El bulbo de azucena se planta en agosto, no en primavera. Es el punto donde se tuerce la mitad de las plantaciones: se compra el bulbo en marzo, junto a los gladiolos y las dalias, se entierra a la profundidad que indica el envase y luego no pasa nada, o pasa poco y mal. La Lilium candidum tiene un calendario propio que no se parece al del resto de bulbos de verano, y conocerlo cambia por completo el resultado.

Conviene aclarar antes de qué planta hablamos, porque el nombre «azucena» se ha ido repartiendo entre especies muy distintas. La azucena en sentido estricto es Lilium candidum, de flor blanca pura, muy perfumada, la que aparece en los cuadros de la Anunciación y que en muchos pueblos se llama lirio de San Antonio o vara de San José. En otros contextos se llama azucena al Hippeastrum (la mal llamada amarilis de bulbo grande), al nardo (Polianthes tuberosa) o directamente a cualquier Lilium de jardín. Este artículo va sobre Lilium candidum y, cuando la cosa cambie, aviso de cómo se comportan los demás lirios.

Azucenas blancas floreciendo en primavera en el jardín

Una planta mediterránea, no una exótica

Lilium candidum procede del Mediterráneo oriental, de la zona de los Balcanes, Grecia, Turquía y Levante, donde vive en laderas pedregosas y calizas con veranos secos. Ese detalle explica casi todo su comportamiento: está adaptada a un clima como el nuestro, de verano seco y prolongado, y a suelos con caliza. Se cultiva en la península desde época romana y llegó a ser una planta de patio y de huerta, no de vivero.

La consecuencia práctica es que en España no hay que mimarla: pide poco riego, tolera suelos pobres y agradece la caliza. El problema no suele ser el frío ni la sequía, sino el exceso de agua y de materia orgánica. Muchos bulbos se pierden por generosidad, no por descuido.

Su ciclo también es mediterráneo y va al revés de lo que se espera. A finales de verano, con las primeras humedades, emite una roseta de hojas basales que pasa todo el invierno verde, pegada al suelo. En primavera sube la vara floral, que puede alcanzar entre 1 y 1,5 m, florece en mayo y junio, y a partir de julio la planta se seca y descansa. Esa roseta invernal es lo que la distingue de los demás lirios y lo que marca cuándo se planta.

Cuándo plantar de verdad

La ventana buena para Lilium candidum va de finales de julio a septiembre, con agosto como mes central. Se planta durante su reposo, justo antes de que arranque la roseta de otoño. Plantada en ese momento, la planta enraíza en otoño, forma hojas, pasa el invierno instalada y florece la primavera siguiente.

Si el bulbo se planta en marzo, llega tarde a su propio ciclo: no da tiempo a formar la roseta, la floración de ese año se pierde o sale raquítica, y en el mejor de los casos hay que esperar a la siguiente temporada para ver algo decente. No es que el bulbo muera, es que va con un año de retraso.

Con el resto de Lilium el calendario sí es el que todo el mundo tiene en la cabeza: los híbridos asiáticos, los orientales, los trompeta y Lilium longiflorum se plantan de octubre a marzo, con preferencia por el otoño en clima suave y por el final del invierno en zonas frías. Esos florecen el mismo verano, entre junio y agosto según el grupo. Por eso los encuentras en primavera en los centros de jardinería: el error no es del comprador, es que la azucena de verdad se vende en el mismo expositor que unos parientes con otro reloj.

Un aviso sobre la compra: el bulbo de Lilium no tiene túnicas secas de protección, es un bulbo escamoso desnudo que se deshidrata con facilidad. Descarta los que vengan blandos, arrugados o con moho en la base, y plántalos en cuanto lleguen a casa. Si tienes que esperar unos días, guárdalos en una bolsa con turba o vermiculita apenas humedecida, en un sitio fresco.

Cómo plantar la azucena paso a paso

Sitio. Sol directo la mayor parte del día, o sol de mañana con sombra ligera a partir de las tres en zonas muy calurosas del interior y del sur. La regla clásica es «la cabeza al sol y los pies a la sombra»: plantar entre vivaces bajas o un manto de plantas tapizantes mantiene el bulbo fresco sin necesidad de acolchados gruesos.

Suelo. Drenaje por encima de todo. En terreno arcilloso o compacto, levanta un caballón de 20-25 cm o usa maceta directamente; enterrar el bulbo en un hoyo de arcilla equivale a meterlo en una bañera. Lilium candidum es de las pocas que prefiere suelo calizo, con pH neutro o ligeramente alcalino. Esto la separa de los lirios orientales tipo 'Stargazer', que quieren sustrato ácido y sufren clorosis en las aguas duras del levante y del interior.

Profundidad: aquí está el segundo error grave. A los Lilium se les aplica la regla de enterrarlos a tres veces su altura, unos 15-20 cm, porque emiten raíces en el tallo por encima del bulbo. Lilium candidum no las emite y se planta casi en superficie, con solo 2 a 5 cm de tierra por encima. Enterrada a 15 cm, la azucena florece mal, se pudre o simplemente desaparece. Es un fallo frecuentísimo y sin remedio una vez cometido.

