Un sobre guardado tres años en un cajón puede germinar al 85 % o al 10 %, y por fuera los dos sobres tienen exactamente el mismo aspecto. No hay forma de saberlo mirando las semillas: ni el color, ni el tamaño, ni el peso lo delatan. La única manera fiable de averiguarlo antes de gastar sustrato, espacio en el semillero y tres semanas de calendario es hacer una prueba de germinación, que consiste en poner a germinar una muestra pequeña en condiciones controladas y contar cuántas responden.

Es una operación de diez minutos de trabajo real y resuelve la duda que aparece cada febrero delante de la caja de semillas: qué se siembra, qué se siembra más denso y qué va directo a la basura.

Semillas de distintas especies preparadas para la prueba de germinación

Qué mide realmente la prueba

La prueba de germinación mide el poder germinativo: el porcentaje de semillas de un lote que son capaces de producir una plántula en condiciones favorables. Es un dato distinto del vigor, que es la capacidad de germinar rápido y de forma uniforme en condiciones reales, que nunca son óptimas.

La diferencia importa más de lo que parece. Un lote de tomate viejo puede darte un 70 % en papel de cocina a 24 °C y luego un 25 % en el semillero, porque las semillas que quedan vivas están debilitadas y tardan el doble en salir. Envejecer, en una semilla, no es un interruptor de encendido y apagado: primero se pierde velocidad y uniformidad, y solo después se pierde la capacidad de germinar. Por eso conviene fijarse no solo en cuántas germinan, sino en cuántos días tardan y si salen todas a la vez. Un lote que germina al 90 % en cuatro días está sano; uno que llega al 90 % pero escalonado a lo largo de tres semanas está de bajada.

Cuándo merece la pena hacerla

No hace falta probar cada sobre. Los casos en los que sale a cuenta son concretos:

Semillas propias. Si has recogido tú el tomate, la calabaza o la lechuga, no sabes en qué punto de madurez estaban ni si se secaron bien. La prueba es obligatoria.

Sobres abiertos de temporadas anteriores. Un sobre comercial sin abrir y bien guardado suele aguantar; uno que se abrió, se dejó en el cobertizo y pasó un verano a 35 °C con humedad, no.

Antes de una siembra grande o de calendario ajustado. Si vas a sembrar una tabla entera de zanahoria en marzo, o si el pimiento tiene que estar sembrado en enero porque si no no llegas a cosecha, descubrir el fallo tres semanas tarde te cuesta la temporada.

Semillas de intercambio o regaladas. Sin datos de recolección ni de conservación, hay que verificarlas.

El momento natural para hacerlo es diciembre o enero, semanas antes de que empiecen las siembras de solanáceas bajo cubierta, con tiempo para comprar reposición si algo falla.

Materiales y método paso a paso

Necesitas papel de cocina o servilletas de papel, agua, un recipiente hermético o una bolsa de congelación con cierre, un rotulador y un sitio templado.

1. Toma una muestra representativa. Diez semillas es el mínimo útil, veinte es lo recomendable. Con diez, cada semilla vale diez puntos porcentuales y el margen de error es enorme; con veinte, cada una vale cinco. Cógelas sin seleccionar: no elijas las más gordas ni descartes las feas, porque entonces estás midiendo la muestra que has elegido, no el lote.

2. Humedece el papel y escúrrelo. Debe quedar húmedo pero sin gotear. Si lo aprietas y suelta agua, sobra. El exceso de agua desplaza el aire y la semilla se asfixia: la germinación necesita oxígeno tanto como humedad, y este es el fallo número uno de la prueba casera.

3. Coloca las semillas separadas sobre media hoja, con al menos un centímetro entre ellas, y dobla la otra mitad por encima. Enrolla el conjunto sin apretar.

4. Métela en el tupper o la bolsa y ciérralo. Esto mantiene la humedad constante sin tener que estar rociando cada día. Etiqueta con la especie, la variedad, el número de semillas y la fecha: en quince días no vas a acordarte.

