El otoño es la mejor estación para plantar y una de las peores para comprar planta. Los viveros se llenan de crisantemos en flor que la gente compra en octubre, disfruta tres semanas y tira en noviembre. Un jardín de otoño bien pensado no funciona así: se apoya en plantas que aportan color de hoja, floración tardía o estructura, y se planta precisamente ahora porque el suelo aún está caliente y las lluvias hacen el trabajo del riego.
Estas son trece especies que dan juego en otoño en clima peninsular, con lo que cada una hace de verdad y dónde tiene sentido ponerla.
Por qué plantar en otoño y no en primavera
Conviene entender la lógica antes de la lista. Al plantar en octubre o noviembre, la parte aérea está entrando en reposo pero el suelo conserva calor durante semanas y la raíz sigue creciendo. Eso da a la planta tres o cuatro meses de enraizamiento gratis antes del primer calor. Una planta de otoño llega a junio con un sistema radicular capaz de buscar agua; la misma planta puesta en abril llega a junio dependiendo del riego.
La única excepción son las especies sensibles al frío en zonas de heladas fuertes, que es mejor plantar en primavera. En el litoral mediterráneo y el sur, el otoño es sin discusión la ventana de plantación principal.
Color de hoja: los que encienden el jardín
Arce japonés (Acer palmatum). Es el rey indiscutible del color otoñal, con hojas que viran a rojo escarlata, naranja o amarillo dorado según el cultivar. Ahora la parte incómoda: es una planta acidófila y en buena parte de España lo va a pasar mal. Necesita suelo ácido o al menos neutro, sin caliza, agua sin exceso de cal, humedad ambiental y protección del sol de mediodía y del viento seco. En Galicia, la cornisa cantábrica o zonas de montaña húmeda va bien en suelo. En Madrid, Zaragoza o Andalucía, lo sensato es cultivarlo en maceta con sustrato para acidófilas, a media sombra, y regar con agua de lluvia o descalcificada. Si las hojas se le queman por los bordes en verano no es sed: es sol excesivo, viento o agua caliza.
Haya purpúrea enana (Fagus sylvatica 'Purpurea', en sus formas de porte reducido como 'Purpurea Nana' o 'Purpurea Pendula'). El haya tiene follaje púrpura durante toda la temporada y en otoño pasa a un cobrizo intenso, además de conservar buena parte de la hoja seca sobre la rama durante el invierno, lo que se llama marcescencia y resulta muy útil como pantalla visual. Requisitos: clima fresco y húmedo, suelo profundo y bien drenado, y protección del calor extremo. Es un árbol de la mitad norte; en el sur peninsular no prospera. Crece despacio, lo cual es una virtud en jardín pequeño.
Echeveria (Echeveria spp.). Las suculentas no son plantas de otoño en el sentido clásico, pero muchas echeverias intensifican su color con el frío y la bajada de riego: los tonos rosados, violáceos y rojizos de los bordes de las hojas aparecen justo en otoño. Necesitan sol, sustrato muy drenante y riego mínimo en invierno. La mayoría tolera heladas ligeras si están secas, pero se pudren con frío y humedad combinados. En zonas de heladas, mejor en maceta bajo alero o porche cubierto. Un dato práctico: la roseta que florece muere después en algunas especies, pero deja hijuelos.
Floración de otoño de verdad
Crisantemo (Chrysanthemum × morifolium). El crisantemo es una planta de día corto: florece cuando la noche se alarga por encima de unas doce horas, y por eso su temporada natural es octubre y noviembre. Es una perenne rústica, no un desechable: plantado en suelo, con sol pleno y buen drenaje, rebrota cada año. Lo que arruina los crisantemos de maceta comprados en flor es que vienen enanizados químicamente y forzados; si los plantas en tierra, al año siguiente crecerán al triple de alto y se tumbarán. La solución es pinzarlos dos o tres veces entre mayo y principios de julio, cortando las puntas para forzar ramificación, y no pinzar más a partir de mediados de julio o eliminarás los botones. Riego regular, sin mojar la hoja, y división de la mata cada dos o tres años.
