Las plantas tapizantes son especies de porte bajo y crecimiento horizontal que cubren el suelo formando una alfombra vegetal continua. Se extienden por estolones, por rizomas, por tallos rastreros que enraízan al tocar tierra o simplemente por ramificación densa, y su altura suele quedar entre los pocos milímetros de una Soleirolia y los 40 o 50 cm de un cotoneáster rastrero.
En jardinería son una herramienta, no un adorno. Resuelven tres problemas concretos: el suelo desnudo que se erosiona, las malas hierbas que colonizan cualquier hueco libre y las zonas donde el césped no prospera o no compensa. En un país como España, con veranos secos y agua cada vez más cara, sustituir parte del césped por tapizantes es una de las decisiones que más rebajan el mantenimiento de un jardín.
Para qué sirven realmente
Frenan la erosión. En taludes y pendientes, un tapiz de raíces sujeta la tierra que una tormenta de otoño se llevaría por delante. Es la razón número uno para plantarlas en terrenos con desnivel.
Ahogan a las malas hierbas. No por magia, sino por competencia: una cubierta densa no deja llegar luz al suelo y las semillas de hierbas anuales no germinan. Ojo, esto funciona una vez la cubierta está cerrada. Durante el primer año y medio hay que escardar, y quien no lo asuma acabará con un parterre de correhuela decorado con alguna tapizante.
Reducen el consumo de agua. Una tapizante mediterránea bien elegida puede vivir con una fracción del riego de un césped de gramíneas. Además, cubrir el suelo baja su temperatura y reduce la evaporación directa.
Sustituyen al césped donde este no puede. Bajo la copa de los árboles, en la sombra permanente del lado norte de la casa, en pendientes donde no entra el cortacésped o en franjas estrechas entre losas.
Ahorran mantenimiento. Nada de siegas semanales. La mayoría se conforma con un repaso al año.
Aportan valor ecológico. Muchas florecen abundantemente y alimentan abejas y otros polinizadores en momentos del año en que hay poco más disponible.
Sus inconvenientes, que también los tienen
Conviene decirlo antes de la lista de especies, porque el entusiasmo con las tapizantes suele venir sin letra pequeña.
Tardan. Cerrar un tapiz lleva de una a tres temporadas según la especie y la densidad de plantación. No es un césped que a las tres semanas ya está verde.
Casi ninguna soporta el pisoteo intenso. Las que aguantan pisadas ocasionales son unas pocas, y ninguna resiste lo que un césped de gramíneas en una zona de juego infantil.
Algunas se convierten en el problema. Una tapizante hace exactamente aquello para lo que la plantaste: extenderse. Y no distingue entre tu parterre y el del vecino.
Sobre esto último hay que ser muy claro: hay tapizantes que no se deben plantar en España. El Carpobrotus edulis (uña de gato o hierba del cuchillo), que durante décadas se plantó en taludes de toda la costa, está incluido en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras y su plantación, comercio y posesión están prohibidos. Ha arrasado ecosistemas dunares y de acantilado en el litoral mediterráneo, cantábrico y en Canarias. También conviene evitar cerca de espacios naturales especies como Tradescantia fluminensis o los Lampranthus asilvestrados. Si tienes Carpobrotus en el jardín, retíralo y llévalo a punto limpio: un solo fragmento arrojado al monte arraiga.
Tapizantes que se pueden pisar
Estas admiten un tránsito ocasional. Sirven para juntas entre losas, senderos poco transitados o pequeñas superficies alternativas al césped.
Dichondra repens. Hojas redondeadas de un verde intenso, forma una alfombra de 5 a 10 cm. Es la alternativa clásica al césped en clima templado. Necesita riego regular, no tolera la sequía prolongada y en el interior se pone fea con las heladas fuertes. Buena en el litoral y en zonas de sombra ligera.
Zoysia tenuifolia. Gramínea que forma un tapiz ondulado, muy denso, tipo colchón. Aguanta bien el calor, la sequía y la salinidad, y prácticamente no necesita siega. Su punto débil: se agosta en invierno y queda de color pajizo hasta la primavera. Es un césped estacional, y quien lo plante debe saberlo.
