Una semilla de cacao seca es una semilla muerta. Ese dato, que parece un detalle menor, explica por qué fracasan tantos intentos de sembrar Theobroma cacao en España: se compran granos secos, tostados o fermentados, se entierran con toda la ilusión del mundo y allí no ocurre nada, porque el embrión murió semanas o meses antes de llegar a la maceta. El cacao pertenece al grupo de las semillas recalcitrantes, aquellas que no toleran la deshidratación ni el frío y que hay que sembrar prácticamente recién sacadas del fruto.

A partir de ahí, todo lo demás es cuestión de calor, humedad y sombra. Y de asumir que el cacao es un árbol del sotobosque tropical húmedo, no una planta de terraza mediterránea.

Qué es exactamente una semilla de cacao

El fruto del cacao es una mazorca leñosa de entre 15 y 30 cm, con costillas marcadas, que cuelga directamente del tronco y de las ramas gruesas (fenómeno llamado caulifloria). Dentro, alrededor de una placenta central, se disponen entre 30 y 45 semillas en cinco hileras, envueltas en una pulpa blanca, mucilaginosa y de sabor agridulce muy agradable.

Cada semilla mide unos 2 a 3 cm de largo, es ovalada y algo aplanada, con una cubierta (testa) fina y blanda. Bajo esa cubierta están los dos cotiledones, carnosos y grandes, que en las variedades criollo son blancos o marfileños y en las forastero tienen un violeta intenso. El trinitario, un híbrido entre ambos, muestra tonos intermedios. Ese color no cambia la técnica de siembra, pero sí indica el tipo genético con el que se está trabajando.

El punto clave está en el contenido de agua. Una semilla de cacao fresca ronda el 35-40 % de humedad y muere cuando baja del 20 %. Por eso no existe el sobre de semillas de cacao guardado en un cajón: en condiciones ambientales, la viabilidad cae en picado a partir de la primera semana y a los 15-20 días queda poco que rescatar. Guardarla en la nevera tampoco funciona; el cacao sufre daños por frío por debajo de unos 10-12 °C.

Semillas de cacao rodeadas de pulpa dentro de la mazorca

De dónde sacar semilla que sirva

Las opciones reales son tres. La primera, conseguir una mazorca entera y fresca, algo posible si se tiene contacto con Canarias (donde hay colecciones y algún cultivo experimental), con un jardín botánico o con alguien que traiga fruta de origen. La segunda, comprar semilla enviada en transporte rápido y en medio húmedo (serrín de coco o musgo ligeramente humedecido, nunca en bolsa hermética con agua libre). La tercera, y con diferencia la más frecuente entre los aficionados, semillas de un vivero especializado que las despacha el mismo día que las extrae.

Lo que no sirve: los granos de cacao para repostería, el nibs, el cacao crudo de herbolario y cualquier grano que haya pasado por el proceso de fermentación. La fermentación de la mazorca, que dura de 5 a 7 días y alcanza los 45-50 °C en el interior de la masa, tiene precisamente como objetivo matar el embrión para que se desarrollen los precursores del aroma. Un grano fermentado no germina jamás, por muy "crudo" o "bio" que ponga en la etiqueta.

Conviene también tener presente la parte legal: la introducción de material vegetal desde terceros países exige pasaporte fitosanitario y hay restricciones concretas para semillas y plantas tropicales. Si se compra fuera de la Unión Europea, el envío puede quedar retenido, y con el cacao una semana de retención equivale a perder el lote entero.

Cuándo sembrar

La respuesta honesta es en cuanto tengas las semillas en la mano. El cacao no tiene una época de siembra en el sentido clásico porque no admite espera: idealmente se siembra en las primeras 24-48 horas tras abrir la mazorca, y como mucho dentro de la primera semana.

