Una semilla que no nace no estaba necesariamente muerta cuando la sembraste. Esa es la distinción que cambia todo lo demás: hay lotes que llegan al semillero ya agotados, y hay lotes perfectamente vivos a los que matamos nosotros en los diez días siguientes a la siembra, casi siempre por agua, por hongos o por temperatura. Separar un caso del otro es lo que permite corregir, porque las soluciones no tienen nada que ver entre sí.

Este artículo repasa las causas reales por las que una siembra se queda vacía, cómo distinguirlas y qué hacer para que el porcentaje de nascencia suba.

Bandeja de semillero con alveolos recién sembrados

Muerta, dormida o simplemente lenta

Antes de buscar culpables conviene descartar lo más simple: que la semilla esté viva pero no tenga aún permiso para germinar. Muchas especies incorporan mecanismos de latencia (dormición) que impiden la germinación hasta que se cumplen ciertas condiciones, y que existen precisamente para que la planta no brote en el momento equivocado del año.

Los dos casos habituales son:

Latencia física. La cubierta es impermeable y el agua no entra. Típico de las leguminosas y de muchas leñosas ornamentales: Wisteria sinensis, Gleditsia triacanthos, Bauhinia, Lathyrus odoratus, Ipomoea, Canna indica. La semilla puede estar semanas en el sustrato sin hincharse siquiera. Se resuelve con escarificación: una lija fina en la zona opuesta al hilo, o un remojo de 12-24 horas en agua que se haya puesto a unos 60-70 ºC y se deje enfriar sola. Si al cabo de un día la semilla ha duplicado su tamaño, ha entrado agua; si sigue igual de dura, hay que insistir con la lija.

Latencia fisiológica. El embrión necesita pasar frío húmedo antes de arrancar. Es el caso de rosales, manzano, peral, Prunus, Acer, Malus, muchas vivaces de montaña. Se imita con estratificación: semillas entre vermiculita o papel apenas húmedo, en bolsa cerrada, en el cajón de la verdura de la nevera (4-5 ºC) durante 4 a 12 semanas según especie. Sembrarlas en marzo directamente en un semillero templado no las mata, simplemente no las despierta, y ahí acaban pudriéndose.

Así que la primera pregunta ante una siembra vacía es si esa especie necesitaba un tratamiento previo. Con hortícolas anuales casi nunca es el caso; con leñosas y ornamentales de semilla, muy a menudo.

Semillas que ya no eran viables

Una semilla es un organismo vivo con las reservas contadas. Respira, consume esas reservas y acumula daño oxidativo en sus membranas. Cuando el deterioro pasa de cierto punto, el embrión no tiene fuerza para romper la cubierta. Ese punto llega antes o después según la especie y, sobre todo, según cómo se hayan guardado.

Como orientación de duración con conservación doméstica razonable:

Vida corta, 1-2 años: cebolla, puerro, cebolleta, chirivía, salsifí, perejil. Las Allium y las umbelíferas son notoriamente frágiles; un sobre de cebolla de tres años suele dar nascencias ridículas por mucho que hagas todo bien.

Vida media, 3-4 años: zanahoria, lechuga, guisante, judía, espinaca, pimiento, apio.

Vida larga, 5-6 años o más: tomate, berenjena, pepino, calabacín, calabaza, melón, sandía, coles y demás brásicas, acelga, rábano.

El factor que más manda no es el tiempo, sino la combinación de humedad y calor. Hay una regla clásica de conservación muy práctica: la suma de la temperatura en grados Fahrenheit y la humedad relativa en porcentaje debe quedar por debajo de 100. Traducido a nuestra casa: 20 ºC son 68 ºF, así que a temperatura ambiente el aire no debería pasar del 30 % de humedad relativa. En un piso costero mediterráneo eso no se cumple ni de lejos, y por eso los sobres guardados en el trastero del garaje envejecen a marchas forzadas.

La solución doméstica es sencilla: bote de cristal con cierre hermético, un sobrecito de gel de sílice dentro, y a la nevera. En la parte baja, a 4-6 ºC, dentro de un tarro estanco, las semillas duran fácilmente el doble que en un cajón del recibidor. Lo que no se puede hacer es meterlas en la nevera dentro de un sobre de papel: allí la humedad es alta y el frío húmedo las estropea más rápido que el calor seco. Y al sacarlas, hay que dejar el bote cerrado hasta que alcance la temperatura de la habitación, o el vapor condensará sobre las semillas frías.

Cómo saber si tus semillas siguen vivas

Antes de gastar sustrato, bandeja y cinco semanas, se comprueba. El test del papel húmedo es fiable y cuesta nada: coloca 10 o 20 semillas sobre papel de cocina humedecido, dóblalo, mételo en una bolsa de plástico o un táper cerrado y déjalo a 20-22 ºC. Revisa cada dos o tres días. Con lechuga o rábano tendrás respuesta en 3-4 días; con tomate, en 6-8; con pimiento y berenjena, hasta 12-14; con perejil o zanahoria, dos o tres semanas.

