Una avellana comprada en el supermercado no va a germinar. Ni tostada, ni pelada, ni secada en cámara durante meses para que aguante en la despensa: el embrión ya está muerto. Antes de perder una primavera entera esperando, conviene saber exactamente qué fruto sirve, qué tratamiento de frío necesita y qué se puede esperar del árbol que salga de ahí, que no es lo que suele suponerse.

El avellano (Corylus avellana) es un arbusto caducifolio de la familia de las betuláceas, de porte multicaule, que en estado natural forma matas de tres a seis metros. Es propio de la mitad norte peninsular, del Pirineo, la cornisa cantábrica, el Sistema Ibérico y las umbrías de montaña, y en cultivo comercial se concentra en el Camp de Tarragona, con presencia menor en Asturias, Navarra y el norte de Castilla y León. Sembrarlo de semilla es perfectamente posible, se hace todos los años en vivero forestal, y es también la vía más lenta para obtener fruta.

Avellano cargado de frutos en verano

Qué avellana sirve para sembrar

El fruto del avellano es un aquenio de cáscara leñosa, envuelto mientras madura por unas brácteas verdes llamadas involucro o cascabillo. Dentro hay una única semilla, y esa semilla se deshidrata y muere si el fruto se seca por debajo de cierto punto o si pasa por calor.

Requisitos, sin excepciones:

Fruto de la temporada. Recolectado entre finales de agosto y octubre, según la zona y la variedad. Una avellana del año anterior conserva muy poca viabilidad aunque se haya guardado bien.

Con cáscara, crudo y sin tratar. Nada de tostado, frito, salado ni pelado.

Maduro. Se recoge cuando el involucro empieza a pardear y el fruto se desprende solo o cae al suelo. Recogerlas verdes del árbol da semilla incompleta.

Sin agujeros. Un orificio circular de 1-2 mm en la cáscara delata al balanino de la avellana (Curculio nucum), el gorgojo cuya larva se ha comido el interior. Ese fruto está vacío.

La forma más fiable de conseguirlo es recoger tú mismo bajo un avellano silvestre en septiembre, o pedir avellana fresca con cáscara en una cooperativa o mercado de zona productora en plena campaña. Los sobres de semilla que se venden en internet suelen ser fruto seco de almacén con poder germinativo bajo; si compras, busca proveedores de semilla forestal, que la manejan en fresco y declaran lote, procedencia y facultad germinativa. Otra opción, más barata y muchísimo más rápida, es comprar directamente planta enraizada en vivero, que ya volveremos sobre ello.

Prueba del agua: sumerge las avellanas en un cubo. Las que floten están vacías, resecas o agusanadas y se descartan. Las que se hunden son las candidatas. No es una prueba infalible, pero elimina de golpe la mayor parte de la basura.

El frío es obligatorio: la estratificación

La semilla de avellano tiene latencia embrionaria. Aunque la siembres en tierra caliente y húmeda, no brota: necesita antes acumular un periodo prolongado de frío húmedo que le confirme que ha pasado un invierno. Es un mecanismo de supervivencia para que no germine en octubre y muera con la primera helada.

Ese frío se lo puedes dar de dos maneras.

Método nevera (el más controlable).

Remoja las avellanas en agua a temperatura ambiente durante 24-48 horas y descarta las que sigan flotando. Prepara una bolsa de plástico con cierre o un tupper con arena de río lavada, vermiculita o turba, humedecida hasta el punto de que al apretar un puñado se apelmace pero no suelte agua. Mezcla los frutos con el sustrato, cierra dejando algo de aire y perfora un par de agujeros pequeños para que respire.

Guárdalo en la parte baja de la nevera, entre 2 y 5 °C, durante 90 a 120 días. Ábrelo cada dos o tres semanas para ventilar, comprobar la humedad y retirar cualquier fruto con moho. Si haces la mezcla en noviembre, en febrero o marzo estará lista.

Hacia el final del periodo algunas semillas empiezan a abrir la cáscara y a sacar la radícula dentro de la propia bolsa. Cuando eso pasa, hay que sembrarlas ya, con mucho cuidado de no romper esa raicilla.

Método natural (el más cómodo).

Siembra directamente en otoño, entre octubre y diciembre, en un semillero al aire libre, y deja que el invierno haga la estratificación por ti. Funciona muy bien en clima continental y de montaña, y peor en el litoral mediterráneo, donde el invierno puede no ser lo bastante frío ni lo bastante largo y la germinación queda irregular o se retrasa un año entero.

