La buganvilla es una de esas plantas que dan la impresión de cuidarse solas, y en gran medida es cierto. Pero tiene un puñado de manías muy concretas, y quien no las conoce acaba con una planta enorme, verde y sin una sola flor. Lo curioso es que casi todas esas manías consisten en darle menos de algo, no más.
Lo que llamamos flor no es la flor
Vale la pena saberlo porque explica su duración. Esas hojas de color fucsia, naranja, blanco o rojo son brácteas, hojas modificadas. La flor de verdad es un tubito blanco pequeño que asoma en el centro, de tres en tres.
Como las brácteas son tejido foliar y no pétalos, aguantan semanas sin marchitarse, y de ahí que la buganvilla parezca florecida durante meses.
Sol: todo el que puedas darle
Es innegociable. Necesita un mínimo de seis horas de sol directo, y a ser posible más. En semisombra crece perfectamente, con hojas grandes y bonitas, y no da brácteas. Si la tuya no florece y está en una zona resguardada, ahí tienes la respuesta.
Orientación sur o poniente, contra una pared que además le devuelva calor por la noche.
Riego: donde más gente falla
Aquí está la manía principal. La buganvilla florece cuando pasa un poco de sed. Un riego generoso y constante produce una planta magnífica de hoja y estéril de flor.
Una vez establecida —a partir del segundo año en tierra— riega poco y espaciado, dejando que el suelo se seque bien entre riegos. En maceta, espera a que el sustrato esté seco varios centímetros abajo.
Si quieres provocar una floración, hay un truco que funciona: deja de regar hasta que la planta empiece a decaer ligeramente, con las hojas un poco lacias, y entonces riega en abundancia. Ese estrés controlado suele disparar una oleada de brácteas en dos o tres semanas.
En invierno, riego mínimo. Pierde parte de la hoja y es normal.
Abonado: nada de nitrógeno
Segunda manía. El nitrógeno le da hoja, y hoja es exactamente lo que no quieres. Un abono universal rico en N te dejará una planta exuberante y sin color.
Usa un abono bajo en nitrógeno y alto en fósforo y potasio, del tipo que se vende para plantas de flor o para tomates, cada tres o cuatro semanas de primavera a final de verano. En invierno, nada.
Suelo y trasplante
Suelo pobre y con buen drenaje. Tolera la caliza y la sequía sin problema; lo que no soporta es el encharcamiento.
Un detalle importante: tiene la raíz muy frágil y el cepellón se desmorona con facilidad, lo que provoca un parón largo o directamente la muerte. Al plantarla, saca el cepellón entero y manipúlalo lo mínimo. Muchos ejemplares que «no arrancan» tras el trasplante sufrieron un cepellón roto.
En maceta florece incluso mejor que en tierra, precisamente porque la raíz restringida la estresa. No la cambies de tiesto más de lo necesario.
Cómo guiarla
No es una trepadora en sentido estricto: no tiene zarcillos ni ventosas. Es un arbusto sarmentoso que se apoya usando sus espinas, así que hay que atarla a una estructura, al menos al principio. Pérgolas, celosías y alambres tensados funcionan bien.
Guía los tallos jóvenes en horizontal siempre que puedas: una rama tumbada brota a lo largo de toda su longitud, mientras que una vertical solo brota por la punta. Es la diferencia entre una pared cubierta y un par de latigazos desnudos con flores arriba del todo.
Poda
A finales de invierno, cuando ya no haya riesgo de heladas. Quita lo seco y lo cruzado, acorta los tallos largos y da forma. Florece sobre madera del año, así que una poda de invierno no te quita la floración: la favorece.
Durante el verano, despunta ligeramente después de cada oleada de flor para provocar la siguiente.
Ponte guantes gruesos. Las espinas son largas, duras y se infectan con facilidad.
El frío, su verdadero límite
Aguanta bien hasta unos −2 o −3 grados de forma puntual. Por debajo pierde la parte aérea, aunque si la raíz está protegida suele rebrotar desde la base en primavera.
En zonas de interior con heladas frecuentes es más realista tenerla en maceta grande y resguardarla, o asumir que será una planta que se corta cada invierno y rebrota.
Problemas frecuentes
No florece. Por este orden: poca luz, demasiada agua, demasiado nitrógeno.
Amarillea y pierde hoja. Suele ser exceso de riego. También ocurre de forma natural en invierno.
Se quedó parada tras plantarla. Cepellón roto. Paciencia, sombra ligera y riego moderado hasta que rebrote.
Pulgón y cochinilla en brotes tiernos. Jabón potásico, repetido a la semana.
En resumen
Mucho sol, poca agua, nada de nitrógeno y suelo pobre que drene. Átala a su soporte y guía las ramas en horizontal, poda a finales de invierno y no le toques la raíz más de lo imprescindible. Es una planta que se estropea por exceso de cuidados, no por defecto.