Entre la siembra de una semilla de Strelitzia reginae y su primera flor pueden pasar cuatro, cinco o seis años. Conviene saberlo antes de empezar, porque condiciona todo lo demás: nadie siembra ave del paraíso con prisa, y quien busca una planta florida para la temporada que viene hará mejor comprando una mata adulta o dividiendo una que ya tenga. Sembrar es otra cosa. Es barato, da muchas plantas de golpe y funciona bien, pero exige entender por qué esta semilla germina como germina.

Flor de Strelitzia reginae, el ave del paraíso

Qué semilla tienes delante

La semilla de Strelitzia reginae es redondeada, del tamaño aproximado de un guisante, de cubierta muy dura y color casi negro, y lleva pegado en un extremo un penacho de fibras de color naranja intenso: el arilo. Ese mechón naranja es la señal más fiable de que la semilla es lo que dice ser, y también la primera pista de cómo tratarla.

Lo mismo vale, con matices, para Strelitzia nicolai, el ave del paraíso gigante de flores blancas y azules, cuyas semillas llevan un arilo más apagado, y para Strelitzia juncea, la de hojas reducidas a peciolos cilíndricos. El proceso de siembra es prácticamente idéntico en las tres.

Hay dos cosas que decidir antes de nada. La primera es la frescura: la semilla de Strelitzia pierde poder germinativo con rapidez, y una partida de dos o tres años germina mucho peor y mucho más despacio que una recolectada la temporada anterior. Si compras, busca fecha de recolección, no solo fecha de envasado. La segunda es que la semilla no reproduce fielmente las variedades seleccionadas. De un cultivar amarillo como 'Mandela's Gold' saldrán muchas plantas de flor naranja normal; si quieres exactamente esa planta, la vía es la división de mata, no la siembra.

Conseguir semilla propia: hace falta polinizar a mano

En su origen sudafricano, la Strelitzia la polinizan aves nectarívoras que se posan sobre la lengüeta azul de la flor; el peso del pájaro abre la estructura y le mancha las patas de polen. En un jardín español no hay ese pájaro, así que una mata aislada rara vez cuaja semilla sola. Si quieres semilla propia, hay que hacer el trabajo del ave: presionar suavemente la lengüeta azul para que asome el polen, recogerlo con un pincel o con el dedo y llevarlo al estigma, el filamento fino que sobresale en la punta de esa misma lengüeta.

La cápsula tarda varios meses en madurar. Está lista cuando se abre sola y deja ver las semillas negras con su penacho naranja. Esa semilla, sembrada recién extraída, es la que mejor resultado da.

Preparación: arilo, remojo y escarificado

Quita el arilo naranja. Se desprende frotando con los dedos o con un cepillo bajo el grifo. No es un capricho estético: esas fibras son grasas, retienen humedad pegada a la semilla y son un foco cómodo para hongos durante las semanas —o meses— que la semilla va a pasar enterrada. Además dificultan que el agua entre por donde tiene que entrar.

Remoja de 24 a 48 horas en agua tibia, cambiándola una o dos veces al día para que no se pudra. Al terminar, las semillas viables suelen haberse hinchado un poco; las que siguen exactamente iguales, secas y ligeras, tienen mal pronóstico. Este remojo no es opcional: la cubierta es impermeable y sin él la entrada de agua tarda semanas.

Escarifica con cuidado. Con una lima de uñas o papel de lija fino se desgasta una pequeña zona de la cubierta, en el extremo opuesto al que llevaba el arilo, hasta que asome el color más claro de debajo. La operación es delicada: se trata de adelgazar la cubierta, no de perforar hasta el embrión. Si dudas, quédate corto y alarga el remojo; una semilla mal escarificada se pudre, una poco escarificada solo tarda más.

Un truco útil para no fiarse del pulso: escarifica frotando la semilla sobre la lija apoyada en la mesa, con movimientos cortos, mirando cada pocas pasadas. En cuanto cambia el color, para.

Semillas de Strelitzia reginae con su arilo naranja

Sustrato y recipiente

El sustrato tiene que cumplir dos condiciones a la vez: retener humedad constante durante meses y no encharcarse nunca. Una mezcla que funciona es turba rubia o fibra de coco al 60 % con perlita o arena de sílice lavada al 40 %. La turba negra sola, muy fina, se apelmaza y acaba asfixiando la semilla; si la usas, mézclala generosamente con material drenante.

El recipiente importa más de lo que parece. La plántula de Strelitzia desarrolla pronto una raíz principal gruesa y carnosa que no soporta bien que la manoseen. Por eso conviene sembrar directamente en macetas o alvéolos profundos —de 8 a 10 cm de diámetro y al menos 10-12 cm de altura, una o dos semillas en cada uno— en lugar de una bandeja plana de la que luego habría que arrancarlas. Ahorras un trasplante y te ahorras la mitad de las bajas.

