Una caña de bambú alcanza su altura y su grosor definitivos en una sola primavera, y no vuelve a crecer ni un centímetro más en el resto de su vida. Ese hecho, que sorprende a quien viene de plantar árboles y arbustos, condiciona todo lo demás: cómo se planta, cómo se poda, por qué el primer año parece que no pasa nada y por qué al cuarto la mata puede haber cruzado media parcela.
Qué es el bambú, botánicamente
Los bambúes son gramíneas, de la familia Poaceae, subfamilia Bambusoideae. Parientes del trigo y del césped, no de los árboles. Lo que llamamos caña es un culmo: un tallo hueco, segmentado por nudos, con una pared lignificada que le da resistencia pero sin crecimiento secundario, es decir, sin anillos, sin madera nueva año tras año.
El culmo emerge del suelo ya con su diámetro final, como un espárrago, protegido por unas vainas que se caen a medida que se estira. Ese estirón dura entre cuarenta y noventa días, según la especie y el clima, y en él se juega todo. Una vez terminado, el culmo solo ramifica y echa hojas; vivirá siete o diez años y después habrá que retirarlo seco. Que las cañas de un año sean finas es normal: el diámetro va aumentando generación tras generación, conforme el rizoma acumula reservas. En un bambú grande hacen falta de cinco a ocho años para ver los culmos de calibre que salen en las fotos del catálogo.
Rizoma corredor o rizoma cespitoso: la decisión que importa
Antes de elegir una especie por el color de la caña conviene saber cómo se mueve bajo tierra, porque de ahí vienen prácticamente todos los disgustos.
El rizoma leptomorfo, o corredor, es delgado, alargado y avanza horizontalmente a bastante distancia de la planta madre antes de sacar un brote. Es el de Phyllostachys, Pleioblastus, Sasa, Pseudosasa y Semiarundinaria. Puede recorrer varios metros en una temporada y aparecer al otro lado de un seto, en el césped del vecino o en una junta del pavimento. Estos bambúes no se plantan nunca sin barrera, salvo que se disponga de terreno amplio y no importe que colonice.
El rizoma paquimorfo, o cespitoso, es corto y grueso, y curva hacia arriba enseguida: la mata se ensancha unos pocos centímetros al año, como un macizo de hierba de pampa. Es el de Fargesia, Bambusa, Dendrocalamus y Chusquea. Son los bambúes seguros para un jardín pequeño.
Para el clima peninsular, los géneros que mejor funcionan son Fargesia y Phyllostachys. Bambusa y Dendrocalamus, los bambúes gigantes tropicales, solo prosperan en el litoral sur, Canarias y microclimas muy protegidos: por debajo de -4 o -5 °C se queman.
Especies que funcionan en España
Fargesia murielae y Fargesia nitida. Cespitosas, muy rústicas (aguantan por debajo de -20 °C), de dos a tres metros y porte llorón. Su punto débil es exactamente el nuestro: no soportan el calor seco. En Galicia, la cornisa cantábrica y zonas de montaña van bien; en el interior de la meseta o en el sureste hay que darles sombra de tarde y riego constante, y aun así lo pasan mal.
Fargesia rufa y Fargesia robusta. Toleran algo mejor el calor que las anteriores y siguen siendo cespitosas. Son la elección más razonable para una pantalla vegetal de dos a tres metros y medio en un jardín donde no se quiera instalar barrera.
Phyllostachys aurea. El bambú dorado, el más extendido. Cañas de tres a seis metros, con los entrenudos basales comprimidos que lo hacen inconfundible. Muy resistente al frío y al calor. Corredor: barrera obligatoria.
Phyllostachys nigra. Las cañas salen verdes y se van tiñendo de negro a lo largo del segundo año. Ornamental de primera, algo menos vigoroso que el anterior, igual de corredor.
Phyllostachys bissetii y Semiarundinaria fastuosa. Los mejores para setos altos y compactos, densos desde abajo y muy tolerantes al viento.
Pleioblastus pygmaeus y Sasa. Bambúes enanos, de veinte a ochenta centímetros, para tapizar taludes. Agresivos por rizoma; se siegan una vez al año a finales de invierno para que rebroten limpios.
Dos plantas que se llaman bambú y no lo son
El «bambú de la suerte» que se vende en tallos verdes retorcidos dentro de un jarrón con agua es Dracaena sanderiana, una Asparagaceae africana sin relación alguna con las gramíneas. Buscar información de cultivo de bambú para cuidarlo es un camino directo al fracaso: esa planta quiere interior cálido, luz filtrada y agua sin cloro ni flúor, y a medio plazo agradece pasar a maceta con sustrato.
El «bambú sagrado» es Nandina domestica, un arbusto de la familia de las berberidáceas al que solo se parece por el porte de las ramas. Sus frutos rojos son tóxicos para perros y gatos.
