El truco del vaso de agua —las que flotan se tiran, las que se hunden se siembran— falla más veces de las que acierta, y conviene saberlo antes de mandar a la basura un sobre entero de semillas perfectamente vivas. Existe una prueba fiable, cuesta diez minutos de preparación y una semana de espera, y da un número concreto: qué porcentaje de ese lote va a nacer.

Por qué flotar no significa estar muerta

La idea detrás del test del vaso es que una semilla vacía o deteriorada pesa menos y flota. En algunos casos es cierto, pero la densidad de una semilla depende de muchas más cosas que de su viabilidad:

Burbujas de aire atrapadas en la superficie o entre los pliegues del tegumento. Basta una para mantener a flote una semilla sana.

La textura del tegumento. Semillas con pelos, alas, costillas o cubiertas cerosas —zanahoria, hinojo, lechuga, caléndula y buena parte de las compuestas y umbelíferas— flotan aunque estén impecables, simplemente porque no se mojan de inmediato.

La composición. Las semillas ricas en aceite son menos densas que las ricas en almidón. Una semilla oleaginosa viva puede flotar mientras una semilla muerta pero con el endospermo empapado se va al fondo.

Es decir: el test genera falsos positivos y falsos negativos a la vez. Hay un caso, eso sí, en el que sí aporta información: semillas grandes, densas y de tegumento liso —judías, habas, garbanzos, calabaza, bellotas, castañas— donde el gorgojo o el picudo han vaciado el interior y han dejado una cámara de aire. Ahí, la que flota suele estar realmente hueca, y de hecho basta con mirarla al trasluz o buscar el agujerito de salida del insecto para confirmarlo.

Y una advertencia adicional: si sumerges semillas en agua, no las guardes húmedas. O las siembras en las horas siguientes o las secas por completo sobre papel a la sombra, porque una semilla rehidratada y vuelta a almacenar en un sobre se enmohece o pierde viabilidad en pocas semanas. En algunas leguminosas, además, la absorción brusca de agua muy fría sobre semilla muy seca daña las membranas celulares y reduce la germinación.

El test que sí funciona: germinación en papel

Es el mismo método que usan los laboratorios oficiales de análisis de semillas, simplificado para casa. En lugar de adivinar si la semilla está viva, se le pide que lo demuestre.

Coge una muestra al azar de 10 semillas si el sobre es pequeño, y de 20 o 25 si puedes permitírtelo. Cuantas más, más fiable es el porcentaje: con 10 semillas, cada una vale un 10 %, así que el margen de error es grande. Y que sea al azar de verdad, sin seleccionar las más gordas y bonitas, o el resultado saldrá optimista.

Humedece papel de cocina con agua, escúrrelo bien —debe estar húmedo, no chorreando— y coloca las semillas separadas entre sí sobre una mitad. Dobla la otra mitad encima.

Mete el papel doblado en una bolsa de plástico con cierre o en un táper, sin cerrar herméticamente del todo, para que conserve la humedad pero circule algo de aire. Etiqueta con la especie, la variedad y la fecha: dentro de diez días no te acordarás.

Colócalo a temperatura adecuada, entre 20 y 22 °C para las hortalizas de huerto habituales. Encima de la nevera, en un armario de la cocina o en cualquier sitio templado y estable. Nada de radiadores ni de alféizares soleados: el papel se seca en horas y el calor excesivo bloquea especies como la lechuga.

Revisa cada dos días, vuelve a humedecer si hace falta y cuenta las que han emitido la radícula. Retira las que se enmohezcan para que no contaminen al resto.

Una precisión sobre la luz: la mayoría de las semillas germinan igual a oscuras, pero lechuga, apio y algunas aromáticas necesitan luz para hacerlo. Si pruebas esas, deja el paquete en un sitio claro, sin sol directo.

Cuánto hay que esperar antes de dar el lote por muerto

El error más común es contar a los cuatro días y concluir que no sirven. Cada especie tiene su ritmo, y a 20 °C los plazos orientativos son:

2 a 5 días: rábano, berro, rúcula, lechuga, coles, calabacín, pepino, calabaza.

5 a 10 días: tomate, judía, guisante, acelga, remolacha, cebolla, puerro, albahaca.

10 a 20 días: pimiento y berenjena, que además prefieren 25-28 °C y a 18 °C pueden tardar el doble o directamente no arrancar; también apio.

15 a 25 días: zanahoria, perejil, chirivía, hinojo. Que el perejil tarde tres semanas es normal, no un fallo del lote.

Da el test por terminado cuando pase el plazo máximo de la especie más un margen de unos días sin novedades.

Cómo interpretar el resultado

Divide las germinadas entre las sembradas. Si de 20 semillas nacen 14, tienes un 70 % de germinación. A partir de ahí:

Por encima del 80 %: lote en buen estado, siembra con normalidad.

Entre el 50 y el 80 %: perfectamente usable, siembra más denso para compensar. Si querías 30 plantas de lechuga con un 60 % de germinación, siembra 50 semillas.

Entre el 25 y el 50 %: sirve si la variedad te importa y no la encuentras fácilmente; para cultivos de temporada corta, compensa comprar semilla nueva.

Por debajo del 25 %: además de nacer pocas, las que nazcan tendrán menos vigor, tardarán más y darán plantas más irregulares, porque la pérdida de vigor precede a la pérdida de capacidad de germinar. Renueva el lote.

Y no tires las germinadas del test: si son de una especie que tolera el trasplante, se pueden pasar con cuidado a un alveolo con sustrato, sujetando la semilla por el tegumento y sin tocar la radícula.

Atajos rápidos: la prueba de corte y la inspección visual

Cuando no hay una semana de margen, hay dos comprobaciones que dan pistas en un minuto.