Thymus serpyllum y Thymus praecox. Tomillos rastreros de 3 a 8 cm que soportan pisadas ligeras y sueltan aroma al pisarlos. Quieren pleno sol y suelo muy drenado; en tierras pesadas y húmedas se pudren. Florecen en primavera en rosa o malva y son un imán para las abejas.
Sagina subulata. La llamada «musgo irlandés», que ni es musgo ni tiene nada de irlandés. Forma un cojín verde vivo de 2 o 3 cm con florecitas blancas. Muy decorativa entre losas, pero exige suelo fresco y sombra parcial; en el sur, con verano seco, lo pasa muy mal.
Phyla nodiflora. Extremadamente resistente a la sequía y al calor, con florecitas blanco-rosadas todo el verano. Muy usada en el sur como sustituto de césped en zonas de bajo consumo. Es agresiva, así que dale un espacio delimitado.
Trifolium repens. El trébol blanco. Barato, rápido, fija nitrógeno en el suelo y aguanta pisadas. Suele mezclarse con gramíneas. Su inconveniente es que atrae abejas al ras del suelo, algo a tener en cuenta si hay niños descalzos.
Tapizantes para sombra
La sombra bajo los árboles es donde más se agradece una buena tapizante, porque el césped ahí es una batalla perdida.
Vinca minor y Vinca major. Las vincapervincas son quizá la mejor solución para sombra seca bajo árboles. Perennes, con flores azul violáceo en primavera, se extienden por tallos que enraízan al contacto con el suelo. La major es bastante más vigorosa; en jardines pequeños quédate con la minor.
Hedera helix. La hiedra común, usada como tapizante en lugar de trepadora, es imbatible en sombra profunda y suelo pobre. Contrólala: si encuentra un tronco, sube.
Ajuga reptans. Se extiende por estolones y forma rosetas de hoja brillante, en cultivares con follaje bronce o púrpura ('Atropurpurea', 'Black Scallop'). En abril y mayo levanta espigas azules muy vistosas. Quiere suelo fresco; no es planta para secano.
Soleirolia soleirolii. Lágrimas de ángel. Un tapiz finísimo de un verde brillante, ideal para rincones húmedos y sombríos, patios interiores y bases de macetas grandes. No tolera el sol directo ni la sequía, y se hiela con facilidad.
Pachysandra terminalis. Perenne, muy uniforme y de mantenimiento casi nulo en sombra fresca. Funciona bien en el norte peninsular y sufre en climas cálidos y secos.
Lamium maculatum y sus cultivares. De hoja jaspeada de plateado, ilumina mucho las zonas oscuras. 'White Nancy' y 'Beacon Silver' son los más extendidos.
Waldsteinia ternata. Perenne de hoja parecida a la de la fresa, con flores amarillas en primavera. Resistente y agradecida en sombra media.
Tapizantes que aguantan el frío
Para jardines de la meseta, del norte o de montaña, donde el invierno impone límites duros.
Sedum (varias especies). Sedum acre, Sedum album, Sedum spurium. Crasas rastreras que soportan sin problema por debajo de -15 °C, sol implacable y suelos casi sin tierra. Son la base de las cubiertas vegetales extensivas. Lo único que no perdonan es el encharcamiento.
Cerastium tomentosum. Follaje plateado y una floración blanca tan densa en mayo que cubre por completo la planta. Muy rústica, resiste el frío y la sequía. Necesita drenaje.
Aubrieta deltoidea. Cascadas de flores violeta en marzo y abril, perfecta sobre muretes y rocallas. Rústica y de fácil cultivo en suelo calizo y drenado.
Cotoneaster dammeri. Arbustiva rastrera, perenne, con flor blanca en primavera y frutos rojos en otoño e invierno. Excelente para taludes grandes y muy resistente al frío.
Juniperus horizontalis y Juniperus sabina 'Tamariscifolia'. Coníferas rastreras de gran resistencia, para superficies amplias y bajo mantenimiento. Crecen despacio, pero una vez establecidas duran décadas.
Saxifraga de tipo musgoso. Cojines compactos para rocallas de montaña, con flores blancas o rosadas en primavera.
Tapizantes para sol y sequía
El grupo más útil en la mayor parte de España, donde el problema no es el frío sino los tres meses sin lluvia.