Dicho esto, si se puede elegir la fecha del pedido, en la Península interesa hacerlo entre mayo y julio. En esos meses la temperatura ambiente ayuda a mantener el semillero por encima de 25 °C sin gastar electricidad, y la plántula llega al otoño ya con varias hojas y cierto porte, lo que le da más margen para superar el primer invierno bajo techo. Sembrar en noviembre o diciembre es posible, pero obliga a depender por completo de un propagador con manta térmica y a mantener el ambiente húmedo justo cuando la calefacción reseca el aire de las casas.

Preparación previa: quitar la pulpa

La pulpa que envuelve la semilla contiene azúcares e inhibidores y, si se deja, fermenta en cuestión de horas y provoca podredumbre. Hay que retirarla, y sin macerar en agua durante días.

El método que se usa en los viveros tropicales es sencillo: frotar las semillas con arena de río lavada, serrín o ceniza de madera, hasta que la superficie queda áspera y sin restos mucilaginosos. Después, un enjuagado breve con agua limpia y templada, escurrir sobre papel y sembrar. Un remojo de 12 a 24 horas en agua a temperatura ambiente es aceptable y ayuda a la imbibición, pero pasar de ahí resulta contraproducente porque el embrión necesita oxígeno.

La testa no se quita. Es fina y el propio crecimiento la rompe; retirarla a mano suele dañar los cotiledones.

Sustrato y recipiente

La raíz del cacao es pivotante y crece rápido y recto: en tres semanas puede alcanzar 15-20 cm. Esto tiene una consecuencia práctica que suele descubrirse tarde: las bandejas de alveolos poco profundos condenan a la plántula a enrollar la raíz principal, un defecto que ya no se corrige y que se paga años después con un árbol inestable y de crecimiento raquítico.

La solución es sembrar directamente en un contenedor alto y estrecho: macetas forestales, tubetes de 15-20 cm de profundidad, o bolsas de vivero de 18 x 25 cm. Una semilla por recipiente, y de ahí a maceta definitiva sin manipular el cepellón.

El sustrato debe ser ligero, rico en materia orgánica y con drenaje impecable. Una mezcla que funciona bien: dos partes de fibra de coco o turba rubia, una parte de compost bien maduro o mantillo, y una parte de perlita o arena gruesa. El pH óptimo se sitúa entre 6,0 y 7,0; el cacao no tolera bien los suelos calizos y en gran parte de España el agua del grifo es dura, así que si se puede regar con agua de lluvia o filtrada, mejor.

Cómo se siembra, paso a paso

La semilla tiene una orientación correcta y aquí sí importa. El extremo más ancho y romo es el que aloja la radícula. Se coloca de pie, con ese extremo hacia abajo, enterrada hasta que asome apenas la punta superior, o cubierta con un centímetro escaso de sustrato. Sembrarla tumbada no impide la germinación, pero el hipocótilo emerge torcido y la plántula tarda más en enderezarse.

Después:

1. Humedecer el sustrato antes de sembrar, hasta que esté como una esponja escurrida. Regar a chorro sobre la semilla ya colocada descoloca todo.

2. Mantener la temperatura del sustrato entre 25 y 30 °C, con 27 °C como referencia. Por debajo de 20 °C la germinación se ralentiza mucho y aumentan las pérdidas por hongos; por debajo de 15 °C sencillamente no ocurre. Un cable o manta calefactora con termostato resuelve el problema en cualquier casa española.

3. Humedad ambiental alta, del 70-80 %. Una campana, un miniinvernadero o una bolsa transparente sobre la maceta bastan, siempre que se abra un rato cada día para ventilar. El aire estancado es el mejor aliado del damping-off.

4. Sombra desde el primer minuto. El cacao germina y crece en el sotobosque, bajo la copa de otros árboles; una plántula al sol directo de agosto en la meseta se quema en una tarde. Lo adecuado es una malla de sombreo del 50-70 % o una ventana con luz indirecta clara.

5. Paciencia corta: si la semilla estaba fresca, la radícula asoma entre los 5 y los 10 días y el brote emerge en 10-15. Si a las tres semanas no ha pasado nada, la semilla no era viable. No sirve de nada seguir regando.

