Una trepadora es la planta con mejor relación entre metros cuadrados de verde y superficie de suelo ocupada. Un muro de tres por ocho metros cubierto de vegetación son veinticuatro metros cuadrados de follaje y flor a partir de una franja de plantación de treinta centímetros. Ninguna otra forma vegetal ofrece eso.
Antes de las siete especies, conviene aclarar algo que evita la mayoría de los problemas: no todas las trepadoras suben igual, y de eso depende qué soporte necesitas.
Las autoadherentes (hiedra, Parthenocissus, Hydrangea petiolaris) se agarran solas al muro con raicillas o discos adhesivos. No necesitan estructura, pero pueden dañar revocos deteriorados y colarse bajo el alero. Las volubles (glicina, jazmín, madreselva, Solandra) enrollan el tallo alrededor de un soporte, así que necesitan algo vertical y delgado: alambres, cables tensados, celosía. Las de zarcillos (bignonias, pasionarias) se sujetan con órganos especializados y piden malla o enrejado. Y las apoyantes (buganvilla, rosales trepadores) no suben solas: hay que atarlas al soporte.
El error más caro es plantar una glicina contra una bajante o un canalón. Los tallos volubles engrosan con los años y desarrollan una fuerza de constricción capaz de aplastar tuberías y arrancar canalones. Cualquier soporte para trepadora vigorosa debe ser independiente de las instalaciones y estar separado 5-10 cm de la pared para que circule el aire.
Buganvilla (Bougainvillea glabra, B. spectabilis)
La trepadora más espectacular del litoral mediterráneo y también la más malinterpretada. Lo que parecen pétalos son brácteas, hojas modificadas de color magenta, rojo, naranja, blanco o rosa; las flores reales son los tres tubitos blancos y diminutos del centro.
Dónde va bien. Sol pleno, cuanto más mejor. En sombra o semisombra crece pero no florece. Resiste hasta unos -2 o -3 °C, con daño en la parte aérea a partir de ahí; en el interior peninsular, donde se bajan los -5 °C, hay que cultivarla en maceta y resguardarla, o directamente descartarla. En Levante, Andalucía, Baleares y Canarias vive sin problema.
Suelo y riego. Necesita drenaje excelente y detesta el encharcamiento. Una vez establecida es notablemente resistente a la sequía. Aquí está la clave que casi nadie aplica: la buganvilla florece más cuando pasa algo de sed. Un ligero estrés hídrico y un abono con poco nitrógeno y mucho potasio y fósforo disparan la floración. Regada en abundancia y abonada con nitrógeno produce una masa de hoja verde sin una sola bráctea.
Soporte. Es apoyante, con espinas fuertes que le ayudan a engancharse, pero necesita ser guiada y atada. Cables o enrejado robusto: un ejemplar adulto pesa mucho.
Poda. A finales de invierno, en febrero o marzo. Florece sobre brotes del año, así que la poda de invierno estimula la floración. Tolera podas severas. Usa guantes: las espinas son duras y las heridas se infectan con facilidad.
Trasplante. Tiene un sistema radicular frágil y quebradizo. Al plantarla, saca el cepellón entero sin desmenuzarlo y sin manipular las raíces. Es la causa número uno de fracaso en ejemplares recién comprados.
Jazmín (Jasminum polyanthum, J. officinale, J. grandiflorum)
Se compran por el perfume, y en eso no decepcionan. Conviene distinguir las tres especies habituales porque no se comportan igual.
Jasminum polyanthum es el que se vende en macetas en floristerías a finales de invierno, con capullos rosados que abren en flor blanca. Florece de enero a abril, muy temprano, y de forma masiva. Es voluble y muy vigoroso: en jardín puede alcanzar cinco o seis metros. Resiste hasta unos -3 °C.
Jasminum officinale, el jazmín común, es caduco o semicaduco, más rústico (soporta -10 °C, lo que lo hace apto para el interior peninsular) y florece de junio a septiembre con flores blancas muy perfumadas.
Jasminum grandiflorum, el jazmín real o de Grasse, tiene flores mayores y el perfume más intenso de los tres, pero es más delicado al frío.
Cultivo. Sol o semisombra; en el sur agradecen sombra en las horas centrales del verano. Suelo fértil, fresco y bien drenado. Necesitan más agua que la buganvilla: riego regular en verano, sin encharcar. Abono equilibrado cada 15-20 días durante la temporada de crecimiento.
Poda. Este es el punto donde más se falla. J. polyanthum y J. officinale florecen sobre madera del año anterior: si los podas en invierno te quedas sin flores. Se podan justo después de florecer, aclarando los tallos viejos y acortando los que sobren. Es una regla que se aplica a la mayoría de las trepadoras de floración primaveral.
Soporte. Voluble: alambres, celosía o cualquier estructura de sección fina.
Mandevilla o dipladenia (Mandevilla spp.)