Plantación y barrera antirrizoma
La mejor época en la Península es de marzo a mayo, con el suelo ya templado y por delante toda la temporada de crecimiento para que enraíce. En la costa mediterránea y el sur también funciona plantar en octubre. Lo que hay que evitar es plantar en pleno julio: el bambú tiene raíces superficiales y un golpe de calor recién plantado lo deja tocado.
Cave un hoyo del doble de ancho que el cepellón y solo un poco más profundo. El bambú es somero: el 90 % del sistema radicular vive en los primeros treinta o cuarenta centímetros. Enterrar el cepellón por debajo del nivel al que venía es un error frecuente que asfixia los rizomas. Mezcle la tierra extraída con compost bien hecho, riegue abundantemente y acolche con diez centímetros de material orgánico.
Si la especie es corredora, la barrera se instala en el mismo momento de plantar, no cuando ya se ha escapado. Las condiciones que funcionan:
Lámina de polietileno de alta densidad (HDPE) de 2 mm de espesor como mínimo, nunca plástico fino de obra ni geotextil, que el rizoma perfora. Enterrada de 60 a 70 cm de profundidad, y sobresaliendo 5 a 8 cm por encima del suelo, porque un rizoma que llegue al borde tiende a asomar por arriba y hay que verlo. Colocada ligeramente inclinada, con la parte superior hacia fuera, para que el rizoma que la encuentre se desvíe hacia la superficie en vez de bucear. Los extremos se solapan al menos treinta centímetros y se cierran con perfil metálico y tornillos: la unión mal sellada es por donde siempre se fuga.
Aun con barrera, revise el perímetro cada otoño y corte con una pala de canto cualquier rizoma que asome por encima. Es media hora al año que ahorra años de problemas.
Riego, abonado y el error del rastrillo
El bambú es una hierba grande, y como toda hierba grande consume mucha agua y mucho nitrógeno. En un verano peninsular, un seto de Phyllostachys necesita riego por goteo con dos a cuatro emisores por mata, funcionando varias veces por semana. Los dos primeros años son críticos: hasta que el rizoma no ha colonizado el terreno, no hay reservas que le permitan aguantar una sequía.
Tiene un indicador de sed muy fiable: las hojas se enrollan longitudinalmente sobre sí mismas, en forma de tubo, para reducir la superficie de transpiración. Si las ve enrolladas a media mañana, va corta de agua; si solo se enrollan en las horas centrales de un día de agosto y se abren por la tarde, es una respuesta normal al calor. Cuando las hojas amarillean y caen en masa, el estrés ya lleva tiempo.
Para el abonado, sirve cualquier fertilizante rico en nitrógeno, incluidos los de césped. Una aportación de liberación lenta a principios de marzo, cuando arranca la brotación, y otra a mediados de junio cubren el año. El estiércol muy hecho o el compost extendido en superficie funcionan igual de bien.
Y un consejo que va contra la costumbre: no rastrille las hojas caídas bajo la mata. Las hojas de bambú son muy ricas en sílice, el elemento que da rigidez a los culmos, y su descomposición devuelve al suelo exactamente lo que la planta necesita. Un bambú barrido cada semana termina con cañas más finas y hojas más pálidas. La hojarasca es el mejor acolchado que puede tener.
Poda y control de la altura
Aquí es donde la biología de la gramínea manda. Un culmo cortado por arriba no vuelve a alargarse nunca: no tiene yema terminal capaz de rehacer el ápice. Lo que hace es engrosar las ramas laterales de la parte superior, que se vuelven más densas. Por eso el despunte funciona bien para setos: se cortan todas las cañas a la altura deseada, siempre justo por encima de un nudo, y la mata se cierra por arriba.
Pero la decisión es irreversible para ese culmo. Si quiere recuperar altura, tendrá que esperar a los brotes nuevos de la primavera siguiente y podar solo los viejos.
El resto del mantenimiento es aclareo: a finales de invierno, corte a ras de suelo las cañas de más de siete u ocho años, las secas, las torcidas y las que se cruzan. Una mata aclarada entra más luz, se ve mejor y saca brotes más gruesos. Las cañas retiradas son aprovechables como tutores.
Bambú en maceta
Se puede, pero exige más de lo que parece. En maceta, los rizomas quedan expuestos al frío sin la protección térmica del suelo, así que la rusticidad real baja varios grados: un bambú que en tierra aguanta -18 °C puede sufrir en un contenedor a -6 °C. En invierno, agrupe las macetas contra una pared y forre el contenedor si se esperan heladas fuertes.
El otro problema es que el rizoma llena el tiesto en dos o tres años y llega a reventar macetas de plástico. Toca dividir y replantar cada dos o tres años, a principios de primavera, cortando el cepellón con una sierra o un cuchillo grande. Elija recipientes anchos antes que profundos, con buen drenaje, y sustrato que retenga humedad sin encharcar. Las especies que mejor se portan en contenedor son Fargesia rufa, Fargesia murielae y los Pleioblastus enanos.
