Hay rosales que se plantan por moda y rosales que llevan setenta años en los jardines porque funcionan. 'Queen Elizabeth' pertenece al segundo grupo. Es probablemente el rosal rosa más plantado de la historia, sigue vendiéndose en cualquier vivero español y, lo que es más raro todavía, aguanta la comparación con variedades introducidas medio siglo después.
También es un rosal que se planta mal con mucha frecuencia, porque casi nadie tiene en cuenta lo grande que llega a ser.
Origen: la rosa que inventó una categoría
La obtuvo el estadounidense Walter Lammerts en California y se introdujo en 1954, cruzando el híbrido de té 'Charlotte Armstrong' con la floribunda 'Floradora'. El nombre es un homenaje a Isabel II del Reino Unido, coronada el año anterior.
El resultado del cruce planteó un problema de clasificación: la planta tenía flores de la calidad y el tamaño de un híbrido de té, pero salían tanto solitarias como en ramilletes, al modo de una floribunda, y sobre un arbusto mucho más alto que cualquiera de los dos. Para encajarla se creó una categoría nueva, la de las grandifloras, y 'Queen Elizabeth' es su tipo fundacional. Conviene saber que esa clase se usa sobre todo en Estados Unidos; en Europa muchos catálogos la siguen listando simplemente como floribunda de gran porte.
Ganó el premio All-America Rose Selections en 1955 y en 1979 fue elegida "Rosa Favorita del Mundo" por la Federación Mundial de Sociedades de la Rosa, un reconocimiento que solo comparten un puñado de variedades.
Cómo es la planta
Porte. Es el dato decisivo y el que más sorprende: es un rosal muy alto y erguido. En condiciones normales alcanza entre 1,5 y 2 metros, y en clima cálido, suelo profundo y poda ligera puede pasar de 2,5 metros. Los tallos son gruesos, rectos y sorprendentemente rígidos, con relativamente pocas espinas para lo que es un rosal de este tamaño.
Ese vigor es una virtud si lo aprovechas y un estorbo si lo plantas en la primera línea de un macizo pequeño, donde en dos años tapará todo lo que tenga detrás.
Flor. Rosa medio limpio y luminoso, con la cara interior del pétalo más intensa y el envés más claro y algo plateado, un contraste que le da vida cuando la flor se abre. Mide alrededor de 10 cm, con unos treinta pétalos, y abre desde un capullo de forma clásica, cónico y alargado, hasta una flor abierta con los estambres visibles. Aparece sola sobre tallos largos o en ramilletes de tres a cinco.
Perfume. Aquí toca ser honesto, porque muchos catálogos lo exageran: el aroma de 'Queen Elizabeth' es ligero, una nota suave a té que se aprecia acercando la nariz por la mañana y poco más. Si lo que buscas es un rosal perfumado, esta no es la variedad; hay rojos y malvas mucho más aromáticos. Lo suyo es la abundancia, la elegancia del tallo y la resistencia.
Follaje. Hoja grande, coriácea, de un verde oscuro brillante, con los brotes nuevos teñidos de bronce. Ese follaje duro es parte de su reputación: resiste la mancha negra y el oídio bastante mejor que los híbridos de té de su época, aunque no es inmune.
Floración. Refloreciente y muy generosa. En la Península empieza a finales de abril o en mayo según la zona, y con riego y retirada de flores marchitas encadena oleadas hasta noviembre. En el sur y en el litoral es habitual verla con flor incluso en diciembre.
Variantes que salieron de ella
Como toda variedad muy cultivada, ha dado mutaciones estables que se comercializan por separado. La 'Climbing Queen Elizabeth', aparecida en 1957, es una versión trepadora que cubre entre tres y cuatro metros con la misma flor; es excelente para muro o pérgola, pero hay que saber que las mutaciones trepadoras de rosales arbustivos suelen reflorecer menos que la forma original. También existe una versión blanca, 'White Queen Elizabeth', de los años sesenta, y se comercializa injertada en pie alto para formar copas de dos metros.