La trepadora perfecta para balcones y terrazas pequeñas, y la que más ha crecido en ventas en España en los últimos años. Flor grande y acampanada en rojo, rosa, blanco o amarillo, follaje perenne brillante y floración continua de mayo a octubre.
Una aclaración terminológica: comercialmente se distingue entre "dipladenia", de porte más compacto y arbustivo, y "mandevilla", de porte trepador vigoroso. Botánicamente ambos géneros están hoy unificados en Mandevilla. Si compras para cubrir un enrejado, pide una variedad trepadora; si es para una jardinera, la compacta.
Cultivo. Sol o semisombra luminosa, con protección del sol más duro en el interior peninsular. Sustrato drenante con perlita. Riego regular en verano dejando secar ligeramente la superficie entre riegos; en invierno, muy poco. Abono rico en potasio cada 15 días durante la floración.
El punto crítico es el frío. No tolera menos de 8-10 °C. En casi toda España hay que meterla dentro o a un invernadero de octubre a abril, y ese es el motivo por el que se cultiva casi siempre en maceta. En el litoral más cálido y en Canarias aguanta fuera todo el año.
Poda. A finales de invierno, antes de la brotación, acortando los tallos a un tercio. Florece sobre madera nueva, así que la poda favorece la floración. Segrega látex blanco irritante; lávate las manos después.
Plagas. Araña roja en ambiente seco y caluroso, y cochinilla algodonosa. Revisa el envés de las hojas.
Bignonia de invierno (Pyrostegia venusta)
Poco conocida y extraordinaria por una razón: florece en pleno invierno, de diciembre a marzo, cuando no hay nada más en flor. Y no florece discretamente: cubre toda la superficie de una masa continua de flores tubulares de color naranja intenso, hasta el punto de que apenas se ve el follaje. En Brasil, de donde procede, se la llama "cipó de São João".
Cultivo. Sol pleno, imprescindible para la floración. Suelo bien drenado, riego moderado y consumo hídrico bajo una vez establecida. Es vigorosa: alcanza sin dificultad seis u ocho metros y cubre pérgolas, vallas y taludes enteros.
Frío. Resiste heladas ligeras, hasta unos -3 o -4 °C, con daño en la parte aérea. En el litoral mediterráneo, en Andalucía y en Canarias va perfectamente. En el interior con inviernos duros no es viable, y además el frío arruinaría precisamente su floración invernal.
Soporte. Trepa por zarcillos ramificados, así que necesita malla, enrejado o alambres a los que agarrarse.
Poda. Después de la floración, a finales de invierno o principios de primavera, aclarando y controlando su tamaño. Tolera bien la poda.
Solandra maxima (copa de oro)
La más impresionante de esta lista por el tamaño de la flor: una corola acampanada de 20 a 25 centímetros, de color amarillo dorado con cinco líneas moradas en el interior, y con un perfume que se intensifica al anochecer y recuerda al coco.
Es una liana de gran vigor, capaz de cubrir superficies enormes, con hojas grandes, coriáceas y brillantes. Florece principalmente de invierno a primavera. Curiosamente, la flor se abre de un color crema pálido y va oscureciendo hacia el dorado con el paso de los días.
Cultivo. Sol pleno o semisombra, suelo profundo y bien drenado, riego regular en la época de crecimiento. Necesita clima cálido: no soporta por debajo de 0 °C y sufre con heladas ligeras. Solo apta para el litoral mediterráneo cálido, el sur peninsular y Canarias.
Espacio. Es la advertencia principal. No es planta para un balcón ni para una pérgola pequeña: necesita una estructura sólida y varios metros de desarrollo. Plantada en un sitio estrecho, se convierte en un problema de poda constante.
Precaución. Pertenece a las solanáceas y contiene alcaloides tóxicos en todas sus partes. Conviene tenerlo en cuenta si hay niños pequeños, y lavarse las manos tras podarla.
Poda. Tras la floración, con firmeza, para contener su volumen y renovar la madera.
Jazmín estrella (Trachelospermum jasminoides)
Si tuviera que recomendarse una sola trepadora para la mayoría de los jardines españoles, sería esta. No es un jazmín verdadero (pertenece a las apocináceas, no a las oleáceas), pero su perfume es igual de intenso.
Por qué destaca. Es perenne, con hoja pequeña, coriácea y brillante que da buen aspecto los doce meses. Florece profusamente de mayo a julio con flores blancas en forma de estrella y perfume potente que se percibe a varios metros. Tiene crecimiento moderado, no invasor, lo que la hace manejable. Resiste hasta -10 °C, así que sirve tanto en la costa como en el interior. Y tolera desde sol pleno hasta sombra bastante notable, aunque en sombra florece menos.
Cultivo. Suelo bien drenado, ligeramente ácido a neutro. Riego regular los dos primeros años; después es bastante resistente a la sequía. En suelos muy calizos puede presentar clorosis, corregible con quelato de hierro. Abono equilibrado en primavera.
