Cortar una suculenta con las tijeras sucias y regarla ese mismo día es la manera más rápida de perder un ejemplar sano. La herida de una hoja carnosa no es como la de un rosal: tarda días en cerrar, rezuma savia y, mientras tanto, es una puerta abierta para Fusarium y para las bacterias del género Pectobacterium que pudren el tallo de dentro hacia fuera. Con esa precaución en mente, podar suculentas es sencillo y además sale gratis: casi todo lo que se corta se puede convertir en una planta nueva.

Conviene aclarar primero una cuestión de vocabulario. En crasas rara vez se hace una poda en sentido estricto, con cortes de formación y aclareo como en un arbusto. Lo que se hace es limpiar, despuntar, decapitar y esquejar. Cada una de esas operaciones tiene su momento y su técnica.

Cuándo se poda cada grupo

La regla general es podar cuando la planta está creciendo, porque solo entonces cicatriza deprisa y emite raíces. El problema es que no todas las suculentas crecen a la vez.

Las de crecimiento estivalEcheveria, Sedum, Graptopetalum, Crassula ovata, Kalanchoe, Portulacaria y el grueso de los cactus— se podan de marzo a junio y, si hace falta, en septiembre. En el interior peninsular hay que saltarse julio y agosto: por encima de 35 °C muchas de ellas entran en un parón por calor, cierran estomas y dejan de cicatrizar con normalidad.

Las de crecimiento invernal son las que más despistan. Aeonium, Senecio, Crassula de hoja fina y buena parte de las suculentas canarias descansan en verano —el Aeonium cierra las rosetas en bola y suelta hojas, lo cual no es un síntoma de sed— y arrancan con las primeras lluvias. Su momento va de finales de septiembre a marzo. Podar un Aeonium en pleno agosto es pedirle que cierre una herida cuando ha decidido no hacer nada.

En cualquier grupo, se evita cortar con heladas previstas: el tejido recién seccionado se congela antes que el resto.

La herramienta y la desinfección

Hoja fina y afilada: cúter, bisturí, navaja de injertar o tijera de precisión. Las tijeras de podar normales aplastan el tallo en lugar de cortarlo y dejan un tejido machacado que se pudre. Para tallos gruesos de Crassula ovata o de cactus columnar, sierra fina o cuchillo de cocina bien amolado.

Se desinfecta antes de cada planta, no una vez al principio de la tarde. Alcohol de 70° o lejía diluida al 10 %, dejando actuar unos segundos y secando. Es la única forma de no ir repartiendo por toda la colección la pudrición que tenía un solo ejemplar.

Con opuntias y cactus espinosos, guantes de cuero y una tira de papel de periódico doblada varias veces para sujetar la pieza. Los guantes de látex no sirven de nada contra los gloquidios de Opuntia ficus-indica, esas espinitas diminutas de la aréola que se clavan de cientos en cientos y cuesta semanas sacar.

Pala de Opuntia ficus-indica con aréolas y gloquidios

Limpieza de hojas secas y flores pasadas

Es la operación más frecuente y la que más se hace mal. Las hojas basales secas se retiran moviéndolas de lado a lado hasta que se desprenden solas por la base; si hay que tirar, todavía no tocaba. Arrancar hacia abajo desgarra la corteza del tallo y deja una herida vertical difícil de cerrar.

No se deshojan hojas verdes por estética. Una Echeveria a la que se le quitan las dos filas inferiores para que "luzca la roseta" pierde reservas y responde estirándose. Y en Sempervivum y Agave las hojas exteriores secas cumplen una función de protección del cuello frente al sol y al frío: se retiran cuando están apergaminadas del todo, no antes.

Los escapos florales agotados se cortan dejando uno o dos centímetros, que terminarán secándose y se desprenderán con un tirón suave. En Echeveria y Kalanchoe esto redirige energía a la roseta y suele provocar la aparición de hijuelos en la base del escapo.