Rosmarinus officinalis 'Prostratus'. Romero rastrero, aromático, con floración azul casi todo el invierno y la primavera. Ideal en taludes soleados y sobre muros. Cero riego una vez establecido.
Lantana montevidensis. Floración malva ininterrumpida de mayo a noviembre en clima cálido. Muy resistente a la sequía y al calor extremo. Se hiela por debajo de -3 o -4 °C.
Delosperma cooperi. Crasa rastrera de flor magenta brillante, resistente a la sequía y, a diferencia de otros aizoáceos, bastante tolerante al frío. Alternativa razonable donde antes se ponía Carpobrotus.
Gazania rigens. Cubre rápido, florece profusamente y aguanta salinidad. Muy usada en jardinería de litoral.
Helichrysum rastreros. Follaje plateado y textura fina que contrasta muy bien con los verdes oscuros. Exigen drenaje excelente.
Santolina chamaecyparissus. Más que tapizante es un arbustillo compacto, pero plantada en masa cubre estupendamente en secano. Poda anual tras la floración para que no se abra por el centro.
Cómo plantarlas para que salga bien
Aquí está la diferencia entre un tapiz que cierra en dos temporadas y un fracaso lleno de hierbas.
1. Elimina antes toda la vegetación perenne. Es el paso que más se salta la gente y el que más caro se paga. Grama, correhuela, juncia o zarza no desaparecen bajo la tapizante; salen a través de ella y una vez el tapiz está cerrado ya no se pueden arrancar sin destrozarlo todo. Limpia a conciencia antes.
2. Prepara el suelo. Descompacta 20-25 cm, incorpora compost si la tierra es pobre y, en suelos pesados, mejora el drenaje con arena gruesa o grava, especialmente si vas a poner crasas o aromáticas.
3. Planta a la densidad correcta. Es la variable que más determina el tiempo de cierre. Como orientación: de 9 a 16 plantas por metro cuadrado para especies pequeñas y de crecimiento medio (tomillos, Ajuga, Sagina); de 4 a 6 por metro cuadrado para vincas, lantanas o gazanias; y 1 o 2 para cotoneásteres y enebros rastreros. Plantar demasiado espaciado para ahorrar es un ahorro falso: pasarás dos años más escardando.
4. Coloca al tresbolillo. En triángulo, no en cuadrícula. La cobertura es más uniforme y se notan menos los huecos.
5. Acolcha. Una capa de 4 o 5 cm de corteza de pino, grava o compost entre las plantas jóvenes reduce las hierbas y conserva la humedad mientras la cubierta se cierra.
6. Riega el primer año aunque sean plantas de secano. «Resistente a la sequía» significa resistente una vez establecida. Durante la primera temporada, riego regular; a partir de la segunda, ya se puede ir retirando.
7. Época. En la mayor parte de España, otoño es el mejor momento: la planta enraíza con las lluvias y llega al verano con sistema radicular hecho. En zonas de invierno muy frío, mejor primavera.
Mantenimiento después
Escardar durante el primer año y medio, sin excusas. Después, un repaso de poda anual: las aromáticas y santolinas, tras la floración; las vincas y ajugas, un recorte a finales de invierno si se han desmadrado; los sedums, prácticamente nada.
Vigila las lindes. Una tapizante vigorosa invade caminos, arriates de vivaces y todo lo que encuentre. Un remate de piedra, un borde de acero o una simple pasada anual con la tijera de bordes mantiene las cosas en su sitio.
Y si aparecen calvas, replanta enseguida. Un hueco en un tapiz es una invitación abierta a las hierbas.
En resumen
Las plantas tapizantes son especies rastreras que cubren el suelo, frenan la erosión, ahogan las malas hierbas y reducen el riego y el mantenimiento respecto al césped. Elige según la exposición: Dichondra, tomillos rastreros o Zoysia si hay que pisar; vincas, Ajuga, Pachysandra o hiedra para sombra; sedums, Cerastium o cotoneásteres para frío; romero rastrero, Lantana, Delosperma o Gazania para sol y sequía. El éxito depende de tres cosas: limpiar bien las hierbas perennes antes de plantar, respetar la densidad de plantación y regar durante la primera temporada. Y evita Carpobrotus edulis: está catalogado como especie invasora y su plantación está prohibida en España.