Un vaso de yogur natural de 125 ml mide entre 6,5 y 7 cm de diámetro en la boca y unos 6 cm de fondo: casi el mismo volumen que un alvéolo grande de vivero. No es una casualidad afortunada, es la razón por la que este envase funciona tan bien como maceta de semillero mientras que otros recipientes reciclados (el vaso de café, la lata de refresco cortada, la bandeja de la fruta) dan plántulas mediocres. La forma tronco-cónica facilita descalzar el cepellón entero sin romperlo, el plástico es rígido pero flexible y el tamaño encaja con lo que necesita una plántula de tomate, pimiento o calabacín desde la germinación hasta el trasplante.
Dicho esto, sembrar en un vaso de yogur no es sinónimo de sembrar sin más en un vaso de yogur. Hay tres o cuatro decisiones que separan un semillero que funciona de una tanda de plántulas ahiladas que se pierden a las tres semanas.
Qué envase sirve y cuál conviene descartar
El vaso individual de yogur, cuajada o natillas, de 125 g, es el formato de referencia. Está fabricado casi siempre en poliestireno (código 6) o en polipropileno (código 5). Ninguno de los dos se degrada en el suelo, así que conviene decir algo desde el principio: el vaso no se planta con la planta dentro. Se retira siempre en el trasplante. Es un error que se ve mucho y que confunde este envase con los cartuchos de turba prensada o los conos de papel de periódico, que sí se entierran.
El poliestireno se vuelve quebradizo con la radiación ultravioleta. Si dejas los vasos todo el invierno en un alféizar a pleno sol, al segundo o tercer uso se agrietan al apretarlos para sacar el cepellón. El polipropileno aguanta bastante más y también soporta agua caliente sin deformarse, lo que permite desinfectarlo mejor. Distinguirlos es fácil: el de poliestireno cruje y se rompe en astillas al doblarlo, el de polipropileno se dobla y hace una marca blanca.
Los vasos grandes de yogur de litro sirven, pero para otra cosa: son buenas macetas de repicado intermedio, o recipientes para esquejes, no semilleros. Cuanto mayor es el volumen de sustrato en relación con la raíz que hay dentro, más tiempo permanece ese sustrato mojado y más probabilidades hay de asfixia radicular y de Pythium. Un litro de tierra para una semilla de albahaca es un despropósito.
Los envases de yogur bebible y los de postres muy grasos (natillas, flan con caramelo) hay que fregarlos a conciencia. Los restos de leche y azúcar son un caldo de cultivo para hongos y mosca del sustrato. Con agua caliente y un poco de jabón basta; no hace falta lejía salvo que hayas tenido problemas de damping-off en tandas anteriores, y en ese caso una inmersión de diez minutos en lejía diluida al 10 % y un aclarado abundante resuelve.
Los agujeros de drenaje no son opcionales
Es el paso que más gente se salta y el que más semilleros mata. Un vaso de yogur sin perforar es un recipiente estanco: el agua se acumula en el fondo, la zona radicular se queda sin oxígeno y la plántula amarillea y colapsa por el cuello. No hay riego "medido" que compense la falta de drenaje, porque el sustrato de semillero retiene agua por capilaridad y el exceso solo puede salir por gravedad si tiene por dónde.
Haz tres o cuatro agujeros de 4 o 5 mm en el fondo, no uno solo y no un pinchacito. Las formas que funcionan:
- Con un clavo o un destornillador calentado unos segundos al fuego. Funde el plástico limpiamente y deja un borde liso que no rasga las raíces. Hazlo con ventilación, el poliestireno caliente huele mal.
- Con la punta de unas tijeras, girando. Rápido, pero deja rebabas hacia dentro que conviene recortar.
- Con un soldador de estaño viejo, si lo tienes. Es el método más limpio de todos.
Después, los vasos van sobre una bandeja. Cualquier bandeja de plástico con borde de 2 o 3 cm sirve, incluso la de la carne del supermercado. Esa bandeja es la que te va a permitir regar por inmersión, que es como se debe regar un semillero.
El sustrato: ni tierra del jardín ni sustrato universal
La tierra del jardín, por buena que sea, en un vaso de 200 ml se compacta, se apelmaza con los riegos, drena mal y trae semillas de malas hierbas y patógenos. El sustrato universal de saco grande, el que se vende para macetas de interior, tiene la turba demasiado gruesa y suele llevar una dosis de abono que puede quemar las raicillas recién emitidas.
