Basta con girar un capullo cerrado a finales de marzo para verlos: cuerpos verdes o rosados apretados unos contra otros en los tres o cuatro centímetros de tallo tierno que hay justo debajo de la flor. Cuando aparecen, ya llevan varios días multiplicándose, porque una hembra de pulgón no necesita macho ni huevos para reproducirse en primavera: pare crías vivas, ya preñadas a su vez, a razón de tres o cuatro al día.

Esa aritmética explica por qué un rosal pasa de limpio a colonizado en una semana, y también por qué las soluciones que funcionan son las que se aplican pronto y se repiten, no las que se aplican una vez y con mucha contundencia.

Colonia de pulgones sobre un brote tierno de rosal

Qué es exactamente lo que tienes encima

El pulgón grande del rosal es Macrosiphum rosae, un insecto de dos a cuatro milímetros, verde claro o rosa vinoso según la línea, con dos tubitos oscuros en la parte trasera del abdomen llamados sifúnculos. Es la especie dominante en los rosales españoles, aunque también aparece Myzus persicae, más pequeño y de un verde amarillento, que llega desde frutales de hueso cercanos.

Macrosiphum rosae tiene una biología que conviene conocer porque cambia la estrategia: pasa el invierno como huevo sobre el propio rosal, eclosiona con las primeras subidas de temperatura, se multiplica sobre los brotes de primavera y, hacia junio, produce individuos alados que emigran a otras plantas —cardencha, escabiosas, valeriana— donde pasan el verano. En septiembre vuelven al rosal a poner los huevos de invernada. Traducido: la presión fuerte dura de marzo a junio, y en pleno verano el problema suele desaparecer solo.

El daño real es menor de lo que parece. Chupan savia del floema y deforman los brotes y los capullos, que abren torcidos o no abren; la flor de mayo sale peor. Además excretan melaza, un líquido azucarado sobre el que se instala después la negrilla, ese hollín negro que ensucia hojas y tallos. La negrilla no es un hongo parásito: vive de la melaza, no del rosal, y desaparece cuando se corta el suministro. Lo que no hace el pulgón es matar un rosal adulto sano.

Por qué han elegido tu rosal

Hay dos factores que están casi siempre detrás de un ataque grave, y ninguno de los dos se arregla con un espray.

El primero es el exceso de nitrógeno. Un rosal atiborrado de abono nitrogenado en marzo produce brotes largos, blandos y con la savia cargada de aminoácidos libres, que es precisamente lo que el pulgón necesita para reproducirse rápido. Un abono equilibrado, con potasio suficiente, da brotes más firmes y colonias que crecen más despacio. Si abonas con estiércol o con fertilizante de césped sobrante, es fácil pasarse sin darse cuenta.

El segundo son las hormigas. Lasius niger, la hormiga negra de jardín, ordeña la melaza y a cambio defiende activamente a la colonia: ahuyenta a mariquitas, ataca a las larvas de crisopa y llega a trasladar pulgones a brotes nuevos. Un rosal con un reguero de hormigas subiendo por el tallo no se va a limpiar solo. Una banda de pegamento entomológico en la base del tronco, o retirar los tutores y las ramas que hacen de puente desde el suelo, corta esa relación y deja que los depredadores hagan su trabajo.

Agua a presión, la primera medida

Antes de cualquier producto, la manguera. Un chorro dirigido al envés de las hojas y a los brotes tiernos derriba la mayor parte de la colonia, y el pulgón caído casi nunca vuelve a subir: se le doblan las patas y los estiletes bucales, y a ras de suelo lo encuentran antes las arañas y los carábidos.

Tres detalles importan. La presión debe ser suficiente para arrastrar pero no para romper los brotes nuevos, que en abril son muy quebradizos. Conviene hacerlo por la mañana, para que el follaje se seque durante el día y no favorezcas la mancha negra (Diplocarpon rosae) ni el oídio. Y hay que repetirlo cada dos o tres días mientras dure la infestación, porque las hembras que queden reconstruyen la colonia en poco tiempo.

En rosales pequeños o en macetas, pasar los dedos por el brote apretando suavemente es todavía más rápido, y despuntar los dos o tres brotes más infestados resuelve a veces el foco entero.

