La drácena es probablemente la planta de interior más vendida de España después del potos. Aguanta poca luz, perdona olvidos de riego, crece derecha y ocupa un rincón durante años sin exigir casi nada. Y sin embargo, hay un detalle sobre su cultivo que casi nadie conoce y que explica el 80 % de los ejemplares con las puntas de las hojas marrones que se ven en oficinas y salones: son especialmente sensibles al flúor y a las sales del agua del grifo.

Eso, y unas pocas cosas más, es lo que separa una drácena mediocre de una impecable.

Hojas estrechas y arqueadas de Dracaena marginata

Qué es una drácena

Dracaena es un género de la familia Asparagaceae —antes clasificado en Dracaenaceae, Ruscaceae o Agavaceae según la época, de ahí la confusión bibliográfica— que agrupa alrededor de 120 especies de África tropical, Madagascar, el sur de Asia, la Macaronesia y algunas islas del Índico.

El nombre viene del griego drákaina, "dragona", y alude a la resina roja que exudan algunas especies al herirse: la célebre sangre de drago, que se usó como tinte, como barniz —incluido el de los violines de Cremona, según la tradición— y en la medicina antigua.

Botánicamente son monocotiledóneas leñosas: tienen un tronco de verdad, pero sin los anillos anuales de crecimiento de un árbol convencional, porque su engrosamiento se produce por un mecanismo distinto. Las hojas son alargadas, coriáceas, dispuestas en roseta terminal en el extremo de los tallos, y a medida que la planta crece las inferiores amarillean y caen, dejando el tronco desnudo con las cicatrices anulares de los peciolos.

Ese porte —tronco limpio rematado por un penacho de hojas— es lo que les da su aspecto característico de palmerita, y por eso a algunas se las llama popularmente "palmas" sin serlo en absoluto.

Las especies que vas a encontrar

Dracaena marginata es la más vendida. Originaria de Madagascar, tiene troncos finos y sinuosos y hojas muy estrechas, de hasta 60 cm, verde oscuro con un fino margen rojizo. El cultivar 'Tricolor' añade una banda crema, y 'Colorama' es casi enteramente rojo. Es la más tolerante a la sombra y a la sequía del grupo. Su nombre válido actual es Dracaena reflexa var. angustifolia, aunque en el comercio sigue siendo marginata.

Dracaena fragrans, el "tronco de Brasil" o "palo de agua" —que ni es brasileño ni acuático: procede de África tropical—. Hojas anchas y arqueadas, de hasta 10 cm de ancho. Se vende como troncos cortados de distinto grosor plantados juntos, que rebrotan por arriba. Sus cultivares principales son 'Massangeana' (banda central amarilla), 'Lemon Lime' (rayado verde claro y amarillo) y 'Janet Craig' (verde oscuro brillante, uno de los mejores para poca luz). Lo que antes se vendía como Dracaena deremensis se considera hoy parte de esta especie.

Dracaena reflexa 'Song of India': hojas cortas y densas con márgenes amarillo dorado. Muy decorativa y algo más exigente en luz.

Dracaena sanderiana, el famoso "bambú de la suerte" que se vende en tallos verdes retorcidos dentro de un vaso con agua y piedras. No es un bambú: es una drácena, y esa es una confusión que conviene deshacer porque sus cuidados no tienen nada que ver con los de una gramínea. Puede vivir en agua indefinidamente, pero prospera mucho mejor si se pasa a sustrato.

Dracaena trifasciata, la lengua de suegra o sansevieria. La reclasificación reciente ha absorbido el género Sansevieria dentro de Dracaena, así que técnicamente también es una drácena, aunque su aspecto y su cultivo —mucho más suculento— sean distintos.

Dracaena draco, el drago, es la especie que más nos toca de cerca: un árbol emblemático de Canarias, Madeira, Cabo Verde y algunos puntos del sur de Marruecos, con un tronco grueso que se ramifica dicotómicamente después de cada floración formando esa copa en paraguas inconfundible. El drago de Icod de los Vinos es su ejemplar más famoso. Y hay una especie hermana, Dracaena tamaranae, endemismo de Gran Canaria descrito solo en 1996 y con muy pocos ejemplares silvestres, en grave peligro de extinción.

