El polvo naranja que tiñe el arroz y deja la tabla de cortar amarilla durante semanas sale del rizoma seco y molido de Curcuma longa, una herbácea tropical de la familia del jengibre. Eso es la cúrcuma: ni una raíz, ni una semilla, ni una corteza, sino un tallo subterráneo engrosado que la planta usa para almacenar reservas y desde el que rebrota cada primavera.

Qué planta es y de dónde viene

Curcuma longa pertenece a las zingiberáceas, la misma familia que el jengibre (Zingiber officinale), el galanga y el cardamomo. Es una herbácea perenne que alcanza alrededor de un metro de altura, sin tallo leñoso: lo que parece tronco es un pseudotallo formado por las vainas de las hojas, largas, lanceoladas y de un verde brillante con el nervio central muy marcado. La inflorescencia, cuando aparece, es una espiga de brácteas verdosas rematadas en rosa pálido, con flores amarillas discretas entre ellas.

El rizoma tiene dos partes que los cultivadores distinguen: el rizoma madre, central, ovoide, y los dedos laterales, cilíndricos, que son los que se comercializan. Por fuera es pardo y anillado; por dentro, de un naranja intenso que sorprende la primera vez que se parte uno fresco.

Su origen está en el sur de Asia, con toda probabilidad en el subcontinente indio, donde se cultiva desde hace milenios y hoy se produce la gran mayoría de la cosecha mundial. Un dato revelador: Curcuma longa es un triploide estéril. No produce semilla viable y no existe en estado silvestre; es un cultígeno que solo sobrevive porque el ser humano lleva miles de años dividiendo y replantando sus rizomas. De ahí que toda la cúrcuma del mundo se propague por división vegetativa, nunca por semilla.

Planta de cúrcuma con sus hojas lanceoladas

No confundirla con sus parientes

En viveros y tiendas circulan varias plantas bajo el nombre de cúrcuma y no todas sirven para lo mismo.

Curcuma alismatifolia, el llamado tulipán de Siam, se vende como ornamental de flor por su inflorescencia rosa vistosa. Es preciosa y muy fácil de tener en maceta, pero su rizoma no es la especia.

Curcuma zedoaria, la zedoaria, tiene el rizoma más claro y un sabor amargo y alcanforado; se usa poco en cocina occidental.

Jengibre y cúrcuma se parecen mucho en fresco. El jengibre tiene la carne amarillo pálido y aroma cítrico y picante; la cúrcuma, carne naranja fuerte, olor terroso y un punto amargo. Si al cortarla no te mancha los dedos de amarillo, no es cúrcuma.

Cultivarla en España

Es perfectamente posible, con una condición que no admite negociación: la cúrcuma no soporta el frío. Por debajo de 10-12 °C detiene el crecimiento y con heladas el rizoma se pudre. En la península eso significa cultivo en maceta que entra a resguardo en invierno, salvo en la costa mediterránea muy templada, el litoral de Málaga o Canarias, donde puede quedarse fuera.

Cuándo plantar. De marzo a abril, con el sustrato ya templado. Si no dispones de invernadero o galería, arranca en interior en marzo y saca la maceta al exterior cuando las noches se mantengan por encima de 15 °C, normalmente a partir de mediados de mayo.

Cómo plantar. Usa un trozo de rizoma sano de unos cinco centímetros con al menos dos o tres yemas visibles (los puntitos que asoman como pequeños conos). Entiérralo horizontal, con las yemas hacia arriba, a cinco centímetros de profundidad. Sirve rizoma comprado en frutería, siempre que no venga tratado con antibrotante; el ecológico da mejor resultado. La brotación tarda entre tres y ocho semanas y desespera: no lo desentierres para comprobar si va, porque suele estar simplemente esperando calor.

Maceta y sustrato. El rizoma crece en horizontal, así que importa más la anchura que la profundidad: una maceta ancha de 30-40 cm y unos 30 de hondo por planta. Sustrato rico en materia orgánica, esponjoso y con buen drenaje, ligeramente ácido (pH 5,5-6,5). Una mezcla de sustrato universal con compost y un 20-25 % de perlita o fibra de coco funciona bien. Agujeros de drenaje generosos: la cúrcuma quiere humedad constante, no encharcamiento.

Luz. Aquí hay un malentendido corriente. Por ser tropical se supone que quiere todo el sol posible, y no: en su origen crece bajo dosel, de modo que en el verano español agradece semisombra o sol de mañana. Con sol de tarde en Sevilla o Zaragoza las hojas se queman por los bordes en una tarde.

Riego y humedad. Abundante y regular durante todo el crecimiento, de mayo a septiembre, manteniendo el sustrato húmedo sin llegar a charco. El ambiente seco del interior peninsular le sienta mal: pulverizar las hojas o agrupar macetas ayuda. En cuanto la hoja empieza a amarillear en otoño, se reduce el riego progresivamente hasta cortarlo.