Jabón potásico, bien usado

El jabón potásico es la herramienta de contacto más razonable en un jardín doméstico. Actúa disolviendo la capa cerosa que cubre al insecto, que muere por deshidratación en minutos. No deja residuo, no es sistémico y se degrada rápido.

La dosis habitual con jabón potásico comercial ronda el 1-2 %: unos 10-20 ml por litro de agua. Subir de ahí no mata más pulgones y sí quema hojas y pétalos. Como solo funciona por contacto directo, hay que mojar el envés y el interior del brote hasta que chorree; lo que no toque, no muere. Se aplica al atardecer o a primera hora, nunca a pleno sol ni por encima de los 28-30 °C, y se repite cada cinco o siete días, dos o tres veces.

Aquí va la advertencia que más falta hace: el lavavajillas de cocina no es un sustituto. Es un detergente sintético con sales de sodio, secuestrantes y perfumes, formulado para arrastrar grasa de la loza; sobre una hoja daña la cutícula, sala el tejido y provoca quemaduras que tardan semanas en verse. Lo mismo vale para el jabón "casero" hecho con detergente. Si vas a usar jabón, que sea jabón potásico de verdad.

Pulverizadores de mano para aplicar tratamientos en el rosal

Aceite de neem y aceites minerales

La azadiractina, extraída del neem (Azadirachta indica), no fulmina al pulgón: actúa como inhibidor de la alimentación y como regulador del crecimiento, de modo que los individuos dejan de alimentarse y las ninfas no completan la muda. El efecto se ve en tres o cuatro días, no en una tarde, y por eso mucha gente lo da por inútil demasiado pronto. Se degrada con la radiación ultravioleta, así que se aplica siempre al atardecer.

Un matiz legal que conviene tener claro: el aceite de neem que se vende en herbolarios como cosmético no es un producto fitosanitario y no está autorizado para tratar plantas. Para uso en jardín hay que emplear formulados registrados y con la mención de jardinería exterior doméstica en la etiqueta, que llevan la dosis validada y las precauciones correspondientes.

Los aceites de parafina tienen su sitio en otro momento del año: aplicados en invierno sobre el rosal desnudo, asfixian los huevos de invernada y bajan mucho la población de partida en marzo. Es un tratamiento preventivo que se hace una vez, en enero o febrero, sobre madera sin hojas.

Ortiga: qué hace y qué no

La ortiga (Urtica dioica) aparece en todas las listas de remedios caseros, pero se confunden dos preparados muy distintos.

El purín fermentado —un kilo de ortiga fresca por diez litros de agua, removido a diario durante una o dos semanas hasta que deja de hacer espuma— es fundamentalmente un fertilizante líquido rico en nitrógeno y micronutrientes. Diluido al 10 % y aplicado al suelo, refuerza la planta. Como insecticida no vale gran cosa, y usado al pie con demasiada frecuencia puede incluso empeorar el problema, porque aporta el nitrógeno que engorda las colonias.

La maceración corta es otra cosa: la misma proporción de ortiga, pero se filtra a las 12 o 24 horas, antes de que empiece la fermentación, y se pulveriza diluida al 20 % sobre el follaje. Tiene cierto efecto repelente y de choque leve, y se puede repetir cada pocos días. Ni es un insecticida potente ni pretende serlo; funciona como apoyo dentro de un plan que incluya agua a presión y jabón, no como sustituto.

Si preparas purín, hazlo lejos de la casa. El olor de la fermentación es difícil de describir y muy fácil de recordar.

Los depredadores trabajan gratis

El control biológico espontáneo es, con diferencia, lo que más pulgones mata en un jardín español, y lo único que hay que hacer es no estropearlo.

Las mariquitas Coccinella septempunctata y Adalia bipunctata comen pulgones tanto de adultas como de larvas —esas larvas grises con manchas naranjas que se aplastan a menudo por confundirlas con la plaga—. Las larvas de crisopa (Chrysoperla carnea) son voraces, con mandíbulas en forma de hoz. Las larvas de sírfido (Episyrphus balteatus) parecen pequeñas babosas translúcidas sobre la hoja y consumen cientos de pulgones cada una.