Luz

Las drácenas de interior quieren luz abundante pero indirecta. En su hábitat crecen en el sotobosque tropical o en los claros, así que están adaptadas a luz filtrada, no a sol directo.

La ubicación correcta es a uno o dos metros de una ventana luminosa, o pegada a una ventana orientada al norte o al este. El sol directo del mediodía a través del cristal quema las hojas, dejando manchas blanquecinas o marrones irreversibles.

Toleran bastante bien la penumbra, y ahí está su gran baza como plantas de interior, pero hay un matiz importante: los cultivares variegados necesitan más luz que los verdes. Las zonas amarillas o crema de un 'Massangeana' o un 'Song of India' no tienen clorofila y no fotosintetizan, así que la planta depende de una superficie verde menor. En poca luz, esas variedades pierden el contraste, se estiran y acaban deslucidas. Si vas a colocar una drácena en un rincón poco iluminado, elige 'Janet Craig' o una marginata verde, no una variegada.

Señales de falta de luz: entrenudos largos, tronco que se dobla buscando la ventana, hojas nuevas más pequeñas y pálidas, pérdida de variegación. Conviene girar la maceta un cuarto de vuelta cada dos o tres semanas para que crezca derecha.

Temperatura

Rango cómodo: 18 a 24 °C, es decir, la temperatura de una casa. El mínimo que toleran sin daño es de unos 12-13 °C; por debajo de 10 °C empiezan a sufrir y aparecen manchas marrones blandas en las hojas.

Esto significa que en la práctica totalidad de España son plantas de interior, no de jardín. Pueden salir a una terraza en verano, a la sombra, pero deben entrar antes de octubre en el interior peninsular. La única excepción es Dracaena draco, el drago, que se cultiva perfectamente al aire libre en Canarias, el litoral mediterráneo suave y el sur de Andalucía, y que resiste heladas ligeras de -2 °C ya adulto.

Son especialmente sensibles a las corrientes de aire frío y a los cambios bruscos de temperatura. Evita colocarlas junto a puertas que dan al exterior, ventanas que se abren a diario en invierno, o en la trayectoria del aire acondicionado. Un chorro de aire frío directo produce manchas necróticas en cuestión de días.

Riego y calidad del agua: la clave del asunto

Las drácenas no son plantas sedientas, y el exceso de riego es de largo la causa más frecuente de su deterioro. Tienen raíces gruesas y anaranjadas que pudren con facilidad si el sustrato permanece saturado.

La pauta correcta: regar cuando los 2-3 cm superiores del sustrato estén secos al tacto. En la práctica, en una vivienda española eso suele traducirse en una vez por semana en primavera y verano y cada 10-15 días en otoño e invierno, pero es una orientación, no una regla. Mete el dedo antes de regar.

Se riega en abundancia hasta que el agua salga por los agujeros de drenaje, y se vacía el plato a los quince minutos. Una drácena con el pie en agua permanentemente está condenada.

Y ahora, el punto que casi nunca se menciona. Dracaena es un género particularmente sensible al flúor, y también al cloro y al exceso de sales del agua de riego. El flúor se acumula en los extremos de las hojas —el punto final del recorrido del agua dentro de la lámina— y provoca la necrosis de las puntas: esa franja marrón seca, a menudo con un halo amarillento, tan característica de las drácenas de oficina. Dracaena marginata y los cultivares de fragrans están entre las plantas ornamentales más afectadas por este problema, que en horticultura profesional se conoce bien y se controla desde el vivero.

Qué hacer al respecto:

Usa agua de lluvia siempre que puedas. Es la mejor solución y es gratis.

Si no, agua osmotizada, destilada o filtrada. Un simple filtro de jarra ya reduce parte de la carga salina.

Dejar reposar el agua 24 horas es un consejo muy repetido y funciona a medias: elimina el cloro, que es volátil, pero no elimina el flúor ni las sales de calcio y magnesio, que no se evaporan. Ayuda, pero no resuelve el problema de raíz. Conviene saberlo para no confiarse.

