Sembrar grama en marzo, que es cuando se prepara el resto de los céspedes, es la manera más rápida de perder la semilla, el abono y el fin de semana. La grama no es una gramínea más: es una especie de metabolismo C4, de crecimiento estival, que necesita el suelo caliente para germinar y que permanece dormida y de color pajizo justo en los meses en los que un césped de festuca está más verde. Todo lo que hay que saber para sembrarla bien empieza por asumir ese calendario invertido.

Qué es exactamente la grama

En España, cuando se habla de grama para césped se habla de Cynodon dactylon, también llamada grama común, gramón o pata de gallina, la misma planta que en los países anglosajones se conoce como bermudagrass. Es una gramínea perenne, rastrera, que se extiende a la vez por estolones (tallos que reptan sobre la superficie) y por rizomas (tallos subterráneos), y que forma una alfombra densa, de hoja fina y color verde azulado.

Conviene aclarar el vocabulario antes de comprar semilla, porque en jardinería "grama" se usa para cosas distintas:

  • Grama, grama común: Cynodon dactylon. Se siembra con semilla y es de lo que trata este artículo.
  • Grama de San Agustín o gramón: Stenotaphrum secundatum. Hoja mucho más ancha, tolera la sombra y la salinidad, pero no se siembra: se instala con tepe o con estolones, porque prácticamente no produce semilla viable.
  • Grama japonesa: Zoysia japonica. Existe semilla, pero germina con enorme lentitud y su implantación desde grano es frustrante; casi siempre se pone con tepe.
  • En Hispanoamérica, "grama" se emplea muchas veces como sinónimo genérico de césped, lo que multiplica la confusión al leer manuales.

La grama tiene además una reputación doble bien ganada. Es un césped magnífico para el clima español y, al mismo tiempo, es una de las malas hierbas más difíciles de erradicar de un huerto o de un arriate. Los rizomas se fragmentan al cavar y cada fragmento con un nudo rebrota. Esto no es motivo para no sembrarla, pero sí para plantearse desde el principio dónde no la quieres.

Césped de grama densa vista de cerca

Cuándo tiene sentido elegirla, y cuándo no

La grama gana por goleada a las mezclas clásicas de ray-grass y festuca en tres situaciones: calor fuerte y prolongado, poca agua disponible y pisoteo intenso. Un césped de grama establecido consume del orden de un tercio menos de agua que una festuca alta en pleno agosto, resiste temperaturas de suelo que achicharran a las especies de estación fría y se regenera de las calvas por sí sola gracias a sus estolones, cosa que una festuca no hace. Para un jardín en Sevilla, Murcia, Badajoz, Alicante o el interior manchego, es la opción sensata.

Y pierde por dos motivos, ambos importantes:

  • No tolera la sombra. Esta es la causa número uno de fracaso. La grama necesita sol directo; con menos de seis o siete horas diarias se ralea, se ahíla y acaba desapareciendo. Bajo un pino, en un patio orientado al norte o junto a un muro alto, no la siembres: perderás el dinero. Ahí van mejor Stenotaphrum, Poa supina o simplemente una cubierta que no sea césped.
  • Se agosta en invierno. Cuando la temperatura del suelo baja de 10-12 °C, la grama entra en dormancia y toma un color pajizo uniforme que dura de noviembre a marzo o abril en el interior, algo menos en el litoral sur. No está muerta, está parada, pero visualmente es un césped beige durante cuatro o cinco meses. Quien no lo sepa de antemano se lleva un disgusto el primer otoño.

La dormancia invernal tiene solución parcial: la resiembra de otoño con ray-grass inglés (Lolium perenne) a 25-35 g/m² en octubre, que da verde durante el invierno y desaparece por sí solo con el calor de mayo. Es la técnica que usan los campos de golf del sur. Encarece y complica el mantenimiento, pero funciona.

Elegir la semilla: descascarillada y de variedad, no a granel

La semilla de Cynodon es diminuta, en torno a cuatro millones de granos por kilo, y se vende de dos formas. La sin descascarillar conserva las glumas que envuelven el grano y germina de manera lenta e irregular. La descascarillada (en las etiquetas, hulled) ha sido tratada para eliminar esa envuelta y nace antes y de forma más pareja. Para una siembra de jardín, compra descascarillada aunque sea más cara: la diferencia en velocidad de implantación es notable, y en una siembra de verano cada semana que la semilla tarda en salir es una semana de riegos y de malas hierbas compitiendo.

