La platanera es una planta que impone: hojas de dos metros, crecimiento rapidísimo y un aire tropical que en un patio español desentona lo justo para llamar la atención. Cultivarla es fácil; lo difícil es conseguir que dé plátanos comestibles, y esa distinción es la que más conviene tener clara antes de comprar una.

Qué es realmente una platanera

Las plataneras pertenecen al género Musa, familia Musaceae, originario del sudeste asiático y del Pacífico occidental. Aunque llegan a los 6-8 metros en algunas variedades, no son árboles ni palmeras: son hierbas gigantes. Lo que parece un tronco es un pseudotallo, un cilindro formado por las vainas de las hojas apretadas unas dentro de otras. El tallo verdadero es un rizoma subterráneo, y esa es la parte que sobrevive de un año para otro.

El ciclo funciona así: el rizoma emite un pseudotallo que crece durante meses, emite hojas, y finalmente saca por el centro la inflorescencia, esa espiga colgante con brácteas moradas conocida como bellota. De ahí sale el racimo. Una vez fructifica, ese pseudotallo muere, sin excepción: no vuelve a producir. Lo que continúa la planta son los hijuelos que ha ido emitiendo el rizoma. Entender esto evita el susto de ver morir la planta después de la cosecha creyendo que se ha hecho algo mal.

Platanera con su racimo de plátanos en formación

Principales especies y variedades

Musa acuminata. Es la especie de la que derivan casi todos los plátanos de mesa. Los cultivares comerciales son triploides sin semillas viables. En España, el plátano de Canarias es 'Pequeña Enana' (o 'Dwarf Cavendish'), del grupo Cavendish, un cultivar de porte bajo (2-3 m) que resiste mejor el viento y que es también el más adecuado para cultivar en la Península si buscas fruta.

Musa × paradisiaca. Nombre que designa a los híbridos entre M. acuminata y M. balbisiana, grupo al que pertenecen los plátanos de cocinar o plátanos macho, de fruto más harinoso y menos dulce.

Musa basjoo. La platanera japonesa, y la única que tiene sentido plantar en el interior peninsular. Su fruto no es comestible (pequeño y lleno de semillas), pero es con diferencia la más rústica: con el rizoma bien acolchado sobrevive a inviernos con heladas fuertes y rebrota cada primavera. Es la que verás en jardines de estilo exótico en el norte de España e incluso en Madrid.

Musella lasiocarpa y Ensete ventricosum se venden a menudo junto a las plataneras y se les parecen, pero son géneros distintos. Ensete, además, no emite hijuelos: cuando florece y muere, se acabó.

Ubicación

A pleno sol y, sobre todo, al abrigo del viento. Este segundo punto se subestima constantemente. La hoja de la platanera es una lámina enorme con nervaduras paralelas al nervio central, y basta un viento moderado y sostenido para que se rasgue en tiras. La planta no muere por ello, pero pierde capacidad fotosintética y el aspecto se arruina. Un rincón resguardado entre muros, un patio interior o el sotavento de un seto son emplazamientos ideales; una terraza expuesta en una zona ventosa, el peor sitio posible.

Agradece además el calor acumulado: junto a un muro orientado al sur crece bastante más que en medio de una pradera.

Tierra

Necesita un suelo profundo, fértil, rico en materia orgánica y con buen drenaje a la vez. Esa combinación de mucha agua y nada de encharcamiento es la clave del cultivo: las raíces son superficiales y carnosas, y se pudren con facilidad en terrenos compactados.

Antes de plantar, cava un hoyo generoso de 60 × 60 cm y mezcla la tierra extraída con estiércol bien compostado o compost maduro, en proporción de un tercio. El pH ideal está entre 5,5 y 7. En terrenos arcillosos, aporta también arena gruesa o planta sobre un caballón.

En maceta, necesita recipientes grandes desde el principio: mínimo 40-50 litros para un ejemplar adulto, con sustrato universal enriquecido con compost y un 20 % de perlita. Una platanera en una maceta pequeña se queda enana y amarillea sin remedio.

Riego

Es una planta muy exigente en agua. Toda esa masa foliar transpira una barbaridad, y en verano una platanera adulta en el suelo puede necesitar entre 20 y 40 litros por semana, repartidos en varios riegos.

En clima mediterráneo, en pleno julio y agosto, lo habitual es regar a diario o en días alternos si está en maceta, y 3 o 4 veces por semana en el suelo. En invierno, con la planta parada, se reduce drásticamente: cada 10-15 días, y solo si no llueve.

Lo más eficaz es instalar goteo y un buen acolchado de 8-10 cm de paja, corteza o restos de poda triturados alrededor del pie. El acolchado reduce la evaporación, mantiene fresca la zona radicular y aporta materia orgánica al descomponerse. Lo que hay que evitar es el riego escaso y frecuente que solo moja la superficie.

Si el agua de tu zona es muy dura o salina, tenlo en cuenta: la platanera es sensible a la salinidad y responde con quemaduras en el margen de las hojas.