Haz un riego de lavado cada dos o tres meses: agua abundante que atraviese todo el cepellón y salga en exceso por abajo, arrastrando las sales acumuladas. Es especialmente útil si riegas con agua del grifo.

Evita los fertilizantes con superfosfato y las enmiendas con perlita en exceso en plantas muy sensibles, ya que ambos pueden aportar flúor.

Las puntas ya marrones no se recuperan. Se pueden recortar con tijera afilada siguiendo la forma de la hoja y dejando un milímetro de tejido seco, para que no vuelva a secarse desde el corte.

Humedad ambiental

Son plantas tropicales y agradecen humedad ambiental media o alta. El aire seco de una vivienda con calefacción en invierno —que puede bajar del 30 % de humedad relativa— contribuye también a las puntas marrones y favorece la araña roja.

Lo que funciona: colocar la maceta sobre una bandeja con arcilla expandida o grava y agua, sin que el fondo toque el líquido, o agrupar varias plantas juntas para crear un microclima. Un humidificador es lo más eficaz si el problema es serio.

Pulverizar las hojas se recomienda mucho pero su efecto sobre la humedad ambiental es muy breve —minutos— y en cambio deja gotas que, si el agua es dura, secan formando manchas de cal en las hojas. Como método principal, no vale la pena; si lo haces, usa agua sin cal.

Sustrato y trasplante

Sustrato ligero, aireado y con buen drenaje: sustrato universal de calidad mezclado con un 20-30 % de perlita o arena gruesa. pH ligeramente ácido a neutro. La turba sola compacta y retiene demasiada agua.

El trasplante se hace en primavera, entre marzo y mayo, y solo cada dos o tres años. Son plantas de crecimiento lento y no les gusta el trajín. Se sube a una maceta apenas 3-4 cm más ancha; una maceta desproporcionada mantiene húmedo un volumen de sustrato sin raíces y provoca pudrición.

Aprovecha para revisar las raíces: deben ser firmes y de color anaranjado. Si están blandas, oscuras y con olor desagradable, hay pudrición: corta todo lo dañado, deja el resto orear unas horas y replanta en sustrato nuevo y apenas húmedo.

En ejemplares grandes que ya no se pueden trasplantar, basta con renovar los 3-5 cm superficiales de sustrato cada primavera.

Abonado

Poco y en temporada. De marzo a septiembre, abono líquido para plantas verdes cada 3 o 4 semanas, y a media dosis de la indicada en el envase. En otoño e invierno, nada.

El exceso de abono es contraproducente por partida doble en este género: además del daño habitual a las raíces, aumenta la carga de sales que ya de por sí les provoca las puntas marrones. Con las drácenas, quedarse corto siempre es la apuesta segura.

Poda: se puede cortar por donde quieras

Con el tiempo, toda drácena de interior acaba haciendo lo mismo: perder las hojas de abajo, alargar el tronco y quedarse con un penacho de hojas a dos metros de altura tocando el techo. Es su ciclo natural, no un problema de cultivo.

La solución es sencilla y bastante espectacular: se corta el tronco a la altura que se quiera. Se hace en primavera o principios de verano, con una sierra o unas tijeras de podar bien afiladas, con un corte limpio y horizontal.

Lo que ocurre después es que, en unas semanas, la planta emite uno, dos o tres brotes nuevos justo por debajo del corte, y en lugar de un tronco pelado tendrás una planta ramificada y mucho más densa. Es una de las plantas de interior que mejor responde a este tipo de intervención.

Durante el periodo de rebrote hay que regar con moderación, porque la planta ha perdido la superficie foliar con la que transpiraba y consume mucha menos agua. Este es un momento clásico de pudrición por seguir regando como antes.

Se puede sellar el corte con cera de injertar o dejarlo al aire; en interior, dejarlo al aire suele bastar.

Multiplicación

El trozo de tronco que has cortado no se tira: es material de propagación.

Esqueje apical: la parte superior con la roseta de hojas. Se deja secar el corte un día y se planta en sustrato húmedo y aireado, en un sitio cálido y luminoso. Enraíza en cuatro a ocho semanas.

