Entre las trepadoras que se plantan en España, la akebia sigue siendo una rareza, y no se entiende del todo por qué. Tiene follaje elegante durante todo el año, aguanta heladas fuertes, no exige apenas mantenimiento y florece a principios de primavera con unas flores color chocolate que huelen a vainilla especiada. Su único defecto serio es que, si le gusta el sitio, crece más de lo que uno tenía previsto.
Qué es la akebia
Akebia quinata pertenece a la familia Lardizabalaceae, un grupo pequeño y poco conocido. Es originaria de Japón, Corea y China, donde crece en bordes de bosque y matorrales, trepando sobre otros arbustos.
Es una trepadora voluble: no tiene ventosas ni zarcillos, sino que enrosca sus tallos alrededor de lo que encuentra. Esto tiene una consecuencia práctica inmediata que veremos luego: no puede subir por un muro liso, necesita algo delgado a lo que agarrarse.
Alcanza sin dificultad 8 o 10 metros, y en condiciones muy favorables más. Los tallos, delgados y flexibles de jóvenes, se lignifican con los años hasta formar cuerdas leñosas de varios centímetros.
Las hojas son su mejor baza fuera de la floración: palmeadas, con cinco folíolos ovalados, de un verde azulado y bordes lisos, colgando de un peciolo largo. De ahí el epíteto quinata. Existe también Akebia trifoliata, con tres folíolos, y el híbrido Akebia × pentaphylla. La textura del conjunto es ligera y limpia, muy distinta de la pesadez de una hiedra.
Perenne, caduca, o depende. Aquí hay que matizar lo que se lee habitualmente: la akebia es semiperenne. En climas suaves —litoral mediterráneo, cornisa cantábrica, Canarias— conserva la hoja todo el año. En el interior peninsular, con inviernos de heladas repetidas, se comporta como caduca o semicaduca y pierde buena parte del follaje. No es un defecto de la planta ni un problema de cultivo: es su respuesta normal al frío.
La floración y el aroma
Florece muy temprano, entre marzo y abril, a menudo antes de que la mayoría del jardín se haya despertado. Es una de sus virtudes: llena un hueco del calendario donde hay poca cosa.
Las flores cuelgan en racimos y son unisexuales sobre la misma planta, es decir, la akebia es monoica, con dos tipos bien distintos en el mismo racimo:
Las femeninas, en la base del racimo, son más grandes —de 2 a 3 cm—, de un púrpura oscuro achocolatado, con tres tépalos carnosos.
Las masculinas, hacia el extremo, son más numerosas, más pequeñas y de un tono malva o rosa pálido.
El aroma es lo que le da fama. Se describe como vainilla con un fondo especiado, algo achocolatado; de ahí que en inglés se la llame chocolate vine. Es un perfume sutil, no invasivo, y esto conviene decirlo con franqueza para evitar decepciones: no funciona como un jazmín que perfuma media calle. Se percibe bien de cerca, en las horas templadas del día y sin viento. Por eso el sitio correcto para plantarla es junto a una puerta, un banco, un porche o una ventana que se abra, no en el fondo del jardín.
Los frutos y por qué casi nunca aparecen
Cuando cuaja, la akebia produce unos frutos muy llamativos: vainas alargadas en forma de salchicha, de 6 a 10 cm, de un color violeta o malva pálido, que al madurar en otoño se abren longitudinalmente mostrando una pulpa blanca gelatinosa con numerosas semillas negras.
Esa pulpa es comestible, de sabor dulce y suave, algo insípido para el paladar occidental. En Japón se consume como fruta de temporada y se llama akebi; también se usa la piel de la vaina, ligeramente amarga, rellena y frita. Las semillas no se comen y hay que escupirlas.
El problema es que la mayoría de las akebias cultivadas en Europa no fructifican nunca, y la explicación es siempre la misma: aunque la planta es monoica y tiene los dos sexos, es marcadamente autoincompatible. Su propio polen no fecunda sus flores. Como casi todos los ejemplares vendidos proceden de esqueje —es decir, son clones idénticos—, plantar dos akebias del mismo vivero puede no servir de nada: genéticamente son la misma planta.
Para tener fruto necesitas:
Dos ejemplares de origen genético distinto. Lo ideal, uno de semilla y otro de esqueje, o dos procedentes de viveros y cultivares diferentes. También funciona cruzar A. quinata con A. trifoliata.