Busca además una variedad mejorada de porte bajo y hoja fina, del tipo de las que se comercializan como cultivares seleccionados para césped, en lugar de semilla de grama común anónima. Las variedades de césped forman un tapiz más denso, más uniforme y menos propenso a emitir esas espigas en forma de dedos que afean la superficie. Un detalle útil: los híbridos triploides famosos en campos deportivos son estériles y no producen semilla viable, de modo que si ves ese tipo de nombres en un saco de semilla, desconfía; esos solo se instalan con tepe o con estolones.

Comprueba en la etiqueta la fecha de envasado y el porcentaje de germinación. La semilla de grama pierde poder germinativo con los años y una partida vieja mal almacenada puede no llegar ni al 50 %.

Preparar el terreno: aquí se decide el resultado

Ninguna semilla compensa una preparación mediocre. El proceso, sin atajos:

1. Eliminar la vegetación perenne. Juncia (Cyperus rotundus), corregüela (Convolvulus arvensis) o la propia grama silvestre no se eliminan labrando; se multiplican. Hay que agotarlas antes, ya sea con labores repetidas durante semanas, con solarización estival bajo plástico transparente durante seis u ocho semanas de julio y agosto, o con un tratamiento herbicida respetando el plazo de seguridad antes de sembrar.

2. Labrar 20-25 cm con motoazada, retirar piedras, raíces y restos de obra. Si el suelo es muy arcilloso, incorpora arena de río de grano grueso y materia orgánica bien madura; si es muy arenoso, solo materia orgánica.

3. Nivelar con rastrillo y regla, dando las pendientes que hagan falta para que el agua no se estanque. Una caída del 1 o 2 % alejándose de la casa es suficiente.

4. Abonado de fondo. Un complejo rico en fósforo, del estilo 8-15-15 o similar, a razón de 40-50 g/m², incorporado a los primeros centímetros. El fósforo es el nutriente clave para el enraizamiento inicial.

5. Falsa siembra. Este paso es el que más gente omite y el que más trabajo ahorra después. Riega el terreno preparado y déjalo diez o quince días; germinará una primera tanda de malas hierbas anuales. Elimínalas con una pasada muy superficial de rastrillo o azadilla, sin remover en profundidad para no subir semillas nuevas. Después ya siembras la grama sobre un terreno mucho más limpio, y esto importa mucho porque en verano las malas hierbas crecen más deprisa que la grama recién nacida.

6. Pasar el rulo ligero y volver a rastrillar en superficie para dejar una cama de siembra fina y firme, en la que el pie se hunda apenas un centímetro.

La siembra: fecha, dosis y profundidad

Fecha. Se siembra cuando la temperatura del suelo se mantiene de forma estable por encima de 18-20 °C, y germina mucho mejor entre 24 y 30 °C. En la Península eso significa, en la práctica, de mediados de mayo a mediados de julio en el centro y el norte templado, y desde finales de abril hasta agosto en Andalucía, Murcia y el litoral mediterráneo. Sembrar en septiembre es arriesgado: la grama nace, pero no le da tiempo a formar rizomas antes de la dormancia y el primer invierno la castiga. Y sembrar en marzo o abril en el interior, insisto, es tirar la semilla.

Dosis. Entre 8 y 15 g/m² de semilla descascarillada. Diez gramos por metro cuadrado es una cifra de trabajo correcta para un jardín particular: son unas 40.000 semillas por metro, de sobra. Pasar de 15 g/m² no acelera nada y solo genera competencia entre plántulas.

Como la semilla es tan menuda y tan poca, resulta difícil repartirla a mano de forma uniforme. Dos trucos: mézclala con arena seca fina o con arena de sílice en una proporción de 1 a 5 para dar volumen, y siembra en dos pasadas cruzadas, la mitad de la dosis en cada dirección. Con sembradora de carrito el reparto es mejor todavía.