Si germinan 8 de 10, siembra normal. Si germinan 4 de 10, siembra al doble de densidad y usa el lote esta temporada. Si germinan 0 o 1, tíralo: no hay truco que resucite un lote muerto.

Conviene desmontar aquí una creencia muy repetida: la prueba del vaso de agua no sirve para saber si una semilla está viva. Que flote indica que su densidad es baja, lo que a veces significa que está vana o comida por gorgojo, pero también flotan semillas perfectamente viables con testa rugosa o pelos que retienen aire, y se hunden semillas muertas que conservan el endospermo intacto. Como criba grosera de granos vanos en lotes grandes tiene un pase; como test de viabilidad, induce a tirar semilla buena.

El agua: el error va casi siempre por exceso

La germinación empieza con la imbibición, la entrada de agua que rehidrata los tejidos y activa las enzimas. Sin humedad constante no arranca, y si el sustrato se seca justo después de que la semilla se haya hinchado, el embrión ya activado muere sin remedio. Ese es el fallo por defecto: sembrar, regar bien, y dejar que la bandeja se seque al tercer día en una terraza con sol. Media hora de sustrato reseco en un alveolo de 3 cm basta.

Pero el fallo por exceso es más frecuente y más traicionero. El embrión respira, y respirar exige oxígeno. En un sustrato saturado los poros están llenos de agua, el oxígeno no llega y la semilla pasa a fermentación: se asfixia y se pudre. Por eso una bandeja con platillo permanentemente lleno de agua da peor nascencia que una regada con criterio.

La referencia práctica: el sustrato debe estar como una esponja escurrida, húmedo al tacto pero sin soltar agua al apretarlo. Y hay dos gestos que lo mantienen así sin ahogar nada:

Riega por abajo. Pon la bandeja en una cubeta con dos dedos de agua, deja que suba por capilaridad 10-15 minutos hasta que la superficie oscurezca, y retírala. Así no descolocas las semillas, no compactas la superficie y el sustrato no queda saturado.

Tapa hasta la nascencia, destapa después. Una tapa transparente o un plástico mantiene la humedad los primeros días y evita riegos. En cuanto asome la primera plántula hay que retirarla progresivamente, o el ambiente saturado se convierte en un criadero de hongos.

Hongos: la siembra que se pudre antes de asomar

Semilla colonizada por hongos en el sustrato

Cuando el sustrato está encharcado, templado y mal ventilado, un grupo de hongos y oomicetos del suelo hace su agosto: Pythium, Phytophthora, Rhizoctonia solani, Fusarium spp. Si atacan a la semilla o al embrión antes de que emerja, se habla de damping off de preemergencia, y es la razón número uno de que una siembra aparentemente correcta no dé nada. Al desenterrar, no encuentras semilla dura: encuentras una pasta blanda, oscura, a veces con micelio blanco.

Se combate con higiene y con ambiente, no con productos:

Sustrato nuevo y limpio para cada siembra. La tierra del jardín y el compost sin madurar vienen cargados de inóculo. Si reutilizas sustrato, esterilízalo: bandeja con el sustrato húmedo al horno a 80-90 ºC durante 30 minutos, no más, porque por encima de 100 ºC se generan compuestos fitotóxicos y se destruye toda la microbiota útil.

Bandejas y macetas desinfectadas. Un lavado con agua y detergente para arrastrar restos, y un enjuague con lejía diluida al 10 % durante unos minutos, aclarando después. Los alveolos reutilizados sin limpiar arrastran esporas de la campaña anterior.

Riego con agua limpia. Nada de agua de balsa, de bidón estancado ni de plato reutilizado entre bandejas.

Aire en movimiento. Un invernadero doméstico cerrado a cal y canto en marzo es un incubador. Ventila a diario, aunque sea unos minutos.

Densidad razonable. Sembrar apretado deja el sustrato permanentemente húmedo entre plantas y facilita que el hongo pase de una a otra.

Como refuerzo preventivo, una capa fina de vermiculita en superficie mantiene el cuello seco, y una infusión de manzanilla o extracto de cola de caballo aplicada como riego tiene un efecto suave de contención. Nada de eso salva una bandeja encharcada: el determinante es el manejo del agua.

Sustrato inadecuado: ni tierra de jardín ni sustrato rico

Una semilla no necesita alimento, lo lleva puesto. Lo que necesita es un medio suelto, aireado, que retenga humedad sin encharcarse y que esté limpio. Los dos errores clásicos van justo en dirección contraria.

Tierra del jardín o del bancal. En un alveolo pequeño se compacta con los riegos, forma costra al secarse, pierde porosidad y ahoga la raíz recién emitida. Además trae hongos, semillas de adventicias y a veces larvas.

Sustrato universal muy abonado o compost puro. El exceso de sales solubles genera un potencial osmótico que dificulta la entrada de agua en la semilla y, en cuanto la radícula asoma, la quema. Si el envase lleva "abonado para 3 meses" o mucho guano, no es para semillero.