Lo que quieres es sustrato específico de semillero: turba rubia de fibra fina, tamizada, con muy poca fertilización de arranque (conductividad baja) y corregido a pH 5,5-6,5. Si lo preparas tú, una mezcla que funciona bien es 3 partes de turba rubia, 1 de perlita y 1 de vermiculita. La perlita aporta porosidad de aire, la vermiculita retiene agua y potasio y da esponjosidad.
Un detalle que cambia mucho el resultado: humedece el sustrato antes de llenar los vasos, no después. La turba rubia seca es hidrófoba, repele el agua, y si llenas en seco y riegas por encima el agua atraviesa por unos canales y deja bolsas de sustrato polvoriento que no se mojan nunca. Ponla en un barreño, añade agua templada poco a poco y remueve hasta que al apretar un puñado quede compacto y suelte una o dos gotas, no un chorro.
Llena los vasos hasta 1 cm por debajo del borde y asienta el sustrato con un golpecito del vaso sobre la mesa. No lo comprimas con los dedos: la turba comprimida pierde el aire que necesitan las raíces.
Sembrar: profundidad, número de semillas y temperatura
La regla de oro de la profundidad es enterrar la semilla entre dos y tres veces su propio diámetro. En la práctica, para un semillero doméstico:
- Tomate, pimiento, berenjena, calabacín, pepino, melón: 0,5-1 cm.
- Lechuga, apio, ajedrea: apenas cubiertas, 2-3 mm. La lechuga necesita algo de luz para germinar bien, si la entierras 1 cm la nascencia baja mucho.
- Albahaca, petunia, begonia, lobelia: en superficie, sin cubrir, solo presionadas contra el sustrato. Son semillas fotoblásticas positivas.
- Judía, guisante, haba, girasol, calabaza: 2-3 cm, aunque estas suelen ir mejor sembradas directamente en su sitio.
En cuanto al número: dos o tres semillas por vaso si el lote es viejo o de dudosa germinación, y luego se aclara dejando la plántula más vigorosa. Si la semilla es fresca y de calidad, una sola por vaso, que es justo la ventaja de este sistema frente al semillero de bandeja: cada planta desarrolla su cepellón sin competir con las vecinas y se trasplanta sin trauma. Cuando aclares, corta las sobrantes a ras con tijeras, no las arranques: tirando de ellas rompes las raíces de la que quieres conservar.
Sobre las épocas en la Península, y contando con que el semillero está protegido en interior, galería o invernadero:
- Solanáceas y cucurbitáceas (tomate, pimiento, berenjena, calabacín, pepino): de febrero a abril según zona. En el litoral mediterráneo y el sur se puede adelantar a finales de enero; en la meseta norte y montaña, mejor marzo, porque el trasplante no debe hacerse hasta pasado el riesgo de heladas y una plántula que espera cinco semanas en el vaso se ahíla.
- Coles, brócoli, coliflor: de mayo a julio para plantación de otoño-invierno.
- Lechugas: prácticamente todo el año excepto el pleno verano en el interior, porque por encima de 28 °C la semilla entra en termoinhibición y no germina.
- Flor de temporada (petunia, tagetes, alegría, zinnia): febrero-abril.
La temperatura es más determinante que la fecha del calendario. El pimiento y la berenjena necesitan 25-28 °C de sustrato para germinar en una semana; por debajo de 18 °C tardan un mes o directamente no salen. El tomate se conforma con 20-24 °C. La lechuga germina perfectamente a 15-18 °C. Un radiador cercano, la parte alta de un armario o un cable calefactor barato hacen más por tu semillero de pimientos que cualquier otra cosa.
Riego, luz y los dos errores que arruinan la tanda
Riega desde abajo. Pon 1 o 2 cm de agua en la bandeja y deja que los vasos la absorban por los agujeros durante quince o veinte minutos; luego retira el agua sobrante. El chorro por arriba descoloca las semillas, compacta la superficie y moja el cuello de las plántulas, que es exactamente donde ataca el damping-off. Si no tienes bandeja, pulveriza con un vaporizador.
Muchos manuales recomiendan tapar el semillero con film transparente o con una bolsa hasta la germinación, y funciona: mantiene la humedad constante y ahorra riegos. Pero hay que quitarlo el mismo día en que asoman los primeros cotiledones, no cuando "ya están crecidas". Bajo el plástico la humedad relativa está al 100 %, no hay circulación de aire y las plántulas tiernas son pasto de Pythium y Rhizoctonia en cuarenta y ocho horas. Ese es el primer error clásico.
