La calabaza es de esos cultivos que perdonan casi todo menos dos cosas: el frío y la falta de sitio. Si aciertas con la fecha y le das el espacio que pide, produce con una generosidad que sorprende al que la siembra por primera vez. Si te adelantas en el calendario o la aprietas entre otras hortalizas, tendrás plantas raquíticas o directamente semillas podridas bajo tierra.

Bajo el nombre de calabaza se agrupan varias especies distintas del género Cucurbita, y conviene saber cuál tienes entre manos porque su comportamiento cambia. Cucurbita maxima incluye las calabazas grandes de invierno, las de tipo Hubbard y las gigantes. Cucurbita moschata agrupa las de cuello largo, entre ellas la calabaza cacahuete o butternut y la violina, más exigentes en calor y más resistentes al oídio. Cucurbita pepo engloba el calabacín, las calabazas de Halloween, el espagueti vegetal y las decorativas. Todas se siembran igual, pero moschata necesita ciclo más largo y más calor, algo a tener en cuenta si vives en la meseta norte.

Semillas de calabaza listas para sembrar

Cuándo sembrar en España

La regla que importa no es la fecha del calendario, es la temperatura del suelo. La semilla de calabaza necesita el sustrato por encima de 15 °C para germinar, y su óptimo está entre 25 y 30 °C. Por debajo de 13-14 °C no germina: se queda hinchada en el suelo hasta que se pudre. Es el error más repetido de todos, sembrar en marzo porque hizo una semana buena.

Traducido a nuestro clima:

Litoral mediterráneo, valle del Guadalquivir, Canarias y sur en general: siembra directa desde mediados de marzo a abril. En semillero protegido puedes adelantar a finales de febrero.

Levante, Cataluña interior, Extremadura, Madrid y ambas mesetas: semillero protegido en abril, siembra directa o trasplante de mediados de mayo en adelante, cuando ya no hay riesgo de helada tardía. En Castilla y León y zonas de montaña, no antes de finales de mayo o principios de junio.

Cornisa cantábrica y norte húmedo: semillero en abril y trasplante en mayo. El problema aquí no es la helada sino la falta de insolación y el oídio; interesan variedades de ciclo corto.

Como referencia práctica: si el suelo aún está frío al meter la mano por la mañana, es pronto. Una siembra hecha dos semanas más tarde en suelo caliente alcanza y adelanta a otra hecha antes en suelo frío, porque la planta arranca sin frenazo.

Siembra directa o semillero

Las cucurbitáceas tienen raíz sensible al trasplante. No es que no lo toleren, pero cada raíz rota es una semana de retraso. Por eso, si el clima te lo permite, la siembra directa es la mejor opción: la planta desarrolla su sistema radicular sin interrupciones y aguanta mucho mejor el verano.

El semillero solo tiene sentido para ganar dos o tres semanas de ciclo en zonas frías, o para asegurar la nascencia cuando hay muchos caracoles y babosas. En ese caso usa alveolos grandes o macetas de 8-10 cm, nunca bandejas de alveolo pequeño de las de lechuga, y trasplanta con el cepellón entero cuando la planta tenga las dos cotiledones y una o dos hojas verdaderas, no más. Una calabaza que pasa cinco semanas en un alveolo pequeño se ahíla, enrolla la raíz y nunca se recupera del todo.

Las macetas de turba prensada o de fibra funcionan bien porque se plantan enteras. Rómpeles el fondo al plantar y entiérralas del todo: si el borde asoma sobre el suelo hace de mecha y seca el cepellón.

Preparar el terreno

La calabaza es una planta voraz en nutrientes y en agua. Es el cultivo típico para poner encima del montón de compost o donde estuvo el estercolero.

Prepara hoyos o caballones de unos 50 cm de diámetro, ahonda una azada y mezcla la tierra extraída con 3 o 4 kg de estiércol bien hecho o compost maduro por planta. Estiércol fresco no: quema las raíces y favorece la vegetación en detrimento del fruto. El pH ideal está entre 6 y 7, y el suelo debe drenar bien; en terrenos arcillosos y compactos, el caballón elevado evita que se encharque el cuello.

Sobre el marco de plantación no hay margen para el optimismo. Una calabaza de mata rastrera ocupa entre 2 y 3 metros en todas las direcciones. Deja 1,5 m entre plantas y 2-3 m entre líneas para las trepadoras, y 1 m entre plantas para las variedades de mata compacta o "bush". Si vas justo de espacio, condúcela por una valla, una malla o el suelo de un pasillo que no uses: se puede guiar sin problema y los frutos de hasta 2-3 kg aguantan colgados; los más pesados necesitan una red o un apoyo por debajo.

Paso a paso de la siembra

1. ¿Remojo previo? Es opcional. Un remojo de 6 a 12 horas en agua templada acelera la nascencia uno o dos días. Más tiempo no aporta nada y arriesga fermentación. Nunca dejes la semilla remojando 24 horas o más.

