Podar un rosal asusta más de lo que debería. La imagen de la planta reducida a cuatro palos secos hace que mucha gente corte tímidamente, y una poda tímida es peor que ninguna: deja madera vieja improductiva, un centro cerrado donde no entra el aire y una planta que cada año da flores más pequeñas.

La buena noticia es que el rosal es una de las plantas leñosas más indulgentes que existen. Aguanta errores, rebrota de casi cualquier cosa y perdona los cortes torpes. Lo único que no perdona es podar en el momento equivocado a una variedad que florece sobre madera del año anterior.

Para qué se poda

Conviene tenerlo claro antes de coger las tijeras, porque cada objetivo pide un corte distinto.

Renovar la madera. Un tallo de rosal da sus mejores flores durante dos o tres temporadas; después se lignifica, engorda y produce brotes débiles. La poda obliga a la planta a sustituir esa madera vieja por vástagos nuevos desde la base.

Airear el centro. Las dos enfermedades que arruinan los rosales en España —la mancha negra (Diplocarpon rosae) y el oídio (Podosphaera pannosa)— dependen de la humedad retenida entre el follaje. Un rosal abierto, por donde corre el aire y entra el sol, se defiende infinitamente mejor que uno hecho una maraña.

Concentrar el vigor. La planta reparte una cantidad limitada de savia. Menos yemas significa flores más grandes.

Dar forma y controlar el tamaño. Especialmente en trepadores y arbustivos, donde la estructura decide la floración de los años siguientes.

Herramientas

Tijera de una mano de tipo bypass, es decir, de doble hoja que corta como unas tijeras. Evita las de yunque, en las que una hoja aplasta el tallo contra una base plana: machacan los tejidos y dejan una herida que cicatriza mal. Que esté afilada, no negociable: una tijera roma desgarra la corteza y abre la puerta a los hongos.

Tijera de dos manos para ramas de más de dos centímetros, y serrucho de poda para la madera vieja de la base de un rosal antiguo.

Guantes de piel gruesa con manguito largo. Las espinas de un trepador atraviesan cualquier guante de tela.

Alcohol de 70º o lejía diluida para desinfectar las hojas. Hazlo al pasar de una planta a otra, y obligatoriamente después de cortar madera enferma. Es la vía más habitual de transmitir problemas de un rosal a otro y casi nadie lo hace.

El corte correcto

Todo se reduce a esto, y merece la pena hacerlo bien porque se repite decenas de veces.

Se corta a unos 5 milímetros por encima de una yema, en bisel de unos 45 grados y con la inclinación descendiendo hacia el lado opuesto a la yema, para que el agua de lluvia resbale sin caer sobre ella.

Los dos fallos clásicos: dejar demasiado tocón por encima de la yema, que se seca y muere retrocediendo hacia el interior del tallo, o cortar tan pegado que se deshidrata la propia yema. Cinco milímetros es la medida.

Se elige, siempre que sea posible, una yema orientada hacia el exterior de la mata, para que el brote nuevo salga hacia fuera y el centro quede despejado. Las yemas se ven a simple vista: puntos rojizos o verdosos hinchados en la axila donde estaba la hoja. En un rosal en reposo, si no distingues ninguna, corta por encima de una cicatriz foliar.

Un matiz que casi nunca se cuenta: en variedades de porte muy abierto y despatarrado, que ya se caen hacia los lados, conviene hacer justo lo contrario y cortar sobre una yema interior para levantar la planta.

El tallo debe estar blanco o verde claro por dentro. Si al cortar aparece la médula marrón o parda, ese tallo está muerto o dañado por dentro: sigue bajando hasta encontrar tejido sano.

Rosa roja abierta en un rosal

Paso a paso en un rosal arbustivo

Vale para híbridos de té, floribundas y arbustivos. Ve en este orden y no improvises: después de los tres primeros pasos, la planta ya se explica sola.

1. Retira lo muerto, lo dañado y lo enfermo. Ramas secas, negruzcas, con chancros, tocones de podas anteriores, restos de heladas. Corta hasta madera con médula blanca.

2. Elimina lo que se cruza y lo que va hacia dentro. Dos ramas que se rozan acaban con la corteza herida y son puerta de entrada de hongos. De cada par que se cruce, quita la más débil, la peor situada o la más vieja.

3. Quita los tallos finos. Todo lo que tenga menos grosor que un lápiz no dará una flor decente; solo consume savia y cierra el centro.

4. Suprime la madera agotada de la base. Ramas gruesas, grises, agrietadas, sin brotes vigorosos. Córtalas a ras del cuello con el serrucho. Es lo que estimula la salida de vástagos nuevos desde abajo, que es lo que rejuvenece el rosal. En un ejemplar establecido, una o dos ramas viejas por año.

5. Selecciona la estructura. Quédate con entre tres y seis tallos jóvenes y sanos bien repartidos en corona, formando una copa abierta en forma de vaso o de cuenco.

6. Acorta lo que queda. Aquí la intensidad depende del tipo:

· Híbrido de té: poda severa. Deja los tallos a 20-30 cm del suelo, con tres a cinco yemas. Es el grupo que más lo necesita y el que mejor responde: flores grandes sobre tallos largos.

· Floribunda: poda media. Deja 40-50 cm, unas cinco o seis yemas. Buscas cantidad de flor, no tamaño.

