Empecemos por lo que no hace: una sansevieria en la mesilla no te va a limpiar el aire del dormitorio. La idea viene de un estudio de la NASA de 1989 hecho en cámaras selladas de laboratorio, y cuando se rehicieron los cálculos con las tasas de ventilación de una habitación real salió que harían falta cientos de plantas por estancia para igualar el efecto de abrir la ventana diez minutos. Dicho esto, sigue siendo una planta estupenda para un dormitorio, por razones más prosaicas: aguanta la poca luz de una habitación orientada al norte, sobrevive a que te olvides de regarla tres semanas y no suelta polen ni perfume que moleste al dormir.

Qué planta es exactamente

La que se vende en España como sansevieria (y que se escribe muchas veces "sensevieria") es casi siempre Dracaena trifasciata, nombre actual de la que durante décadas fue Sansevieria trifasciata. En 2017 los estudios genéticos metieron todo el género Sansevieria dentro de Dracaena, aunque en viveros y etiquetas se sigue usando el nombre antiguo. Los nombres populares son un catálogo en sí mismo: lengua de tigre, lengua de suegra, lengua de vaca, espada de San Jorge.

Es originaria del oeste tropical de África, de zonas secas, y esa procedencia explica casi todos sus cuidados. Sus hojas son rígidas, erectas, carnosas, y almacenan agua; crece desde un rizoma subterráneo que emite brotes nuevos alrededor de la mata madre. No tiene tallo aéreo: lo que ves salir de la tierra son hojas.

Las variedades que más se encuentran son 'Laurentii', con el borde amarillo; 'Hahnii', una roseta enana de 15-20 cm ideal para escritorio; 'Moonshine', de hojas anchas verde plateado; y 'Zeylanica', sin borde amarillo y con bandeado más gris. También se ven Dracaena masoniana (la de hoja ancha tipo aleta de ballena) y Dracaena angolensis, la cilíndrica de hojas en forma de lanza.

Ejemplar de sansevieria de hojas erectas en maceta

Luz: tolerar no es lo mismo que preferir

Aquí hay un malentendido que cuesta plantas. Se repite que la sansevieria "vive en la oscuridad", y lo que hace en realidad es sobrevivir mucho tiempo con poca luz sin morirse, que no es lo mismo que estar bien. En penumbra deja de sacar hojas nuevas, las que salen son más estrechas y flácidas, y en las variedades variegadas el borde amarillo se apaga hasta desaparecer.

Su sitio ideal es a un metro o dos de una ventana luminosa, con luz clara pero indirecta. Detrás de un cristal orientado al sur en pleno verano peninsular se quema: aparecen manchas blanquecinas y bordes marrones que ya no se recuperan. Si la sacas al exterior en verano, ponla siempre a la sombra y hazlo de forma gradual, dándole una semana de sombra intermedia, porque una hoja acostumbrada al interior se quema en una tarde de julio.

Riego: el único cuidado que importa de verdad

Prácticamente todas las sansevierias que se mueren en España mueren ahogadas, no de sed. Sus raíces son gruesas y carnosas y se pudren en cuanto pasan unos días en sustrato saturado.

La regla práctica: riega solo cuando el sustrato esté seco por completo, no cuando esté algo seco en la superficie. Mete el dedo hasta el segundo nudillo o, mejor, levanta la maceta: cuando pese claramente menos, toca regar. De abril a septiembre eso suele traducirse en un riego cada 10 o 15 días; de octubre a marzo, uno al mes es suficiente, y si la planta está en una habitación fresca, por debajo de 15 °C, puede pasar el invierno entero con dos riegos.

Dos precisiones que evitan disgustos. Primera: riega por el borde de la maceta, nunca dentro del cogollo central donde nacen las hojas nuevas, porque el agua estancada ahí pudre la corona y te quedas sin brote de crecimiento. Segunda: vacía el plato a los diez minutos. Una maceta que se queda en su propio charco tiene los días contados.

Señal de exceso de agua: hojas que se ablandan en la base, se vuelven amarillentas y se tumban desde el suelo, a veces con un olor desagradable al desenterrar. Señal de falta: hojas arrugadas longitudinalmente, con los bordes doblados hacia dentro. Esta segunda se corrige con un riego; la primera exige sacar la planta, cortar todo el rizoma podrido con un cuchillo limpio, dejar secar los cortes un par de días y replantar en sustrato nuevo.

Sustrato y maceta

Necesita un sustrato muy drenante. Un sustrato universal a secas retiene demasiada agua; la mezcla que funciona bien es aproximadamente mitad sustrato universal y mitad material grueso: arena de río lavada, perlita, picón o pumita. También sirve directamente un sustrato para cactus y crasas del comercio.