En maceta el riego es diario en verano, sin excepciones. Un bambú en tiesto que se seca del todo una sola vez pierde toda la hoja.
Multiplicación
La vía práctica es la división de mata a finales de invierno o principios de primavera, antes de que asomen los brotes nuevos. Se separa una porción del borde con al menos dos o tres culmos y un buen trozo de rizoma con raíces, se despuntan las cañas a la mitad para reducir la transpiración y se planta de inmediato, con riego generoso durante semanas.
En los corredores también funcionan los esquejes de rizoma: segmentos de veinte o treinta centímetros con tres o cuatro yemas, enterrados horizontalmente a unos cinco centímetros de profundidad en sustrato húmedo, en primavera.
La semilla es anecdótica, y por una razón curiosa. Los bambúes tienen floración gregaria y monocárpica: todos los ejemplares de un mismo clon florecen a la vez en cualquier parte del mundo, tras ciclos de sesenta a ciento veinte años, y después mueren. Le ocurrió a Fargesia murielae en los años noventa, cuando la práctica totalidad de los ejemplares cultivados en Europa florecieron y se secaron simultáneamente. Es un fenómeno raro, pero conviene saber que existe y que, si su bambú florece de golpe, no está enfermo: ha cumplido su ciclo.
Para qué sirve: los usos
Pantalla y seto. Es el uso estrella en jardinería. Un seto de Phyllostachys bissetii o Semiarundinaria fastuosa tapa por completo en tres o cuatro años, no pierde la hoja en invierno y filtra el viento mejor que un muro, porque lo amortigua en vez de generar turbulencias detrás.
Cañas y tutores. Las cañas se cortan preferentemente en invierno, cuando tienen menos almidón y menos riesgo de ataque de insectos, y de culmos con al menos tres años. Se secan a la sombra, en vertical, durante varios meses. Sirven para tutores, celosías, pérgolas, vallas y cerramientos.
Sujeción de taludes. La red de rizomas superficiales es excelente para fijar terrenos en pendiente y márgenes de arroyos. Las especies enanas de Sasa y Pleioblastus se emplean así con frecuencia.
Brotes comestibles. Los turiones tiernos de Phyllostachys edulis y Phyllostachys dulcis se recolectan en primavera, cuando asoman unos centímetros del suelo. Ahora bien, aquí hay una advertencia seria: los brotes crudos contienen glucósidos cianogénicos (taxifilina) y no deben comerse sin cocinar. Se pelan y se hierven en abundante agua, con el recipiente destapado para que los compuestos volátiles escapen, durante al menos veinte minutos, cambiando el agua. Los enlatados que se venden ya vienen tratados.
Otros. Fabricación de muebles, artesanía, instrumentos, y la construcción tradicional en la que sustituye al acero a tracción en zonas tropicales. En jardín también funciona como fondo verde de un estanque y como planta de sombra en patios interiores.
Problemas frecuentes
Araña roja. El enemigo número uno del bambú en el clima seco y cálido español. Aparece punteado amarillento en el envés y telillas finas. Se combate subiendo la humedad ambiental: pulverizaciones de agua sobre el follaje al atardecer en verano y riego suficiente. Un bambú bien regado rara vez la sufre en serio.
Cochinillas y pulgones. En matas muy densas y poco aclaradas. Aclareo y jabón potásico.
Hojas amarillas generalizadas. Falta de nitrógeno o de hierro en suelos calizos. Diferéncielo de la caída natural: el bambú renueva parte de su hoja en primavera y es normal que amarillee y caiga algo en abril y mayo.
Se ha escapado. Si un corredor sin barrera ha invadido zonas donde no debe, la solución no es química sino de constancia: cortar todos los brotes nuevos en cuanto asomen, cada primavera, durante dos o tres temporadas. Cada brote cortado consume reservas del rizoma y no las devuelve. Aislar la zona con una zanja de treinta centímetros que se revisa dos veces al año acelera mucho el proceso.
En resumen
El bambú es una gramínea cuyos culmos alcanzan altura y grosor definitivos en una sola temporada de crecimiento, así que la poda por arriba es permanente y el aumento de calibre llega con los años, no con las semanas. Lo primero que hay que decidir al comprarlo es el tipo de rizoma: los cespitosos como Fargesia se quedan donde se plantan; los corredores como Phyllostachys exigen barrera de HDPE de 2 mm enterrada 60-70 cm, sobresaliendo unos centímetros y bien sellada en las uniones.
El cultivo pide plantación somera en primavera, riego generoso los dos primeros años y en todos los veranos, nitrógeno en marzo y junio, y dejar la hojarasca en el suelo porque es su fuente natural de sílice. En maceta, división cada dos o tres años y protección invernal del contenedor. Los brotes comestibles siempre hervidos, nunca crudos. Y ni el bambú de la suerte ni el bambú sagrado son bambú: son Dracaena sanderiana y Nandina domestica, y se cuidan de otra manera.