A 32 °C, una semilla de lechuga puede quedarse dormida semanas enteras sin llegar a germinar, por muy bien regada que esté. No es un fallo del semillero ni un lote defectuoso: es termoinhibición, un mecanismo fisiológico que impide a ciertas especies nacer cuando el suelo está demasiado caliente. Entender ese tipo de cosas es lo que separa un semillero de verano que funciona de una bandeja de alveolos vacía en pleno agosto.
El verano plantea dos frentes distintos con las semillas: las que se siembran ahora, en el peor momento térmico del año, y las que se recogen ahora de las plantas que están terminando su ciclo. Los cuidados no son los mismos, así que conviene tratarlos por separado.
Por qué el verano complica la germinación
Existe la idea de que el calor siempre acelera la germinación. Es cierto hasta un punto y falso a partir de ahí. Cada especie tiene un rango óptimo y un techo por encima del cual el proceso se frena o se bloquea:
Especies de estación cálida. Tomate (Solanum lycopersicum) germina bien entre 20 y 30 °C; pimiento (Capsicum annuum) y berenjena (Solanum melongena) prefieren 25-30 °C; calabacín, pepino y melón, entre 25 y 32 °C. Para estas, el verano no es un problema de temperatura.
Especies de estación fresca. Aquí empiezan las dificultades. La lechuga (Lactuca sativa) tiene su óptimo entre 15 y 20 °C y a partir de 27-28 °C entra en termoinhibición, con variedades de tipo batavia y romana especialmente sensibles. La espinaca (Spinacia oleracea) apenas nace por encima de 25 °C. El apio, la escarola y el perejil también se resisten.
El segundo problema es el agua. La capa superficial de un semillero al sol de julio puede pasar de saturada a seca en tres horas. Y una semilla que ha empezado a absorber agua y se seca a mitad de proceso, muere. No se queda esperando: la imbibición es un punto de no retorno una vez iniciada la germinación.
El tercero, la costra superficial. En suelos con algo de arcilla, un riego a manguera seguido de sol fuerte forma una capa dura que las plántulas pequeñas —zanahoria, cebolla, lechuga— no consiguen atravesar. Nacen y mueren debajo, sin que se vea nada.
Qué se siembra en verano y cuándo
Julio y agosto son, en realidad, meses de siembra intensa en la Península, porque de ahí sale toda la huerta de otoño e invierno:
Junio-julio: semilleros de coles (Brassica oleracea) —repollo, brócoli, coliflor, lombarda—, puerro, apio y acelga. Estas se siembran en semillero protegido y se trasplantan a los 30-40 días.
Julio: última siembra útil de judía de mata baja, zanahoria de otoño, remolacha, escarola y col rizada. Con la zanahoria hay que ser especialmente constante con el riego, porque tarda de 12 a 20 días en nacer y en ese plazo el suelo se seca varias veces.
Agosto: lechugas de otoño (eligiendo variedades tolerantes al calor), nabo, rábano, canónigo, espinaca a partir de la última semana, y en zonas cálidas todavía habas y guisantes al final del mes.
En el sur y en el levante conviene retrasar todo unas dos o tres semanas respecto a la meseta norte, donde las noches ya refrescan a mediados de agosto.
Cuidados del semillero de verano
Riega dos veces al día, poco cada vez. Primera hora de la mañana y última de la tarde. El objetivo no es empapar, sino que la franja del primer centímetro no llegue a secarse nunca. Un riego abundante al mediodía hace más daño que bien: evapora casi todo y calienta el agua sobre el sustrato.
Usa alcachofa fina o riego por inmersión. El chorro directo desentierra semillas pequeñas y las concentra en un lado de la bandeja. Poner la bandeja de alveolos unos minutos en un barreño con dos dedos de agua y dejarla escurrir es el método más limpio.
Cubre con vermiculita en lugar de con tierra. Una capa fina de vermiculita fina sobre la siembra retiene humedad, no forma costra y deja pasar la luz suficiente para las semillas fotoblásticas como la lechuga. Es probablemente el cambio que más resultados da en un semillero estival.