2. Profundidad: 2 a 3 cm. Este es el rango correcto para una semilla de este tamaño. Más superficial, se seca; más profunda, gasta reservas antes de asomar y en suelo frío se pudre.

3. Coloca la semilla de canto, no plana. Con la punta hacia abajo y de perfil, la radícula sale directa hacia el suelo y los cotiledones se liberan mejor de la cáscara. Es un detalle pequeño pero reduce las plántulas que salen con la cubierta pegada a la cabeza.

4. Siembra 3 semillas por hoyo separadas unos centímetros entre sí. Cuando tengan la primera hoja verdadera, aclara dejando la más vigorosa. Y aclara cortando a ras de suelo con tijera, no arrancando: si tiras, arrastras las raíces de la que quieres conservar.

5. Riega inmediatamente y mantén la zona húmeda, no encharcada, hasta que nazca. Un suelo que se seca a los tres días de la siembra pierde la nascencia. Un acolchado ligero de paja ayuda a conservar la humedad, pero retíralo o ábrelo justo donde asoma la plántula.

6. Nascencia: con suelo entre 22 y 28 °C, entre 5 y 8 días. A 18 °C puede irse a 12-15 días. Si a las tres semanas no hay nada, desentierra una semilla y mira: si está blanda y oscura, era frío.

Bandeja de semillero rellenada con sustrato

Cuidados de los primeros meses

Riego. Abundante y en el suelo, nunca mojando la hoja. El riego por aspersión sobre una calabaza es una invitación directa al oídio, que es su enfermedad crónica en el verano español. Goteo o surco, y a primera hora de la mañana. En plena producción con calor fuerte, una planta adulta puede pedir 15-20 litros por semana repartidos.

Acolchado. Paja, restos de siega secos o plástico. Conserva humedad, ahorra escardas y mantiene el fruto limpio y separado de la tierra húmeda, lo que evita podredumbres en la cara de apoyo.

Abonado. Un aporte de compost al mes desde que empieza a emitir guías. Si te pasas de nitrógeno tendrás una mata espectacular con pocos frutos.

Polinización. Las flores son unisexuales y están en la misma planta. Las primeras flores que salen son masculinas y caen sin dar fruto: es normal y no significa que la planta esté enferma. Las femeninas se reconocen porque llevan un pequeño ovario esférico en la base. Si ves que los frutitos amarillean y se caen a los pocos días, es fallo de polinización, habitual en balcones y zonas con pocos insectos. Se soluciona a mano: coge una flor masculina abierta, quítale los pétalos y frota el estambre contra el estigma de la femenina a primera hora de la mañana.

Errores frecuentes

Sembrar demasiado pronto. Ya insistido, pero es el fallo dominante. El suelo manda, no el calendario.

Subestimar el espacio. Plantar cuatro calabazas en un bancal de dos metros no da cuatro cosechas, da un enredo donde ninguna produce bien y el oídio corre de hoja en hoja.

Guardar semillas de un híbrido F1. Si compraste semilla F1, la descendencia no repetirá las características del padre. Para guardar semilla propia hay que partir de variedades tradicionales o de polinización abierta.

Guardar semillas sin aislar el cultivo. Dentro de una misma especie las cucurbitáceas se cruzan entre sí con enorme facilidad. Si has cultivado juntos un calabacín y una calabaza de Halloween, ambos Cucurbita pepo, la semilla que guardes dará un híbrido imprevisible. Entre especies distintas (pepo con maxima, por ejemplo) el cruce es raro, así que cultivar una variedad de cada especie es la forma sencilla de mantener las semillas puras en un huerto pequeño.

Recolectar antes de tiempo. Las calabazas de invierno se cosechan cuando el pedúnculo está seco y leñoso y la piel no se marca con la uña. Córtalas dejando 5 cm de rabo y déjalas curar dos semanas al sol antes de guardarlas: así se conservan meses. Arrancarlas sin rabo abre una puerta directa a la podredumbre.

Semillas para la próxima temporada

Extrae las semillas de un fruto completamente maduro, lávalas para quitar la pulpa, descarta las que floten (suelen estar vacías), sécalas sobre papel a la sombra durante una o dos semanas hasta que se partan limpiamente al doblarlas y guárdalas en sobre de papel o frasco, en sitio fresco, seco y oscuro. Bien conservadas mantienen buena viabilidad cuatro o cinco años, y no es raro que germinen a los seis o siete.

En resumen

Siembra cuando el suelo pase de 15 °C, que en la mayor parte de España significa abril en el sur y mayo en el centro y el norte. Prepara hoyos generosos con compost, entierra la semilla a 2-3 cm colocada de canto, pon tres por hoyo y aclara a una. Reserva de verdad los 2-3 metros que la planta va a ocupar, riega en el suelo sin mojar la hoja, acolcha y abona con moderación de nitrógeno.

Es un cultivo agradecido y de manejo sencillo, con dos exigencias innegociables: calor en el suelo al sembrar y espacio para crecer. Respetadas esas dos, la calabaza hace el resto sola.


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