Ayudar a la polinización a mano. Los polinizadores europeos no están especialmente interesados en estas flores. Con un pincel fino, pasa polen de las anteras de una flor masculina a los estigmas de una femenina de la otra planta, en un día seco y templado. Es sencillo y multiplica el cuajado.
Dónde plantarla en España
Frío. Ninguna preocupación. Es muy rústica y tolera -15 °C y probablemente algo más. Se puede plantar en cualquier punto de la Península, incluida la meseta y zonas de montaña media.
Un matiz sobre la floración: al florecer tan pronto, en años con heladas tardías de marzo o abril puede perder la flor abierta. No mata la planta, pero deja el año sin floración. En zonas de heladas tardías frecuentes, conviene situarla en un lugar algo resguardado y no en la orientación más fría.
Calor y sequía. Aquí está su verdadera limitación en España. La akebia viene de climas con veranos húmedos y lluvias estivales, y lleva mal la combinación de calor seco y suelo agotado del verano mediterráneo continental. En Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco, Navarra y el norte de Cataluña crece prácticamente sola. En el interior y el sur necesita riego regular y media sombra en las horas centrales, o las hojas se queman por los bordes y la planta se para.
Suelo. Prefiere suelos frescos, profundos, con materia orgánica y de pH neutro o ligeramente ácido. En suelos muy calizos y con agua de riego dura aparece clorosis férrica —hojas nuevas amarillentas con los nervios verdes—, que se corrige con quelatos de hierro, acolchado orgánico abundante y, si se puede, agua de lluvia.
Exposición. Sol o media sombra. Al norte de la Península, sol pleno. En el centro y el sur, mejor sol de mañana y sombra de tarde. Como muchas trepadoras de bosque, agradece la fórmula clásica de pie a la sombra y cabeza al sol: mantén el pie de la planta cubierto con acolchado o con vegetación baja.
Soportes: lo que hay que entender antes de plantarla
Al ser voluble, la akebia enrosca el tallo. Eso significa que necesita elementos delgados, de menos de 5 cm de diámetro, alrededor de los cuales pueda girar: cables tensados, varillas, malla de alambre, celosía de listón fino, cañas, un enrejado.
No sube por una pared lisa, por mucho que la apoyes contra ella. Y no ancla con ventosas, así que no daña revocos ni se mete en las juntas del mortero: en ese sentido es mucho más amable con la obra que la hiedra.
Si la instalas sobre un muro, coloca los cables o la malla separados 5-8 cm del paramento, con tacos separadores. Esa cámara de aire evita que se acumule humedad contra la pared y facilita podar.
Es excelente sobre pérgolas, arcos, porches y vallas, y también funciona para cubrir taludes como tapizante alta, aunque en ese uso hay que vigilarla mucho más.
Riego y abonado
Riego. Regular durante los dos o tres primeros años, sin dejar que el suelo se seque del todo. Una vez establecida y en el norte peninsular, prácticamente se olvida. En el interior y el sur necesitará riego de apoyo cada semana o diez días en verano, con riegos profundos.
El acolchado orgánico es especialmente recomendable en esta planta: una capa de 5-8 cm de corteza, compost o restos vegetales mantiene el suelo fresco, que es exactamente lo que quiere, y reduce el riego a la mitad.
Abonado. Poco. Un aporte de compost o de estiércol maduro al pie a finales de invierno es suficiente. Evita el exceso de nitrógeno: en una planta de por sí vigorosa, produce metros y metros de tallo tierno, mucha hoja y poca flor.
Poda: la parte importante
La akebia es muy vigorosa. Puede crecer 3 metros en una sola temporada una vez establecida, y no se detiene por sí sola. Si no se poda, forma una maraña densísima que ahoga arbustos vecinos, trepa por los árboles, se cuela bajo las tejas y llega a hundir estructuras ligeras por acumulación de peso.
Conviene tomarse esto en serio. En el este de Estados Unidos, donde se introdujo como ornamental, Akebia quinata se ha naturalizado y está catalogada como especie invasora en varios estados, porque cubre el sotobosque e impide la regeneración forestal. En España no tiene esa consideración, pero el comportamiento potencial es el mismo si se planta en el borde de una zona natural húmeda y se abandona. Plántala donde puedas controlarla, y no la sueltes en un lindero rústico junto a un bosque de ribera.
Cuándo podar. La poda principal se hace justo después de la floración, entre finales de abril y mayo. Es importante respetar ese momento: la akebia forma las yemas de flor sobre la madera del año anterior, así que una poda severa en invierno elimina toda la floración de la primavera siguiente. Es el motivo por el que mucha gente se queja de que su akebia no florece.