Abonado

Pocas plantas de jardín son tan voraces. Durante toda la temporada de crecimiento, de marzo a octubre, conviene abonar cada 15 días con un fertilizante líquido rico en potasio, o aplicar cada dos meses un granulado de liberación lenta.

El potasio es el nutriente que más consume, especialmente durante la formación del racimo, seguido del nitrógeno para el desarrollo foliar. Un aporte anual de estiércol compostado en superficie en febrero-marzo cubre buena parte de las necesidades y mejora el suelo. También son frecuentes las carencias de magnesio (amarilleo entre los nervios de las hojas viejas), corregibles con sulfato de magnesio.

Multiplicación

Por hijuelos, y no hay alternativa práctica: las variedades comestibles no producen semilla viable. El rizoma emite brotes laterales que se pueden separar cuando alcanzan 50-80 cm de altura y ya tienen raíces propias.

La operación se hace en primavera: se aparta la tierra, se corta con una pala afilada o un machete la unión con el rizoma madre procurando llevarse un buen trozo de rizoma con raíces, y se planta directamente en su sitio definitivo, regando bien. Se recomienda separar los hijuelos "de espada" (los de hojas estrechas y lanceoladas, que provienen de un rizoma vigoroso) frente a los "de agua", de hojas anchas y base delgada, que arrancan peor.

Un consejo de manejo que marca la diferencia: no dejes crecer todos los hijuelos. Lo habitual es mantener el pseudotallo principal más uno o dos hijuelos de relevo, y eliminar el resto. Si dejas ocho, tendrás ocho plantas raquíticas compitiendo por la misma agua y ninguna dará fruto decente.

¿Cuándo cortar los plátanos?

Desde que aparece la bellota hasta la cosecha pasan aproximadamente 3 o 4 meses en condiciones cálidas, y bastante más si la temperatura no acompaña.

El racimo no se deja madurar en la planta. Se corta cuando los frutos han alcanzado su tamaño completo y sus aristas longitudinales se han redondeado, pero siguen verdes. Si esperas a que amarilleen en la mata, la fruta se agrieta, pierde firmeza y se estropea. Una vez cortado, el racimo se cuelga en un lugar fresco y sombreado y madura en una o dos semanas; se puede acelerar metiéndolo en una bolsa con una manzana madura, que libera etileno.

Después de la cosecha, corta el pseudotallo agotado a ras de suelo. Puedes trocearlo y dejarlo como acolchado alrededor de la planta.

Un detalle práctico: la savia de la platanera mancha la ropa de marrón y esas manchas son muy difíciles de quitar. Usa ropa vieja para cosechar.

Rusticidad: la pregunta incómoda

Conviene ser realista con lo que se puede esperar según dónde vivas.

El crecimiento de la platanera se detiene por debajo de unos 14 °C y necesita entre 12 y 18 meses de temperaturas cálidas continuadas para completar el ciclo hasta el fruto. Las hojas se dañan con 0 °C y el pseudotallo se pierde con una helada de -2 o -3 °C, aunque el rizoma, si está acolchado y el suelo drena, suele rebrotar tras heladas moderadas.

En la práctica: fruta de calidad solo en Canarias y en enclaves muy privilegiados del litoral (costa de Granada y Málaga, sur de Alicante y Murcia, con protección). En el resto del litoral mediterráneo puedes tener plataneras espléndidas que ocasionalmente fructifican en veranos largos. En el interior y en el norte, plántalas como planta ornamental, preferiblemente Musa basjoo, y olvídate del racimo.

Para proteger el rizoma en invierno: acolchado grueso de 20-30 cm de paja u hojarasca sobre el pie después de la primera helada, y si quieres conservar el pseudotallo de M. basjoo, envolverlo con malla rellena de paja. En maceta, lo más sencillo es entrarla a una galería luminosa por encima de 10 °C y reducir el riego al mínimo.

¿Para qué sirven, además del fruto?

Como planta ornamental es insustituible para dar volumen y aire tropical con una velocidad que ninguna otra alcanza: en una sola temporada pasa de un hijuelo a una mata de dos metros. Combina bien con estrelicias, cañas de bambú, colocasias y cannas.

Las hojas se emplean tradicionalmente en cocina para envolver alimentos y cocinarlos al vapor, y aportan un aroma característico; también sirven como acolchado o para el compost, donde se descomponen muy rápido. Del pseudotallo de algunas especies se obtienen fibras textiles (el abacá procede de Musa textilis, otra especie del género). Y la propia flor, la bellota, se consume como verdura en el sudeste asiático.

En resumen

La platanera es una hierba gigante que pide sol, abrigo del viento, suelo profundo y rico, mucha agua sin encharcamiento y un abonado generoso rico en potasio. Se multiplica separando hijuelos en primavera, conviene dejar solo uno o dos de relevo, y el pseudotallo muere siempre tras fructificar. El racimo se corta verde y madura fuera de la planta. Y la decisión más importante la tomas antes de comprar: si vives donde hiela, elige Musa basjoo y disfrútala como planta ornamental; si buscas plátanos de verdad, necesitas un clima sin heladas y un verano largo.


Contenidos relacionados