Pasar el dedo por la hoja de un Cotyledon orbiculata para comprobar si el polvo blanco se quita es la forma más rápida de estropear la planta. Se quita, sí, y no vuelve: esa capa cerosa se forma cuando la hoja se está desarrollando y la marca del dedo se queda ahí hasta que la hoja caiga, un par de años después. Es el primer dato que conviene saber sobre este género, y ya adelanta buena parte de su cultivo, porque esa pruina es un filtro solar y un impermeabilizante, y casi todo lo que hay que hacer con un Cotyledon consiste en no destruirla.

Qué es exactamente un Cotyledon

Cotyledon es un género de crasas de la familia Crassulaceae, originario del sur de África: Sudáfrica, Namibia y zonas de Angola y Botsuana. Son arbustillos suculentos de tallo leñoso con el tiempo, hoja perenne, opuesta y decusada (cada par de hojas girado 90º respecto al anterior), y flores tubulares colgantes agrupadas en una umbela sobre un tallo alto.

Las especies que se encuentran en vivero español son básicamente tres:

Cotyledon orbiculata, la más común, conocida como oreja de burro u oreja de cerdo. Hoja gruesa, redondeada u ovalada, cubierta de pruina blanquecina y a menudo con el borde perfilado de rojo. Es un género muy variable: la var. oblonga tiene hoja alargada, la var. undulata (llamada corona de plata) la tiene ondulada en el borde y con una capa de cera especialmente densa, y hay formas enanas de pocos centímetros.

Cotyledon tomentosa, la pata de oso. Hojas pequeñas, carnosas, cubiertas de pelo corto y con dientes rojizos en el extremo que le dan aspecto de zarpa. Es la más vendida como planta de interior y la más delicada de las tres.

Cotyledon ladismithiensis, parecida a la anterior pero con hoja más alargada y menos dientes.

Conviene aclarar una confusión frecuente en etiquetas antiguas: varias plantas que se vendían como Cotyledon pertenecen hoy al género Tylecodon (T. paniculatus, T. wallichii). Se separaron por una razón práctica que afecta al riego: los Tylecodon pierden la hoja en verano y crecen en invierno, justo al revés de lo que aquí se explica. Si tu planta se queda desnuda en julio, mírala bien, porque probablemente no sea un Cotyledon.

Cotyledon orbiculata con hojas cubiertas de pruina blanca

Luz: la más importante de todas las decisiones

Cotyledon quiere sol directo. En el jardín, exposición sur o este sin reservas. En interior, pegado al cristal de una ventana orientada al sur, y aun así rara vez es suficiente.

Con luz insuficiente ocurren dos cosas a la vez. La planta se ahíla: los entrenudos se estiran, el tallo se tumba por su propio peso y las hojas salen más pequeñas y separadas. Y la pruina se reduce, porque la planta la fabrica en respuesta a la radiación, de modo que un ejemplar de interior pierde ese blanco azulado y vira a verde. Ninguna de las dos cosas tiene marcha atrás en las hojas ya formadas; se corrige podando y dando luz para que la brotación nueva salga compacta.

La única salvedad seria es la aclimatación. Una planta comprada en garden, criada bajo malla de sombreo, se quema si se saca de golpe a pleno sol de julio en el interior peninsular. Se pasa a sol progresivamente a lo largo de dos o tres semanas, y preferiblemente en primavera. Las quemaduras aparecen como manchas secas, marrones o blanquecinas, y son cicatrices permanentes.

En Andalucía, Extremadura o el valle del Ebro, con jornadas de 40 ºC y sol vertical, agradece sombra en las horas centrales del verano. En la cornisa cantábrica, el problema no es el sol sino la lluvia.

Riego: el capítulo donde se pierde la planta

La regla es riego abundante y espaciado, nunca poquito y a menudo. Cuando se riega, se moja todo el cepellón hasta que salga agua por el agujero de drenaje; después no se vuelve a regar hasta que el sustrato esté seco por completo, incluso en el fondo.