Sombrea, pero no a oscuras. Una malla del 50 % sobre el semillero baja la temperatura del sustrato varios grados. También sirve situarlo al este, de forma que reciba sol de mañana y sombra desde el mediodía. Lo que no funciona es meterlo en un sitio oscuro: las plántulas recién nacidas se ahílan en dos días y ya no se recuperan.
Siembra un poco más profundo, sin pasarse. En verano, medio centímetro más de profundidad significa un sustrato notablemente más fresco y húmedo. La regla general sigue siendo enterrar la semilla a dos o tres veces su diámetro; con semilla muy fina esa regla manda sobre cualquier otra consideración.
Ventila. Calor más humedad más aire quieto es la receta del damping-off, la caída de plántulas que provocan hongos como Pythium y Rhizoctonia. Se reconoce porque el tallito se estrangula justo a ras de sustrato y la plántula cae de golpe, aparentemente sana. No tiene tratamiento una vez aparece: se previene con sustrato limpio, sin reutilizar el del año pasado, evitando el exceso de agua y dejando circular el aire.
El truco de la pregerminación en frío
Para lechuga, escarola, espinaca y apio en pleno agosto hay una solución sencilla y muy eficaz. Se pone la semilla entre dos capas de papel de cocina humedecido, dentro de un táper o una bolsa cerrada, y se deja en la parte menos fría de la nevera (entre 4 y 10 °C) durante 24 a 48 horas.
Con eso se rompe la termoinhibición: la semilla completa su fase sensible a la temperatura en frío y, una vez sembrada, ya no le afecta que el suelo esté a 30 °C. Hay que sembrarla en cuanto se vea asomar la radícula, con mucho cuidado de no romperla, y regar inmediatamente después.
Otra opción, más rudimentaria pero válida, es sembrar al atardecer y regar con agua fresca, o hacer el semillero dentro de casa, donde rara vez se superan los 26-27 °C.
Amenazas propias de la temporada
Un semillero de verano atrae compañía. Las hormigas se llevan literalmente la semilla de zanahoria, lechuga o cebolla en cuestión de horas; si en dos semanas no ha nacido nada y el sustrato estaba bien regado, mira si hay un rastro de hormigas cerca. Los caracoles y babosas salen tras cada riego nocturno y siegan las plántulas a ras. Los pájaros escarban buscando la semilla recién sembrada, sobre todo en siembra directa.
En las coles sembradas en julio hay que vigilar desde el primer día la oruga de la col (Pieris rapae) y la palomilla Plutella xylostella: una malla antiinsectos de 10 x 10 hilos colocada sobre el semillero desde la siembra evita el problema entero sin necesidad de tratar nada después.
Semillas que se recogen en verano
La otra mitad del asunto. Julio, agosto y septiembre son los meses de cosecha de semilla propia, y de cómo se maneje depende que germine el año que viene o no.
Deja madurar de más. El fruto de consumo casi nunca está en punto de semilla. El pimiento debe quedar rojo y empezando a arrugarse; el pepino, amarillento y blando; el calabacín, convertido en una porra dura; la berenjena, amarilla y pasada. Una semilla recogida verde no termina de madurar fuera de la planta.
Tomate: fermentación de dos o tres días. Las semillas van envueltas en un gel que contiene inhibidores de la germinación. Se sacan con la pulpa a un vaso, se añade un poco de agua y se deja a temperatura ambiente hasta que aparezca una película blanquecina en la superficie —dos o tres días en verano, no más, o empiezan a germinar dentro—. Después se lava bien bajo el grifo con un colador, se descartan las que flotan y se secan sobre un plato de cerámica o una malla. Nunca sobre papel, porque se pegan.
Lechuga. Se recoge cuando la mitad de las flores del tallo han formado el vilano algodonoso. Se corta la vara entera, se mete boca abajo en una bolsa de papel y se deja secar dentro de casa; luego se sacude y se limpia. Si se espera a que estén todas maduras, el viento se habrá llevado buena parte.