· Arbustivo moderno y rosa inglesa: poda ligera. Rebaja entre un tercio y la mitad de la altura y limítate a limpiar y equilibrar. Podar a fondo una rosa inglesa como si fuera un híbrido de té le quita el porte arqueado que es toda su gracia y retrasa la floración.

· Rosal antiguo no remontante (gallicas, albas, damascenas, centifolias): apenas se toca en invierno. Se limpia y punto. La poda de formación va después de la floración de primavera, porque florecen sobre la madera del año anterior.

· Tapizantes y paisajísticos: tijera de setos o incluso desbrozadora cada dos o tres años, sin más ceremonia. Están seleccionados para eso.

Rosales trepadores y sarmentosos

Se podan distinto y es donde más se falla.

Un trepador tiene ramas principales, que forman la estructura y duran varios años, y ramas laterales, que salen de ellas y son las que dan flor. La poda consiste en conservar las principales —guiándolas y atándolas— y acortar los laterales a dos o tres yemas, unos 10-15 cm. Solo se sustituye una rama principal cuando envejece, cortándola a la base para que la reemplace un vástago nuevo.

Hay un detalle de fisiología que multiplica la floración: guía las ramas principales lo más horizontales posible, en abanico o en espiral sobre el soporte. Un tallo vertical concentra la dominancia apical y solo florece arriba del todo; el mismo tallo tumbado en horizontal brota y florece en toda su longitud. Es el truco que diferencia una pérgola cubierta de flores de una con una mata de flores en el tejado y palos desnudos abajo.

Los sarmentosos de floración única —los que se cubren de ramilletes pequeños en mayo y junio— se podan justo después de florecer, en verano, quitando las cañas que acaban de dar flor y dejando las nuevas que están saliendo desde la base para el año siguiente. Podar un sarmentoso en invierno es cortar exactamente la madera que iba a florecer.

Los chupones del patrón

Casi todos los rosales de vivero son variedades injertadas sobre un patrón, normalmente Rosa canina o Rosa laxa. De vez en cuando el patrón emite sus propios brotes, que son vigorosos, de hoja distinta —más clara, con siete foliolos en lugar de cinco— y de espinas diferentes, y que salen por debajo del engrosamiento del injerto o directamente de las raíces, a un palmo del pie.

Si los dejas, se comen la planta: en dos años el patrón ahoga a la variedad injertada y acabas con un rosal silvestre de flores pequeñas. Mucha gente cree entonces que su rosal "ha degenerado" o "ha cambiado de color", y lo que ha pasado es esto.

Hay que eliminarlos en cuanto se ven, y el modo correcto no es cortar: es descubrir la base con la mano y arrancarlos de un tirón seco. Cortarlos deja yemas latentes que rebrotan multiplicadas.

Rosa de color rosa recién abierta

La poda de verano

La poda de invierno es la principal, pero durante la temporada hay otro trabajo que influye mucho en la cantidad de flor: retirar las flores marchitas. Si dejas que el rosal forme escaramujos, la planta entiende que ya ha cumplido con la reproducción y frena la emisión de nuevos botones.

No basta con arrancar el pétalo o pellizcar la flor seca. Hay que cortar el tallo florido bajando hasta la primera hoja completa de cinco foliolos orientada hacia fuera, y cortar justo encima. Ahí hay una yema capaz de dar un brote fuerte; en las hojitas de tres foliolos de más arriba, no.

Deja de hacerlo a partir de octubre. Los escaramujos de otoño ayudan a que la planta entre en reposo y son decorativos.

Errores frecuentes

Sellar todos los cortes con mastic. Es una costumbre heredada que hoy no se recomienda. En cortes pequeños, el sellador retiene humedad y puede encerrar hongos bajo una capa impermeable. La planta cicatriza mejor sola. Resérvalo, si acaso, para heridas grandes en madera vieja.

Podar con la tijera sucia. Ya está dicho, pero es el error más caro en relación a lo fácil que es evitarlo.

Podar con heladas. Los tejidos recién cortados con hielo se necrosan. Espera a un día templado y seco.

Dejar los restos en el suelo. Las hojas caídas y los recortes son el reservorio invernal de la mancha negra. Recógelo todo y no lo eches al compost casero si venía de una planta enferma.

Abonar justo antes de podar. Al revés: primero se poda, y cuando arranque la brotación se aporta compost o un abono equilibrado. Así el alimento va a la madera nueva y no a la que vas a cortar.

No podar nada "por si acaso". Un rosal sin podar durante años se convierte en un armazón de madera gris con cuatro flores en la punta. Si es tu caso, no lo arregles de golpe: rebaja un tercio de la madera vieja cada invierno durante tres años.

En resumen

Poda con tijera de bypass afilada y desinfectada, cortando 5 mm por encima de una yema exterior y en bisel de 45 grados. Empieza siempre eliminando lo muerto, lo cruzado y lo fino; luego quita una o dos ramas viejas de la base para forzar vástagos nuevos; después acorta lo que queda según el tipo de rosal: fuerte en híbridos de té, medio en floribundas, ligero en arbustivos y rosas inglesas. En trepadores, conserva las ramas principales, guíalas horizontales y corta los laterales a dos o tres yemas.

Arranca los chupones del patrón en cuanto asomen, retira las flores marchitas durante toda la temporada cortando sobre una hoja de cinco foliolos, y recoge los restos del suelo. No hace falta sellar los cortes ni tener miedo: en un rosal, quedarse corto hace más daño que pasarse.


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