Dónde y cómo plantarla
Exposición. Pleno sol, mínimo seis horas diarias. Tolera media sombra ligera mejor que otros rosales gracias a su vigor, pero florecerá menos y se estirará buscando la luz, que es justo lo que no quieres en una planta que ya crece hacia arriba. En el interior sur, con veranos de 40 ºC, agradece sombra a partir de media tarde para que los pétalos no se decoloren.
Suelo. Franco, profundo y con materia orgánica, con pH entre 6 y 7. Lo importante es el drenaje: es un rosal grande, con un sistema radicular potente, y necesita un hoyo de plantación amplio, de al menos 50 × 50 × 50 cm, con la tierra bien mullida por debajo. En suelo arcilloso, incorpora arena gruesa y compost, y plántalo ligeramente elevado.
Época. Si lo compras a raíz desnuda, de noviembre a marzo, evitando los días de helada. En contenedor se puede plantar casi todo el año, aunque el otoño sigue siendo el mejor momento porque la planta enraíza durante el invierno y llega al verano establecida.
El injerto, a ras. El engrosamiento del injerto debe quedar justo a nivel del suelo. Enterrado se pudre y favorece que emita raíces la variedad; demasiado alto queda expuesto al frío y a la desecación.
Distancias. Aquí es donde más se falla. Para un ejemplar aislado, deja al menos un metro libre alrededor. Para un seto, plántalos cada 70-90 cm. Y colócalo en el fondo del macizo, nunca delante: nada de lo que plantes detrás volverá a verse.
En maceta es posible pero exige contenedor grande, de 50 litros como mínimo, y aceptar que la planta se quedará más baja y necesitará riego diario en verano y abonado constante.
Cuidados de temporada
Riego. Profundo y espaciado, mejor que superficial y frecuente. En el interior peninsular, un rosal establecido agradece 15-20 litros por planta cada semana en pleno verano, mejor de una sola vez que en tres riegos cortos, para que las raíces bajen. Riega siempre al pie y por la mañana: mojar el follaje al atardecer es la forma más rápida de tener mancha negra.
Acolchado. Cinco centímetros de compost, corteza o paja alrededor del pie, sin tocar el cuello. Conserva humedad, modera la temperatura del suelo y evita las salpicaduras de tierra que transportan esporas de hongos a las hojas bajas.
Abonado. Un aporte de compost o estiércol maduro al final del invierno, tras la poda, y un abono para rosales rico en potasio a la salida de cada oleada de floración, aproximadamente en abril, junio y principios de agosto. No abones a partir de septiembre: los brotes tiernos tardíos no agostan a tiempo y se queman con las primeras heladas.
Flores marchitas. Retíralas cada semana durante toda la temporada, cortando el tallo florido hasta la primera hoja completa de cinco foliolos orientada hacia fuera. Es lo que mantiene el ritmo de refloración. Deja de hacerlo en octubre.
La poda: el punto crítico de esta variedad
'Queen Elizabeth' tiene un defecto conocido: tiende a quedarse desnuda por abajo, con toda la flor a metro y medio de altura y unos palos pelados a la altura de la vista. Se corrige con la poda, y se agrava si se poda mal.
Lo primero es no tratarla como un híbrido de té. Rebajarla a 25 cm en febrero no la hace más baja: reacciona a la poda severa emitiendo vástagos igual de largos, solo que más tarde y menos ramificados, y el resultado suele ser peor.
Las pautas que funcionan:
Poda moderada, dejando los tallos principales entre 60 y 90 cm, al final del invierno: enero en Levante y el sur, febrero en la meseta, finales de febrero o marzo en zonas frías.
Corta a alturas distintas. Si podas todos los tallos al mismo nivel, todos los brotes nuevos salen del mismo plano y el vacío inferior se perpetúa. Escalonando los cortes —unos a 50 cm, otros a 80— consigues flor repartida en altura.
Renueva madera desde la base. Cada invierno, corta a ras del cuello una o dos de las ramas más viejas y gruesas. Es lo que fuerza vástagos nuevos desde abajo y lo único que evita de verdad que el rosal se convierta en un manojo de troncos.
Si la quieres como seto, poda todavía más suave, quitando solo un tercio, y prioriza el aclareo del interior sobre el acortado.
