Una semilla de escaramujo sembrada tal cual, recién sacada del fruto, puede tardar dos inviernos en asomar. No es que la semilla sea mala ni que se haya hecho nada mal: la rosa silvestre tiene una de las dormiciones más tercas del mundo vegetal, y saltársela es la razón por la que tantas siembras caseras acaban en la basura antes de tiempo.
El escaramujo es el fruto de las rosas silvestres, y en la Península principalmente el de Rosa canina, el rosal perruno o tapaculos, que crece en setos, linderos y bordes de camino por toda la Península. Es rojo, ovalado, de dos a tres centímetros, y no es una baya: es un escaramujo o cinorrodon, un receptáculo carnoso hueco que guarda dentro los verdaderos frutos, unos aquenios duros que llamamos semillas por comodidad. De cómo tratar esos aquenios va este artículo.
Cuándo recolectar los frutos
Para consumo, el escaramujo se recoge del final de septiembre a noviembre, e incluso más tarde: las primeras heladas ablandan la pulpa y la vuelven más dulce, que es la razón por la que en el norte se recolecta después del primer frío.
Para sembrar, el criterio es otro y va en contra de la intuición. Interesa recoger el fruto cuando acaba de virar de verde a naranja o rojo anaranjado, todavía firme, no cuando está blando y pasado. La razón es que la dormición de la semilla se profundiza a medida que el fruto termina de madurar: la cubierta del aquenio se endurece y los inhibidores se acumulan. Una semilla extraída de un fruto en el punto de viraje germina con menos meses de tratamiento que otra extraída de un fruto arrugado en diciembre. En la Península ese momento suele caer entre finales de agosto y mediados de septiembre, algo antes en el sur y en zonas bajas.
Dos avisos prácticos. Primero, guantes: entre los aquenios hay unos pelillos rígidos muy irritantes, los mismos que dan a la planta su nombre popular de tapaculos. Segundo, si el rosal del que se recoge es un rosal de jardín moderno y no una Rosa canina silvestre, hay que asumir que la descendencia no se parecerá al padre: son híbridos complejos y su semilla segrega de forma imprevisible.
Un detalle genético que sí juega a favor
Con Rosa canina ocurre algo poco común. Es una especie pentaploide con una meiosis irregular, la llamada meiosis canina, en la que el óvulo aporta cuatro juegos cromosómicos y el polen solo uno. El resultado práctico es que las plántulas se parecen mucho a la planta madre y bastante poco al padre. Dicho de otro modo: si la mata de la que se recoge el fruto es buena, la siembra saldrá razonablemente uniforme y parecida a ella, cosa que no pasa con casi ninguna otra rosa.
Extraer y limpiar la semilla
El proceso es simple y conviene hacerlo el mismo día de la recolección:
- Cortar el escaramujo por la mitad con un cuchillo pequeño y vaciar el interior con la punta o con una cucharilla.
- Poner los aquenios con su pulpa en un colador y frotarlos bajo el grifo hasta que salgan limpios. Quitar toda la pulpa importa: contiene inhibidores de la germinación y, además, enmohece durante la estratificación.
- Descartar los aquenios claramente vacíos o partidos. Sumergirlos en agua ayuda como orientación, aunque la prueba del flotador no es fiable del todo en esta especie: algunos que flotan son viables.
- No dejar que se sequen. La semilla de rosal se estratifica en fresco; si se guarda seca meses, la dormición se agrava.
La estratificación: la parte que no se puede saltar
La semilla de Rosa canina tiene doble dormición: una física, por la dureza del pericarpio del aquenio, y otra fisiológica, en el embrión. En la naturaleza la resuelven el paso por el tubo digestivo de un pájaro o un zorro, el calor del final del verano y luego el frío del invierno. En casa hay que imitar esa secuencia. Y la secuencia es calor primero y frío después, no al revés, que es justo donde se tuerce el intento.
Fase cálida
Mezclar la semilla limpia con un sustrato inerte y húmedo —vermiculita, perlita o arena de río lavada funcionan igual de bien— en una bolsa de plástico con cierre o un táper, con un par de agujeros pequeños para que respire. La humedad correcta es la de una esponja escurrida: al apretar el puñado no debe gotear agua.
Se mantiene a 20-25 °C durante 6 a 10 semanas, en un armario o en una habitación templada. Si la recolección se hizo en septiembre, esta fase la da el propio final del verano sin hacer nada especial. Conviene revisar la bolsa cada dos semanas y airearla; si aparece moho, se lavan las semillas y se cambia el sustrato.
Fase fría
La misma bolsa pasa entonces al frigorífico, entre 3 y 5 °C, durante 12 a 16 semanas. El cajón de las verduras suele estar en ese rango; el congelador, nunca. Hay que revisarla cada tres o cuatro semanas por dos motivos: comprobar que no se ha secado y detectar las semillas que empiezan a germinar dentro de la nevera, cosa que ocurre con frecuencia hacia el final del periodo. En cuanto asome la radícula, esa semilla se siembra ya, sin esperar a las demás.