Aquí hay una creencia que conviene desmontar. Sempervivum, Agave y buena parte de los Aeonium son monocárpicos: la roseta que florece muere después, y no hay poda que lo evite. Cortar la inflorescencia en cuanto asoma no salva la roseta madre, ya ha consumido sus reservas en formarla. Lo que se hace es dejarla, disfrutarla, y retirar la roseta seca cuando se apergamine para dejar sitio a los hijuelos que ha ido produciendo alrededor.

Sempervivum con rosetas hijas alrededor de la roseta madre

Decapitar una planta ahilada

El ahilado o etiolación —tallo alargado, entrenudos separados, hojas pequeñas y giradas hacia la ventana— es el motivo número uno para coger el cuchillo. Antes de cortar hay que entender una cosa: el corte no resuelve el problema, solo elimina el tramo feo. La causa es falta de luz, y si la planta vuelve al mismo sitio se ahilará otra vez en tres meses. El tejido estirado, además, nunca se acorta: es irreversible.

La técnica en Echeveria, Graptopetalum, Pachyphytum, Sedum o Crassula:

1. Se corta el tallo limpiamente 3 a 5 cm por debajo de la roseta. Ese trozo de tallo es el que se enterrará después; sin él, el esqueje se apoya en las hojas y se pudre.

2. Se deshojan con cuidado las hojas de ese tramo, moviéndolas de lado. Guárdalas: sirven para multiplicar.

3. La roseta se deja secar al aire de 3 a 7 días, en sombra y sin tocar sustrato, hasta que el corte forma un callo seco y duro. En verano bastan tres días; en invierno pueden ser diez. Este paso no es opcional y es el que más gente se salta.

4. Se planta en mezcla muy drenante —sustrato de cactus con un 40-50 % de árido, pómice, picón o arena de sílice gruesa— enterrando solo el tallo. No se riega hasta pasados unos días; a partir de ahí, riegos ligeros. Enraíza en dos a cuatro semanas.

5. El tocón que queda en la maceta no se tira. Regado con moderación, brota por las axilas de las hojas restantes y da tres, cuatro o cinco rosetas nuevas. Es la forma habitual de convertir una planta estirada en un grupo compacto.

Dos advertencias sobre el enraizado. La primera: el agua no es sitio para un esqueje de crasa. Es una costumbre importada de los potos y las hiedras que aquí funciona mal; sale una raíz acuática blanquecina, frágil, que al pasar a tierra se muere y hay que empezar de cero, con el tallo ya reblandecido. La segunda: nada de pasta cicatrizante, cera ni sellador de podas. La herida de una suculenta necesita aire para secarse; taparla es garantizar la pudrición. Si preocupa el hongo, un espolvoreo de azufre en polvo sobre el corte, y poco más.

Poda de formación en las que hacen tronco

Crassula ovata, Portulacaria afra, Cotyledon, Euphorbia arbustivas y Aeonium arboreum admiten una poda de estructura de verdad, muy parecida a la de un bonsái.

Se corta siempre justo por encima de un anillo de cicatrices de hojas, dejando unos milímetros. De ahí saldrán dos brotes nuevos, casi siempre. Los tocones largos que se dejan por encima del último nudo no rebrotan, se secan y afean el porte, así que mejor ser exacto. Se aclara el interior para que entre luz y aire, se acorta la rama que domina sobre las demás y se equilibra la copa. En una Crassula ovata vieja se puede quitar sin problema un tercio de la masa foliar en primavera.

La Portulacaria afra tolera un pinzado repetido de los brotes tiernos y responde ramificando; es la crasa que mejor aguanta que la trates como un seto.

Con las Euphorbia hay que añadir una precaución seria: el látex blanco es irritante para la piel y peligroso en los ojos. Guantes, gafas si se poda a la altura de la cara, y lavado de la herramienta al terminar. El sangrado se corta mojando el corte con agua fría.

