Una semilla de arce japonés recogida en octubre y sembrada esa misma tarde en una maceta puede pasarse ocho meses sin dar la menor señal de vida. No está muerta ni era mala: está esperando un invierno que nadie le ha dado. Ese invierno se lo damos nosotros con la estratificación, y entender cómo funciona es la diferencia entre germinar semillas de árbol o tirarlas creyendo que no servían.

Qué es exactamente la estratificación

La estratificación es un tratamiento de frío húmedo que se aplica a semillas ya hidratadas para romper su letargo o dormición. Dicho de otro modo: mantenemos la semilla mojada, a una temperatura de entre 2 y 5 °C, durante semanas o meses, para que su embrión complete unos cambios bioquímicos que solo ocurren en frío.

El nombre viene de la práctica antigua de los viveristas, que colocaban las semillas en estratos alternos con arena húmeda dentro de cajones enterrados a la intemperie. La lógica no ha cambiado: se trata de imitar el paso del invierno.

¿Por qué necesita eso una semilla? Porque una semilla de arce, de cerezo o de espino que germinase en cuanto cae al suelo en otoño se encontraría con una plántula tierna en pleno diciembre. La dormición es un reloj de seguridad: el embrión no arranca hasta haber contabilizado un número suficiente de días de frío, que es la única prueba fiable de que el invierno ya ha pasado y viene la primavera. Durante ese periodo se degradan los inhibidores del crecimiento (sobre todo el ácido abscísico) y aumenta la sensibilidad a las giberelinas, las hormonas que disparan la germinación.

Semillas aladas de arce recogidas en otoño

Estratificar no es lo mismo que escarificar

Aquí es donde se equivoca más gente, y el error cuesta una temporada entera. Hay dos tipos de dormición muy distintos y cada uno pide un tratamiento diferente:

Dormición fisiológica. El embrión está inmaduro o bloqueado hormonalmente. La cubierta deja pasar el agua perfectamente. Aquí sí funciona el frío: arces (Acer), fresnos (Fraxinus), cerezos y ciruelos (Prunus), manzanos (Malus), perales (Pyrus), serbales (Sorbus), tejo (Taxus baccata), acebo (Ilex aquifolium).

Dormición física. La cubierta es dura e impermeable, y la semilla ni siquiera consigue hincharse. Por mucho frío que le des, seguirá igual de seca por dentro en marzo que en diciembre. Es el caso de casi todas las leguminosas leñosas: Robinia pseudoacacia, Gleditsia triacanthos, Cercis siliquastrum, retamas y Cytisus, Acacia. Estas piden escarificación: lijar suavemente el tegumento, o sumergirlas en agua a unos 80 °C dejándolas enfriar dentro 24 horas.

Y existen especies con las dos cosas a la vez, como el majuelo (Crataegus monogyna) o el escaramujo (Rosa canina), que necesitan escarificado más un ciclo largo de calor seguido de frío. Antes de gastar tres meses de nevera, identifica qué tipo de dormición tienes delante. La prueba casera es sencilla: pon las semillas en agua 24 horas. Si se hinchan y engordan, es dormición fisiológica y toca estratificar. Si siguen duras como piedras, hay barrera física y toca escarificar primero.

Cómo se hace, paso a paso

El método de la bolsa en la nevera es el que da resultados más consistentes en un clima como el español, porque controlas la temperatura y ves lo que pasa.

1. Limpia y remoja. Quita cualquier resto de pulpa (la pulpa fermenta y enmohece la nevera entera) y deja las semillas 24-48 horas en agua a temperatura ambiente, cambiándola cada 12 horas. Lo de descartar las que floten es orientativo, no un dogma: en semillas oleaginosas o con cámara de aire flotan también embriones perfectamente viables. Si tienes pocas, estratifícalas todas.

2. Prepara el sustrato. Vermiculita, perlita, turba rubia, fibra de coco o arena de sílice lavada. Lo importante no es cuál elijas, sino el punto de humedad: humedécelo y después aprieta un puñado con la mano. Debe quedar compacto y frío al tacto, pero sin que salga ni una gota de agua entre los dedos. Ese es el punto. Un sustrato encharcado asfixia al embrión y es una invitación a Fusarium y Pythium.

3. Mezcla y envasa. Unas tres partes de sustrato por una de semilla, en una bolsa de cierre hermético a la que harás tres o cuatro agujeros de alfiler, o en un táper que abrirás cada semana. La semilla respira durante todo el proceso; una bolsa perfectamente sellada acaba en podredumbre. Etiqueta con rotulador permanente: especie, fecha de entrada y fecha prevista de salida. Sin etiqueta, en febrero no sabrás qué hay en cada bolsa.

4. A la nevera. Al cajón de la verdura, que suele moverse entre 4 y 6 °C. Con un termómetro barato de nevera comprobarás si tu modelo está más cerca de 2 o de 8 °C; por encima de 10 °C el frío deja de contar y por debajo de 0 °C se detiene el proceso. El congelador no estratifica. Congelar semillas húmedas revienta las células del embrión por formación de cristales de hielo, y ese daño no tiene vuelta atrás.

