Antes de plantar una trompeta trepadora hay que decidir dos cosas: a qué distancia de la fachada va el hoyo y hasta dónde se le va a permitir subir. Después ya queda poco margen, porque cubre un muro entero en tres o cuatro temporadas, aguanta el frío continental de la meseta sin inmutarse y florece justo en los meses de más calor, cuando media jardinería está de capa caída. Su nombre científico es Campsis radicans y ese vigor suyo es a la vez el motivo para plantarla y su principal inconveniente.

Campsis radicans en flor sobre un muro

Qué es exactamente la Campsis radicans

Es una trepadora leñosa de hoja caduca de la familia de las bignoniáceas, originaria del sureste de Estados Unidos, donde crece de forma natural en linderos de bosque, taludes y riberas. En España se cultiva desde hace más de un siglo y en muchas zonas del litoral mediterráneo se ha naturalizado en cunetas y ribazos.

Sus hojas son compuestas imparipinnadas, con siete a once foliolos dentados de un verde intenso, que brotan tarde: no es raro que una planta adulta siga aparentemente muerta hasta bien entrado abril o incluso principios de mayo en zonas frías. Este retraso en la brotación asusta a mucha gente que da la planta por perdida cuando simplemente está esperando su momento.

La flor es lo que justifica su cultivo. Nace en ramilletes terminales sobre los brotes del año, en forma de trompeta de entre 6 y 9 centímetros, con la corola de un naranja rojizo intenso y la garganta más clara. Florece de finales de junio hasta septiembre, escalonadamente, y en climas suaves puede alargarse hasta octubre. Los colibríes la polinizan en su tierra de origen; aquí atrae sobre todo a abejorros y esfinges crepusculares.

Existe la variedad Campsis radicans f. flava, de flores amarillas puras, algo menos vigorosa pero idéntica en cuidados. Y conviene no confundirla con dos parientes cercanos: Campsis grandiflora, de origen chino, con flores más anchas y abiertas pero bastante menos resistente al frío y con muy pocas raíces adventicias, y el híbrido entre ambas, Campsis × tagliabuana (la conocida 'Madame Galen'), que reúne la flor grande de una con parte de la rusticidad de la otra.

Cómo trepa y por qué eso importa

La Campsis radicans es autoadherente: emite raicillas adventicias a lo largo del tallo que se agarran a cualquier superficie mínimamente rugosa, igual que la hiedra. Esto es cómodo porque no necesita tutor ni alambres, pero tiene consecuencias que hay que asumir antes de plantarla y no después:

Sobre muros de mampostería con juntas de mortero de cal o fábrica antigua degradada, las raicillas se introducen en las fisuras y las abren. Sobre hormigón sano, ladrillo bien rejuntado o un muro moderno no hay problema real, más allá de las marcas que deja al arrancarla. Lo que sí es un problema serio es dejar que alcance canalones, tejas y bajantes: el peso de una planta adulta es considerable y sus tallos engordan hasta convertirse en troncos que levantan cualquier cosa. Plántala a un metro de la fachada como mínimo y decide desde el primer año hasta dónde la vas a dejar subir.

El segundo punto delicado son los rebrotes de raíz. Una planta bien establecida emite chupones a varios metros del pie, atravesando céspedes, arriates y juntas de pavimento. No es una planta para un patio pequeño ni para plantarla junto a un parterre delicado. Si quieres contenerla, plántala en un alcorque con barrera antirrizoma o directamente en un contenedor grande enterrado.

Ubicación y suelo

Quiere sol directo, cuanto más mejor. A media sombra vive perfectamente, pero florece la mitad o menos, y esa es la causa número uno de las quejas de "mi campsis no florece". Una orientación sur o suroeste, contra un muro que acumule calor, es la situación ideal en cualquier punto de la Península.

En cuanto a la tierra, es de una tolerancia notable: le vale cualquier suelo de jardín que drene, ácido, neutro o calizo, pobre o fértil. De hecho, en suelos muy ricos y con riego abundante crece con una exuberancia desmedida y florece menos, porque toda la energía se va a madera y hoja. Lo único que no perdona es el encharcamiento prolongado en invierno, sobre todo en arcillas compactadas. En ese caso, planta sobre un caballón elevado y mejora el hoyo con grava y arena gruesa.

Riego

Los dos primeros años son los que deciden. Durante ese periodo riega en profundidad una o dos veces por semana en verano, dejando secar la superficie entre riegos, para que la raíz se hunda. A partir del tercer año una planta establecida en suelo es prácticamente autosuficiente en clima mediterráneo: un riego cada diez o quince días en julio y agosto basta para que la floración no se resienta, y en zonas del norte puede prescindir de riego por completo.

En maceta la historia cambia: el sistema radicular es potente y agota el sustrato deprisa, así que necesitará riego cada dos o tres días en pleno verano y un contenedor de 40 litros como mínimo para dar de sí. En invierno, con la planta desnuda y parada, reduce el riego casi a cero; el exceso de agua sobre raíces dormidas es lo que más ejemplares mata en tiesto.

Abonado

Aquí conviene ir con la mano floja. Un exceso de nitrógeno produce una planta enorme y verde que no da ni una flor. Si el suelo es medianamente fértil, con un aporte de compost o estiércol bien hecho al pie a la salida del invierno tiene de sobra para todo el año.