Abonado. Es una planta exigente. Compost o estiércol bien hecho en la plantación y, a partir del segundo mes, un abono equilibrado con buen aporte de potasio cada dos o tres semanas durante el crecimiento activo.

Cosecha. El ciclo dura entre ocho y diez meses. Sabrás que está lista cuando la parte aérea amarillea y se seca por completo, lo que en España cae entre noviembre y enero. Entonces se vuelca la maceta y se recogen los rizomas. Reserva los mejores dedos para replantar la primavera siguiente y consérvalos en un lugar seco, oscuro y a 12-15 °C, en serrín o turba ligeramente húmeda. El error más habitual es cosechar en verano, con la planta todavía verde: el rizoma está ahí, pero pequeño, aguado y sin color.

De rizoma a especia

La cúrcuma en polvo no es rizoma seco sin más. El proceso tradicional incluye un escaldado o cocción de los rizomas recién arrancados, que gelatiniza el almidón, uniformiza el color y elimina el olor a tierra cruda; después se secan al sol o en secadero durante días, se pulen para quitar la piel rugosa y se muelen. Ese hervido explica por qué la cúrcuma comprada sabe distinta de la que uno seca en casa a lo bruto.

En cocina, el rizoma fresco rallado tiene un perfil más limpio, cítrico y menos amargo que el polvo, y es una opción excelente si consigues cultivarlo. El polvo aporta color, un fondo terroso y amargor. Es ingrediente básico de las mezclas de curry, del garam masala en algunas versiones y de las pastas de especias del sudeste asiático, y su uso más extendido en Europa es como colorante alimentario, registrado como E-100.

Un detalle práctico: la curcumina es liposoluble y se degrada con la luz. Guarda el polvo en tarro opaco y bien cerrado, y añádelo al principio del sofrito, en aceite, no al final sobre el plato. Y da por perdida cualquier tabla de cortar de plástico blanco que use con ella.

Cúrcuma molida como especia

Qué hay de cierto en sus beneficios

El componente que le ha dado fama es la curcumina, el principal de los curcuminoides responsables del color. Conviene empezar por su proporción real: el rizoma seco contiene aproximadamente entre un 2 % y un 5 % de curcuminoides. Es decir, una cucharadita de cúrcuma en polvo, unos tres gramos, aporta del orden de 60 a 150 miligramos de curcumina.

Los estudios que investigan efectos antiinflamatorios o antioxidantes trabajan con extractos estandarizados y dosis de entre 500 y 2.000 miligramos diarios de curcumina purificada, muchas veces con potenciadores de absorción. La distancia entre eso y sazonar un guiso es enorme, y ahí está el equívoco que se repite sin parar: lo que sugieren algunos ensayos con extracto concentrado no se traslada automáticamente a la especia del bote. Añade a eso que la curcumina se absorbe muy mal por vía oral, se metaboliza rápido y apenas alcanza concentraciones apreciables en sangre; por eso se combina con pimienta negra, cuya piperina mejora su biodisponibilidad, y con grasa.

Lo que sí se puede decir sin exagerar: la cúrcuma es un condimento con capacidad antioxidante demostrada in vitro, con una larga historia de uso en la medicina ayurvédica, y hay investigación abierta y activa sobre la curcumina en inflamación, artrosis y salud digestiva, con resultados prometedores en unos casos y contradictorios en otros. No hay base para presentarla como tratamiento de nada, ni para sustituir con ella una medicación.

Precauciones que rara vez se mencionan. Estimula la secreción biliar, así que está desaconsejada con cálculos u obstrucción de las vías biliares. Puede interferir con anticoagulantes y antiagregantes. Se han descrito casos de daño hepático asociados a suplementos concentrados, no a la especia en cocina. Y no es despreciable el riesgo de adulteración: se han detectado partidas de cúrcuma en polvo con colorantes industriales y compuestos de plomo añadidos para intensificar el amarillo. Compra en marcas fiables, mejor el rizoma entero, o cultívala tú. Si estás embarazada, tomas medicación o piensas usar suplementos, consúltalo con un profesional sanitario antes.

En resumen

La cúrcuma es el rizoma de Curcuma longa, una herbácea tropical emparentada con el jengibre, originaria del sur de Asia y tan domesticada que ya no produce semilla fértil ni existe en la naturaleza. En España se cultiva bien en maceta ancha, con sustrato rico y drenante, semisombra en verano, riego generoso de mayo a septiembre y resguardo obligatorio en invierno, cosechando entre noviembre y enero cuando la hoja se ha secado. Como especia aporta color, amargor y un fondo terroso, y da mejor resultado añadida en aceite al principio de la cocción. Sobre sus propiedades, la prudencia manda: la curcumina es una molécula interesante y bien estudiada, pero solo supone un pequeño porcentaje del polvo y se absorbe mal, de modo que la cúrcuma del bote es un buen condimento con antioxidantes, no un medicamento.


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