Recipiente hermético tipo tupperware para mantener la humedad durante la prueba

5. Colócalo a temperatura adecuada. Para las hortalizas de verano, entre 20 y 25 °C. Encima de la nevera, cerca de una caldera o en una habitación con calefacción funciona. Para lechuga, espinaca, canónigos y otras de estación fresca, mejor entre 15 y 18 °C: la lechuga entra en termoinhibición por encima de 25-28 °C y puede darte un cero rotundo estando perfectamente viva. Si pruebas lechuga en verano encima de la nevera, el resultado no vale nada.

6. Revisa cada dos o tres días. Abre, comprueba que el papel sigue húmedo, ventila unos segundos y vuelve a cerrar. Si aparece moho en una semilla, retírala y anótala como fallida: el moho no suele ser la causa de la muerte, sino la consecuencia, aparece sobre semillas que ya estaban muertas.

Cuánto esperar antes de contar

Cerrar la prueba demasiado pronto es el segundo error clásico y hace descartar lotes sanos. Estos son plazos orientativos a temperatura adecuada:

Tres a cinco días: rábano, rúcula, nabo, berza, brócoli, calabacín, pepino, judía, guisante.

Cinco a diez días: lechuga, acelga, remolacha, calabaza, melón, tomate, albahaca, cebolla.

Diez a veintiún días: pimiento y guindilla, berenjena, apio, puerro, zanahoria, perejil, espárrago.

La regla práctica: cuenta como final la prueba cuando pasen cinco días sin que germine ninguna más. Se considera germinada la semilla en cuanto emite la radícula y esta alcanza más o menos el largo de la propia semilla. No hace falta esperar a los cotiledones.

Cómo se calcula e interpreta el resultado

El cálculo es directo: germinadas dividido entre sembradas, por cien. Diecisiete de veinte son un 85 %.

La lectura práctica de ese número:

Por encima del 80 %. Lote en buen estado. Siembra con la densidad habitual.

Entre el 50 y el 80 %. Sirve, pero hay que compensar. Siembra más semilla por golpe o por surco, y ten en cuenta que las plántulas pueden ser menos vigorosas. Es momento de anotar en la lista que hay que reponer el año que viene.

Entre el 25 y el 50 %. Solo vale la pena si la variedad es irremplazable. En ese caso, no la siembres a voleo: germínala en papel y trasplanta a alveolo solo las que hayan salido, aprovechando cada semilla viva. Y guarda semilla de las plantas resultantes para renovar el lote.

Por debajo del 25 %. Fuera. El coste de espacio, tiempo y calendario de una siembra que no llega no lo compensa el ahorro de un sobre.

Para ajustar la densidad, la cuenta es sencilla: divide 1 entre el porcentaje expresado en decimal. Con un 50 % (0,5), necesitas dos semillas por cada planta que quieras; con un 33 %, tres.

El caso de las semillas con dormición

Aquí es donde muchas pruebas dan un falso negativo y se tiran semillas perfectamente vivas. Las hortalizas anuales germinan en cuanto tienen agua, calor y aire, pero buena parte de las especies leñosas, ornamentales y silvestres tienen mecanismos de dormición que impiden la germinación hasta que se cumple una condición concreta. Si haces la prueba sin romper esa dormición, el resultado será cero y no significará nada sobre la viabilidad.

Dormición física. Cubierta dura e impermeable al agua. Es lo normal en leguminosas (Acacia, Robinia, altramuz, Lathyrus), en malvas y en Canna. Se resuelve con escarificación: frotar la semilla con papel de lija hasta desgastar la cubierta sin llegar al embrión, o sumergirla en agua muy caliente (no hirviendo, unos 80 °C) dejándola enfriar 24 horas. Una semilla escarificada bien se hincha en unas horas; si no se hincha, no has llegado a raspar lo suficiente.

Dormición fisiológica. El embrión necesita pasar frío húmedo antes de activarse. Es lo habitual en rosáceas leñosas (manzano, cerezo, endrino, majuelo), en muchos arces y en vivaces como Aquilegia o Lavandula stoechas. Se resuelve con estratificación en frío: mismo montaje de papel húmedo, pero en el cajón de verduras de la nevera, a 3-5 °C, durante seis a doce semanas según especie, antes de pasarlo a temperatura de germinación. En estos casos la prueba deja de durar quince días y se convierte en un proceso de meses; conviene contarlo en el calendario.

