Las plantas crasas o suculentas son, con diferencia, el grupo más agradecido a la hora de multiplicar. Sus tejidos almacenan agua y reservas, lo que les permite sobrevivir semanas separadas de la planta madre mientras emiten raíces. Un aficionado sin experiencia puede pasar de tres macetas a treinta en una sola temporada sin gastar nada.

El único requisito real es entender por qué funcionan los tres métodos que se explican a continuación y en qué momento del año conviene aplicarlos.

Cuándo multiplicar: la ventana correcta

El mejor momento en el clima peninsular es la primavera, entre marzo y junio, cuando la planta está en pleno crecimiento y las temperaturas se mueven entre 18 y 25 °C. También funciona bien septiembre.

Evita dos periodos. El invierno, porque el enraizamiento se detiene y los esquejes se pudren o se secan sin llegar a nada. Y el pleno verano del interior peninsular, con jornadas de más de 35 °C, porque muchas suculentas entran en un reposo estival que frena la formación de raíces.

Hay una excepción importante que conviene tener presente: los Aeonium, de origen canario, tienen el ciclo invertido. Crecen en otoño e invierno y descansan en verano, así que se multiplican mejor de octubre a marzo.

Esquejes de hoja

Es el método más espectacular y el que más gente descubre por accidente cuando se le cae una hoja y aparece una plantita en el plato. Funciona en géneros de hoja carnosa y roseta compacta: Echeveria, Graptopetalum, Pachyphytum, Sedum, Crassula y las Kalanchoe de hoja gruesa.

El paso decisivo, y el que más se hace mal, es arrancar la hoja completa. Sujétala por la base y muévela lateralmente hasta que se desprenda entera, con su punto de inserción intacto. Si la cortas con tijera o la rompes dejando parte de la base pegada al tallo, no brotará: las células capaces de regenerar la planta están justo en esa zona.

Después, deja la hoja secando a la sombra entre dos y cinco días, hasta que la herida forme un callo seco. Este paso no es opcional: una hoja fresca puesta sobre sustrato húmedo se pudre casi siempre.

Coloca las hojas apoyadas sobre el sustrato, sin enterrarlas, en una bandeja con mezcla drenante (mitad sustrato de cactus, mitad perlita o arena gruesa). Sitúalas en luz brillante indirecta, nunca a pleno sol. Pulveriza ligeramente cada tres o cuatro días, solo para humedecer la superficie.

En dos o tres semanas verás raicillas rosadas y una roseta diminuta en la base. La hoja madre irá consumiéndose: es normal y correcta, está alimentando a la nueva planta. No la retires hasta que se seque del todo. Empieza a regar de verdad cuando la roseta alcance el tamaño de una moneda pequeña.

Echeveria

Esquejes de tallo

Es el método más rápido, porque partes de una planta ya formada, y el único posible en especies que no enraízan de hoja: Crassula ovata, Sedum de porte alto, Portulacaria afra, Senecio, Kalanchoe de tallo leñoso y prácticamente todos los Aeonium.

Corta con una cuchilla limpia y desinfectada (alcohol de 70° basta) un fragmento de entre 8 y 15 centímetros, justo por debajo de un nudo. Retira las hojas del tercio inferior, que es la parte que se enterrará, para que no se pudran bajo el sustrato.

El secado del corte aquí es aún más importante que en las hojas, y necesita más tiempo: de cinco días a dos semanas en tallos gruesos, en un sitio aireado y a la sombra. En esquejes de cactus columnar o de Euphorbia puede hacer falta más.

Un aviso con las euforbias, que se venden a menudo como cactus: al cortarlas sueltan un látex blanco irritante para la piel y peligroso para los ojos. Usa guantes y lávate las manos. El látex se corta enjuagando el esqueje con agua fría antes de dejarlo secar.

Planta el esqueje enterrando dos o tres centímetros en sustrato drenante, ligeramente húmedo. No riegues durante la primera semana. Después, riegos escasos y espaciados. Sabrás que ha enraizado, en tres a seis semanas, cuando al tirar suavemente notes resistencia.

La hormona de enraizamiento es innecesaria en la mayoría de las suculentas y en algunos casos favorece la pudrición por exceso de humedad en el punto de aplicación.

Crassula ovata

Hijuelos y separación de matas

Es el método más seguro, porque el nuevo ejemplar ya viene con raíces propias o con capacidad inmediata de formarlas. Lo emplean todas las especies que producen brotes laterales alrededor de la planta madre: Sempervivum, Aloe, Agave, Haworthia, Gasteria, Mammillaria y muchos otros cactus.

Espera a que el hijuelo alcance al menos un tercio del tamaño de la madre. Separarlo antes reduce mucho la probabilidad de éxito, porque todavía depende del sistema radicular común.

Saca la planta de la maceta, retira el sustrato con cuidado y separa el hijuelo con la mano o, si es necesario, con un corte limpio. Si sale con raíces, puedes plantarlo directamente y regar a los dos o tres días. Si sale sin raíces, deja secar el corte cuatro o cinco días antes de plantar.

En Sempervivum el proceso es casi automático: los estolones producen rosetas hijas que a menudo ya han enraizado por su cuenta y solo hay que desprenderlas. Es una planta rústica que soporta bien el frío del interior peninsular, incluso heladas fuertes, siempre que el sustrato drene.

Errores que arruinan la operación

Cuatro fallos concentran casi todos los fracasos. Regar demasiado pronto o demasiado: la causa número uno de pudrición. Saltarse el callo: sin herida seca, la puerta de entrada a hongos y bacterias queda abierta. Poner los esquejes a pleno sol: sin raíces no pueden reponer el agua que pierden y se deshidratan. Y usar sustrato universal sin airear: retiene humedad justo donde no debe.

Añade uno menos evidente: la impaciencia. Tirar del esqueje cada dos días para ver si tiene raíces rompe las raicillas recién formadas y reinicia el proceso.

En resumen

Multiplica en primavera (o en otoño e invierno si son Aeonium). Usa hoja completa arrancada de base para Echeveria, Sedum y similares; esqueje de tallo para crásulas, senecios y euforbias; y hijuelos para Sempervivum, aloes, agaves y cactus. En los tres casos, deja cicatrizar el corte antes de plantar, usa sustrato muy drenante, mantén los esquejes en luz indirecta y retrasa el riego. Casi todo lo que sale mal con las suculentas se debe a haber regado antes de tiempo.


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