Soporte. Es voluble: alambres, celosía o malla. Aunque emite algunas raicillas, no se sostiene sola en un muro liso.
Poda. Después de la floración, en julio. Admite recorte para mantenerla plana contra un muro, y de hecho es una de las mejores opciones para cubrir vallas y crear pantallas verdes perennes con perfume. También funciona bien como tapizante en taludes.
Segrega látex blanco irritante al cortarla, como toda la familia.
Glicina (Wisteria sinensis, W. floribunda)
La trepadora clásica de pérgola, con racimos colgantes de flores lilas, malvas o blancas que aparecen en abril y mayo, antes o a la vez que la hoja, y con un perfume dulce muy característico. Es la mejor opción para el interior peninsular, porque resiste sin daño hasta -20 °C.
Diferencias entre las dos especies habituales: Wisteria sinensis tiene racimos de 20-30 cm, florece antes de brotar la hoja (lo que produce el efecto más espectacular) y sus tallos giran en sentido antihorario. Wisteria floribunda tiene racimos mucho más largos, de hasta 50 cm o más, florece con la hoja ya salida y gira en sentido horario. Para una pérgola donde se quiera ver colgar los racimos desde abajo, W. floribunda es superior.
La advertencia estructural. Es una planta longeva y de una fuerza enorme. Los troncos engrosan hasta el diámetro de un brazo y la constricción de los tallos volubles puede deformar estructuras metálicas, aplastar bajantes y desmontar canalones. La pérgola debe ser de obra o de perfilería robusta, no de listones ligeros de bricolaje. Y nunca contra una fachada con instalaciones vistas.
Cultivo. Sol pleno para florecer bien. Suelo profundo, fértil y bien drenado; es una leguminosa, así que fija nitrógeno y no necesita abonos nitrogenados. Un exceso de nitrógeno produce mucha rama y ninguna flor. Riego regular los primeros años.
Compra siempre ejemplares injertados o de esqueje, no de semilla. Este es el consejo que más disgustos evita. Una glicina de semilla puede tardar de siete a quince años en florecer, o no florecer nunca. Una injertada florece en dos o tres años. Si en el vivero no saben decírtelo, busca el punto de injerto en la base del tallo.
Poda: doble y con calendario. Es la clave de la floración y donde falla casi todo el mundo. En julio o agosto, acorta los brotes largos del año dejando cinco o seis yemas. En enero o febrero, con la planta desnuda, vuelve a acortar esos mismos brotes dejando solo dos o tres yemas. Esa doble poda concentra la energía en las yemas florales, que son gruesas y redondeadas, frente a las vegetativas, más delgadas y puntiagudas. Sin ella tendrás una masa vegetativa enorme con cuatro racimos perdidos.
Toxicidad. Semillas y vainas son tóxicas por ingestión.
Cómo elegir la tuya
Resumido por criterio práctico:
Si vives en el interior con inviernos duros: glicina y Trachelospermum jasminoides. También Jasminum officinale. El resto no pasarán el invierno fuera.
Si vives en el litoral mediterráneo o el sur: tienes las siete disponibles. Buganvilla y Pyrostegia para sol pleno y poca agua, Solandra si tienes espacio de sobra.
Si tienes balcón o terraza en maceta: mandevilla, sin duda. Y Trachelospermum en maceta grande.
Si buscas perfume: jazmines, Trachelospermum y Solandra. La buganvilla y la Pyrostegia son visualmente espectaculares pero no huelen.
Si quieres flor en invierno: Pyrostegia venusta, y Jasminum polyanthum a finales.
Si quieres pantalla perenne todo el año: Trachelospermum jasminoides, que es la única de la lista que mantiene un follaje impecable los doce meses sin apenas trabajo.
Dos reglas comunes a todas. La primera: planta en otoño si tu clima lo permite, o a comienzos de primavera en zonas frías, y separa el pie del muro al menos 30-40 cm, porque el suelo pegado a la fachada está seco, compactado y a menudo lleno de cascotes de obra. La segunda: instala el soporte antes de plantar, no después. Colocar alambres o celosía alrededor de una trepadora ya crecida es incómodo y suele acabar con ramas rotas.
En resumen
Siete trepadoras con flor y su nicho: buganvilla para sol y sequía en clima cálido, con abono bajo en nitrógeno y algo de sed; jazmines por perfume, podando siempre tras florecer; mandevilla para maceta y balcón, con refugio en invierno; Pyrostegia venusta para tener color naranja en diciembre; Solandra maxima para grandes superficies en clima cálido y con precaución por su toxicidad; Trachelospermum jasminoides como la más versátil, rústica y agradecida de todas; y glicina para el interior frío, siempre injertada y con doble poda anual.
Antes de comprar, comprueba tres cosas: la temperatura mínima de tu zona, el tipo de soporte que necesita la especie y cuándo florece, porque de eso depende cuándo se poda. Con esos tres datos claros, una trepadora es la inversión de menor coste y mayor efecto que puedes hacer en una fachada.