Aclara el centro eliminando ramas cruzadas y todo tallo más fino que un lápiz. Con su densidad de follaje, la circulación de aire importa.
En zonas ventosas, un rebaje de un tercio en noviembre reduce el efecto vela y evita que el viento descalce la planta. Esa es una poda de seguridad, no la de formación.
Para qué sirve en el jardín
Seto florido. Es su mejor uso y el que aprovecha su porte. Una fila plantada cada 80 cm forma en dos temporadas una pantalla densa de dos metros que florece de mayo a noviembre. Sirve para separar zonas del jardín, tapar una valla o una medianera, o marcar un límite sin recurrir a un seto perenne monótono.
Fondo de macizo. Detrás de rosales bajos, lavandas, salvias o gauras, aporta altura y color continuo.
Flor de corte. Sus tallos largos, rígidos y con pocas espinas la hacen excelente para jarrón, y la flor dura bastantes días en agua. Córtala por la mañana temprano, con el capullo entreabierto.
Ejemplar aislado o de pie alto. Plantada sola en el césped o injertada en tronco, funciona como punto focal.
Jardín de bajo mantenimiento. No es un rosal paisajístico de los que se olvidan del todo, pero dentro de las variedades de flor grande está entre las que menos problemas dan.
Plagas y enfermedades
Pulgón. Colonias verdes o rosadas en los brotes tiernos y en los botones, sobre todo en abril y mayo. Se resuelve con un chorro de agua a presión o jabón potásico. Las mariquitas y los sírfidos lo controlan solos si no fumigas indiscriminadamente.
Mancha negra (Diplocarpon rosae). Manchas negras de borde difuso en las hojas, que amarillean y caen. 'Queen Elizabeth' es relativamente resistente, pero en primaveras lluviosas y en el norte húmedo puede aparecer. Prevención: riego al pie, aclareo del centro, retirada y destrucción de la hojarasca caída, que es donde el hongo pasa el invierno.
Oídio (Podosphaera pannosa). Polvillo blanco en brotes y botones, típico de noches frescas con días cálidos y ambiente seco en el suelo. Su follaje coriáceo la protege bastante. Ayuda mantener el riego regular y no plantar en rincones cerrados sin ventilación.
Roya (Phragmidium sp.). Pústulas anaranjadas en el envés. Menos frecuente, aparece en zonas húmedas y frescas.
Trips. Insectos minúsculos que se meten entre los pétalos y dejan los bordes con manchas pardas y deformidades. Afectan especialmente a las flores claras, y una rosa rosa como esta lo evidencia. Empeoran con calor seco.
Araña roja. Punteado amarillento y telarañas finas en el envés durante los veranos calurosos y secos. Aumentar la humedad ambiental y no dejar que la planta pase sed reduce mucho su incidencia.
Avispilla del rosal (Blennocampa, Arge sp.). Hojas enrolladas longitudinalmente hacia abajo, o defoliaciones rápidas por larvas verdes. Se controla retirando a mano las hojas afectadas cuando la infestación es puntual.
Un consejo general: la mejor defensa de esta variedad es su propio vigor. Un ejemplar bien regado, bien alimentado y bien aireado prácticamente no necesita tratamientos.
En resumen
'Queen Elizabeth' es una grandiflora de 1954, obtenida por Walter Lammerts, elegida Rosa Favorita del Mundo en 1979 y todavía difícil de superar en su terreno: flor rosa clara de forma impecable, tallos largos y firmes, follaje sano y una refloración incansable de mayo a noviembre.
Sus dos matices son el perfume ligero —no la elijas buscando aroma— y el porte muy alto, de hasta dos metros y medio, que exige plantarla al fondo del macizo o formando seto, con un metro de espacio y sin la primera línea.
Dale pleno sol, suelo profundo con buen drenaje, riegos abundantes y espaciados en verano y abonado tras cada oleada de flor. Y pódala de forma moderada, a alturas escalonadas y renovando una rama vieja desde la base cada invierno: es lo único que hace falta para que no se quede desnuda por abajo y siga floreciendo durante veinte años.