Errores frecuentes y creencias que conviene revisar

La prueba del vaso de agua no mide viabilidad. La idea de que las semillas que flotan están muertas y las que se hunden están vivas circula mucho y es poco fiable. La flotación depende de la densidad, de la cantidad de aire retenido en la cubierta y de la tensión superficial, no del estado del embrión. Semillas ligeras y perfectamente vivas —lechuga, zanahoria, muchas aromáticas— flotan casi siempre, y semillas vacías y pesadas pueden hundirse. Como mucho sirve para descartar granos claramente hueros en especies grandes; como prueba de germinación no vale.

El algodón no es buen soporte. Las raicillas se enredan en las fibras y al separarlas se rompen. Si piensas aprovechar las plántulas germinadas, usa papel de cocina, que se despega limpio, o incluso un algodón cubierto con una capa de papel.

Probar cinco semillas no informa de nada. Con una muestra de cinco, que germinen tres puede corresponder a un lote real del 40 % o del 80 %; el ruido estadístico se come el resultado. Veinte es el número razonable para semilla propia; si el sobre es caro y trae poca semilla, diez, sabiendo que el dato es aproximado.

El cloro del agua del grifo no arruina la prueba. En las concentraciones habituales del abastecimiento no impide germinar. Si el agua es muy dura o clorada, dejarla reposar unas horas basta; no hace falta agua destilada.

Luz y oscuridad. La mayoría de las semillas germinan igual con o sin luz, pero hay excepciones que conviene conocer: lechuga, apio, perejil y muchas aromáticas germinan mejor con luz, así que no las tapes con papel opaco ni metas el tupper en un cajón; en cambio, cebolla, puerro, calabaza o caléndula prefieren oscuridad.

Qué hacer con las semillas germinadas

No hay que tirarlas. Se pueden trasplantar a alveolos si se hace pronto y con cuidado: en cuanto la radícula mida entre medio centímetro y un centímetro, se coge la semilla con unas pinzas o con la punta de un palillo húmedo —nunca por la raíz— y se coloca en un agujero hecho en el sustrato, con la radícula hacia abajo, cubriendo apenas.

Si la raíz ya ha crecido varios centímetros y se ha enganchado al papel, es mejor recortar el trozo de papel alrededor y plantarlo entero: el papel se descompone y la raíz no sufre. Las plántulas trasplantadas así necesitan los primeros días humedad constante y luz suficiente, porque vienen de un ambiente saturado.

Cuánto duran las semillas: una referencia para decidir qué probar

Conservadas en seco, en oscuridad y a temperatura estable —un bote de cristal con gel de sílice en la parte baja de un armario interior, no en el trastero ni en el invernadero—, las duraciones orientativas son:

Uno o dos años: chirivía, cebolla, puerro, cebollino, salsifí, angélica.

Dos o tres años: zanahoria, perejil, maíz dulce, judía, guisante, espinaca, pimiento.

Tres o cuatro años: lechuga, acelga, remolacha, tomate, berenjena, col, brócoli, rábano, nabo.

Cinco años o más: pepino, calabacín, calabaza, melón, sandía.

Estas cifras son promedios: la temperatura y la humedad de conservación pesan más que la especie. Una regla que se usa en almacenamiento de semilla dice que la suma de la temperatura en grados Celsius y la humedad relativa en porcentaje debe quedar por debajo de 50. Un armario a 20 °C con 30 % de humedad cumple; un cobertizo a 30 °C con 60 % arruina en un verano lo que en la nevera habría durado cinco años.

En resumen

Veinte semillas sobre papel de cocina húmedo, dentro de un recipiente cerrado, a la temperatura que pida la especie, revisadas cada dos días y contadas cuando lleven cinco días sin novedades. El porcentaje resultante decide si siembras normal (por encima del 80 %), si siembras más denso (entre el 50 y el 80 %) o si compras semilla nueva (por debajo del 25 %). Cuida el detalle del papel húmedo pero no encharcado, respeta los plazos largos del pimiento y del perejil, ten presente que la lechuga no germina con calor y que las semillas leñosas necesitan escarificación o frío antes de que la prueba signifique algo. Hazla en enero, antes de que empiecen las siembras, y tendrás margen para reponer lo que falle.


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