La mezcla que funciona es simple: turba rubia o fibra de coco como base, más un 20-30 % de perlita o vermiculita. Baja en sales, muy porosa, estable. Hay sustratos comerciales específicos de semillero con esta formulación y salen baratos. Un detalle: la turba rubia y el coco secos son hidrófobos, y si dejas que la bandeja se seque del todo, el agua resbala por encima sin penetrar. Se rehumedecen por inmersión, con paciencia, no a chorro desde arriba.

Y antes de sembrar, tamiza y nivela. Una superficie con terrones deja huecos de aire alrededor de la semilla y esa semilla, sin contacto con el sustrato húmedo, no se hidrata.

Profundidad y contacto

La regla general es enterrar la semilla a dos o tres veces su diámetro. Una semilla de calabacín, a 2 cm; una de lechuga, apenas cubierta. Enterrar de más es una causa de fallo muy común y muy invisible: la plántula agota sus reservas antes de alcanzar la superficie y muere bajo tierra sin que nadie lo vea.

Hay además especies fotoblásticas positivas, que necesitan luz para germinar y no deben cubrirse: lechuga, apio, petunia, Antirrhinum, Begonia, Lobelia, Nicotiana, muchas aromáticas de semilla fina. Se siembran a voleo sobre la superficie, se presionan ligeramente con la palma para asegurar contacto y no se tapan. Enterrarlas medio centímetro las condena. En el extremo opuesto, algunas prefieren oscuridad, como Calendula o Phacelia. Cuando el sobre trae instrucciones de profundidad, esa información vale más que cualquier regla general.

Después de sembrar, presiona suavemente. Una semilla rodeada de aire no se imbibe aunque el sustrato de alrededor esté húmedo.

Temperatura: sembrar fuera de rango es tirar semilla

Cada especie tiene un intervalo térmico en el que germina bien, y fuera de él el porcentaje se desploma o la semilla se pudre esperando. Con temperaturas del sustrato, que en un semillero de exterior en marzo puede estar 5 ºC por debajo de lo que marca el termómetro del aire:

Tomate: 20-25 ºC. Por debajo de 12 ºC prácticamente no germina.

Pimiento y berenjena: 25-28 ºC, y son lentos incluso ahí. Este es el motivo real de la mitad de los fracasos con pimiento en España: se siembra en febrero en una ventana a 16 ºC y se da por muerto un lote que solo estaba frío. Un cable o manta calefactora de semillero cambia por completo el resultado.

Judía y calabacín: por encima de 15 ºC. Sembradas en suelo frío se pudren en tres días, sin excepción.

Lechuga, espinaca, rúcula, canónigos: 12-20 ºC. Y aquí ocurre lo contrario: por encima de 25-28 ºC la lechuga entra en termoinhibición y no germina aunque tenga agua de sobra. Sembrar lechuga en julio al sol en la mitad sur peninsular no falla por mala semilla, falla por calor. La solución es sembrar en bandeja a la sombra fresca, o incluso hidratar la semilla 24 horas en nevera antes de sembrar.

Zanahoria y cebolla: 15-20 ºC, con germinación lenta (2-3 semanas la zanahoria) durante la cual el sustrato no puede secarse ni un día.

Otro detalle que se pasa por alto: las temperaturas altas sostenidas también matan semilla almacenada. Un sobre olvidado en el coche o en una caseta metálica en agosto pierde viabilidad en una sola temporada.

Diagnóstico rápido: desentierra y mira

Cuando una siembra no sale, la información está bajo tierra. A los 10-15 días, escarba con cuidado en un par de alveolos:

Semilla dura, seca, sin hinchar: no ha entrado agua. Latencia física, sustrato hidrófobo o riego insuficiente.

Semilla hinchada pero intacta, sin radícula: ha imbibido y se ha parado. Casi siempre temperatura fuera de rango o latencia fisiológica sin cubrir.

Semilla blanda, oscura, pastosa, a veces con hilos blancos: podredumbre. Exceso de agua y hongos.

Radícula emitida y luego seca, marrón, quebradiza: el sustrato se secó después de germinar, o hubo exceso de sales.

Plántula blanca y estirada bajo tierra, agotada antes de emerger: siembra demasiado profunda o costra superficial que no pudo atravesar.

Cada uno de esos cinco cuadros apunta a una corrección distinta. Repetir la siembra igual sin haber mirado es lo que convierte un fallo en una racha de fallos.

En resumen

Las semillas se mueren por cuatro vías, y ninguna es misteriosa: envejecen cuando se guardan con calor y humedad, se asfixian y pudren cuando el sustrato está encharcado y caliente, se secan en el momento crítico entre la imbibición y la emergencia, y se quedan dormidas cuando la especie exigía frío o escarificación y no se le dio.

Frente a eso, la rutina que sube el porcentaje de nascencia cabe en pocas líneas: semilla reciente guardada en tarro hermético con gel de sílice en la nevera, test de papel húmedo cuando haya dudas, sustrato específico de semillero limpio y aireado, profundidad de dos o tres veces el diámetro (o superficial en las que piden luz), riego por capilaridad manteniendo la humedad de esponja escurrida, temperatura dentro del rango de la especie y ventilación diaria en cuanto asome la primera hoja. Y si algo falla, desenterrar y mirar antes de volver a sembrar.


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