La fecha de un semillero no la marca el calendario, la marcan dos números: la temperatura mínima a la que germina esa especie y la fecha en que dejan de caer heladas donde vives. Todo lo demás —el mes que pone el sobre, lo que hace el vecino, las ganas que uno tenga en febrero— viene después. Con esos dos datos en la mano, calcular cuándo sembrar cada cosa deja de ser adivinación.
La regla que sustituye al calendario
Para cualquier hortaliza que se trasplante, el método es contar hacia atrás. Averigua la fecha media de la última helada en tu zona, réstale las semanas que la planta necesita en semillero y ahí tienes el día de la siembra.
Las semanas de semillero, aproximadamente: pimiento y berenjena, 8-10; tomate, 6-8; coles, 5-6; lechuga y apio, 4-5; cucurbitáceas (calabacín, pepino, melón, sandía), 3-4. Las cucurbitáceas se pasan de punto muy deprisa, así que alargar su semillero es contraproducente.
Y las últimas heladas, muy a grandes rasgos en España: en la costa mediterránea sur, Cádiz y Canarias, prácticamente no hay o se acaban en febrero; en el valle del Guadalquivir y el litoral levantino, en marzo; en Madrid y el interior de Andalucía, hacia mediados de abril; en la meseta norte, el Sistema Ibérico o la Alcarria, mediados de mayo, y en zonas altas de Soria, Burgos o Ávila puede haber heladas hasta primeros de junio. Conviene contrastarlo con datos locales: dentro de una misma provincia hay tres semanas de diferencia entre un fondo de valle y una ladera bien orientada.
De ahí sale, por ejemplo, que un pimiento para trasplantar a mediados de mayo en Valladolid haya que sembrarlo en semillero a principios de marzo, y no en enero.
Temperatura de germinación: la lista corta que hay que saber
Lo que despierta a una semilla es el calor del sustrato, no el del aire ni el del calendario. Estas son las horquillas útiles, con la temperatura óptima entre paréntesis:
Solanáceas y cucurbitáceas (calor). Pimiento, 15-30 °C (25-28); berenjena, 18-30 °C (25-28); tomate, 12-30 °C (22-25); pepino, calabacín, melón y sandía, 15-32 °C (25-28); albahaca, 18-28 °C (22-25). Por debajo de 15 °C de sustrato, el pimiento tarda tres semanas en asomar o directamente se pudre.
De temperatura media. Cebolla y puerro, 10-25 °C (18-20); col, brócoli y coliflor, 10-28 °C (20); zanahoria, 8-28 °C (18-22); acelga y remolacha, 10-28 °C (18-22); judía, 15-30 °C (22-25), pero solo en siembra directa.
De frío. Lechuga, 5-25 °C (15-18); espinaca, 5-22 °C (15); guisante y haba, 5-20 °C (12-15); canónigo y rúcula, 8-20 °C.
Fíjate en el extremo alto de estos últimos, porque explica un fracaso muy común: la lechuga y la espinaca entran en dormición térmica por encima de 25-28 °C. Sembrar lechuga en pleno julio a pleno sol en el sur peninsular no da malos resultados, da cero. La solución es sembrar a la sombra, regar para enfriar el sustrato, o hacer el semillero de tarde y meterlo dentro de casa durante las horas de más calor.
Semillero protegido, semillero al aire libre y siembra directa
Antes de mirar el mes, hay que decidir el tipo. No es lo mismo un semillero en bandeja dentro de casa que un semillero en el suelo del huerto.
El semillero protegido —invernadero, galería acristalada, alféizar interior, mejor aún con manta calefactora— adelanta la temporada. Es el único modo de tener pimiento y berenjena en su punto para el trasplante de primavera en la mitad norte.
El semillero al aire libre, en bandeja o en un cuadro de tierra bien mullido, sirve para todo lo que se siembra de primavera avanzada en adelante: coles de otoño, puerros, lechugas, acelgas. Es más cómodo y las plantas salen más duras.
Y luego está lo que no debería pasar por semillero nunca. Zanahoria, rabanito, nabo, chirivía, judía, guisante, haba, espinaca y perejil se resienten del trasplante o directamente lo arruinan, porque tienen raíz pivotante o germinan tan rápido que no compensa. Aquí hay una creencia extendida que conviene desmontar: sembrar en alvéolo no es siempre "más profesional". En estas especies, la siembra directa en su sitio definitivo da plantas mejores.
El calendario, mes a mes
Enero y febrero. Solo con calor y luz suficientes: pimiento, berenjena y tomate temprano en semillero calefactado; cebolla de siembra tardía; en zonas de invierno suave, siembra directa de habas y guisantes. Si no dispones de invernadero ni de luz artificial, este no es tu mes: espera.
Marzo. El mes fuerte del semillero de verano en casi toda la Península. Tomate, pimiento, berenjena, apio, puerro, lechuga, coles de primavera, albahaca al final del mes en zonas cálidas. Flores de temporada como zinnia, cosmos, tagete o alhelí.
Abril y mayo. Cucurbitáceas en semillero corto (calabacín, pepino, melón, sandía, calabaza), maíz dulce, albahaca en todas partes, girasol. Judía en siembra directa solo cuando el suelo pase de 14-15 °C: sembrada en tierra fría se pudre sin nacer, y es un error clasiquísimo de finales de abril en el interior.