El segundo, y el más común de todos: luz insuficiente. Una plántula recién nacida en el alféizar de una ventana orientada al norte, o a 40 cm de un cristal, recibe una fracción de la luz que necesita y responde estirando el hipocótilo en busca de más. Aparecen esos tallos larguiruchos, pálidos y débiles que se doblan solos: es el ahilado o etiolación, y no tiene marcha atrás. Una planta ahilada no se recupera, se tira. La solución es ventana al sur, lo más pegada al cristal posible, girar los vasos media vuelta cada día para que no crezcan torcidas y, si el sitio no da más de sí, un panel LED de cultivo a 15-20 cm por encima, con 14-16 horas diarias.
Un tercer detalle que se agradece meses después: etiqueta. Tira de cinta de carrocero y rotulador permanente, o escribe directamente sobre el plástico. A las dos semanas todas las plántulas de tomate son iguales entre sí y todas las de pimiento también, y no hay memoria que aguante ocho variedades.
Cuándo y cómo pasar la plántula a su sitio
El momento lo marcan las raíces, no la altura de la planta. La señal fiable es que el cepellón se sostiene entero al voltear el vaso, con raíces blancas visibles en los laterales pero sin llegar a formar una espiral apretada en el fondo. En tomate suele coincidir con 12-18 cm de altura y cuatro o cinco hojas verdaderas, unas seis u ocho semanas después de la siembra.
Antes de plantar fuera hay que aclimatar. Una planta criada a 22 °C constantes, sin viento y con luz filtrada por un cristal, sufre una quemadura seria si la plantas a pleno sol de golpe. Sácala al exterior a la sombra unas horas, aumenta la exposición y el tiempo durante siete o diez días, y recógela si hay heladas. Este paso, que parece prescindible, es la diferencia entre una planta que arranca a crecer en tres días y otra que se queda parada tres semanas.
Para desmoldar, riega bien el día anterior (el cepellón húmedo se mantiene unido, el seco se desmorona), aprieta el vaso por los lados para despegarlo, pon la mano abierta sobre la boca con el tallo entre dos dedos y voltea. Nunca tires del tallo hacia arriba. Si el cepellón se resiste, es que hay raíces salidas por los agujeros: corta esas raíces y saldrá.
En tomate, y solo en tomate, puedes plantar enterrando parte del tallo: emite raíces adventicias a lo largo de él y la planta gana anclaje y sistema radicular. En pimiento, berenjena y cucurbitáceas no lo hagas, porque enterrar el cuello favorece la podredumbre.
Qué no conviene sembrar en vaso de yogur
Este envase no vale para todo, y forzarlo cuesta cosechas. Las raíces pivotantes odian el trasplante: zanahoria, chirivía, nabo, rábano y remolacha se siembran directamente en el suelo definitivo, porque cualquier daño en la punta de la raíz principal produce raíces bifurcadas y deformes. Las leguminosas (judía, guisante, haba) germinan tan rápido y tan bien en su sitio que el semillero solo añade estrés. Y las plantas de porte grande y crecimiento rápido, como la calabaza, se quedan pequeñas en 200 ml si las siembras demasiado pronto: mejor sembrarlas dos o tres semanas antes del trasplante, no seis.
Tampoco es un envase para plantas que van a vivir meses en él. Un vaso de yogur es un alojamiento provisional de cuatro a ocho semanas. Pasado ese tiempo, o trasplantas o repicas a una maceta mayor.
En resumen
El vaso de yogur de 125 ml es, por tamaño y forma, un semillero individual excelente, y su gran ventaja frente a la bandeja de alvéolos es que cada plántula forma un cepellón propio y se trasplanta sin sufrir. Para que funcione hacen falta cuatro cosas: agujeros de drenaje de verdad en el fondo, sustrato de semillero humedecido antes de llenar, riego por inmersión desde la bandeja inferior y, sobre todo, toda la luz posible desde el primer día para evitar el ahilado. Siembra a dos o tres veces el diámetro de la semilla, controla la temperatura (25-28 °C para pimiento, 20-24 °C para tomate, 15-18 °C para lechuga), quita cualquier plástico de cobertura en cuanto asomen los cotiledones y aclimata la planta una semana antes de sacarla al huerto. Y recuerda retirar el vaso en el trasplante: ese plástico no se degrada, y las raíces no salen de él.