Bajo el nombre de jazmín se venden en España al menos media docena de especies con exigencias opuestas: una aguanta -15 ºC y florece en pleno enero, otra se muere a 0 ºC, y otra necesita precisamente pasar frío para poder florecer. De ahí salen los problemas de noviembre a marzo, no del frío en sí, sino de tratar a todas como si fueran la misma planta. Antes de tapar, regar o podar nada, hay que saber cuál se tiene.

Primero identifica tu jazmín

Estas son las especies que realmente circulan por viveros y centros de jardinería españoles, con su resistencia aproximada al frío:

Jasminum nudiflorum, el jazmín de invierno. Arbusto sarmentoso de ramas verdes y arqueadas, hoja caduca, flores amarillas sin aroma que salen sobre la madera desnuda entre diciembre y marzo. Es el más rústico con diferencia: soporta -15 ºC sin daño. No necesita absolutamente ninguna protección en ningún punto de la Península.

Jasminum officinale, el jazmín común o morisco. Trepadora de hoja caduca o semipersistente, flores blancas muy perfumadas en verano. Resiste alrededor de -10 ºC en la parte aérea y rebrota de la base tras heladas más fuertes. Se cultiva sin problemas en casi toda España, incluida buena parte del interior.

Jasminum grandiflorum (jazmín de España o real). Muy parecido al anterior pero de flor mayor y más aromática, y bastante más delicado: por debajo de -3 o -4 ºC empieza a sufrir. Es planta de litoral mediterráneo, Andalucía y Canarias.

Jasminum polyanthum en flor

Jasminum polyanthum, el jazmín chino. El de los capullos rosados que se abren en flores blancas a finales de invierno. Tolera heladas ligeras y breves, en torno a -2 ºC, pero no un invierno frío. Es el que más gente compra en flor en enero y el que más se pierde.

Jasminum sambac, el jazmín de Arabia. Tropical de verdad. Por debajo de 10 ºC se para y por debajo de 5 ºC empieza a dañarse. En la Península solo vive fuera todo el año en el litoral más cálido; en el resto es planta de maceta que entra en casa.

Jasminum multiflorum. Otro tropical, de hojas aterciopeladas y flores blancas invernales, con las mismas exigencias que el anterior: nada de frío.

Y una aclaración necesaria: el jazmín estrella o falso jazmín (Trachelospermum jasminoides) y el jazmín de leche (Solanum laxum, antes S. jasminoides) no son jazmines. El primero es una apocinácea de hoja perenne que resiste alrededor de -8 ºC y pasa el invierno solo, aunque sus hojas se pongan rojizas —cosa normal, no es una carencia—. El segundo es una solanácea que aguanta unos -5 ºC.

Riego en invierno: el error más caro

Con temperaturas bajas la planta reduce su actividad y la evaporación cae en picado. Mantener el ritmo de riego de septiembre en pleno diciembre asfixia las raíces y provoca podredumbre, que es la causa real de muerte de más jazmines en invierno que las propias heladas.

La pauta es sencilla: en suelo, un jazmín establecido no necesita riego entre noviembre y marzo salvo en un invierno anómalamente seco del sureste peninsular. En maceta, riega solo cuando el sustrato esté seco a dos o tres dedos de profundidad, lo que en interior suele traducirse en una vez cada diez o quince días, y siempre con agua a temperatura ambiente. Vacía siempre el plato: agua estancada bajo la maceta más frío nocturno es la combinación perfecta para perder la planta.

Sí conviene, en cambio, regar bien la víspera de una helada fuerte anunciada en las plantas de exterior. Un suelo húmedo conserva mejor el calor y las raíces se protegen algo mejor que en tierra polvorienta.

Protección frente al frío, según el caso

Para J. nudiflorum y J. officinale en suelo, no hagas nada. Ninguno lo necesita, y un tejido de invernaje puesto todo el invierno solo genera humedad estancada y hongos.

Para especies sensibles plantadas en el jardín (grandiflorum, polyanthum) en zonas con heladas puntuales, lo que hay que proteger es el cuello y las raíces: un acolchado de 8 a 10 centímetros de corteza, paja u hoja seca alrededor del pie, sin que llegue a tocar el tallo. Si la parte aérea se quema, la planta rebrota de la base en primavera. Para las noches de helada anunciada, cubre con manta térmica de 17 a 30 g/m² por la tarde y retírala o abre al día siguiente. El plástico transparente en contacto directo con la planta hace más daño que bien: transmite el frío por contacto y cuece la planta si al día siguiente sale el sol.