Los primeros meses de la plántula

Al emerger, la plántula levanta los dos cotiledones carnosos y, sobre ellos, un primer par de hojas grandes y colgantes de color bronce o rojizo. Ese tono es normal: las hojas nuevas del cacao salen sin clorofila desarrollada y verdean en una o dos semanas. Se confunde a menudo con una carencia y se empieza a abonar; no hace falta.

Los cotiledones se marchitan y caen por sí solos al mes o mes y medio. No se arrancan.

Plántulas jóvenes de cacao con sus primeras hojas

Cuidados de esta etapa:

Riego. Sustrato constantemente húmedo pero nunca encharcado. En la práctica, riegos pequeños y frecuentes con agua a temperatura ambiente; el agua fría de grifo en invierno provoca un frenazo visible en el crecimiento.

Temperatura. Nunca por debajo de 15 °C. Entre 15 y 18 °C la planta se para; por debajo de 10 °C aparecen daños en las hojas y a 5 °C se pierde el ejemplar. En el interior peninsular esto significa cultivo en invernadero o dentro de casa de octubre a mayo, sin excepción. Solo en zonas muy concretas del sur de Canarias es planteable el exterior con protección.

Humedad. El enemigo silencioso en España es el aire seco. Con menos del 50 % de humedad relativa, los bordes de las hojas se secan y se caen. Bandeja con arcilla expandida y agua, agrupar plantas y alejarlas del radiador ayudan más que pulverizar hojas dos veces al día.

Abonado. Nada durante los dos primeros meses; el cotiledón alimenta a la planta. Después, un fertilizante equilibrado muy diluido (a un cuarto de la dosis de la etiqueta) cada tres o cuatro semanas en primavera y verano.

Trasplante. A los 6-8 meses, cuando las raíces asomen por el drenaje, a una maceta un par de tallas mayor y también profunda. Con el cepellón intacto.

Errores que se repiten

Sembrar granos de chocolatería. Ya se ha dicho, pero es con diferencia el fallo número uno.

Guardar las semillas "unos días" hasta tener tiempo. Cada día cuenta. Si no se puede sembrar de inmediato, lo único que alarga algo la viabilidad es mantenerlas envueltas en musgo o fibra de coco húmedos, a unos 18-20 °C y en oscuridad, y aun así hablamos de ganar una semana escasa.

Poner la plántula al sol para que "coja fuerza". El cacao adulto tolera más luz que el joven, pero un ejemplar de menos de un año necesita sombra. Las quemaduras foliares no se recuperan.

Confundir humedad ambiental con encharcamiento. El cacao quiere el aire húmedo y el sustrato aireado. Un platillo con agua permanente bajo la maceta acaba en asfixia radicular y podredumbre.

Esperar mazorcas en el salón. Un cacao de semilla fructifica hacia los 4-6 años en condiciones tropicales reales. En una maceta en España, con luz y humedad limitadas, lo razonable es cultivarlo como planta de follaje muy atractiva y no como frutal productivo. Además, la polinización corre a cargo de mosquitas del género Forcipomyia, ausentes aquí, así que incluso con flores habría que polinizar a mano con un pincel fino.

En resumen

Sembrar cacao no es difícil desde el punto de vista técnico: germina rápido, sin tratamientos raros ni estratificaciones. La dificultad está entera en la logística, porque la semilla solo sirve fresca y solo germina con calor constante, humedad alta y sombra. Consigue semilla recién extraída de la mazorca, límpiala de pulpa frotándola con arena, siémbrala de pie y con el extremo ancho hacia abajo en un recipiente profundo, mantén el sustrato a 25-30 °C y el ambiente al 70-80 % de humedad, y en una semana o diez días tendrás radícula.

Después empieza la parte larga: un árbol tropical de sotobosque que en la Península vive obligatoriamente bajo techo buena parte del año, que nunca debe bajar de 15 °C y que sufre más por el aire seco de una casa con calefacción que por cualquier plaga. Si se asume eso desde el principio, es un cultivo agradecido y una planta espectacular.


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