En cifras orientativas, para maceta de barro en exterior: en primavera y otoño, cada 10 a 15 días; en pleno verano puede ser cada semana si hace mucho calor y la planta está en crecimiento activo; en invierno, una vez al mes o directamente nada si está fuera y por debajo de 10 ºC. Son orientaciones, no un calendario: el sustrato manda, y en maceta de plástico y en interior los intervalos se alargan bastante.

Dos costumbres que hacen daño y están muy extendidas. La primera es el plato bajo la maceta: Cotyledon no tolera el agua estancada ni unas horas, y con las temperaturas de agosto un plato con agua es una podredumbre asegurada. Se vacía siempre. La segunda es mojar la planta por encima. El agua arrastra la pruina, se queda embalsada entre las hojas nuevas del ápice y pudre el cogollo. Se riega al pie, con la boca de la regadera bajo las hojas, y en C. tomentosa esto es especialmente importante porque el pelo de sus hojas retiene la humedad.

La señal de exceso es inconfundible: hojas basales blandas, traslúcidas, amarillentas, que se desprenden solas al rozarlas, y tallo blando en la base. Cuando aparece, ya hay podredumbre en la raíz y regar menos no arregla nada. Lo que se hace es cortar la parte sana de arriba y reenraizarla como esqueje; el cepellón se tira.

La falta de agua, en cambio, se manifiesta como hojas arrugadas y algo flácidas pero firmes al tacto, y se recupera en dos días tras un riego. Es un problema muchísimo menos grave.

Sustrato y maceta

Nada de tierra de saco tal cual. La mezcla que funciona lleva alrededor de un 50 % de material mineral: mitad sustrato para cactáceas o turba con compost, mitad árido —arena de río gruesa lavada, pómice, akadama, picón, arlita fina o perlita gruesa—. El objetivo es que el agua atraviese en segundos y que quede aire entre las partículas.

La arena de playa no vale, por la sal, y la arena fina de albañilería tampoco, porque con el riego se compacta y empeora el drenaje en lugar de mejorarlo.

La maceta, con agujero, siempre. El barro sin esmaltar es la mejor elección, porque transpira por la pared y acorta el tiempo que el cepellón pasa mojado. Y mejor una maceta justa que una grande: mucho sustrato alrededor de pocas raíces es sustrato que tarda semanas en secarse. Trasplante cada dos o tres años, a principios de primavera, y sin regar hasta cinco o siete días después, para que cicatricen las raicillas rotas.

Un acolchado mineral de gravilla en la superficie mantiene el cuello del tallo seco y previene buena parte de los problemas de pudrición.

Temperatura y frío: lo que aguanta de verdad

Cotyledon orbiculata es la más rústica del género y en suelo bien drenado y seco tolera heladas cortas del orden de -2 a -4 ºC. Esto permite tenerla plantada en jardín en todo el litoral mediterráneo, en Canarias, en Baleares y en buena parte del sur peninsular. La clave no es tanto el frío como la combinación de frío y humedad: la misma planta que aguanta -3 ºC en seco se convierte en papilla a 0 ºC con el sustrato encharcado. De ahí que en zonas lluviosas convenga tenerla bajo alero o en maceta.

C. tomentosa y C. ladismithiensis son bastante más frioleras: por debajo de 3 o 5 ºC ya sufren, y lo razonable es entrarlas al interior o a un invernadero frío en cuanto se acerquen las primeras heladas.

Dentro de casa, la trampa del invierno es la calefacción: aire seco, temperatura alta y poca luz es la combinación que dispara el ahilado. Mejor una habitación fresca y muy iluminada que un salón cálido y penumbroso.

Abonado

Poco y flojo. Un fertilizante específico para cactus y crasas, con nitrógeno bajo y potasio alto, cada tres o cuatro riegos durante la primavera y el otoño, y a la mitad de la dosis que indique el envase. En verano muy caluroso y en invierno no se abona.

El abono rico en nitrógeno (los universales para plantas verdes) produce un crecimiento rápido, hojas grandes de tejido blando y una planta bonita durante dos meses que después se desmorona y se llena de cochinilla. La suculenta abonada de más pierde compacidad y color.