La alternativa sin nevera
Se puede delegar todo el proceso en el clima. Se siembra directamente en una maceta honda con sustrato drenante, se cubre con un centímetro de tierra y una capa de grava fina para que los pájaros no la revuelvan, y se deja a la intemperie en un lugar sombreado desde septiembre, con la tierra siempre ligeramente húmeda. Funciona bien en el interior peninsular, la cornisa cantábrica y la montaña, donde el invierno acumula suficientes horas de frío. En la costa mediterránea y en el sur, los inviernos suaves rara vez bastan y la nevera es más fiable.
Siembra y nascencia
Terminado el frío —típicamente entre febrero y marzo—, se siembra en bandeja o en macetas individuales:
- Sustrato: mezcla ligera y drenante, por ejemplo dos partes de sustrato de semillero por una de perlita. El sustrato pesado pudre las plántulas.
- Profundidad: entre 0,5 y 1 cm. Más hondo retrasa la salida.
- Temperatura: 15-18 °C. Por encima de 20 °C algunas semillas de rosal reinducen la dormición, así que un invernadero caliente es contraproducente.
- Humedad: constante pero sin encharcar; mejor regar por abajo, poniendo la bandeja en un plato con agua unos minutos.
- Luz: claridad sí, sol directo no hasta que las plántulas tengan varias hojas verdaderas.
La nascencia es lenta y desigual: las primeras plántulas suelen aparecer entre las tres y las ocho semanas, y el goteo continúa durante meses. Quien vacía la bandeja al ver que a los dos meses no sale nada más está tirando la mitad de su siembra: no tirar la bandeja. Es habitual que una parte del lote germine en la primavera siguiente, después de pasar otro invierno. Basta con dejar la bandeja en un rincón sombreado del patio, sin dejar que se seque del todo, y revisarla de vez en cuando. Con un porcentaje de germinación que en casa se mueve entre el 20 y el 50 %, sembrar cien semillas para obtener veinte o treinta plantas es lo normal.
Las plántulas se repican a maceta individual cuando tengan tres o cuatro hojas verdaderas, y se plantan en su sitio definitivo el otoño siguiente. Una Rosa canina de semilla suele dar su primera floración al tercer año.
Para qué sirve sembrar escaramujo
Más allá de tener un rosal silvestre, hay un motivo que explica por qué los viveros siembran escaramujo por millares: Rosa canina y sus selecciones son el patrón tradicional para injertar rosales en Europa, por su rusticidad, su tolerancia a la caliza y su sistema radicular potente. Quien quiera injertar sus propias variedades empieza justo por aquí.
Propiedades y aprovechamiento del fruto
El escaramujo es una de las fuentes vegetales más concentradas de vitamina C: la pulpa fresca ronda entre 400 y 1.300 mg por cada 100 g según la especie, la altitud y el momento de recolección, muy por encima de cualquier cítrico. Aporta además carotenoides, flavonoides y una fracción de pectina que explica que las mermeladas cuajen sin apenas ayuda.
El dato útil que suele omitirse es que esa vitamina C se degrada con el calor y con el tiempo. Un jarabe hervido media hora conserva mucha menos de la que promete la etiqueta. Para aprovecharla, mejor infusiones cortas con el fruto troceado, en agua caliente pero no en ebullición prolongada, y secado de los frutos a menos de 40 °C.
Formas habituales de consumirlo:
- Infusión: uno o dos frutos secos y troceados por taza, diez minutos en agua caliente. Colar con filtro fino o tela, porque los pelillos irritan la garganta.
- Mermelada: se pasa la pulpa por un pasapurés fino o un colador de tela para eliminar aquenios y pelos. Es la parte laboriosa y no admite atajos.
- Fruto seco entero: bien limpio y deshidratado, se guarda en tarro hermético al abrigo de la luz.
Conviene aclarar una confusión de etiquetas: el "aceite de rosa mosqueta" que se vende para la piel no se obtiene de Rosa canina sino de las semillas de Rosa rubiginosa y Rosa moschata, cultivadas sobre todo en Chile. Son parientes, pero no la misma planta ni el mismo producto.
En resumen
Sembrar escaramujo es fácil siempre que se respete el calendario que la semilla exige. Recoger los frutos en cuanto viran de color, no pasados; extraer los aquenios con guantes y limpiarlos a fondo de pulpa; someterlos a 6-10 semanas de calor a 20-25 °C y después a 12-16 semanas de frío a 3-5 °C en vermiculita o arena húmedas; sembrar a un centímetro en sustrato drenante a 15-18 °C, y armarse de paciencia porque la germinación es escalonada y una parte del lote saldrá al año siguiente. Con Rosa canina las plántulas se parecerán mucho a la planta madre por su peculiar meiosis, la primera floración llegará hacia el tercer año, y de propina se tiene el mejor patrón europeo para injertar rosales.