Entierra la semilla a 1-2 cm de profundidad, cubierta del todo. La luz no interviene en su germinación, así que no hay ningún motivo para dejarla asomando.

Calor: el factor que lo decide todo

Si hay un solo dato que retener de todo el artículo, es este: la Strelitzia germina bien entre 25 y 30 °C, y por debajo de 20 °C prácticamente no germina. No es que tarde más; es que muchas semillas se quedan paradas y se acaban pudriendo esperando un calor que no llega.

De ahí se deducen las fechas. En la Península, un semillero sin calefacción en una galería o invernadero doméstico solo alcanza esas temperaturas de forma sostenida desde finales de primavera; de mayo a julio es la ventana natural. Con un cable o manta calefactora con termostato puedes sembrar en cualquier momento, y ahí lo lógico es hacerlo a finales de invierno para que la plántula aproveche toda la temporada de crecimiento. En el litoral mediterráneo, en Andalucía occidental o en Canarias el margen es más amplio.

Lo que da mejor resultado, si puedes conseguirlo, es calor de fondo con oscilación día-noche: unos 28-30 °C durante el día y una bajada de cinco o seis grados por la noche. Esa alternancia térmica acelera la germinación de bastantes semillas tropicales, y la Strelitzia responde a ella.

La espera

Aquí es donde se pierde la mayor parte de las siembras, y no por una plaga ni por una técnica mala, sino por impaciencia. Con semilla fresca, bien tratada y a 28 °C, las primeras plántulas pueden asomar a las 4-6 semanas. Con semilla de un par de años, o a temperaturas más justas, es normal que aparezcan a los tres, cuatro o incluso seis meses, y que lo hagan de forma muy escalonada: en un mismo semillero unas nacen en junio y otras en octubre.

Consecuencia práctica: no tires el semillero porque no haya pasado nada en dos meses. Mantenlo húmedo y templado y déjalo estar. Muchísima semilla buena acaba en la basura por este motivo.

Durante la espera, riega para mantener el sustrato apenas húmedo, nunca empapado. Va bien regar por inmersión —poner la maceta en un plato con agua hasta que la superficie se oscurezca— para no desenterrar las semillas ni compactar la superficie. Si tapas con plástico para conservar humedad, airea unos minutos cada día: el aire estancado a 28 °C es exactamente lo que necesita el Pythium para arrasar el semillero.

Después de la nascencia

La primera hoja que emerge es un cotiledón alargado, estrecho, parecido a una hoja de puerro; no te preocupe que no se parezca en nada a la hoja adulta, eso llega más tarde. En esa fase la plántula pide luz abundante pero indirecta: el sol directo del mediodía a través de un cristal la quema en una tarde. Una ventana orientada al este, o una sombra de malla en el exterior, es lo apropiado.

Aparta la manta calefactora poco a poco y baja el riego. La Strelitzia joven crece despacio y con muy poca exigencia de abono: a partir de la segunda o tercera hoja verdadera, un fertilizante equilibrado muy diluido cada quince días en primavera y verano sobra.

El primer trasplante se hace cuando las raíces asoman por los agujeros de drenaje, no antes, y siempre pasando el cepellón entero sin deshacerlo. Si sembraste en alvéolo profundo, ese momento llegará hacia el segundo año.

Errores frecuentes

Sembrar semilla vieja de un sobre de supermercado. Es la causa número uno de fracaso, y ninguna técnica compensa una semilla que ya ha perdido viabilidad.

Dejar el arilo puesto "porque es natural". En la naturaleza el arilo cumple su función atrayendo a los pájaros que dispersan la semilla; en una maceta cerrada solo aporta materia orgánica húmeda pegada al embrión.

Sembrar en marzo en una habitación a 18 °C. Con esa temperatura no vas a tener germinación, tengas la semilla que tengas.

Regar demasiado durante la espera. Como no hay planta que consuma agua, el sustrato tarda muchísimo en secarse; el riego de mantenimiento debe ser mínimo.

Esperar flores pronto. La Strelitzia reginae florece cuando la mata alcanza cierto tamaño y densidad de brotes, y eso no se acelera con abono. Cuatro años es un plazo optimista y realista a la vez; cinco o seis no es raro. Además florece mejor algo apretada en la maceta, así que trasplantar a un recipiente enorme en cuanto crece un poco retrasa la floración en vez de adelantarla.

En resumen

Sembrar Strelitzia se resume en cuatro decisiones: semilla fresca, arilo fuera, remojo de un par de días con un escarificado suave, y calor constante de 25 a 30 °C durante todo el tiempo que haga falta. Siembra a 1-2 cm de profundidad en macetas profundas con mezcla drenante, riega poco y por inmersión, y no des el semillero por perdido antes de seis meses. A partir de ahí, luz filtrada, riego moderado y paciencia: la planta tardará años en florecer, pero cada ejemplar te habrá costado el precio de una semilla.


Contenidos relacionados