Floración

La floración es el mejor argumento del género y sorprende a quien esperaba algo discreto. Desde el centro de la mata sale un tallo floral erguido que en C. orbiculata puede superar los 60 cm, rematado por un ramillete de flores tubulares colgantes, de color naranja, coral o rojizo, con los pétalos recurvados en la punta. Ocurre en verano, normalmente entre junio y septiembre, y dura varias semanas. Atrae abejas y abejorros.

Flores tubulares naranjas y colgantes de Cotyledon orbiculata

Para que florezca hacen falta tres cosas: planta adulta (no suele florecer antes de los dos o tres años), sol abundante y un invierno fresco y seco que marque la estación. Los ejemplares que pasan todo el año a 21 ºC en un salón casi nunca florecen.

El tallo floral no se corta en verde. Se deja hasta que se seque del todo y entonces se retira tirando suavemente, o se corta a ras. Si quieres semillas, deja secar los frutos en la planta.

Multiplicación: por esqueje de tallo, no de hoja

Aquí hay una creencia extendida que conviene corregir. Con echeverias, Graptopetalum o Sedum, una hoja arrancada limpiamente y dejada sobre sustrato emite raíces y una plantita nueva. Con Cotyledon eso no funciona de forma fiable: la hoja suele enraizar y quedarse ahí, sin formar nunca una yema, hasta que se agota y se seca. Se pierde tiempo y hojas.

El método bueno es el esqueje de tallo, y es facilísimo. Se corta una punta de 8 a 12 cm con tijera limpia, se le quitan las dos o tres parejas de hojas inferiores y se deja secar el corte de tres a siete días en un sitio seco y a la sombra, hasta que forme callo. Después se clava en sustrato mineral apenas húmedo y no se riega la primera semana. Enraíza en tres o cuatro semanas en primavera o principios de otoño, que son las dos épocas buenas.

Este mismo procedimiento resuelve el ejemplar viejo y desgarbado: se decapita, se enraízan las puntas y el tocón que queda suele rebrotar por varios puntos, con lo que acabas con una planta más ramificada de la que tenías.

Plagas y problemas frecuentes

La cochinilla algodonosa (Planococcus citri y afines) es, con diferencia, la plaga número uno. Se esconde en la axila de las hojas y en el envés, donde parecen motitas de algodón, y también coloniza las raíces, donde no se ve hasta que se desmacetea. En focos pequeños se retira con un bastoncillo mojado en alcohol de 96º; si está extendida, jabón potásico con aceite de parafina, repetido dos o tres veces cada diez días. En caso de cochinilla de raíz, hay que desmacetear, lavar las raíces y replantar en sustrato nuevo.

El pulgón aparece casi siempre sobre el tallo floral tierno, en primavera. Con jabón potásico se controla sin problema.

Los caracoles y babosas muerden las hojas de los ejemplares plantados en suelo, dejando cicatrices que quedan para siempre.

Y una advertencia que no suele figurar en las etiquetas: el género es tóxico. Contiene bufadienólidos (cotiledósido y compuestos afines), cardiotóxicos y neurotóxicos, responsables en Sudáfrica de una intoxicación crónica del ganado conocida como krimpsiekte. En un jardín doméstico esto significa mantenerla fuera del alcance de perros, gatos, conejos y niños pequeños, y lavarse las manos después de podar.

En resumen

El Cotyledon se cuida dándole sol directo —aclimatado con calma, no de golpe—, un sustrato con la mitad de árido, maceta de barro con agujero y riegos abundantes muy espaciados, siempre al pie y esperando a que el cepellón se seque del todo entre uno y otro. No lo mojes por encima ni le dejes plato con agua: la pruina blanca no se regenera y el agua parada pudre el cuello. C. orbiculata aguanta heladas breves de -2 a -4 ºC si está en seco; C. tomentosa quiere pasar el invierno por encima de 5 ºC. Abona flojo y solo en primavera y otoño, con fórmula de crasas y a media dosis. Multiplícalo por esqueje de tallo con tres a siete días de callo, no por hoja, porque en este género la hoja suelta rara vez prospera. Vigila la cochinilla algodonosa en las axilas y en las raíces. Y recuerda que es una planta tóxica: sitio elevado si hay mascotas o niños.


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