Entre 110 y 150 días desde el trasplante hasta cortar la primera cabeza. Ese número es el dato que gobierna todo lo demás en el cultivo de la lombarda, porque significa que ocupará el bancal durante media temporada y que equivocarse con la fecha de siembra no se arregla después con riegos ni con abonos. La lombarda (Brassica oleracea var. capitata f. rubra) es la misma especie que el repollo, la coliflor, el brócoli o las coles de Bruselas: una variedad de hoja arrepollada seleccionada por su pigmentación. Y es algo más lenta que el repollo blanco, cosa que conviene tener presente al planificar.

Por qué es morada, y qué implica

El color viene de las antocianinas acumuladas en la epidermis de las hojas. Son pigmentos sensibles al pH: en medio ácido tiran a rojo intenso y en medio alcalino viran a azul y luego a verde grisáceo. De ahí que una lombarda cocida con agua muy dura salga de la olla con un tono azulado poco apetecible, y que baste añadir un chorro de vinagre, zumo de limón o media manzana troceada al agua para que conserve el morado. Es un fenómeno de cocina, no un defecto de cultivo ni señal de que la planta esté mal.

En la planta viva, esas mismas antocianinas se intensifican con el frío y con la exposición al sol. Una lombarda que engorda en octubre y noviembre tiene mejor color y mejor sabor que una cosechada en pleno verano, porque el frío también convierte parte del almidón en azúcares. Esta es la razón de fondo por la que el ciclo interesante en España es el de otoño-invierno.

Cabeza de col lombarda con las hojas moradas bien apretadas

Cuándo sembrar según la zona

El calendario práctico en clima peninsular tiene dos ventanas.

Siembra principal, de mayo a julio, para trasplantar entre junio y agosto y cosechar de octubre a febrero. Es la que da mejor resultado: la planta hace su desarrollo vegetativo con calor y forma la cabeza cuando bajan las temperaturas. En el interior y el norte se adelanta a mayo-junio; en el litoral mediterráneo y el sur puede alargarse hasta agosto, aprovechando que allí el invierno no la va a parar.

Siembra de finales de invierno, de febrero a marzo, en semillero protegido, para trasplantar en abril y cosechar en verano. Funciona, pero la calidad es inferior: con calor las cabezas apelmazan menos, el color queda más apagado y las plagas aprietan más.

Lo que hay que evitar es sembrar en pleno otoño pensando en cosechar en primavera. La lombarda vernaliza: si una planta con el tallo ya engrosado —a partir de unos 6 mm de diámetro— pasa varias semanas por debajo de 10 ºC, recibe la señal de floración y en primavera sube a flor en lugar de cerrar cabeza. Ese es el motivo real de las lombardas espigadas, y no la falta de agua o de abono que suele culparse.

Semillero y trasplante

La siembra directa es posible, pero el semillero es mejor idea: ahorra medio metro cuadrado por planta durante mes y medio y permite seleccionar las plántulas más vigorosas.

Siembra en bandejas de alvéolo o en macetas pequeñas, dos semillas por alvéolo, a 1 cm de profundidad. Germina en 5-8 días con temperaturas de 15-20 ºC. Cuando asomen, aclara dejando una sola plántula por alvéolo, y ponlas en el sitio más luminoso que tengas: la falta de luz en esta fase produce plantas ahiladas, con el cuello largo y débil, que después se tumban.

El trasplante se hace a las 5-6 semanas, cuando la plántula tiene 4-5 hojas verdaderas y unos 10-12 cm. Entierra el tallo hasta las primeras hojas: la col emite raíces adventicias del cuello y así ancla mejor, algo que se agradece con cabezas de 1,5 o 2 kg y viento.

El marco de plantación pide más espacio del que la gente le da: 50 cm entre plantas y 60-70 cm entre líneas. Apretarlas a 40 cm no da más cosecha, da cabezas pequeñas, más humedad entre hojas y más mildiu. Si el bancal es estrecho, planta menos, no más juntas.

Suelo, pH y rotación

La lombarda quiere suelo profundo, fresco, con buena reserva de materia orgánica y pH entre 6,5 y 7,5. Ese dato del pH no es un capricho: por debajo de 6 se dispara la hernia de la col (Plasmodiophora brassicae), un patógeno del suelo que deforma las raíces en engrosamientos y deja la planta raquítica, y que una vez instalado permanece en la parcela más de diez años. En suelos ácidos, encalar con caliza molida o dolomita unos meses antes de plantar es la única prevención que funciona de verdad.

Incorpora 3-4 kg/m² de estiércol bien compostado o compost maduro un mes antes del trasplante. Estiércol fresco no: retrasa el arraigo y atrae a la mosca de la col.

La rotación es innegociable con las crucíferas. Deja pasar 3-4 años antes de volver a poner coles, nabos, rábanos, rúcula o mostazas en el mismo sitio. Van bien detrás de leguminosas —judía, guisante, haba— que dejan nitrógeno en el suelo, y detrás de patata o cebolla.