Corte con cúter. Vale para semillas grandes. Parte dos o tres por la mitad: si el interior es blanco o crema, firme, y llena todo el volumen, la semilla está entera. Si está hueco, marrón, reseco, pulverulento o encogido, no. Ojo: esto detecta semillas vacías o degradadas, pero una semilla puede tener el aspecto perfecto y estar muerta por haber pasado por calor y humedad.

Vista y olfato. Agujeros de salida de gorgojos (Acanthoscelides obtectus en judías, Bruchus en habas, guisantes y garbanzos), manchas de moho, aspecto arrugado, polvillo en el fondo del sobre. En semillas oleaginosas, el olor rancio es mala señal.

Conviene distinguir dos conceptos que se confunden: viabilidad es que el embrión esté vivo; germinación es que además nazca en esas condiciones. Los laboratorios miden la primera con la prueba del tetrazolio, que tiñe de rojo los tejidos vivos del embrión y da respuesta en un día, pero requiere reactivo y práctica para interpretarla. En casa lo que interesa es la segunda, que es la que se traduce en plantas.

Si el test sale mal, sospecha antes de la latencia que del lote

Que no germine nada no siempre significa semilla muerta. Muchas especies tienen mecanismos de latencia que impiden que nazcan hasta que se cumplan ciertas condiciones, y ese es el motivo habitual de los fracasos con semillas recogidas de frutos o de plantas ornamentales.

Tegumento impermeable. La cubierta es tan dura que el agua no entra. Es el caso de muchas leguminosas ornamentales, Ipomoea, Canna, Lathyrus, altramuces o la chirimoya (Annona cherimola). Se resuelve con escarificación: lijar suavemente un lateral con papel de lija hasta que se vea más clara la cubierta, sin tocar el embrión, o dejarlas 24 horas en agua a temperatura ambiente. Después del tratamiento, la semilla se hincha visiblemente en unas horas; si no se hincha, la escarificación no ha sido suficiente.

Papel de lija usado para escarificar semillas de cubierta dura

Latencia fisiológica del embrión. Necesita un periodo de frío húmedo para desbloquearse. Es lo normal en frutales de hueso y de pepita —cerezo, melocotonero, manzano, almendro—, en muchas rosáceas y en bastantes leñosas de clima templado. Se simula estratificando: semillas entre sustrato ligeramente húmedo, en bolsa, en la nevera a 3-5 °C, de cuatro a doce semanas según la especie.

Termoinhibición. La lechuga deja de germinar por encima de unos 25-28 °C, lo que explica los semilleros fallidos de agosto. La solución no es más agua, es sembrar en un sitio fresco o hacer germinar en nevera durante 24 horas antes de sembrar.

Semilla demasiado fresca. Algunas semillas recién extraídas necesitan un periodo de posmaduración de semanas o meses antes de poder germinar.

Semillas de chirimoya, de cubierta dura

Cuánto duran las semillas realmente

Antes de hacer el test, la edad del lote ya adelanta bastante. Con almacenamiento doméstico normal, en seco y a temperatura ambiente, la longevidad orientativa es:

1 a 2 años: cebolla, puerro, cebolleta, chirivía, perejil, salsifí. Son las más efímeras y las que más disgustos dan.

3 años: zanahoria, apio, pimiento, judía, maíz dulce, espinaca.

4 a 5 años: tomate, berenjena, lechuga, guisante, coles, rábano, nabo, acelga, remolacha, calabaza.

5 a 8 años: pepino, melón, sandía y calabacín, las más longevas del huerto.

Esas cifras son de partida y dependen sobre todo de dos factores, humedad y temperatura, que actúan de forma muy potente: como norma aproximada, por cada 5 °C que baje la temperatura de almacenamiento, o por cada punto porcentual que baje el contenido de humedad de la semilla, la longevidad se duplica. Traducido: un sobre olvidado en una caseta de jardín que en verano llega a 40 °C envejece muchísimo más rápido que el mismo sobre en un bote hermético con gel de sílice guardado en la nevera a 4-5 °C. Con esas condiciones, semillas de tomate de ocho o diez años germinan sin problema.

Lo que no debe hacerse es congelar semilla que no esté bien seca: el agua interior forma cristales y revienta las células. Y al sacar un bote de la nevera, conviene dejarlo cerrado hasta que alcance la temperatura ambiente, para que la condensación se forme fuera y no sobre las semillas.

Errores frecuentes al hacer el test

Empapar el papel hasta que chorree: la semilla necesita oxígeno para germinar, y en agua libre se asfixia y se pudre. Ponerlo cerca de una fuente de calor y encontrarlo seco al día siguiente. Elegir a mano las semillas más grandes y creer luego el porcentaje. Contar como germinadas las que solo se han hinchado —hasta que no asoma la radícula, no cuenta—. Hacer el test de pimiento a 18 °C y concluir que el lote está muerto. Y tirar semilla porque flota, que era justo por donde empezábamos.

En resumen

La flotación no mide la viabilidad salvo en semillas grandes vaciadas por insectos. Lo que sí la mide es un test de germinación casero: entre 10 y 25 semillas tomadas al azar, papel de cocina húmedo dentro de una bolsa, 20-22 °C, revisión cada dos días y recuento al final del plazo propio de cada especie. El porcentaje resultante no solo dice si el lote sirve, sino cuánto hay que sembrar de más para obtener las plantas que quieres. Si el resultado es cero, comprueba antes la temperatura, la luz y una posible latencia que necesite escarificación o frío; y para que la próxima vez el test salga bien, guarda las semillas secas, en bote hermético y en frío.


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