Cactus y opuntias

En Opuntia no se corta a capricho: se desarticula la pala por la articulación, que es la línea estrecha donde se une a la anterior. Basta girarla sujetándola con papel doblado. Si hay que usar cuchillo, corte limpio en esa unión, sin dejar media pala colgando. La pala retirada, tras dos semanas de secado en vertical y a la sombra, enraíza plantada un tercio en arena.

Los cactus columnares —Cereus, Echinopsis, Trichocereus— se pueden decapitar cuando tocan el techo o cuando la base ha corchificado. El corte se hace horizontal, y después conviene biselar ligeramente el borde superior hacia dentro: así, al secarse, el tejido no se retrae formando una concavidad donde se acumula agua. El ápice cortado se seca de dos a cuatro semanas —los cortes gruesos necesitan tiempo— antes de plantarse. La planta madre ramifica por debajo del corte y suele sacar varios brazos.

Lo que no se poda son los cactus globosos: Mammillaria, Echinocactus, Astrophytum, Gymnocalycium. Solo se separan hijuelos y se retiran restos florales secos.

Qué hacer con los restos

Todo lo que se corta puede multiplicarse, pero no todo por el mismo camino.

Los esquejes de hoja funcionan bien en Echeveria, Graptopetalum, Pachyphytum, Sedum, Crassula ovata y Kalanchoe. La hoja tiene que salir entera, con su base intacta: si se rompe y queda un trozo pegado al tallo, no brotará nunca. Se dejan sobre sustrato seco, sin enterrar, en luz indirecta, y se pulveriza cada pocos días cuando empiecen a aparecer las raicillas rosadas. Tardan entre tres semanas y tres meses.

En cambio, Aeonium, Sempervivum, Haworthia y Aloe no se multiplican por hoja. Da igual la paciencia que se le ponga: se secan. Ahí hay que trabajar con rosetas enteras, con hijuelos o por división de mata.

Los tallos largos de las colgantes —Senecio rowleyanus, Sedum morganianum, Othonna— se recortan y los trozos se colocan enrollados sobre la superficie de la misma maceta. Enraízan por los nudos y en una temporada la planta gana densidad por arriba, que es justo donde suele quedarse pelada.

Composición de suculentas de distintas especies en maceta

Errores que se repiten

Regar el mismo día del corte. La planta madre acaba de quedarse con una herida abierta y las raíces siguen absorbiendo; la presión interna empuja savia hacia el corte y el tejido no seca. Cinco a siete días sin regar después de podar.

Plantar el esqueje sin callo. El tejido fresco en contacto con sustrato húmedo se pudre en cuestión de días. No hay atajo.

Podar y trasplantar a la vez. Son dos estreses grandes; conviene separarlos al menos tres semanas.

Confundir la pudrición con la sed. Un tallo blando y oscuro en la base no se salva regando ni podando la parte alta y ya está: hay que cortar en tejido sano y comprobar el corte. Si asoma un anillo o unas vetas marrones, se sube otro centímetro y se vuelve a mirar. Se repite hasta que la sección sale blanca y limpia por completo.

Pensar que una crasa "no se toca". Lo contrario también hace daño: un Aeonium o una Crassula que llevan cinco años sin una limpieza acumulan hojarasca seca en las axilas, y ahí es donde se instalan la cochinilla algodonosa y el oídio.

En resumen

Podar suculentas consiste, sobre todo, en cortar en el momento en que la planta crece —primavera y principios de otoño para la mayoría, otoño e invierno para Aeonium y compañía—, con hoja afilada y desinfectada entre planta y planta, y respetando después el tiempo de cicatrización: nada de riego durante casi una semana en la madre, y de tres a diez días de secado al aire antes de plantar el esqueje. La limpieza de hojas secas y escapos agotados se hace de continuo; la decapitación resuelve el aspecto de una planta ahilada pero no su causa, que es la luz. Y lo que se corta no es basura: rosetas, tallos, palas y hojas sueltas son la forma más barata de duplicar una colección.


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