Junio y julio. Es el momento de los semilleros de otoño e invierno, que casi nadie hace y son los más rentables: brócoli, coliflor, repollo, lombarda, col rizada, puerro de invierno, escarola, apio tardío. También pensamientos y violas, que se siembran ahora para tenerlos floridos en otoño. Lechuga solo con variedades resistentes al espigado y siempre a media sombra.
Agosto y septiembre. Espinaca, canónigo, rúcula, acelga de invierno, últimas coles, cebolla de día corto para trasplantar en otoño. En el sur, todavía llega a tiempo una siembra de judía de mata baja.
Octubre a diciembre. Siembra directa de habas, guisantes y ajos. Semillero al aire libre de leñosas y de anuales rústicas que agradecen pasar frío. Y el gran trabajo del otoño, que es sembrar árboles y arbustos con la semilla recién recogida.
Árboles y arbustos: el otoño manda
Con las leñosas cambia por completo la lógica. Muchas de nuestras especies producen semilla recalcitrante, es decir, semilla que no soporta secarse ni guardarse: bellotas de encina (Quercus ilex) y de alcornoque (Quercus suber), castañas de Indias (Aesculus hippocastanum), hayucos de haya (Fagus sylvatica), castañas, nueces. Si las metes en un sobre en un cajón hasta primavera, en primavera ya no germinan. Se siembran en cuanto caen del árbol, en octubre o noviembre, en macetas hondas al aire libre.
Y hay una segunda razón para sembrar en otoño: la estratificación fría. Rosáceas (manzano, peral, cerezo, endrino, majuelo), arces, fresnos, tejo, muchas semillas de montaña necesitan pasar entre uno y cuatro meses de frío húmedo antes de romper su latencia. Dejar la maceta a la intemperie durante el invierno hace ese trabajo gratis y mejor que ningún frigorífico. La alternativa artificial es meter la semilla en una bolsa con arena o vermiculita apenas húmeda en la nevera, a 3-5 °C, durante 60-120 días según especie.
Nada de esto funciona si se hace en enero para sembrar en marzo: no hay tiempo material de frío. Por eso, con leñosas, el semillero se planifica en otoño o se pierde el año.
Los errores que hacen fallar un semillero bien fechado
Adelantarse pensando que se cosecha antes. Un tomate sembrado en enero en una ventana no da tomates antes; da una planta larguirucha, pálida y de tallo débil que en mayo trasplanta peor que otra sembrada en marzo. En invierno el problema no es el calor, es la luz: con días cortos y un cristal de por medio, la plántula se ahíla irremediablemente. Si vas a adelantar la siembra, necesitas iluminación artificial; si no, retrasa la fecha.
Dejar la planta demasiado tiempo en el alvéolo. Cuando la raíz llega al fondo y empieza a enrollarse, la planta se bloquea, amarillea y ya no arranca igual tras el trasplante. Vale más trasplantar una planta pequeña que una grande y estancada.
Ignorar la temperatura del sustrato. El aire de la habitación puede estar a 22 °C y la bandeja apoyada en un suelo de baldosa a 15 °C. Es la temperatura de la bandeja la que cuenta.
Descuidar el damping-off. Ese colapso repentino en el que las plántulas caen segadas por el cuello lo causan hongos como Pythium, Rhizoctonia o Fusarium, y se dispara con exceso de agua, siembra demasiado densa y aire estancado. Se previene mucho mejor de lo que se cura: sustrato específico de semillero, sembrar claro, regar por abajo y airear todos los días. Los tratamientos cúpricos, como el caldo bordelés o el sulfato de cobre muy diluido, tienen efecto preventivo, pero son fitotóxicos si se abusa; en semillero, la ventilación resuelve más casos que el cobre.
Sembrarlo todo el mismo día. Una helada tardía, un golpe de calor o una mala partida de semilla se llevan la temporada entera. Escalonar la lechuga, la zanahoria o la judía cada dos o tres semanas cuesta lo mismo y reparte el riesgo, además de repartir la cosecha.
Sobre el calendario lunar, que aparece en toda conversación de semilleros: no hay evidencia experimental que sostenga que la fase de la luna afecte a la germinación. Si te sirve para ordenar tus tareas, ningún problema; lo que no conviene es retrasar una siembra oportuna por esperar a un cuarto creciente.
Cómo saber que ya toca
Un termómetro de sonda de cocina, clavado 5 cm en el sustrato a primera hora de la mañana durante tres o cuatro días seguidos, te dice más que cualquier calendario impreso. Si la mínima del sustrato se mantiene por encima del umbral de la especie, se siembra. Si no, se espera una semana y se vuelve a medir. Con esa costumbre, en dos temporadas tendrás tu propio calendario, ajustado a tu terraza o a tu huerto, que es el único que va a acertar siempre.
En resumen
Los semilleros se fechan restando las semanas de cultivo a la fecha de la última helada local y comprobando que el sustrato alcanza la temperatura que la especie exige. Enero y febrero solo con calor y luz; marzo para solanáceas; abril y mayo para cucurbitáceas y albahaca; junio y julio para las coles y puerros de invierno; agosto y septiembre para las hojas de otoño; y el otoño entero para leñosas, que se siembran recién recogidas o se estratifican en frío. Lo que se resiente del trasplante, siembra directa. Y no adelantar por adelantar: una siembra tardía se recupera, una plántula ahilada no.