Marco. Deja 20-25 cm entre bulbos. Quedan mejor en grupos impares de tres o cinco que en fila. En maceta, un contenedor de 30 cm de diámetro y al menos 25-30 cm de profundidad admite tres bulbos, con sustrato universal mezclado a partes iguales con arena gruesa o pumita.

Riego inicial. Un riego de asentamiento y después casi nada hasta que aparezca la roseta. Durante el otoño y el invierno, con las lluvias suele bastar. La demanda real de agua llega en primavera, mientras sube la vara.

Cuidados durante el ciclo

Riego. Moderado y en la base, nunca por aspersión sobre las hojas. De marzo a la floración, mantén el suelo fresco sin encharcar; en maceta, riega cuando los primeros tres centímetros estén secos. Cuando la flor se pasa y las hojas empiezan a amarillear, corta el riego: la azucena necesita un verano seco para madurar el bulbo, y regarla en julio y agosto en el jardín es la vía más rápida a la pudrición.

Abonado. Nada de estiércol fresco ni de nitrógeno abundante, que dan hojas blandas y flores escasas. Un abono con predominio de potasio, tipo el de tomates o el específico de bulbos, aplicado al arrancar el crecimiento en primavera y otra vez al aparecer los botones, es suficiente. Compost bien hecho en superficie en otoño, sí; enterrado bajo el bulbo, no.

Tutorado. Las varas de más de un metro se doblan con el viento o con la lluvia cuando van cargadas de flor. Coloca la caña al plantar o cuando el tallo tenga 30 cm, no después, para no atravesar el bulbo.

Después de la floración. Retira las flores marchitas para que no forme semilla, pero no cortes el tallo al ras: las hojas siguen alimentando el bulbo. Espera a que la vara esté seca y amarilla, ya avanzado el verano, y córtala entonces. Si cortas flores para jarrón, deja al menos dos tercios del tallo con sus hojas en la planta.

Flor cortada. Quita las anteras con los dedos o unas tijeras nada más abrirse la flor: el polen naranja mancha la ropa y los manteles, y no sale bien. También alarga la duración del ramo.

Problemas frecuentes

Botritis del lirio (Botrytis elliptica). Manchas pardas ovaladas en las hojas que avanzan de abajo arriba, típicas de primaveras húmedas y de plantaciones apretadas. Se combate con aireación, riego a pie de planta y retirada de los restos secos en verano, que es donde inverna el hongo. En jardines con historial, un tratamiento preventivo a base de cobre al arrancar el crecimiento ayuda.

Escarabajo rojo del lirio (Lilioceris lilii). Un coleóptero rojo brillante de unos 8 mm, muy visible, cuyas larvas se cubren con sus propios excrementos y devoran las hojas a velocidad notable. Está establecido en buena parte del norte peninsular y se ha ido extendiendo. La recogida manual diaria en primavera funciona bien si la plantación es pequeña; revisa el envés de las hojas, donde pone los huevos en hileras anaranjadas.

Pulgón. Más grave por lo que transmite que por lo que chupa: los virus del mosaico deforman las hojas y estrían las flores, y no tienen cura. Los bulbos afectados se arrancan.

Bulbo que no florece. Las causas habituales, por orden: plantación demasiado profunda, sombra excesiva, exceso de nitrógeno, corte prematuro del follaje el año anterior o mata demasiado apretada. Las azucenas agradecen que no se las mueva, pero pasados cinco o seis años la mata se congestiona y conviene dividirla, siempre en agosto.

Y un aviso doméstico: todo el género Lilium es gravemente tóxico para los gatos. La ingestión de hojas, flores, polen o incluso el agua del jarrón puede provocar un fallo renal agudo. Si convives con gatos, mantén los ramos fuera de su alcance y valora no plantarlas en zonas de paso.

Multiplicar tus propias azucenas

La forma sencilla es la división de bulbillos. Al desenterrar la mata en agosto verás bulbos hijos pegados al principal; se separan a mano y se replantan de inmediato a la misma profundidad escasa. Los más pequeños tardan dos o tres años en dar flor.

La forma que da más plantas es el escamado. Se desprenden escamas externas del bulbo tirando hacia abajo, procurando que lleven un trozo de la base, y se colocan en una bolsa con vermiculita ligeramente húmeda, en oscuridad y a unos 20 °C. En seis u ocho semanas se forman bulbillos en la base de cada escama. Es un método con el que un solo bulbo puede darte quince o veinte plantas, aunque tardarán tres años en florecer.

En resumen

La azucena verdadera, Lilium candidum, se planta en pleno verano, entre finales de julio y septiembre, y casi en superficie, con dos a cinco centímetros de tierra por encima del bulbo. Quiere sol, drenaje, suelo calizo y muy poca agua en verano. Los demás lirios sí se plantan de otoño a final de invierno y a 15-20 cm de profundidad; confundir los dos calendarios y las dos profundidades es lo que hace fracasar la mayor parte de las plantaciones. Riega en la base, abona con potasio y no cortes el follaje hasta que se seque solo. A partir de ahí, la azucena es una planta de bajo mantenimiento que aguanta décadas en el mismo sitio y florece cada mayo sin que haya que hacerle nada.


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