Esquejes de tallo: el trozo de tronco desnudo se corta en secciones de 10-20 cm, cada una con varias cicatrices o yemas. Detalle importante: hay que respetar la orientación original —marca el extremo superior antes de trocear— porque plantadas del revés no brotan. Se entierran en vertical unos centímetros, o se colocan en horizontal medio hundidas, y brotan por las yemas. Ambiente cálido, entre 22 y 25 °C, y sustrato húmedo pero no encharcado.

También se puede recurrir al acodo aéreo si quieres conservar una planta alta y obtener una nueva sin cortar del todo: se hace una incisión en el tronco, se envuelve con musgo esfagno húmedo y plástico, y cuando aparecen raíces se corta por debajo.

El enraizamiento en agua funciona en marginata y sanderiana, pero las raíces acuáticas son frágiles y la planta sufre al pasarla a tierra. Es preferible enraizar directamente en sustrato.

Problemas y plagas

Puntas marrones y secas. Ya tratado: flúor y sales del agua, aire seco, o sequía puntual. Es el problema por excelencia del género.

Hojas inferiores amarillas que caen. Si son solo las de más abajo y de forma gradual, es el envejecimiento normal de la planta, no una enfermedad. Si amarillean muchas a la vez, incluidas las del centro, y el sustrato está húmedo, es exceso de riego.

Manchas marrones blandas. Frío, corrientes de aire o exceso de agua.

Manchas blanquecinas o descoloridas. Quemadura de sol directo.

Tronco blando y que cede al apretarlo. Pudrición avanzada. Suele ser irrecuperable desde abajo; la única opción es cortar por encima de la zona afectada y aprovechar la parte sana como esqueje.

Cochinillas. Algodonosa en las axilas de las hojas y en la roseta, y de escudo en el envés y en el tronco. Son su plaga principal. Se retiran con un algodón con alcohol y se trata con jabón potásico o aceite de parafina.

Araña roja. Con calefacción y aire seco. Punteado amarillento fino y telarañas en el envés y entre las hojas jóvenes. Subir la humedad ambiental y tratar con acaricida o jabón potásico.

Trips. Deforman las hojas jóvenes y dejan un plateado característico.

Dos advertencias finales

Es tóxica para perros y gatos. Las drácenas contienen saponinas, y su ingestión provoca en mascotas vómitos —a veces con sangre—, salivación excesiva, apatía y, característicamente en gatos, midriasis (pupilas dilatadas). No suele ser mortal, pero sí requiere consulta veterinaria. Si tienes gato, que es la especie que más masca hojas finas y colgantes, coloca la planta fuera de su alcance o elige otra cosa. Es una de las plantas de interior que más aparece en las consultas de toxicología veterinaria, precisamente por lo extendida que está.

No cuentes con ella para purificar el aire. Es habitual verlas anunciadas como plantas que eliminan formaldehído, benceno y otros compuestos volátiles, apoyándose en un estudio de la NASA de finales de los ochenta. Aquel trabajo se hizo en cámaras selladas de pocos litros, y las revisiones posteriores han calculado que, para lograr en una habitación normal el efecto de purificación que produce simplemente abrir la ventana, harían falta decenas o centenares de plantas por estancia. Ten drácenas porque son bonitas, resistentes y fáciles; no como sistema de ventilación.

En resumen

La drácena (Dracaena spp.) es una planta de interior de tronco leñoso y hojas en roseta que quiere luz brillante indirecta —más cuanto más variegada sea—, temperaturas de 18-24 °C sin bajar de 12 °C ni recibir corrientes frías, riego moderado dejando secar los primeros centímetros del sustrato, y muy poco abono, solo de marzo a septiembre y a media dosis. La causa habitual de las puntas marrones no es la falta de riego: es la sensibilidad del género al flúor y a las sales del agua del grifo, así que riega con agua de lluvia o filtrada y haz un riego de lavado cada dos o tres meses. Cuando se quede alta y desgarbada, corta el tronco a la altura que quieras en primavera: rebrotará ramificada, y los trozos sobrantes te darán plantas nuevas. Y ten presente que es tóxica para perros y gatos.


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