Judías, guisantes y habas. Se dejan secar en la mata hasta que la vaina cruja. Solo si amenaza lluvia se arranca la planta entera y se termina el secado bajo cubierto.
Secado. Sombra, aire y paciencia: entre una y tres semanas a temperatura ambiente. Jamás al sol directo ni en el horno, ni siquiera "a temperatura baja". Por encima de unos 35-40 °C el embrión sufre daño irreversible. La semilla está lista cuando una judía no se marca con la uña y una semilla de tomate se parte en lugar de doblarse.
Conservación: el error del verano
El daño más común no ocurre en la siembra ni en la recolección, sino en el almacenamiento. Un sobre de semillas olvidado en la guantera del coche, en el cobertizo del huerto o en el estante del invernadero pasa los meses de julio y agosto a 45 o 50 °C, y eso acorta la viabilidad de forma brutal.
La regla práctica que se usa en bancos de semillas es sencilla: la suma de la temperatura en grados Fahrenheit más la humedad relativa en porcentaje debería quedar por debajo de 100. Traducido a lo cotidiano: seco, oscuro y por debajo de 20 °C. Un sobre de papel dentro de un tarro de cristal con cierre hermético y un par de bolsitas de gel de sílice, y el tarro en la parte baja de la nevera o en el sitio más fresco de la casa.
Punto importante: solo se guarda en recipiente hermético la semilla bien seca. Si conserva humedad, un tarro cerrado la pudre o la hace germinar dentro. Es preferible un sobre de papel abierto en un armario fresco que un bote hermético con semilla a medio secar.
Etiqueta siempre con especie, variedad y año. La memoria falla y no hay forma de distinguir a ojo una semilla de repollo de una de coliflor.
Cuánto duran
Bien conservadas, y a temperatura fresca:
1-2 años: cebolla, puerro, chirivía, cebolleta. Son las más efímeras y las que más decepciones dan; con estas, semilla del año.
2-3 años: zanahoria, perejil, apio, maíz dulce, espinaca.
3-4 años: guisante, judía, lechuga, pimiento, haba.
4-6 años: tomate, berenjena, col, brócoli, nabo, rábano, acelga, remolacha.
5-6 años o más: pepino, calabaza, calabacín, melón, sandía.
Ante la duda, una prueba de germinación resuelve en una semana: diez semillas entre papel húmedo, en un plato tapado, a temperatura ambiente. Si nacen siete u ocho, el lote sirve; si nacen tres, hay que sembrar el triple o comprar semilla nueva.
Dos creencias que conviene revisar
"Si no nace, es que le falta agua." En verano el exceso mata tanto o más que la sequía. Un sustrato encharcado a 30 °C se queda sin oxígeno y la semilla se pudre antes de germinar. El semillero debe estar húmedo, no mojado.
"La semilla híbrida no se puede guardar." Guardarse se puede, y germina perfectamente. Lo que no ocurre es que la descendencia se parezca a la planta madre: un F1 segrega en la generación siguiente y salen plantas dispares, a veces muy inferiores. Para guardar semilla propia con sentido hay que partir de variedades de polinización abierta o tradicionales, y mantener las plantas madre separadas de otras variedades de la misma especie que estén en flor a la vez, algo especialmente delicado entre calabazas y entre coles.
En resumen
Con las siembras de verano, el trabajo consiste en compensar el calor: sombreo del 50 %, dos riegos diarios cortos, cubrir con vermiculita en vez de tierra, sembrar un poco más hondo y ventilar para no invitar al damping-off. Para lechuga, escarola y espinaca en agosto, 24-48 horas de pregerminación en la nevera resuelven la termoinhibición que impide que nazcan.
Con las semillas que se recogen, la clave está en dejar madurar el fruto mucho más allá del punto de consumo, secar a la sombra sin superar nunca los 35 °C, y guardar en seco, en oscuridad y por debajo de 20 °C, siempre etiquetado con variedad y año. Y si el sobre lleva varias temporadas en el cobertizo, una prueba de germinación con diez semillas evita perder un bancal entero por dar por buena una semilla que ya no lo era.