5. Revisa cada 10-15 días. Airea la bolsa, retira lo que veas enmohecido y comprueba la humedad. Y sobre todo, vigila las radículas: algunas especies germinan dentro de la nevera antes de cumplir el plazo. Cuando veas una raicilla blanca asomando, esa semilla sale y se siembra ya, con mucho cuidado de no romperla.

Cuánto tiempo necesita cada especie

Son cifras orientativas de frío húmedo a 3-5 °C, suficientes para planificar:

De 4 a 8 semanas: almendro (Prunus dulcis), pino piñonero (Pinus pinea, donde mejora la uniformidad aunque no sea imprescindible), lavanda (Lavandula angustifolia), Aquilegia, Delphinium, Primula.

De 8 a 12 semanas: arce campestre (Acer campestre), arce blanco (Acer pseudoplatanus), manzano y peral, nogal (Juglans regia), melocotonero (Prunus persica).

De 3 a 4 meses: arce japonés (Acer palmatum), cerezo (Prunus avium), avellano (Corylus avellana), abedul (Betula pendula).

Doble estratificación, calor y luego frío: fresno común (Fraxinus excelsior), majuelo, serbal, tejo, acebo y rosal silvestre. Piden entre 2 y 4 meses a 20-25 °C en húmedo, para que el embrión termine de madurar, y a continuación 3 o 4 meses de frío. Son las que la gente da por muertas: en la naturaleza tardan dos inviernos en nacer y eso es completamente normal.

Cuenta hacia atrás desde la fecha de siembra. Si quieres plantar tus arces a mediados de marzo y necesitan 100 días, la bolsa entra en la nevera a primeros de diciembre.

Arce japonés Acer palmatum obtenido de semilla

La alternativa natural: sembrar en otoño a la intemperie

Se puede dejar que lo haga el invierno. Siembras en noviembre o diciembre en bandejas o macetas con sustrato drenante, las colocas a la sombra, en orientación norte, protegidas de la lluvia torrencial con una malla y de los pájaros y roedores con una tela metálica, y esperas a la primavera.

Ahora bien, esto depende del sitio, y conviene ser honesto: en buena parte de España el invierno ya no da frío suficiente. En la meseta, en el valle del Ebro o en zonas de montaña funciona sin problema. En la costa mediterránea, en el litoral gallego suave, en el valle del Guadalquivir o en Canarias, un invierno entero puede no acumular las semanas que pide un Acer palmatum, porque lo que cuenta no son las heladas puntuales sino las horas sostenidas por debajo de 7 °C. En esos climas la nevera no es una comodidad, es la única opción realista.

Los errores que más siembras arruinan

Estratificar semilla seca. El frío solo cuenta si la semilla está hidratada. Una bolsita de semillas secas en la nevera se conserva estupendamente, pero no está estratificando nada; es almacenamiento.

Sacarlas antes de tiempo por impaciencia. El proceso no es acumulativo si lo interrumpes con calor: unos días a temperatura ambiente en mitad del tratamiento pueden reinducir el letargo en algunas especies y obligarte a empezar de nuevo.

Usar semilla vieja o mal conservada. Las semillas ricas en aceites (piñón, almendra, avellana, nogal) enrancian y pierden viabilidad muy deprisa, a veces en un solo año a temperatura ambiente. Estratificar tres meses una semilla ya muerta es tres meses perdidos. Recoge de la campaña actual siempre que puedas.

Exceso de agua. Es la causa número uno de fracaso. La semilla debe estar húmeda, no nadando.

Confundir dormición con semilla infértil. Muchas semillas de árbol ornamental recogidas de ejemplares aislados están vacías porque no hubo polinización cruzada. Antes de invertir la nevera, corta un par de semillas por la mitad con un cúter: si dentro hay un embrión blanco y firme, adelante; si está hueca o parda y reseca, no hay nada que estratificar.

Después del frío

Al sacarlas, siembra sin dejar que se sequen, en un sustrato ligero (turba y perlita a partes iguales sirve) y a una profundidad de una vez y media o dos veces el diámetro de la semilla. La temperatura de germinación de estas especies suele ser moderada, entre 15 y 20 °C: no las metas en un propagador caliente a 28 °C, porque las especies de clima frío germinan peor con calor alto.

Y usa macetas hondas o alvéolos forestales. Los árboles emiten una raíz pivotante muy rápida y en una bandeja de semillero plana se enrolla en el fondo en dos semanas, un defecto que la planta arrastrará el resto de su vida.

En resumen

Estratificar es darle a la semilla el invierno que su biología exige antes de permitirse germinar: frío entre 2 y 5 °C, humedad constante sin encharcamiento, aire, y el tiempo que pida cada especie, de un mes a cuatro. Sirve para la dormición fisiológica, no para las cubiertas impermeables, que piden escarificado. La nevera es el método más fiable en gran parte de España, donde el invierno real ya no acumula frío suficiente. Revisa cada quince días, saca las que radiculen antes de plazo, y no confundas una semilla dormida con una semilla muerta: en fresnos, tejos o majuelos, tardar dos años en nacer es exactamente lo que toca.


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