Qué hacer. Tras la floración, recorta los tallos que se hayan salido del soporte, aclara la maraña interior eliminando ramas viejas desde la base y reduce la longitud de los tallos principales al espacio que le corresponde. Durante el verano se pueden dar repasos ligeros para contener el crecimiento, siempre sin tocar la estructura.
Rejuvenecimiento. Un ejemplar viejo y desnudo por abajo tolera perfectamente una poda drástica: se puede cortar casi al pie y rebrota con fuerza. Se hace a finales de invierno, asumiendo que ese año no habrá flor.
Multiplicación
Acodo. El método más sencillo y el que casi nunca falla. En primavera, tumba un tallo flexible hasta el suelo, hiere ligeramente la corteza en el punto de contacto, entiérralo unos centímetros sujetándolo con una horquilla y mantén húmedo. En unos meses habrá raíces y se puede separar en el otoño siguiente o en la primavera posterior.
Esqueje semileñoso. En verano, de julio a agosto. Trozos de 10-15 cm con dos o tres nudos, retirando las hojas de la mitad inferior, con hormona de enraizamiento, en mezcla de turba y perlita, bajo plástico o campana y a la sombra. Enraízan en 4-8 semanas con un porcentaje razonable.
Semilla. Si consigues fruto, extrae las semillas de la pulpa, límpialas bien y siémbralas frescas. Necesitan un periodo de frío húmedo: estratifica de 6 a 8 semanas a 4-5 °C en el frigorífico, mezcladas con sustrato ligeramente húmedo, o siembra en otoño y deja el semillero a la intemperie. La germinación es lenta e irregular. La ventaja de la semilla es que produce plantas genéticamente distintas, lo que resuelve el problema de la autoincompatibilidad si quieres fruto.
Plagas y problemas
Es una planta notablemente sana. En jardín no suele tener enemigos serios. Los problemas que aparecen son casi todos fisiológicos:
Clorosis férrica en suelo calizo: hojas nuevas amarillas con nervios verdes. Quelatos de hierro y acidificación.
Quemaduras y bordes secos por sol excesivo y sequedad: replantear el riego, acolchar, dar sombra de tarde.
Ausencia de floración: casi siempre por poda invernal, por exceso de nitrógeno o por sombra excesiva. También por juventud, porque tarda dos o tres años en empezar.
Ausencia de fruto: autoincompatibilidad, como se ha explicado.
Pulgón ocasional en los brotes tiernos de primavera, sin importancia.
Los caracoles y las babosas pueden atacar los brotes recién plantados, así que en los primeros meses conviene vigilar.
Nota sobre su uso medicinal
Los tallos de Akebia se emplean en la medicina tradicional china con el nombre de mu tong. Conviene saber que ese nombre comercial se ha aplicado históricamente a plantas de géneros distintos, y que en las décadas de 1990 y 2000 hubo casos graves de nefropatía por ácidos aristolóquicos asociados al uso de material de Aristolochia vendido bajo esa misma denominación. La akebia no contiene esos compuestos, pero la confusión de materia prima ha sido real y documentada.
Es información de contexto, no una recomendación: no se debe consumir ninguna parte de la planta con fines medicinales por cuenta propia. Como planta de jardín y, en su caso, por su fruto maduro, no plantea problemas.
En resumen
Akebia quinata es una trepadora voluble de Asia oriental, semiperenne, con hojas palmeadas de cinco folíolos y flores color chocolate que abren en marzo y abril con un delicado aroma a vainilla especiada, mejor apreciable de cerca.
Es muy resistente al frío, hasta unos -15 °C, y prospera sin esfuerzo en la mitad norte de España. En el interior y el sur necesita media sombra, riego de apoyo y acolchado, porque no lleva bien el calor seco ni los suelos muy calizos, donde tiende a la clorosis férrica.
Necesita soporte de elementos delgados —cables o malla— porque no se agarra a superficies lisas, y a cambio no daña la fábrica. Sus dos claves de manejo son: podar siempre después de la floración, nunca en invierno, porque florece sobre madera del año anterior; y controlarla con firmeza, porque es capaz de ahogar todo lo que tenga cerca y en otros países se ha convertido en invasora.
Y si quieres esas curiosas vainas comestibles, planta dos ejemplares genéticamente distintos y ayúdala con un pincel: sola, prácticamente nunca fructifica.