Profundidad. Muy poca: de 3 a 6 mm como máximo. La semilla de grama necesita luz para germinar bien y enterrarla un centímetro basta para arruinar la nascencia. Después de sembrar, pasa el rastrillo del revés muy suavemente o aplica una capa finísima de mantillo tamizado, y pasa el rulo: el contacto firme entre semilla y suelo importa más que el enterrado.

Riego hasta el arraigo y primeros cortes

Desde la siembra hasta la nascencia, el objetivo es que el primer centímetro de suelo no llegue a secarse nunca. Eso, en un mes de junio, supone tres a cinco riegos cortos al día, de dos o tres minutos con aspersión fina, no un riego largo. Un riego abundante arrastra la semilla y forma regueros y calvas; muchos riegos breves mantienen la película de humedad que la plántula necesita. Riega a primera hora, a media mañana, a mediodía y a media tarde; evita el riego nocturno prolongado.

La grama empieza a asomar entre los 7 y los 14 días y completa la nascencia hacia los 21. A partir de ahí se espacian los riegos y se hacen más largos, para obligar a la raíz a profundizar: primero cada día, después cada dos, y al cabo de dos meses el riego de un césped establecido, que en pleno verano ronda los 4-5 mm diarios aplicados en dos o tres sesiones semanales más generosas.

El primer corte se da cuando la hierba alcanza 4 o 5 cm, rebajando a unos 3 cm, con la cuchilla bien afilada y el suelo algo seco para no descalzar plántulas. Es normal que el aspecto sea desigual al principio. La grama tapa las calvas por sí sola: sus estolones colonizan lateralmente y en seis u ocho semanas de calor la superficie se cierra. Ten paciencia y no resiembres encima antes de tiempo.

La altura de mantenimiento habitual está entre 2 y 4 cm, y la grama agradece el corte frecuente: cuanto más bajo y más a menudo se siega (dentro de ese rango), más densa se vuelve. Es exactamente lo contrario de lo que conviene a una festuca. Y a partir del segundo mes, abonado nitrogenado mensual durante la estación de crecimiento, de mayo a septiembre, del orden de 20-30 g de nitrógeno por metro cuadrado repartidos a lo largo del año. Abonar con nitrógeno en octubre o noviembre no sirve de nada: la planta ya no está creciendo.

Jardín con superficie de césped bien implantado

Errores frecuentes

Sembrar demasiado pronto. El calendario de siembra de céspedes que circula por ahí (primavera temprana y otoño) es el de las especies de estación fría. Aplicado a la grama, no funciona.

Enterrar la semilla. Rastrillar con energía después de sembrar es una tentación natural y hunde la semilla más de la cuenta.

Regar poco y mucho. Un riego largo diario en lugar de varios cortos deja la superficie seca durante horas y mata las plántulas recién germinadas.

Sembrarla a la sombra. No hay dosis ni abono que arregle la falta de sol.

No poner barrera de contención. Los rizomas y estolones invadirán arriates, huerto y juntas del pavimento. Una lámina rígida enterrada 20-25 cm en el perímetro, o un borde de piedra bien rejuntado, ahorra años de escarda.

Confundir dormancia con muerte. Cada invierno hay quien resiembra o abona a fondo un césped de grama que solo está pardo y en reposo. No hace falta: en abril o mayo rebrota solo.

En resumen

La grama (Cynodon dactylon) es un césped de verano para clima cálido: aguanta la sequía y el pisoteo mejor que casi cualquier alternativa, y a cambio exige pleno sol y se pone de color pajizo en invierno. Se siembra de mayo a julio, con el suelo por encima de 18-20 °C, a razón de 8-15 g/m² de semilla descascarillada, apenas cubierta (3-6 mm) y bien apisonada, sobre un terreno labrado, nivelado, abonado con un complejo rico en fósforo y limpiado previamente con una falsa siembra. Hasta la nascencia, entre siete y catorce días, hay que dar varios riegos cortos diarios para que la superficie no se seque. El primer corte llega a los 4-5 cm y la altura de mantenimiento se sitúa en 2-4 cm, con siegas frecuentes y nitrógeno repartido durante el verano. Si la parcela tiene sombra buena parte del día, elige otra especie; y si linda con arriates o huerto, coloca una barrera perimetral antes de sembrar, no después.


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