Tiene un enemigo serio: los roedores. Ratones de campo, ardillas, arrendajos y urracas localizan la avellana enterrada con una facilidad asombrosa y te vacían el semillero en dos noches. Es imprescindible cubrir el cajón o el bancal con una malla metálica de luz fina, tanto por arriba como por debajo si el semillero apoya en el suelo.

Cómo sembrar la avellana, paso a paso

1. El recipiente. El avellano hace una raíz principal profunda en su primer año. Usa macetas altas de al menos 20-25 cm de fondo, envases forestales tipo cónico o directamente un bancal semillero. Las bandejas de alveolo pequeño no valen: la raíz se espirala y el plantón queda tarado de por vida.

2. El sustrato. Mezcla ligera y que drene: dos partes de turba o mantillo, una de arena gruesa o perlita. El avellano es muy sensible al encharcamiento en fase juvenil. Un pH entre 6 y 7,5 es el rango cómodo.

3. La profundidad. Entierra cada avellana de lado, a 3-4 cm. Colocarla de punta o dejarla asomando facilita que se seque o que se la lleve un pájaro.

4. El marco. Una avellana por maceta; en semillero, a 8-10 cm entre frutos y 15-20 cm entre líneas.

5. Riego. Riega tras la siembra y mantén el sustrato fresco, nunca empapado. En invierno el riego es mínimo; en cuanto suben las temperaturas, hay que vigilar que no se seque.

6. Ubicación. Semisombra y protegido del viento. El sol directo de mediodía sobre una maceta pequeña calienta el cepellón por encima de lo que la raíz tolera.

7. Paciencia. La nascencia llega en primavera, entre marzo y mayo, y no es simultánea: pueden pasar seis u ocho semanas entre las primeras y las últimas. Y una parte de las semillas puede esperar al segundo invierno para brotar, así que no tires el semillero en julio dándolo por perdido. Con semilla fresca y bien estratificada, una germinación del 50-70 % es un buen resultado.

El primer año del plantón

Nada más brotar, la plántula saca dos hojas gruesas y redondeadas, y enseguida las verdaderas, ovaladas, de borde doblemente aserrado y tacto áspero. En su primer verano crece entre 20 y 50 cm.

Durante esa temporada: riego regular sin encharcar, semisombra en las horas centrales durante el primer verano, y ningún abono químico fuerte hasta el segundo año; con un poco de compost bien hecho en superficie va sobrado. Protégelo del viento y de las heladas tardías, que queman los brotes tiernos.

El trasplante a maceta mayor, de 5 a 10 litros, o al terreno definitivo, se hace en otoño-invierno del segundo año, con la planta en reposo y sin hoja.

Cuándo y cómo plantarlo en el jardín o el huerto

La época de plantación es el reposo vegetativo, de noviembre a febrero, evitando los días de helada fuerte. Plantar en primavera avanzada obliga a regar todo el verano y el arraigo es peor.

Sitio. Suelo profundo, fresco, suelto y bien drenado. El avellano tolera algo de caliza pero sufre clorosis férrica en suelos muy calizos, y detesta los fondos donde se acumula el agua. Prefiere posiciones frescas y algo protegidas; en el sur, la orientación norte o una umbría le van mucho mejor que el pleno sol.

Hoyo. De unos 60 x 60 x 60 cm, con la tierra de fondo mullida y mezclada con compost maduro. Planta a la misma altura a la que estaba en la maceta, sin enterrar el cuello, riega abundantemente para asentar la tierra y acolcha la base con paja o corteza para conservar humedad.

Distancias. En seto o en plantación de huerto familiar, de 4 a 5 metros entre plantas. Si lo dejas crecer en mata, ocupa mucho más de lo que parece los primeros años, y en cultivo comercial se maneja a 5 x 4 o 6 x 4 metros.

Formación. Puedes conducirlo en mata, con cinco o seis brazos desde la base, que es su forma natural y la tradicional en Tarragona, o en vaso sobre un tronco único, más cómodo de recolectar. En ambos casos habrá que eliminar cada invierno los rebrotes de cepa, que salen sin parar.

Avellano en maceta

Se puede mantener años en contenedor, con matices. Necesita un mínimo de 40-50 litros para ser un arbusto viable, riego frecuente en verano porque el sustrato se seca rápido y él es exigente en agua, y un trasplante o renovación parcial del sustrato cada dos o tres años. Producirá fruto, si llega a producirlo, en cantidades testimoniales. Como planta ornamental de patio funciona; como despensa de avellanas, no.

De semilla no sale la avellana que te comiste

Esta es la parte que casi nunca se cuenta y la que cambia todos los planes.