Riego y abonado durante el ciclo

La lombarda no tolera la sequía y responde mal a los altibajos. Necesita alrededor de 25-30 litros por metro cuadrado y semana en verano, repartidos, y menos de la mitad en otoño. La irregularidad es lo que provoca el defecto más frustrante del cultivo: cabezas que se agrietan porque, después de un periodo seco, un riego copioso o una tormenta hacen que las hojas interiores crezcan de golpe y revienten las exteriores.

Riega al pie, con goteo o a manta, evitando mojar el follaje. Un acolchado de paja o restos de siega de 5 cm mantiene la humedad estable, frena las hierbas y reduce el número de riegos.

En abonado es exigente en nitrógeno y potasio. Con un suelo bien enmendado suele bastar un aporte de cobertera a las 4-5 semanas del trasplante, cuando arranca el crecimiento fuerte: compost, humus de lombriz o estiércol de aves en dosis moderada. Pasarse de nitrógeno tiene consecuencias concretas, no teóricas: hojas grandes y blandas, cabezas flojas que no aprietan, más pulgón y peor conservación.

Plagas y enfermedades

Orugas. Las de la mariposa de la col (Pieris brassicae y P. rapae) y la polilla Plutella xylostella son la plaga principal, sobre todo de junio a septiembre. La solución más limpia es preventiva: malla antiinsectos colocada desde el mismo día del trasplante, que impide la puesta. Si ya hay orugas, Bacillus thuringiensis var. kurstaki al atardecer, repitiendo a los 7-10 días; actúa solo sobre larvas de lepidóptero y no afecta a polinizadores. Revisar el envés de las hojas y aplastar las puestas amarillas funciona bien en huertos pequeños.

Pulgón ceniciento (Brevicoryne brassicae). Colonias grisáceas, cerosas, en el cogollo. Cuesta mojarlas por la capa de cera, así que el jabón potásico hay que aplicarlo con presión y bien dirigido, y repetir. Un exceso de nitrógeno lo multiplica.

Mosca de la col (Delia radicum). Sus larvas devoran las raíces y la planta se marchita sin causa aparente. Un collarín de cartón o fieltro de 12-15 cm de diámetro alrededor del cuello, colocado al trasplantar, impide la puesta y es sorprendentemente eficaz.

Pulguilla (Phyllotreta spp.). Perfora las hojas jóvenes con agujeritos redondos. Daña sobre todo en plantas recién trasplantadas y con suelo seco; riegos ligeros frecuentes y malla la mantienen a raya.

Babosas y caracoles. Peligrosos justo después del trasplante y en otoño húmedo. Trampas de cerveza, retirada manual nocturna o fosfato férrico.

Hongos. Mildiu (Hyaloperonospora parasitica) y alternaria aparecen con follaje mojado y plantas apretadas. Se previenen con marco amplio, riego al pie y retirada de hojas basales amarillas.

Cosecha y conservación

Se corta cuando la cabeza está firme al apretarla con la mano, no cuando alcanza un tamaño determinado. Una cabeza que cede al presionarla todavía está engordando. Y una que ya está dura y se deja en el bancal con lluvias corre riesgo de rajarse; si prevés lluvia fuerte y las cabezas están hechas, córtalas o gira un cuarto de vuelta la planta para romper parte de las raíces y frenar la absorción.

Corta con cuchillo al ras del suelo dejando dos o tres hojas envolventes, que protegen la cabeza durante el almacenamiento. Si dejas el tocón en tierra con un corte en cruz, brotarán varios cogollitos pequeños aprovechables semanas después.

Aguanta el frío bien: soporta heladas de -5 ºC sin problema y las hojas exteriores actúan de abrigo, así que en gran parte del país puede dejarse en el bancal e ir cortando según se necesite. Una vez cortada, entera y sin lavar, se conserva dos o tres meses en un lugar fresco, oscuro y con algo de humedad, o en la parte baja del frigorífico. Es de las hortalizas de invierno que mejor se guardan.

Errores que se repiten

Plantar demasiado junto y esperar el mismo tamaño de cabeza. Sembrar fuera de época y culpar luego al abono de que la planta suba a flor. Regar a manta un día sí y tres no, y encontrarse las cabezas rajadas. Repetir coles en el mismo bancal año tras año hasta que aparece la hernia y ya no hay marcha atrás. Y cargar de nitrógeno pensando que así engordan más, cuando lo que se consigue es hoja floja y pulgón.

En resumen

La lombarda es un cultivo largo y exigente en espacio, agua y planificación, pero poco complicado si se respetan cuatro cosas: sembrar de mayo a julio para cosechar en otoño e invierno, dar 50 cm entre plantas, mantener el suelo con pH cercano a la neutralidad y rotar sin volver a las crucíferas en 3-4 años. Trasplanta enterrando el cuello, protege con malla desde el primer día contra orugas y mosca de la col, riega de forma regular para que no se rajen las cabezas y corta cuando estén firmes al tacto. El frío del final del ciclo se encarga del color y del dulzor, y al cocinarla, un chorro de vinagre en el agua mantiene el morado que tanto cuesta conseguir en el bancal.


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