Si aun así quieres estimular la floración, usa un abono rico en potasio y fósforo y bajo en nitrógeno —el típico de tomateras o de plantas de flor sirve— aplicado cada tres o cuatro semanas entre mayo y julio, y suspende a partir de agosto. Abonar en otoño es contraproducente: fuerza brotes tiernos que el primer frío quema.

Poda: el punto donde casi todo el mundo se equivoca

La regla que resuelve el 90% de los problemas es esta: la Campsis radicans florece sobre la madera del año. Es decir, sobre los brotes que emite en primavera, no sobre los del año anterior. Eso significa que se puede —y se debe— podar en serio, y que hacerlo no cuesta ni una flor.

La poda se hace a finales de invierno, entre febrero y principios de marzo, con la planta aún sin brotar. El sistema clásico es formar una estructura permanente de dos o tres brazos principales conducidos por donde quieras cubrir, y cada invierno recortar todos los ramos laterales que salen de ellos dejando dos o tres yemas, como se hace con una parra o una glicinia. De esos muñones saldrán en primavera los brotes vigorosos que traen las flores.

Sin esa poda, la planta se convierte en una maraña que va desplazando la floración cada vez más arriba y más lejos, dejando la base desnuda. Si te has encontrado con un ejemplar viejo en ese estado, admite poda de rejuvenecimiento drástica: se puede cortar a medio metro del suelo en febrero y rebrota con fuerza; perderás la floración de ese año, o gran parte, pero recuperarás la planta.

El error habitual es podar en otoño "para que quede recogida". Además de exponer los cortes al frío, se pierde el efecto aislante de la propia madera y en zonas frías aumenta el riesgo de daño en las yemas bajas.

Un apunte práctico: la savia y las hojas de Campsis provocan dermatitis de contacto en personas sensibles. En inglés la llaman cow itch vine por algo. Poda con guantes.

Multiplicación

Es de las trepadoras más agradecidas de reproducir:

Por chupones de raíz. El método más fácil y el más rápido. En febrero o marzo, localiza un rebrote alejado del pie, excávalo con un trozo de raíz y trasplántalo. Prende casi siempre.

Por esquejes semileñosos. En julio o agosto, corta trozos de brote del año de unos 15 cm, con la madera empezando a endurecer, elimina las hojas inferiores, aplica hormona de enraizamiento y planta en una mezcla de turba y perlita a partes iguales, en sombra y con humedad ambiental alta. Enraízan en cuatro a seis semanas.

Por acodo. Enterrar un tallo flexible en primavera y separarlo al otoño siguiente funciona sin apenas atención.

Por semilla. Es viable —requiere estratificación en frío de unos dos meses—, pero una planta de semilla puede tardar de cinco a siete años en dar la primera flor. Esta es, por cierto, otra causa frecuente de falta de floración en ejemplares jóvenes comprados baratos: sencillamente aún no tienen edad.

Plagas y enfermedades

Es una planta sana, con pocos problemas serios.

El pulgón es el visitante habitual: se concentra en los brotes tiernos y en los ramilletes florales en mayo y junio, y arrastra melaza y negrilla. Con un chorro de agua a presión, jabón potásico o dejando trabajar a mariquitas y crisopas se controla sin más.

La araña roja (Tetranychus urticae) aparece en veranos secos y calurosos, sobre todo en plantas contra muros orientados al sur y en maceta. Se detecta por el punteado amarillento en el haz y la telilla fina en el envés. Aumentar la humedad ambiental y tratar con acaricida específico o azufre mojable en horas frescas resuelve.

Puntualmente aparecen cochinillas algodonosas en las axilas de ramas viejas y mal aireadas, tratables con jabón potásico o aceite de verano.

En enfermedades, poca cosa: algo de oídio en otoños húmedos, sin consecuencias, y podredumbre de raíz por Phytophthora en suelos encharcados, que sí es letal y no tiene tratamiento práctico. Todo se reduce a garantizar drenaje.

Rusticidad y comportamiento en invierno

Es la gran baza de esta especie: la Campsis radicans resiste hasta unos -18 ºC o -20 ºC en la parte aérea una vez establecida, lo que la sitúa entre las trepadoras más rústicas disponibles. Eso la hace cultivable en toda España sin protección, incluida la meseta norte, el interior de Aragón, el Sistema Ibérico o los valles pirenaicos de media altura.

Dos matices importantes. El primero, que una planta recién plantada no tiene esa resistencia: durante el primer invierno protege el cuello con un buen acolchado de paja, corteza u hoja seca. El segundo, que aunque la parte aérea se hiele por completo en un año excepcional, la cepa suele rebrotar desde la base en primavera, así que no la arranques por darla por muerta.

Y recuerda lo dicho antes: brota tarde, muy tarde. En abril, mientras el resto del jardín está en marcha, la campsis sigue con aspecto de leña seca. Rasca un poco de corteza con la uña; si debajo hay verde, está viva.

En resumen

La Campsis radicans es la trepadora que hay que elegir cuando se quiere cubrir mucho, deprisa, con floración de verano y sin cuidados, especialmente en climas de invierno duro donde otras opciones no prosperan. A cambio hay que aceptar su carácter: raicillas que se agarran a todo, chupones que asoman a metros del pie y una necesidad real de poda anual.

Si la plantas a pleno sol, en suelo drenante, sin pasarte con el nitrógeno y la podas cada febrero dejando dos o tres yemas por rama, tendrás flor de junio a septiembre durante décadas. Si la plantas en sombra, la abonas mucho y no la tocas nunca, tendrás una masa verde enorme y ninguna trompeta naranja.


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