Dalia (Dahlia spp.). Florece desde julio hasta la primera helada, y su mejor momento suele ser precisamente septiembre y octubre, cuando el calor extremo del verano ya ha pasado y la planta rinde al máximo. Se planta en tubérculo en primavera, tras las últimas heladas, en suelo rico y con sol. Necesita tutor, riego constante y, sobre todo, que le quites las flores marchitas: si dejas que forme semilla, se para. Al llegar la primera helada la parte aérea se ennegrece; en zonas frías se desentierran los tubérculos, se dejan secar y se guardan en lugar seco y fresco hasta la primavera. En el litoral mediterráneo se pueden dejar en tierra con un acolchado.
Tecomaria (Tecoma capensis, antes Tecomaria capensis). Arbusto sarmentoso sudafricano de hoja perenne y flores tubulares naranja intenso, que florece desde finales de verano hasta bien entrado el invierno en clima suave. Es una planta muy agradecida para el litoral mediterráneo y el sur: tolera sequía, salinidad y suelo pobre, y crece rápido. Se puede conducir como seto informal, como arbusto libre o guiada sobre un muro. Tolera heladas ligeras, pero por debajo de unos -4 °C se quema. Se poda a finales de invierno, después de la floración.
Bignonia de invierno (Pyrostegia venusta). Trepadora vigorosa que se cubre literalmente de flores tubulares naranja fuego entre otoño e invierno, cuando prácticamente nada más florece. Es espectacular sobre pérgola o muro soleado. Necesita clima suave: aguanta mal por debajo de -2 o -3 °C, así que está reservada al litoral y el sur. Sol pleno, suelo drenado, poca agua una vez establecida. Se poda tras la floración, en primavera, para controlar su tamaño, que puede superar los seis metros.
Los que se plantan en otoño para florecer después
Col ornamental (Brassica oleracea var. acephala). Es la planta de temporada fría por excelencia y merece más atención de la que recibe. Sus rosetas de hojas blancas, rosas o moradas se plantan en septiembre y octubre y duran todo el invierno. El detalle clave que casi nadie sabe: el color del centro no aparece hasta que llegan las bajas temperaturas. Necesita varias noches por debajo de unos 10-12 °C para desarrollar el pigmento; si la compras en octubre en Málaga y no refresca, se quedará verde. Sol pleno, riego moderado y vigilancia de la oruga de la col, que puede acabar con ella incluso en otoño templado. En primavera sube a flor y se descarta.
Margarita de los prados (Bellis perennis). La bellorita se planta en otoño para que florezca desde finales de invierno hasta la primavera, y en zonas suaves da flor de forma casi continua durante el invierno. Es una perenne pequeña, resistente al frío, que forma alfombras bajas en suelo fresco. Perfecta para bordes, rocallas y macetas de temporada, y para naturalizar en un césped poco exigente. Media sombra en verano si quieres que sobreviva a la estación cálida en el interior.
Forsitia (Forsythia × intermedia). Aquí conviene ser claro: la forsitia no florece en otoño. Florece a finales de invierno y principios de primavera, en febrero o marzo, con una explosión de flores amarillas sobre madera desnuda. Se incluye en las listas de otoño porque es el momento de plantarla, y porque su hoja adquiere tonos amarillos y púrpuras antes de caer. Es un arbusto rústico, tolera frío intenso y casi cualquier suelo. El punto crítico es la poda: florece sobre la madera del año anterior, así que si la podas en invierno cortas todos los botones. Se poda inmediatamente después de florecer, retirando un tercio de las ramas viejas desde la base.