La maceta debe tener agujeros de drenaje, sin excepciones, y conviene que sea de barro: la porosidad ayuda a que el cepellón se seque antes. Que sea además algo justa: la sansevieria crece mejor un poco apretada, y una maceta demasiado grande deja mucho sustrato húmedo sin raíces que lo consuman, que es la receta para la pudrición. Se trasplanta cada dos o tres años, en primavera, y no antes: es habitual que los rizomas lleguen a agrietar una maceta de plástico, y aun así la planta esté perfectamente.

Temperatura y estaciones

Está cómoda entre 18 y 27 °C. Por debajo de 12 °C detiene el crecimiento y por debajo de 8-10 °C empiezan a aparecer manchas acuosas translúcidas en las hojas, un daño por frío que no se revierte. Nada de dejarla en un balcón sin cerrar durante el invierno del interior peninsular. En el litoral mediterráneo y en Canarias, en zonas donde no hiela, puede vivir todo el año en el exterior a la sombra, y allí crece mucho más rápido que dentro de casa.

De primavera a verano es cuando crece: es el momento de trasplantar, dividir, sacarla a una zona más luminosa y abonar. Un fertilizante para cactáceas o un verde diluido a la mitad de la dosis, cada cuatro o seis semanas, es más que suficiente. Sobreabonar produce hojas blandas y quema las puntas.

De otoño a invierno el manejo es el contrario: nada de abono, riego mínimo, y ojo con dos cosas típicas de la casa española en invierno. Una, el radiador: junto a un foco de calor la planta transpira más de lo que puede reponer con el poco riego que recibe y le salen las puntas secas. Dos, las corrientes frías de una ventana que se abre a diario para ventilar.

Multiplicación: la trampa del esqueje de hoja

Hay dos maneras, y no dan el mismo resultado.

La división de mata es la buena. En primavera, saca la planta de la maceta, separa con un cuchillo limpio un trozo de rizoma que tenga al menos un abanico de hojas y raíces propias, deja orear el corte 24 horas y plántalo en sustrato drenante. Sin regar los primeros cuatro o cinco días. Es rápido, casi siempre agarra y conserva la variedad.

El esqueje de hoja también funciona: se corta una hoja sana en trozos de 5 a 8 cm, se marca cuál era el extremo inferior (un corte en pico basta) y se clavan un par de centímetros en sustrato húmedo, siempre con el lado que miraba a la raíz hacia abajo. Enraízan en uno a tres meses, mejor con calor. Pero aquí está el detalle que casi nadie advierte: en las variedades de borde amarillo como 'Laurentii', la variegación es quimérica, vive solo en una capa de células del borde de la hoja, y los brotes nuevos que salen de un esqueje de hoja salen verdes lisos. Si quieres conservar el amarillo, divide la mata; no propagues por hoja.

Sansevieria trifasciata variedad Hahnii, roseta enana

Floración, plagas y toxicidad

Sí florece, aunque poco en interior. Saca una espiga de florecillas blanco verdosas muy perfumadas, que abren de noche y sueltan gotas de néctar pegajoso capaces de manchar un mueble. Suele ocurrir en plantas viejas, con luz abundante y algo apretadas en la maceta; no es señal de que la planta se muera, al contrario.

Las plagas son pocas. La cochinilla algodonosa se esconde en la base de las hojas y en el cuello; se quita con un bastoncillo mojado en alcohol y, si hay muchas, con jabón potásico. La araña roja aparece en ambientes muy secos y deja un punteado fino y decolorado. Fuera de eso, el 90 % de los problemas que llegan a una tienda de jardinería con hojas amarillas son riego excesivo.

Un aviso doméstico: contiene saponinas y es tóxica para perros y gatos si mordisquean las hojas, con vómitos y salivación como síntomas más frecuentes. Sus hojas erguidas y a mordisco de gato la convierten en una candidata habitual, así que colócala en alto si tienes animales.

En resumen

Es una buena planta de dormitorio porque es indestructible con poca luz y poco riego, no porque purifique el aire. Dracaena trifasciata quiere luz clara indirecta, sustrato muy drenante en maceta de barro con agujero, riego solo cuando el cepellón está seco del todo (cada 10-15 días en verano, mensual o menos en invierno), agua por el borde y nunca en el cogollo, plato siempre vacío, temperatura por encima de 12 °C, abono ligero solo de abril a septiembre y trasplante cada dos o tres años. Para multiplicarla, divide el rizoma: es más rápido y es la única forma de no perder el borde amarillo.


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