El avellano es alógamo y autoincompatible: se poliniza por viento entre individuos distintos, y una planta no fecunda sus propias flores. Eso significa que cada semilla es un cruce genético nuevo. Si siembras una avellana de la variedad Negret, el arbolito que salga no será un Negret: será un individuo inédito, con su propio tamaño de fruto, su propio rendimiento y su propio sabor, casi siempre inferiores a los de la variedad madre. Es exactamente lo mismo que pasa al sembrar el hueso de un melocotón.

Y además tarda. Un avellano de semilla empieza a dar fruta a los seis u ocho años, a veces diez. Uno procedente de acodo o de sierpe enraizada, que es como se multiplican las variedades comerciales, entra en producción a los tres o cuatro y da exactamente la avellana de la que se sacó.

Por eso la siembra de semilla se reserva a tres usos legítimos: obtener planta para setos, restauración forestal y repoblación, donde la variabilidad no importa; producir patrones sobre los que injertar; y experimentar con la mejora genética o simplemente por el gusto de ver germinar un árbol. Si lo que quieres son avellanas para comer, compra plantón enraizado en vivero.

En ese caso, apunta lo esencial: planta al menos dos variedades compatibles entre sí. En España se cultivan sobre todo Negret, la principal en Tarragona, junto con Pauetet, Gironell, Culplà, Morell, la italiana Tonda di Giffoni y Fertile de Coutard —la conocida en América como Barcelona—, varias de las cuales se usan además como polinizadoras. Un avellano solo, por muy bien cuidado que esté, florecerá y no cuajará prácticamente nada.

Avellanas maduras con cáscara recién recolectadas

Clima y suelo: dónde tiene sentido plantarlo

El avellano es una especie de clima templado y húmedo. Necesita acumular horas de frío invernal para brotar y florecer con normalidad, y agradece entre 700 y 900 mm de lluvia bien repartidos; con menos, hay que regar sí o sí en verano.

Su punto flaco es el calor seco. Por encima de 33-35 °C con viento seco, aborta frutos, sufre quemaduras de hoja y la avellana sale vana. Eso lo descarta prácticamente para el interior de Andalucía, La Mancha o el Ebro medio sin riego y sin sombra.

Hay una particularidad que conviene conocer: florece en pleno invierno. Los amentos masculinos, esos colgantes amarillos tan reconocibles, se abren entre diciembre y febrero, y las flores femeninas son unos diminutos penachos rojos de dos o tres milímetros que asoman de yemas cerradas. La polinización ocurre con el árbol pelado, y la fecundación real se retrasa hasta la primavera. Por eso una ola de frío intenso en enero puede arruinar la cosecha del año.

Problemas frecuentes

No germina nada. Lo más probable, por este orden: fruto seco o tostado, semilla del año anterior, o estratificación insuficiente. Antes de tirar el semillero, dale un segundo invierno.

Moho en la bolsa de estratificación. Exceso de humedad o falta de ventilación. Retira los frutos afectados, airea el sustrato y reduce el agua.

Semillero saqueado. Roedores y córvidos. Malla metálica, sin excusas.

Avellanas vacías o con agujero. Balanino (Curculio nucum) o chinches como Gonocerus acuteangulatus, que pican el fruto en formación. Recoger y destruir la fruta caída rompe el ciclo del gorgojo.

Hojas amarillas con nervios verdes. Clorosis férrica por suelo demasiado calizo. Se corrige con quelatos de hierro, aunque la solución real es no plantarlo ahí.

Chancros y ramas secas. Puede tratarse de bacteriosis (Xanthomonas arboricola pv. corylina). Poda de la madera afectada en tiempo seco y desinfección de las tijeras entre cortes.

En resumen

Sembrar el fruto del avellano exige tres cosas: avellana fresca de la temporada, cruda y con cáscara; entre 90 y 120 días de frío húmedo a 2-5 °C, en nevera o dejando pasar el invierno en un semillero exterior bien protegido de roedores; y siembra de lado a 3-4 cm en recipiente profundo, con sustrato drenante, esperando la nascencia en primavera y sin descartar que parte de la semilla tarde un segundo año.

Al plantón le tocará crecer dos temporadas antes de ir a su sitio definitivo, en invierno, a 4-5 metros de sus vecinos, en suelo fresco y profundo. Y dará su primera cosecha entre seis y ocho años después, con una avellana distinta de la que sembraste.

Sabiendo eso, la decisión es fácil: siembra la semilla si te interesa el proceso, el seto, el patrón o el experimento. Si lo que buscas es llenar un cesto de avellanas, compra dos plantones de variedades compatibles y te ahorras cuatro años de espera.


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