Hortensia (Hydrangea macrophylla). Su floración es de verano, pero en otoño ocurre algo interesante: las inflorescencias envejecen adquiriendo tonos verdosos, rosados apagados y cobrizos que muchos jardineros consideran más bonitos que la flor fresca, y aguantan así hasta el invierno. Es acidófila y ávida de agua, lo que la limita al norte húmedo salvo en maceta o en arriates acondicionados. El famoso truco del color es real y responde a la disponibilidad de aluminio: en suelo ácido, por debajo de pH 5,5, las flores son azules; por encima de 6,5, rosas. Con sulfato de aluminio se azulan y con encalado se rosan, pero solo en variedades de color variable, nunca en las blancas. Como la forsitia, la mayoría de variedades clásicas florecen sobre madera del año anterior: no la podes a fondo en otoño, límitate a quitar las flores secas en febrero cortando por encima del primer par de yemas gordas.
Dos que conviene mirar con lupa antes de comprar
Hibisco rosa de China (Hibiscus rosa-sinensis). Es una planta tropical de hoja perenne que florece de primavera a otoño, y en clima suave puede seguir dando flor en octubre y noviembre. Pero no resiste el frío: por debajo de 5 °C sufre y con helada muere. Solo tiene sentido en exterior permanente en el litoral mediterráneo, Canarias y zonas muy abrigadas del sur. En el resto de España es planta de maceta que entra a interior o invernadero en noviembre. No confundir con el hibisco de jardín o altea (Hibiscus syriacus), que es caducifolio, rústico y aguanta perfectamente los inviernos peninsulares: ese sí es el hibisco para jardín en el interior.
Parajubaea (Parajubaea cocoides y afines). Palmera andina de aspecto muy elegante, con hojas plumosas y frutos parecidos a cocos en miniatura. Es una planta exigente y poco habitual: procede de zonas de altura con clima fresco, húmedo y sin extremos, y tolera mal tanto el calor seco del verano continental como las heladas fuertes. En la práctica, su cultivo en España se limita a zonas de clima oceánico templado o a jardines litorales con humedad constante. Si buscas una palmera fiable para un jardín peninsular normal, hay opciones mucho más adecuadas. Menciónala como planta de coleccionista, no como recomendación general.
Trabajos de otoño que importan más que la planta
Acolcha. Una capa de 5-8 cm de corteza, paja o restos de poda triturados sobre el arriate conserva humedad, amortigua las heladas sobre la raíz y frena las hierbas. Es la mejor inversión de esfuerzo del año.
No abones con nitrógeno. Un aporte de nitrógeno en octubre provoca brotación tierna que la primera helada quemará. Si abonas, que sea con predominio de potasio o con materia orgánica bien descompuesta.
Reduce el riego, no lo cortes. Con las primeras lluvias hay que bajar la frecuencia drásticamente, pero un otoño seco en el interior sigue exigiendo riegos ocasionales, sobre todo en plantaciones nuevas y perennes.
Recoge la hoja de los enfermos, deja la del resto. Las hojas caídas de plantas con hongos (mancha negra, moteado) hay que retirarlas. Las demás pueden quedarse como acolchado natural o ir al compost.
Guarda la poda fuerte para el final del invierno. Podar en otoño abre heridas que cicatrizan mal y estimula brotes vulnerables. Salvo saneamiento de ramas rotas o secas, espera a enero o febrero.
En resumen
Un jardín de otoño se construye con tres piezas. Color de hoja: arce japonés donde el suelo es ácido y el clima húmedo, haya purpúrea en la mitad norte, echeverias en maceta soleada. Floración simultánea: crisantemo, dalia en su recta final, tecomaria y bignonia de invierno en el litoral y el sur. Y plantación de temporada que rentabiliza el invierno: col ornamental, bellis y arbustos como forsitia u hortensia que darán flor más adelante.
Las dos advertencias que ahorran dinero: el hibisco rosa de China no aguanta las heladas y la Parajubaea exige un clima fresco y húmedo que casi ningún jardín peninsular ofrece. Y el consejo que más rinde no es sobre plantas sino sobre calendario: aprovecha octubre y noviembre para plantar, acolchar y dejar el suelo listo. Es el trabajo que se nota en junio.