Para macetas, recuerda que el cepellón se congela mucho antes que la tierra del jardín, porque el frío entra por los cuatro lados. Agrupa los tiestos contra una pared orientada al sur, levántalos del suelo con tacos o pies y envuelve el contenedor —no la planta— con plástico de burbujas o arpillera. En una terraza, arrimar las macetas a la fachada gana con facilidad dos o tres grados respecto al borde de la barandilla.

Los tropicales que entran en casa

Jasminum sambac y Jasminum multiflorum tienen que pasar el invierno bajo techo en casi toda España. Entra la planta antes de que las mínimas nocturnas bajen de 10 ºC, no cuando ya se ha llevado el primer susto, y revísala a fondo antes de meterla: una cochinilla o una araña roja que en el jardín estaba controlada se multiplica sin freno en el ambiente seco y sin depredadores de un salón.

Dentro, colócala junto a la ventana más luminosa posible y lejos de radiadores y salidas de aire caliente. La calefacción reseca el ambiente y dispara la araña roja; compénsalo con pulverizaciones sobre la hoja —nunca sobre la flor abierta— o con una bandeja de guijarros con agua bajo la maceta. Suspende el abonado por completo hasta marzo. Es normal que pierda algunas hojas por el cambio de luz: no lo corrijas regando más.

El caso especial del Jasminum polyanthum

Merece apartado propio porque casi todo el mundo lo maneja mal. Es la planta que se vende cargada de capullos rosados en enero y febrero, con las guías enrolladas en un aro de alambre, y que rara vez vuelve a florecer al año siguiente.

La razón es que el polyanthum necesita pasar un otoño fresco para inducir flor: entre cuatro y seis semanas con temperaturas nocturnas de 6 a 12 ºC, en octubre y noviembre. Si vive todo el año en un salón a 21 ºC, crecerá una barbaridad y no dará una sola flor. Lo correcto es tenerlo fuera —terraza, galería fría, invernadero frío, alféizar exterior— durante el otoño, y entrarlo o protegerlo solo cuando amenacen heladas, ya con los botones formados.

Una vez en flor, cuanto más fresco esté el sitio, más duran las flores. En una habitación caldeada la floración se pasa en diez días; en un lugar a 12-15 ºC puede durar más de un mes.

Podar o no podar en invierno

Aquí está la otra gran equivocación de la temporada. Muchos jazmines forman sus flores sobre la madera del año anterior, así que una poda de invierno "para ordenar la planta" corta exactamente las ramas que iban a florecer.

Jasminum nudiflorum se poda justo después de florecer, en marzo, recortando a dos o tres yemas los ramos que han dado flor. Jasminum polyanthum, igual: en cuanto acabe la floración de primavera, y nunca a partir del verano. Jasminum officinale y grandiflorum, que florecen en verano sobre brotes del año, admiten una poda de aclareo a finales de invierno, en febrero o principios de marzo, para quitar madera vieja, seca y enredada. El Trachelospermum, después de su floración de mayo-junio.

Lo único que se puede cortar en cualquier momento del invierno es madera muerta, rota o claramente enferma. Y ante ramas dañadas por una helada, la regla es esperar: no cortes en enero lo que parece muerto, porque esa madera seca protege a las yemas de más abajo. Espera a que brote en primavera y entonces sabrás exactamente dónde está el límite entre lo vivo y lo perdido.

Abonado: parar

Desde octubre hasta finales de febrero no se abona, ni en interior ni en exterior. Un aporte de nitrógeno en otoño provoca brotes tiernos y acuosos que la primera helada quema, y en invierno las sales del fertilizante se acumulan en un sustrato que la planta apenas está explorando, dañando las raíces.

La reanudación se hace a finales de febrero o marzo, cuando se vean los primeros brotes, con abono equilibrado o rico en potasio si lo que se busca es flor. La excepción es el Jasminum sambac cultivado en interior cálido con buena luz, que si sigue creciendo activamente admite una dosis muy diluida, a la cuarta parte de la concentración, cada seis semanas.

En resumen

Cuidar un jazmín en invierno consiste, sobre todo, en hacer menos cosas: menos riego, nada de abono y ninguna poda hasta que corresponda. Antes de cualquier medida, identifica la especie, porque un nudiflorum no necesita ni una atención mientras un sambac tiene que estar dentro de casa.

Protege el cuello con acolchado en las especies sensibles plantadas en suelo, aísla el contenedor —no la planta— en las de maceta, usa manta térmica solo las noches de helada y saca el polyanthum al fresco en otoño si quieres verlo florecer en febrero. Con eso resuelves prácticamente todo lo que puede salir mal entre noviembre y marzo.


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