Y luego están los parasitoides del género Aphidius, avispillas minúsculas que ponen un huevo dentro del pulgón. El resultado es visible: momias, pulgones hinchados, rígidos y de color pardo dorado, a menudo con un agujerito circular por donde salió la avispa. Si ves momias en tu rosal, no trates con nada. La colonia está condenada y cualquier aplicación mataría al aliado antes que al enemigo.

El error clásico es recurrir a un insecticida de amplio espectro ante el primer brote de pulgón. Elimina la plaga en un día y también a toda la fauna auxiliar, con lo que el rebrote de tres semanas después llega a un rosal indefenso y suele ser peor que el original.

Trampas cromáticas: para vigilar, no para controlar

Las láminas adhesivas amarillas atraen a los pulgones alados, que responden al amarillo confundiéndolo con follaje joven. Son útiles como sistema de aviso: cuando empiezan a aparecer alados pegados en la lámina, sabes que hay migración en curso y que toca revisar los brotes.

Como método de control, poco. Solo capturan a los individuos voladores, que son una fracción pequeña de la población, y no tocan a las hembras ápteras que están pariendo en el brote. Además atrapan sírfidos, parasitoides y otros insectos beneficiosos, así que no conviene llenar el jardín de ellas: una o dos por zona, colocadas a la altura de la floración, y retirarlas cuando pase el pico.

Plantas acompañantes, con expectativas realistas

Se repite mucho que plantar ajos o lavanda junto al rosal ahuyenta al pulgón. La evidencia de ese efecto repelente es floja, y desde luego no sustituye a nada. Lo que sí funciona, y bastante, es otra idea: alimentar a los depredadores.

Los adultos de sírfido y de crisopa no comen pulgones, comen néctar y polen, y solo ponen huevos cerca de donde encuentran comida. Una orla de flores pequeñas y accesibles cerca del rosal multiplica su presencia. Funcionan muy bien las umbelíferas —eneldo (Anethum graveolens), hinojo (Foeniculum vulgare), cilantro dejado florecer—, el aliso de mar (Lobularia maritima), las milenramas (Achillea millefolium) y la caléndula (Calendula officinalis), todas ellas sin problemas en clima peninsular.

La capuchina (Tropaeolum majus) se usa como planta trampa: concentra pulgón negro y lo aparta de otros cultivos. Es un recurso válido siempre que asumas que tendrás capuchinas cubiertas de pulgón y no te importe verlas así.

Cuándo actuar y cuándo no

No todo brote con pulgones necesita tratamiento. Un rosal vigoroso tolera perfectamente unas decenas de individuos en abril; si intervienes con lo primero que ves, impides que se instale la fauna auxiliar y te condenas a tratar todo el año.

Un calendario razonable para la Península sería este. En enero o febrero, tras la poda, aceite de parafina sobre la madera desnuda si el año anterior fue malo. Desde marzo, revisar los brotes una vez por semana girando los capullos. Cuando la colonia empieza a cubrir el tallo, agua a presión y, si en tres o cuatro días no se controla, jabón potásico al atardecer. Si aparecen momias o larvas de mariquita, parar y esperar. A partir de finales de junio el problema se disuelve solo con la migración y el calor. En septiembre puede haber un repunte al volver los alados, más leve y casi nunca digno de tratamiento.

Y limpia después la negrilla con agua y un paño suave, o simplemente con la manguera: al cortarse la melaza deja de alimentarse y se va desprendiendo.

En resumen

El pulgón del rosal (Macrosiphum rosae) es un problema estacional de marzo a junio que deforma brotes y ensucia con melaza, pero que no mata la planta. Se controla revisando pronto, tirando la colonia con agua a presión, aplicando jabón potásico al 1-2 % al atardecer si hace falta, y sobre todo dejando trabajar a mariquitas, crisopas, sírfidos y avispillas parasitoides.

Evita las tres cosas que estropean el resultado: pasarte con el nitrógeno, usar lavavajillas en lugar de jabón potásico y recurrir a insecticidas de amplio espectro que dejan el jardín sin defensas. Corta el paso a las hormigas, planta flores que den néctar cerca y, si ves momias doradas en el tallo, guarda el pulverizador.


Contenidos relacionados