invertido
Este es el que sorprende a quien no lo ha visto. Las brácteas de la umbela llevan en su base yemas latentes que, en contacto con agua y sin la dominancia del resto de la planta, brotan y enraízan.
Corta un tallo sano y maduro dejando de 10 a 15 cm por debajo de la cabezuela. Recorta después las brácteas dejándolas en 2 o 3 cm: si se dejan enteras, transpiran demasiado y el esqueje se agota antes de enraizar. Llena un recipiente de agua y mete la umbela boca abajo, sumergida uno o dos centímetros, con el trozo de tallo apuntando hacia arriba. Un vaso ancho o un tarro de cristal sirve; el tallo queda apoyado en el borde.
Coloca el recipiente en un sitio muy luminoso pero sin sol directo, a 20-25 ºC. Cambia el agua cada cuatro o cinco días para que no se pudra el corte. Entre la tercera y la sexta semana aparecen raíces blancas y brotes verdes en el centro de la umbela, allí donde convergen las brácteas. Cuando las raíces midan 4 o 5 cm, planta la umbela en una maceta con sustrato empapado, dejando los brotes por encima. El trozo de tallo viejo se amarillea y se seca: es normal, se corta y ya está.
Una variante todavía más cómoda, si la planta está en el suelo o en un estanque: sin cortar nada, dobla un tallo hacia un cubo con agua colocado al lado, sumerge la umbela y sujétala con una piedra. Enraíza igual, y con la ventaja de que sigue alimentada por la planta madre. Cuando tenga raíces, se separa.
Semillas
El papiro produce semillas diminutas, marrones, que germinan sin dificultad pero dan plantas de tamaño útil mucho más tarde que cualquier división. Se siembran en superficie, sin cubrir, porque necesitan luz para germinar, sobre un sustrato fino y permanentemente empapado, con el recipiente puesto en una bandeja con dos centímetros de agua. A 20-25 ºC germinan en dos o tres semanas. Es la vía razonable solo si quieres muchas plantas de golpe o si trabajas con semilla de una procedencia concreta.
Ojo con lo contrario: en climas suaves el papiro se resiembra solo con facilidad y coloniza los márgenes de un estanque. No tires restos de poda ni plantas sobrantes en cauces, balsas o humedales naturales.
Cuidados de las plantas nuevas
Lo que mata a un papiro joven casi nunca es el exceso de agua, sino la falta. Es una planta palustre: el sustrato tiene que estar saturado en todo momento, con un plato hondo siempre lleno o directamente con la maceta sumergida hasta cubrir el cepellón. Un fin de semana con el plato seco basta para que las puntas se sequen y no se recuperen.
Necesita sol directo o media sombra luminosa, y agradece un abonado quincenal con fertilizante líquido diluido a la mitad durante la primavera y el verano. En cuanto al frío, el reparto es claro: Cyperus involucratus aguanta heladas ligeras de hasta unos -4 ºC y en el litoral mediterráneo pasa el invierno fuera, aunque se queme la parte aérea y rebrote de rizoma; Cyperus papyrus no tolera la helada y, en el interior peninsular, hay que resguardarlo en un porche protegido o dentro de casa por debajo de 5 ºC. Multiplicar en primavera, y no en otoño, resuelve además el problema de tener divisiones tiernas en pleno invierno.
En resumen
Para reproducir el papiro hay dos caminos buenos y uno lento. La división de mata en primavera, con porciones de tres o cuatro tallos y rizoma con raíces, es el método universal y el único fiable en el papiro egipcio auténtico. El esqueje de umbela invertida en agua, con las brácteas recortadas a 2-3 cm y el agua cambiada cada pocos días, funciona muy bien en la planta paraguas que se vende como papiro y da plantas enraizadas en tres a seis semanas. La siembra queda para quien tenga paciencia. En los tres casos, sustrato encharcado sin excepción, calor y luz, y la multiplicación hecha al principio de la temporada, nunca en otoño.